EL POLÍTICO EUROPEO MÁS DOMINANTE DEL LUSTRO

Tusk dice adiós al Consejo Europeo: el hombre que nunca huyó de una buena pelea

Se termina el mandato de Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, seguramente el hombre que haya dado los mejores discursos sobre Europa en los últimos años

Foto: Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019. (Reuters)
Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019. (Reuters)

Donald Tusk (Gdansk, Polonia, 1957) nunca rehúye una buena pelea. Y así es su "yo político": siempre listo para la batalla, siempre totalmente entregado y apasionado por la política, con la continua sensación de estar ante decisiones históricas. En el Consejo Europeo, Tusk está ya de despedida: el próximo 1 de diciembre finalizan sus cinco años al frente de la institución, pero precisamente por eso, por su incontrolable interés por el 'ring' de lo público, nadie apuesta porque este sea el final de su carrera.

Criado en la difícil situación política y social de la Polonia de los años sesenta y setenta, Tusk creció y estudió en Gdansk, donde desde joven vivió la presión del régimen comunista en las calles de su ciudad. Obtuvo un master de Historia y durante su etapa en la universidad, donde se politizó, se unió a “Solidaridad” mientras la Unión Soviética se iba quebrando de forma definitiva.

Hay una corriente de pensamiento, para nada minoritaria, aunque no por ello lleva razón, que defiende que los actuales líderes son irresponsables e inmaduros porque no han sufrido guerras ni eventos políticos traumáticos. Tusk es de ese sector de políticos europeos que no lo tuvo fácil. Fue periodista en la revista del sindicato, y tras la ley marcial de diciembre de 1981 tuvo que esconderse. Después llegó la hora de ganarse la vida como fuera: mientras fundaba una revista liberal contra el régimen, el polaco llevaba dinero a casa trabajando en una panadería o, durante un lustro, como obrero especializado en trabajos verticales.

Donald Tusk junto a su mujer durante su etapa universitaria. (Google Imágenes)
Donald Tusk junto a su mujer durante su etapa universitaria. (Google Imágenes)

Y después llegó la hora de la política. En los años noventa comenzó su lenta escalada. Entró de lleno en lo público de forma prácticamente inmediata, y en 1993 fundó un partido liberal sin demasiado éxito electoral, que acabó integrándose en una formación más conservadora.

En 2001 Tusk decidió marcharse de dicha formación y fundar su segundo partido, Plataforma Cívica, con un mensaje más centrista y proeuropeo. En un país muy conservador, el actual presidente del Consejo Europeo se presentó como la única alternativa moderada a los hermanos Kaczynski, los líderes del ultraconservador Ley y Justicia (PiS). Y ganó el pulso. Fue primer ministro polaco entre 2007 y 2014, cuando pasó a liderar el Consejo Europeo. Poco tiempo después el PiS volvió a controlar Varsovia hasta hoy, protagonizando un ataque frontal al Estado de derecho en el país a través de las reformas judiciales que limitan y coartan la independencia de los magistrados.

Hay una escena que refleja bien la personalidad de Donald Tusk. En febrero de 2019, con el Brexit ya bloqueado y la tensión en todo lo alto, el presidente del Consejo celebró una rueda de prensa con el primer ministro irlandés, Leo Varadkar. Y ahí soltó una de sus frases estrella: “Me pregunto cómo será el lugar especial del infierno para quienes promovieron el Brexit sin preparar siquiera un boceto del plan para llevarlo a cabo”.

Al terminar la rueda de prensa, y con los micrófonos todavía abiertos, mientras se estrechaban la mano, Varadkar le dice entre dientes a Tusk que lo que acaba de decir le va a traer problemas en Londres. “Lo sé, lo sé”, contesta riéndose el presidente del Consejo Europeo. Pues eso: al polaco le encanta un choque.

Momentos después de su famosa frase sobre el lugar en el infierno para los promotores del Brexit. (Reuters)
Momentos después de su famosa frase sobre el lugar en el infierno para los promotores del Brexit. (Reuters)

“Nuestro Donald”

Tusk llegó a la presidencia del Consejo Europeo directamente desde el cargo de primer ministro de Polonia: se convertía así en el primer gran líder de la UE proveniente del bloque del este. Por aquellos entonces, en 2014, el polaco a penas sabía hablar inglés. "Nada es lo suficientemente bueno para Europa, incluido mi inglés de hoy", aseguró en una rueda de prensa celebrada solo unos momentos después de ser elegido. Tras cinco años de intensas clases y una inmersión total en la burbuja europea, Tusk habla casi un perfecto inglés, solo con algo de acento.

La victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos en 2016 popularizó una expresión en Bruselas para referirse a Tusk: “Nuestro Donald”. Esa casualdad en los nombres le ha servido a la UE en algunos momentos para utilizar a Tusk como el reflejo de todo lo contrario a Trump. Abierto al mundo, defensor del multilateralismo, del libre comercio, de los valores liberales, contrario totalmente al Brexit y a la nueva oleada populista de la que el presidente americano forma parte.

Porque a diferencia de su antecesor, el belga Herman Van Rompuy, con poquísima personalidad y una presencia mínima, Tusk tiene mucha pegada política, le encanta el roce, el sarcasmo, las redes sociales, los grandes discursos, los chascarrillos y los dramas políticos. Vive por y para ellos.

Donald Tusk durante su entrevista con Boris Johnson en el G7 de Biarritz este verano. (Reuters)
Donald Tusk durante su entrevista con Boris Johnson en el G7 de Biarritz este verano. (Reuters)

Tusk ha sido casi un nuevo animal político en Bruselas. A medida que la capital comunitaria se ha ido convirtiendo cada vez más en una ciudad política, con su propio ecosistema del poder, el polaco se ha convertido en la “gran estrella” mediática, en el hombre que ha sabido controlar la comunicación y los tiempos de esta maquinaria.

Sí, el otro presidente, Jean-Claude Juncker, de la Comisión Europea, es también todo un personaje europeo, pero ha llegado más cansado y quemado a esta etapa. Ha tenido momentos brillantes, pero también se ha ido apagando con el tiempo. Tusk ha llegado en su plenitud, ha sido el contraste total entre los políticos europeos de este lustro y los del anterior. Frente a él están su antecesor, Van Rompuy, y el anterior presidente del Ejecutivo comunitario, José Manuel Durao Barroso, que eran una máquina de generar euroescépticos por aburrimiento, la confirmación perfecta para aquellos que creen que Bruselas es una ciudad gris llena de burócratas. La noche y el día.

Por encima de todo lo demás, y esa es otra de las enormes diferencias entre los dos Donalds, Tusk es un hombre de discursos brillantes. El polaco ha acostumbrado a la audiencia europea a discurso cultísimos, llenos de referencias a literatos y personajes históricos, seguramente las mejores alocuciones de la política europea. En una de sus últimas grandes intervenciones, cuando la presidencia rumana asumió el liderazgo del Consejo en enero de 2019, Tusk dio un auténtico espectáculo: habló en rumano, hizo referencias al dramaturgo franco-rumano Eugène Ionescu, al filósofo e historiador Mircea Eliade, con recital icluido de un poema de Nichita Stanescu.

Su último gran discurso, este octubre en Atenas, fue también una demostración de la maestría de Tusk en este campo. El polaco aprovechó para hacer un repaso a su vida a través de su pasión por la historia de la antigua Grecia, se preguntó qué pensaría Tucídides de la actual crisis política en Estados Unidos y el Reino Unido, así como el ataque a las democracias liberales en algunos países del este de Europa. Recitó a Homero, de quien dijo que "dio sentido" a su vida.

Uno de esos discursos, en octubre de 2017, fue clave para evitar que el día 10 de aquel mes, Carles Puigdemont, por entonces presidente de la Generalitat, pusiera en marcha la declaración unilateral independencia. El presidente del Consejo pidió mandar un mensaje al presidente de la Generalitat: "Me dirijo a usted no sólo como presidente del Consejo Europeo, sino como alguien que cree firmamente en el lema de la UE de 'unidos en la diversidad', como miembro de una minorá étnica y un regionalista, como un hombre que sabe lo que se siente al ser golpeado por la policía. Como alguien, en fin, que entiende y siente los argumentos de ambas partes", señaló Tusk, antes de lanzar su mensaje final. "Hoy le pido que respete el orden constitucional y no anuncie una decisión que haría un diálogo imposible, la diversidad no podría y no debería llevar al conflicto, que sería malo para los catalanes, para España y para toda Europa".

Donald Tusk charla con el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
Donald Tusk charla con el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

Tusk y las redes sociales, un amor correspondido

Una de las cosas que llevó a acuñar “nuestro Donald” es que a ambos, uno en la Casa Blanca y el otro en el Edificio Europa de Bruselas, les encanta las redes sociales, aunque el uso que hacen es radicalmente diferente. Trump lo utiliza para ensuciar el debate, señalar a medios de comunicación y arengar a sus masas, y Tusk lo usa, fundamentalmente, para lanzar indirectas y hacer un poco el ‘trol’.

En alguna ocasión sus bromas han llegado a molestar. Durante una de las cumbres más tensas sobre el Brexit, Tusk utilizó una foto suya junto a la entonces primera ministra británica Theresa May y una tarta. Por entonces la UE usaba mucho el término “cherry picking”, literalmente “cosecha” o “recogida de cerezas”, una expresión que en inglés se refiere solo a coger aquello que te interesa dejando todo lo demás ahí.

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Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea, popularizó una frase que repetía constantemente: “No cherry picking”, el Reino Unido no podía coger las partes que le intersaban de la UE y no asumir todas las demás. Y Tusk no pudo resistirse a subir su foto, con May y la tarta, junto al texto: “¿Un trozo de tarta? Lo siento, sin cerezas”. La primera ministra se sintió muy ofendida y la gente del presidente del Consejo Europeo tuvo que aclarar que no pretendía humillar a nadie. Y ese es solo un ejemplo, hay muchos más.

En otra ocasión Tusk subió una foto a Instagram de una carta enviada por Sophie, una niña británica de 6 años. “Sé que estamos abandonando la UE, pero creo que podemos ser amigos”. “Siempre seremos amigos”, contestaba Tusk en su Instagram. El dardo estaba en que al final de la carta la joven Sophie había dibujado un unicornio (“Te he dibujado un unicornio”, se leía), que es un animal mitológico con el que normalmente se compara al Brexit por su falta de realismo.

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We will always be friends, Sophie ❤️

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Y quizás demasiado político

El trabajo de Tusk es muy concreto: coordinar y ser un árbitro entre todas las posturas que existen entre los Veintiocho, quizás pronto uno menos con el Brexit. No debe tomar partido, debe mantenerse al margen. Es un notario. En algunas ocasiones, eso sí, tiene que desatascar algunos problemas con propuestas que sirvan para construir un compromiso. Pero su papel está muy marcado. Bien, pues Tusk no ha hecho mucho caso al manual de instrucciones.

El presidente del Consejo Europeo ha ido en cierto modo por libre, algo que, en muchas ocasiones, ha irritado profundamente a diplomáticos, técnicos y algunos jefes de Estado y de Gobierno. Era, explicaba uno de los diplomáticos que tienen que lidiar con sus posturas, como si el árbitro se pusiera a jugar con uno de los equipos de forma activa, y además siguiera pitando a favor del equipo con el que jugaba.

Tusk antes de su último discurso ante la Eurocámara. (EFE)
Tusk antes de su último discurso ante la Eurocámara. (EFE)

Hay varios caso que han cabreado al personal, pero algunos son más destacados que otros. En el Brexit muchos han acusado a Tusk de perseguir su propia agenda, basada en pedir de forma sistemática la cancelación de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El asunto británico ha sido seguramente el central de la presidencia de Tusk, incluso antes de que el Brexit ocurriera. Como si se esperara lo que iba a pasar, en la rueda de prensa en la que aceptó el cargo, el 30 de agosto de 2014, el polaco lanzó una advertencia: “Nadie razonable puede imaginar la Unión Europea sin el Reino Unido”. Faltaban casi dos años para el referéndum.

Ha sacado los pies del tiesto de forma continua también en otros asuntos, como en migración, donde se situó claramente a favor de los países más duros, lo que provocó un choque frontal con la Comisión Europea y un daño importante a las relaciones entre ambas instituciones.

Otro momento crítico ocurrió durante la cumbre europea para elegir a los próximos líderes de la UE, a comienzos de julio. Cuando los jefes de Estado y de Gobierno populares, agotados por la reunión y por el bloqueo, comenzaban a ceder y se planteaba la posibilidad de que un socialista, el holandés Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea, se convirtiera en el sucesor de Juncker, Tusk cortó la reunión. No durante un rato, sino durante prácticamente un día entero. Algunas personas con conocimiento de los entresijos del encuentro aseguraron que el corte fue arbitrario y justo cuando se estaba generando ya un acuerdo.

Cuando los líderes se reunieron a la mañana siguiente la candidatura de Timmermans había muerto y la popular conservadora Ursula von der Leyen, entonces ministra de Defensa alemana, estaba a punto de ser coronada como próxima presidenta de la Comisión Europea.

Tusk junto a Ursula von der Leyen, presidenta electa de la Comisión Europea. (Reuters)
Tusk junto a Ursula von der Leyen, presidenta electa de la Comisión Europea. (Reuters)

El futuro de Tusk

Nadie se cree, ni en Bruselas ni en Polonia, que con lo que a Tusk le gusta una trifulca éste vaya a mantenerse muy alejado de la política. De hecho, en principio, el exprimer ministro polaco y presidente del Consejo Europeo será el próximo presidente del Partido Popular Europeo (PPE), la familia política más grande y poderosa de Europa.

Nadie se cree, ni en Bruselas ni en Polonia, que con lo que a Tusk le gusta una trifulca éste vaya a mantenerse muy alejado de la política. De hecho el exprimer ministro polaco y presidente del Consejo Europeo acaba de ser nombrado presidente del Partido Popular Europeo (PPE), la familia política más grande y poderosa de Europa.

No todo el mundo está tranquilo con ello. El PPE sitúa a Tusk en un lugar en el que, hasta ahora, ha estado el francés Joseph Daul, que ha mantenido un relativo silencio sobre el descarrilamiento autoritario del primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Muchos esperan que, con su estilo punzante y su protagonismo, el polaco cambie las cosas en la familia política conservadora.

El PPE, tras dominar de forma continua la política europea y controlar a la perfección Bruselas durante décadas, está pasando por una cierta crisis ideológica. El encargo para Tusk es que saque adelante una renovación de la familia, que le devuelva su fuerza y su músculo, incluida la disciplina interna. El trabajo no es fácil.

Pero muchos dudan de que la cosa vaya a quedar ahí. El 12 de diciembre, el día en el que comienza el primer Consejo Europeo que ya no presidirá él, Tusk publicará unas memorias políticas de los últimos años, tanto en Polonia como en Europa. La obra verá la luz solo unos meses antes de que se celebren las elecciones presidenciales polacas. Y muchos creen que Tusk podría dar el salto y volver al ruedo nacional.

El 12 de diciembre, el día en el que comienza el primer Consejo Europeo que ya no presidirá él, Tusk publicará unas memorias políticas de los últimos años, tanto en Polonia como en Europa. La obra verá la luz solo unos meses antes de que se celebren las elecciones presidenciales polacas. Y muchos pensaban que Tusk podría dar el salto y volver al ruedo nacional, pero él mismo descartó esa posibilidad.

Porque la realidad es que la política polaca atraviesa un muy mal momento, y no parece que haya ninguna fuerza en la oposición capaz de doblegar al PiS polaco mientras éste continúa con un proceso que mina el Estado de derecho: en diciembre de 2017 la Comisión Europea activó el artículo 7 de los Tratados contra Varsovia, una cláusula destinada a frenar a los Estados miembros que minan los valores europeos más básicos.

Tusk durante una marcha en Varsovia este año. (Reuters)
Tusk durante una marcha en Varsovia este año. (Reuters)

Pero en Polonia había un buen puñado del electorado que esperaba el regreso de Tusk. Porque la realidad es que la política polaca atraviesa un muy mal momento, y no parece que haya ninguna fuerza en la oposición capaz de doblegar al PiS polaco mientras éste continúa con un proceso que mina el Estado de derecho: en diciembre de 2017 la Comisión Europea activó el artículo 7 de los Tratados contra Varsovia, una cláusula destinada a frenar a los Estados miembros que minan los valores europeos más básicos.

En Polonia los odios están a flor de piel. Jaroslaw Kaczynski, líder del PiS, culpa directamente a Tusk de estar detrás de una conspiración por la que su hermano, Lech, entonces presidente de la república, murió en un accidente de avión en 2010. En su último discurso en Atenas, Tusk pareció enviar un mensaje a ese ambiente cada vez más crispado, no solo en Polonia, sino en todo el mundo. “Antiguos compañeros, todavía ayer competidores, y hoy, enemigos jurados. Puedo ver este proceso en tantos sitios, incluido en mi propio país. La política, el arte de la coexistencia de diferentes ideas y comunidades, se está convirtiendo en la capacidad de lidiar brutalmente con oponentes, competidores, inadaptados o extraños. Violencia, mentiras, discursos de odio, mitos y resentimientos: estas son las herramientas de la política actual”, señaló en una de sus más brillantes alocuciones.

Los próximos meses para el que ha sido cinco años presidente del Consejo Europeo serán una mezcla de la intensidad que genera el decidir qué responder al “y ahora qué”, y el vacío que provoca la desaparición de los focos de la televisión. Nadie sabe exactamente qué pasa ahora. Solo lo sabe Tusk, que sea cual sea el futuro, ya está preparado para la siguiente pelea.

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