VICTORIA DECISIVA PARA EL BREXIT

¡Ave Boris! Una mayoría imperial para cruzar las arenas movedizas del Brexit

El partido de Boris Johnson ha conseguido sus mejores resultados desde la tercera victoria de Margaret Thatcher en 1987, mientras que los laboristas de Jeremy Corbyn se hunden

Foto: Boris Johnson (Reuters)
Boris Johnson (Reuters)

“Si votas por un 'tory', tu coche irá más rápido y tu novia tendrá una talla más de sujetador”. Sin lugar a dudas, Boris Jonhson nunca ha sido un político al uso. Su aspecto desaliñado, lengua sin tapujos y tormentosa relación con la verdad definen una marca personal que despierta tantas filias como fobias. Y gracias o a pesar de ella ha arrasado en los comicios convirtiéndose en el primer ministro de un Reino Unido que muy pronto dejará de ser miembro de la UE.

Esta era, al fin y al cabo, la clave de esta cita electoral. La pregunta nunca fue quién ganaría, sino por cuánto conseguiría hacerlo el líder conservador. Y otorgándole la ansiada mayoría absoluta, los británicos le han dado el Gobierno fuerte y estable que necesitaba para ejecutar el Brexit el próximo 31 de enero en 2020, cuando termina la última prórroga concedida por Bruselas.

Después de una larga noche, los 'tories' han conseguido sus mejores resultados desde la tercera victoria de Margaret Thatcher en 1987. Han logrado 364 escaños, muy por encima de los 326 que necesitaban, mejorando en unos 50 asientos el resultado obtenido por Theresa May en 2017.

Mientras, la oposición liderada por Jeremy Corbyn ha sufrido una sangría de unos 60 escaños, para quedarse en tan solo 204 diputados. El veterano político seguirá como diputado en el distrito de Islington -que le ha reelegido por décima vez- pero ya ha avanzado que no liderará a los laboristas en los próximos comicios.

Boris Johnson (EFE)
Boris Johnson (EFE)

Poco antes del mediodía (hora británica), Boris ya ha sido investido oficialmente primer ministro del Reino Unido por la reina Isabel II y se ha dirigido a su residencia oficial, el número 10 de Downing Street, para pronunciar un discurso inaugural.

El líder 'tory' se confirma así en la jefatura del Gobierno, después de asumir el cargo por primera vez el pasado 24 de julio, sin pasar por las urnas, en sustitución de su colega dimisionaria Theresa May. Como marca el protocolo, la soberana ha recibido a Johnson en una breve audiencia en el londinense palacio de Buckingham, en la que le ha invitado a formar Gobierno después de que haya impuesto en los comicios.

El populista que recitaba a Shakespeare

Para Johnson, la victoria se trata de un sueño cumplido con el que llevaba maquinando desde sus días escolares, aquellos en los que se atrevía a improvisar al mismísimo Shakespeare con una verborrea que luego ha aplicado al mundo de la política. “Es un hecho probado que, bajo gobiernos conservadores, la calidad de vida de los británicos ha mejorado sin medida, algo que ha redundado en mejores dentistas, más consumo de calcio e inexorablemente un desarrollo superior de las glándulas mamarias”, terminaba la frase de un populista al que ahora se le presenta la tarea más compleja: gobernar y mantenerse en el poder con la amenaza independentista que se plantea en Escocia tras el triunfo indiscutible del SNP y las demandas de un referéndum para la reunificación de la isla de Irlanda que ya ha solicitado el Sinn Fein.

Boris Johnson, en un acto de campaña. (Reuters)
Boris Johnson, en un acto de campaña. (Reuters)

Por su parte, para los laboristas el batacazo es sumamente doloroso. Y no solo porque se trata de los peores resultados desde 1935, sino porque la caída ha sido sin red, ya que en la recta final de la campaña las encuestas les fueron recortando distancias hasta vaticinar incluso un nuevo Westminster sin mayorías como el de 2017.

Pero no ha sido así. Estas elecciones se decidían en el norte de Inglaterra y las Midlands, el que fuera conocido como cinturón laborista. Y la oposición ha sido abandonada en distritos euroescépticos como el de Wrexham -que llevaban votando por laboristas desde 1930- al verse ahora traicionados por su promesa de un nuevo referéndum.

Después de más de tres años con los ministerios prácticamente paralizados por el protagonismo absoluto de las negociaciones del Brexit con Bruselas, los británicos han dejado claro que quieren pasar página. El Reino Unido abandonará ahora el bloque con el nuevo Acuerdo de Retirada que, contra todo pronóstico, el 'premier' logró cerrar en octubre con la UE después de que el de su antecesora Theresa May fuera rechazado hasta en tres ocasiones en la Cámara de los Comunes. Johnson, con su holgada mayoría, no tendrá ahora problemas en conseguir el beneplácito de sus señorías.

Los tres pilares del pacto no han cambiado: factura de divorcio para Londres de entre 40 y 45 mil millones de euros; garantía de los derechos de los alrededor de tres millones de comunitarios residentes en suelo británico (entre ellos los más de 240.000 españoles) y el compromiso de evitar una frontera dura entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte para no poner en peligro la paz conseguida en el Ulster en 1998.

Ya no quedan excusas para el Brexit

La principal diferencia con respecto al pacto de May atiende a esta última cuestión. Mientras que la 'expremier' quería dejar a todo el Reino Unido dentro de la unión aduanera hasta cerrar un acuerdo comercial, Johnson aboga por sacar al país fuera para cerrar acuerdos comerciales con terceros, dejando al mismo tiempo a Irlanda del Norte alineada con la normativa comunitaria. El 'tory' defiende que no habrá ahora controles en el mar de Irlanda, pero documentos gubernamentales señalan lo contrario.

Psicológicamente, la salida del bloque para el 31 de enero será un gran paso para ambos lados del Canal de la Mancha. Pero en absoluto se dará carpetazo al divorcio. Durante el llamado periodo de transición, el Reino Unido seguirá al menos hasta diciembre de 2020 siendo en la práctica miembro de la UE, con la libertad de movimiento que eso conlleva.

Johnson ha dejado claro que su Gobierno abogará luego por un sistema migratorio de puntos similar al del australiano que básicamente abre las puertas solo a los extranjeros cualificados. Según los datos de la Oficina Nacional de Estadística, en los 12 meses hasta el pasado mes de junio, la migración neta de comunitarios (la diferencia entre los que llegan y se van) ha sido la más baja de los últimos 16 años, pero la llegada de los extracomunitarios se ha incrementado sustancialmente (en el último año, más que triplica la inmigración neta procedente de Europa).

El periodo de transición en el que el Reino Unido quedará aún dentro del mercado único y unión aduanera puede extenderse entre uno y dos años si se notifica antes de julio. En cualquier caso, el manifiesto 'tory' promete no ampliarlo más allá de diciembre de 2020. Y es entonces cuando, de nuevo, aparecerá el fantasma de la ruptura caótica.

¡Ave Boris! Una mayoría imperial para cruzar las arenas movedizas del Brexit

Se antoja materialmente imposible negociar en apenas once meses unas relaciones futuras entre el Reino Unido y la UE que, aparte del pacto comercial, deben tratar otras áreas como seguridad o intercambio de estudiantes. Convenios comerciales menos ambiciosos entre la Unión Europea y países como Ucrania, Canadá, Corea del Norte, Japón o Singapur han llevado una media de entre cuatro y nueve años para negociar y ratificar. Nadie descarta nuevas ampliaciones de plazos. Al fin y al cabo, no sería la primera vez que Johnson rompe una de sus promesas.

El peronismo de Eton y Escocia

Aparte de la cuestión europea, Boris Jonhson tendrá que dirigir ahora un Partido Conservador más que atípico. Desde que se mudara a Downing Street el pasado mes de julio tras las primarias, la formación había sufrido una estampida de diputados moderados por su giro cada vez más a la derecha radical. Pero ahora deberá lidiar con las demandas de los parlamentarios que representan a distritos históricamente laboristas con los que su único punto de unión era la causa euroescéptica. Se ha bautizado ya como el “peronismo de Eton”.

Asimismo, los 'tories' en general y Johnson en particular no son precisamente populares en Escocia. Con el excéntrico político en el Número 10, la ministra principal escocesa Nicola Sturgeon tiene muchas posibilidades de incrementar el sentimiento soberanista ante un nuevo referéndum de independencia que está ahora dispuesta a pedir al Gobierno central.

Las elecciones para el Parlamento de Edimburgo de 2021 serán cruciales. En estas generales, los separatistas han conseguido 48 de los 59 escaños reservados a Escocia en la Cámara de los Comunes, por lo que se avecina un gran choque de trenes, ya que Johnson no quiere ni discutir una nueva consulta soberanista.

En 2014, Escocia celebró un histórico referéndum donde el “no” a la independencia se impuso con el 55,3% de los votos, frente al 44,7% de los partidarios de la secesión. El SNP aseguró que aquel voto era uno “único” en una generación. Sin embargo, tras el triunfo del Brexit en el referéndum de 2016 -donde la gran mayoría de los escoceses abogaron por seguir siendo parte de la UE- Sturgeon considera que tiene legitimidad para sacar de nuevo las urnas.

¡Ave Boris! Una mayoría imperial para cruzar las arenas movedizas del Brexit

Mientras que los escoceses tienen que pedir permiso al Gobierno central para celebrar un nuevo plebiscito, Londres está obligado con Irlanda del Norte a organizar una consulta en caso de que, tal y como establece el Acuerdo de Paz de 1998, haya indicios de que la comunidad quiera una reunificación del norte y sur de la isla por la que históricamente siempre han luchado los católicos del Sinn Fein. En las elecciones a la Asamblea de Belfast de 2017, los protestantes del DUP ya perdieron por primera vez la mayoría absoluta, por lo que el Brexit puede abrir ahora un escenario incierto.

Batacazo descomunal de Jeremy Corbyn

Por su parte, los resultados de estos comicios marcan un periodo de reflexión para la oposición laborista, sumida ahora en una grave crisis de identidad. No ha sabido sacar provecho ni a la guerra civil 'tory' a raíz del divorcio ni al desgaste de un gobierno conservador que lleva ya una década en el poder.

Tras años de máxima popularidad con la Tercera Vía de centro izquierda que tantas victorias reportó a Tony Blair, los laboristas comenzaron su giro a la izquierda en 2010 eligiendo a Ed Miliband y pegaron un volantazo cinco años después con el nombramiento del radical Jeremy Corbyn.

Su defensa a regímenes como el venezolano o iraní, su plan de nacionalizaciones y las continuas polémicas antisemitas causaban pavor en la City y preocupación entre sus propias filas. Por no hablar de su ambigüedad ante el Brexit. En 2017, pasando de puntillas por la cuestión europea y centrándose en políticas domésticas, como la defensa a ultranza del Sistema Nacional de Salud (NHS), el veterano político, de 70 años, consiguió que los 'tories' se quedaran sin mayoría absoluta. En esta ocasión repitió estrategia, pero el plan ya no funcionó.

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