¿Mito nacionalista o error de la Historia? El campo de exterminio "fantasma" de Varsovia
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¿Murieron 200.000 polacos en cámara de gas?

¿Mito nacionalista o error de la Historia? El campo de exterminio "fantasma" de Varsovia

Para muchos historiadores, fueron unos 20.000 los polacos que perdieron la vida en el KLW. Para otros, hay que multiplicar esa cifra por diez y aceptar que fue una cámara de gas

placeholder Foto: Konzentrationslager Warschau. (M.A.G.)
Konzentrationslager Warschau. (M.A.G.)

Es una fría mañana de invierno en la estación de ferrocarril occidental de Varsovia. Un río de gente llena el pasillo central y se va dispersando por los accesos que llevan a los andenes, de donde viene el rumor de los trenes que llegan y parten. El andén número ocho, el único al aire libre, está situado sobre un puente y ofrece una panorámica del imponente 'skyline' de la ciudad recortado contra el cielo gris; justo entre estos dos puntos, la estación y el centro, se situaba el gueto judío de Varsovia, donde murieron 400.000 personas durante la Segunda Guerra Mundial.

En un túnel situado a pocos metros de este punto se ubicaba según algunos un campo de exterminio con una cámara de gas donde murieron 200.000 personas. Según otros, no hubo tal campo y todo es una invención macabra que pretende minimizar la magnitud del Holocausto judío. ¿Existió el KL Warschau tal y como lo describen algunos o es, como dicen otros, un mito nacionalista y una excusa para hablar del "Polocausto"?

Foto: Flores frente al campo de concentración de Auschwitz. (Reuters)

El Konzentrationslager Warschau (KL), o Campo de Concentración de Varsovia, no suele aparecer en la tétrica lista de infiernos que los nazis construyeron en Europa central. Según la versión más aceptada por los historiadores, unas 5.000 personas perdieron la vida en este lugar. Una cifra terrible pero que no se puede comparar con el millón y pico del campo de Auschwitz, por ejemplo. Sin embargo, hay quien sostiene que en este lugar murieron hasta 200.000 polacos, muchos de ellos gaseados en un túnel situado junto a una carretera y que aún hoy se sigue usando como vía pública. Por qué un hecho tan llamativo nunca ha formado parte del relato "oficial" de la guerra hay que achacarlo, según los defensores de esta teoría, a una mezcla de anti polonismo y desconocimiento interesado de algunas partes de la Historia en la que los judíos intentarían acaparar todo el protagonismo en detrimento de las demás víctimas.

La verdad del asunto, en vez de dirimirse en los despachos de historiadores, se viene defendiendo y rebatiendo desde hace más de una década en editoriales de periódicos, manifestaciones callejeras, viacrucis al aire libre, misas, pintadas, amenazas contra historiadores, artículos de la Wikipedia y acusaciones de todo tipo. El origen de tanta polémica, y su importancia, tienen su explicación en los números.

Para muchos historiadores, fueron unos 20.000 los polacos que perdieron la vida en el KLW. Para otros, hay que multiplicar esa cifra por diez y aceptar que, en el túnel en cuestión, hubo un día una cámara de gas donde se exterminó a la población civil polaca. Teniendo en cuenta que aproximadamente 200.000 polacos murieron durante el levantamiento de 1944, la cifra total de víctimas polacas rondaría los 400.000, el mismo número de judíos que perdió la vida en el gueto de la ciudad. De esta manera, y aceptando un juego de comparaciones un tanto obsceno, la cantidad de muertos vendría a igualar a uno y otro grupo, arrebatando a los judíos el dudoso privilegio "de haber sufrido más".

Rechazado por los historiadores

La existencia de la cámara de gas en el KL Warschau nunca ha sido admitida por el Instituto de la Memoria polaco. De hecho, cuando hace tiempo se encargó a la jueza de la Comisión Principal para la Investigación de Crímenes Nazis en Polonia Maria Trzcinska que elaborase un informe al respecto, sus conclusiones, que afirmaban que se llegó a traer gas "Zyklon B" desde Auschwitz, no fueron publicadas por estar llenas de inconsistencias.

Además, basta con visitar el túnel en cuestión, de varios cientos de metros de longitud, para dudar de que en un lugar así se pudiera instalar una cámara de gas. En el campo de Majdanek (este de Polonia), por ejemplo, estas cámaras medían unos nueve por diez metros, para poder ser llenadas rápidamente con el gas tóxico. Las fotos aéreas de la época que manejan historiadores como el profesor Zygmunt Walkowski, muestran que el tráfico de vehículos no se interrumpió en el túnel durante la guerra.

A pesar de estas evidencias, la cercana iglesia de San Stanislaw celebra el día 9 de cada mes una misa en memoria de las 200.000 víctimas del KLW, como recuerdan los carteles a la entrada del templo. En tales ocasiones, un grupo de gente se congrega allí y camina a pie, portando cruces y pancartas y rezando un viacrucis, hasta la plaza Alojzy Pawelek. Allí se levanta un túmulo de piedras coronado por una cruz y varias banderas polacas. En los alrededores, varias placas mencionan al KLW y a Maria Trzcinska. En uno de los muros que delimitan el parque, una enorme pintada reza: "Os echamos de menos, judíos", pero curiosamente todas las palabras menos la última tienen la pintura fresca, ya que un grupo local se encarga de mantenerla visible. Tras recibir unos panfletos con datos sobre el lugar, la comitiva se desplaza hasta el túnel y allí se les indican los supuestos restos de las instalaciones nazis.

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Un cartel en una iglesia cercana con una misa en recuerdo de las víctimas polacas del campo. (M.A.G.)

Para el profesor Havi Dreifuss, que investiga el Holocausto en Polonia, los polacos nacionalistas pretenden, "inventándose 200.000 víctimas", igualar "lo que les ocurrió a los judíos durante el Holocausto con lo que les ocurrió a los polacos durante el Holocausto. Y no es ninguna coincidencia que digan que también murieron en cámaras de gas".

En realidad, no es así: la supuesta existencia de un programa de exterminio en Varsovia dirigido contra los polacos no sería parte de la "solución final", sino más bien de la represión contra los habitantes de una ciudad que demostraron en el levantamiento de 1944 estar dispuestos a combatir contra los nazis hasta el último hombre. En otras palabras, los que hablan de un KL Warschau como campo de exterminio, equivocados o no, solo reivindican la memoria de quienes murieron a manos de los nazis (en un número y manera que deberán establecer los historiadores), pero no niegan la magnitud del Holocausto judío. Colocar la tragedia de dos pueblos en la balanza (aunque en realidad la mitad de los judíos asesinados en el Holocausto eran polacos) solo puede tener como objeto la manipulación política de la Historia y convertir en enemigos a gente cuyos antepasados sufrieron la misma suerte.

Teoría de la conspiración

En un virulento editorial de Haaretz, que relata las incontables modificaciones que ha sufrido la entrada de Wikipedia referida al KL Warschau, se califica de "teoría de la conspiración", una "batalla tóxica entre editores polacos e israelíes de la Wikipedia" y de un "intento concertado de un pequeño grupo de editores para distorsionar la historia del Holocausto siguiendo las directrices del Instituto Polaco de la Memoria y del régimen polaco”.

Sin embargo, la efectivamente larga disputa entre editores, dirimida por la dirección de Wikipedia, terminó dando la razón a los polacos y expulsando, por sus ataques y lenguaje de odio, al cabecilla de los editores israelíes. En este caso, son los judíos quienes afirman que existe un grupo internacional de editores (polacos y estonios, entre otros) dedicados a introducir definiciones y artículos en la enciclopedia en línea, para manipular la Historia en su favor y contra los judíos. Más teorías de la conspiración.

Foto: Annette Cabelli. (C. Barragán)

Nadie duda que reescribir la Historia es parte del botín de los ganadores. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, media Europa, incluyendo Polonia, cayó bajo el dominio soviético. Actualmente, no existe ninguno de los países con los que Polonia tenía frontera en 1939. En ochenta años, muchas fronteras y banderas han cambiado. Aún hoy se siguen promulgando leyes que limitan, definen o prohíben exhibir símbolos o hacer afirmaciones sobre hechos e ideologías de un pasado con la tinta aún fresca. Hace poco, Putin afirmó que fue Polonia quien empezó la II Guerra Mundial. En los actos de conmemoración de la liberación de Auschwitz en Israel, se negó la palabra al presidente de Polonia. Un ministro israelí afirmó que “los polacos maman el antisemitismo de la leche de sus madres”.

Sin embargo, hay que recordar que Polonia fue el único país ocupado por los nazis que jamás tuvo un gobierno colaboracionista, como fue el caso de Francia, Noruega, Holanda y Hungría. Israel, desde la autoridad que le concede ser la patria de los judíos, es quien decide quién fue o no un "justo entre los justos", alguien que demostradamente arriesgó su vida para salvar a algún judío. La mayoría de los nombres en esa lista son polacos.

El Holocausto es como el sol; si lo miras fijamente, te ciega y te vuelve ciego a todo lo demás

En un conflicto que terminó con la vida de por lo menos 50 millones de personas, pocos recuerdan a los más de 15 millones de chinos, 25 de soviéticos o 3 de indios (entre otras muchas nacionalidades) que perdieron la vida. El historiador Antony Polonsky, que estudia el Holocausto desde hace más de 40 años, afirma que "el Holocausto es como el sol; si lo miras fijamente, te ciega y te vuelve ciego a todo lo demás".

En el muelle de mercancías de la estación, decenas de vías férreas se entrecruzan, dividen y anudan; algunas van a morir en un depósito de vagones. Del mismo modo, en este lugar se mezclan, confunden y enfrentan la historia del Holocausto, el revisionismo histórico, el “bulo más largo en la historia de la Wikipedia”, el nacionalismo de unos y la ira de otros. Ambos parecen reclamar para sí un siniestro monopolio del sufrimiento.

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