Alejarse de la UE, pero no abrazar a EEUU

El día después del Brexit: ¿qué pasa ahora?

Johnson expondrá sus objetivos de cara a las negociaciones que comienzan ahora con Bruselas. El objetivo es cerrar (o al menos intentarlo) un nuevo acuerdo comercial para diciembre

Foto: Boris Johnson come un helado durante la campaña por el Brexit junto al célebre 'Vote leave' bus, en mayo de 2016. (Reuters)
Boris Johnson come un helado durante la campaña por el Brexit junto al célebre 'Vote leave' bus, en mayo de 2016. (Reuters)
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El Brexit es ya una realidad. Pero, aunque el divorcio se ha ejecutado, "el ex" aún no se ha ido de casa. Seguirá viviendo bajo el mismo techo hasta finales de año y será entonces cuando quede constancia de si la separación acaba en términos cordiales o cada uno toma caminos completamente separados.

De momento, el Reino Unido tiene ahora el Gobierno con más poder en generaciones y el control absoluto de Westminster. Y todo bajo la batuta de Boris Johnson, un oportunista que ha llegado a Downing Street cambiando según tocaba sus ideales y que ahora debe mostrar realmente hacia dónde quiere dirigir el barco.

Tan pronto como el próximo lunes, el primer ministro pronunciará un discurso donde expondrá sus objetivos de cara a las negociaciones que comienzan ahora con Bruselas. El objetivo es definir las nuevas relaciones y cerrar (o al menos intentarlo) un nuevo acuerdo comercial para diciembre, que es cuando finaliza el periodo de transición.

Actualmente, casi la mitad de las exportaciones del Reino Unido van al mercado único. Con todo, el líder 'tory' está ahora dispuesto a aceptar algunas fricciones y barreras con el club comunitario para garantizar la capacidad de Londres de divergir en el reglamento.

Bruselas ha dejado claro que si Johnson quiere un acuerdo de libre comercio sin cuotas y aranceles, el Reino Unido debe respetar la convergencia regulatoria para garantizar la competencia justa.

"Una nueva era" para UK

Pero el inquilino del Número 10 no quiere atarse las manos. La razón principal del Brexit era al fin y al cabo "recuperar el control" y ahora quiere dejar muy claro que comienza una nueva era.

El modelo en el que podría inspirarse es el canadiense, que permite un comercio de mercancías casi libre de aranceles, pero implica controles fronterizos. Aunque habría que realizar dos apuntes importantes. Primero, Canadá no es un vecino —ni física ni históricamente— tan cercano al bloque. Segundo, este modelo no incluye el sector servicios, que representa alrededor del 80% del PIB del Reino Unido.

(Reuters)
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El Tesoro ya ha estimado que la economía británica sería un 4,9% más pequeña en virtud de un acuerdo de este tipo después de 15 años comparado con la progresión que habría tenido si hubiera permanecido en la UE.

En cualquier caso, Charles Brasted, socio del reputado despacho de abogados Hogan Lovells y considerado uno de los gurús del Brexit en la City, asegura que tampoco existe ahora una "ambición de apartarse porque sí de la regulación comunitaria". "Esto no va a ser como una lista de la compra. Habrá sectores que continuarán muy alineado con la UE y otros, como el tecnológico, que querrán hacer más las cosas a su manera", señala a este diario.

Sin estructura negociadora

El experto advierte que, "pese a que el Reino Unido cuenta con buenos negociadores" y analistas comerciales, después de casi cinco décadas dentro del bloque, le falta ahora "la estructura como tal", por lo que la nueva fase no estará exenta de retos. Eso sí, ve prácticamente imposible que el Gobierno vaya a alargar los plazos, aunque eso no quita para que se abran luego otros "canales" de conversación.

Por otra parte, asegura que "las negociaciones con Bruselas, los nuevos pactos comerciales que se cierren con otros países y las decisiones de política doméstica" no van ahora a poder desligarse.

En política interna, uno de los grandes retos inmediatos a los que se enfrenta el Ejecutivo es dar o no luz verde al bautizado como "HS2", un costoso tren de alta velocidad para unir el norte con el sur de Inglaterra.

El proyecto está estrechamente vinculado con el gran mantra de "level up" que rige ahora en Downing Street. El objetivo de esta "nivelación" es garantizar la prosperidad de las distintas regiones, especialmente las del norte de Inglaterra (donde los distritos tradicionalmente laboristas apostaron por primera vez por los 'tories' para ejecutar el Brexit), para descentralizar de alguna manera el sistema y superar en definitiva el 'statu quo'.

Para ello, Johnson —y sobre todo su principal asesor Dominic Cummings— cree que el Reino Unido necesita escapar de las regulaciones comunitarias para crear las industrias del mañana. Sea ciencia, inteligencia artificial o algún sector aún desconocido. Si eso significa perder las industrias de hoy, que así sea.

Definitivamente Sunderland —la primera ciudad en declarar su apoyo a la salida de la UE y donde el día del Brexit se ha celebrado a modo de ceremonia la reunión especial del Gabinete— estaría ahora en grandes dificultades sin Nissan. Pero, en estos momentos, el negocio no está prosperando exactamente. La producción de automóviles en la planta cayó más de una quinta parte en 2019. Y el Ejecutivo no va a emplear ahora sus esfuerzos en apoyar industrias que considera del siglo pasado.

Independientemente de si hay acuerdo o no hay que asumir que el Reino Unido ya no es parte de la UE y eso quiere decir que las cosas van a cambiar

¿Significa todo esto que aún hay riesgo de un Brexit duro para finales de este año? Aline Doussin, del despacho Hogan Lovells, señala que el concepto de "Brexit duro de alguna manera ya ha perdido el significado tal y como lo entendíamos hasta ahora". Y, en este sentido, recalca que "independientemente de si hay acuerdo o no, si es de mínimos o de más integración, hay que asumir que el Reino Unido ya no es parte de la UE y eso quiere decir que las cosas van a cambiar".

En esta nueva era no se pueden olvidar las relaciones con la Casa Blanca. Hasta ahora, tal y como explicó en su día Tony Blair, los británicos actuaban como "puente entre Estados Unidos y la UE". Y en este sentido, los euroescépticos consideran que ahora se pondrán estrechar más que nunca los lazos con el que siempre ha sido su "aliado especial". No cabe duda de que la relación entre Johnson y Donald Trump es mucho mejor que la que existía entre el norteamericano y Theresa May.

El primer ministro británico, Boris Johnson, y el presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
El primer ministro británico, Boris Johnson, y el presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

Pero si lo que espera ahora Trump es que el inquilino de Downing Street siga sus pasos en cuestiones como el acuerdo nuclear con Irán o las relaciones con China, va a quedar decepcionado. Los instintos del primer ministro británico siguen más ligados a la UE que a Washington en distintas materias, que pasan desde el cambio climático a Ucrania.

Saber dónde ceder

Johnson no va ahora a convertirse en vasallo de Trump. Mostrarse de acuerdo con todas las políticas estadounidenses le restaría credibilidad internacional. De ahí, entre otras cosas, su decisión respecto a Huawei para que participe en el desarrollo de la red 5G. Al gigante chino se le considera "de alto riesgo". Por lo tanto, se le excluye de todos los elementos críticos del sistema y se limita a un máximo del 35% su presencia en el resto de funciones de la infraestructura. En cualquier caso, no se trata del bloqueo total que la Casa Blanca solicitaba.

No ha sido el único motivo de tensión estos días. Trump —al que al fin y al cabo solo le importa su lema 'America first'— amenaza con imponer aranceles "arbitrarios" a las exportaciones de automóviles del Reino Unido (entre ellos Mini, Bentley o Rolls-Royce) si el Gobierno británico sigue adelante con sus planes de introducir a partir de abril un impuesto del 2% a las grandes compañías tecnológicas (entre ellas, Facebook y Google).

En este sentido, Thomas Wright, del 'think-tank' 'Brookings Institution', con sede en Washington, señala que la supuesta "relación especial" entre Reino Unido y EEUU atraviesa su "peor momento" desde la crisis de Suez en 1956.

En el discurso de unidad que Johnson dirigió a la nación el viernes por la noche —horas después de que la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, presentara su hoja de ruta para un nuevo referéndum de independencia—, destacó que el Brexit "no es un fin sino un comienzo". "Es el momento en que amanece y se levanta el telón de un nuevo acto. Es un momento de verdadera renovación y cambio nacional", recalcó. A ambos lados del Atlántico se espera con impaciencia qué espectáculo se va a poner ahora sobre el escenario.

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