ADN el Imperio Romano

"Los italianos no existimos": el ADN de la Roma Imperial viene de Siria y Líbano

Un estudio publicado por la revista Science afirma, tras analizar genéticamente 127 restos óseos desde el 12.000 a.C al 300 d.C, que los romanos son genéticamente de todas partes

Foto: Persona disfrada de soldado romano. (Reuters)
Persona disfrada de soldado romano. (Reuters)

"Es difícil decir cómo era la Nueva York de hoy. Eso era Roma hace dos mil años", explica Guido Barbujani, uno de los grandes expertos genetistas italianos. Barbujani habla de su tierra, si es que Roma, la imperial, fue de alguien. Porque un novedoso estudio publicado por la revista Science afirma, tras analizar genéticamente 127 restos óseos desde el 12.000 a.C al 300 d.C recogidos de diversos restos arqueológicos de la ciudad eterna, que los romanos, como los neoyorquinos de hoy, son genéticamente de todas partes.

Los restos dicen que los romanos se mezclaron con lo que hoy serían pobladores de las tierras del Líbano, Siria, Grecia y el norte de África. Si romanos somos todos, ya que su derecho o cultura es la base de la mayor parte del mundo occidental, todos somos en parte sirios, magrebíes y libaneses también.

El estudio, realizado por científicos de diversas nacionalidades, muestra el cambio genético de la Península Itálica y lo que supuso la aparición del llamado Imperio Romano. Entre el 10.000 y 7.000 a.C, los huesos de los tres cazadores recolectores serían casi idénticos a otros analizados al otro lado de los Alpes. "Hay un patrón genético que suele hacer más similar a los que están cerca que los que están lejos. Estudiando a los etruscos en Toscana hemos encontrado dos zonas donde los individuos mantienen un ADN casi idéntico, pero 50 kilómetros más al sur son diferentes. A veces también ocurre que dos pueblos a media hora de coche tienen más diferencias que localidades que están a 500 kilómetros", afirma Barbujani.

Cuando Roma era Nueva York

Sin embargo, el polo de atracción que supuso la gran Roma cambia su genética. Entre el 900 y 200 a.C los romanos comienzan a diferenciarse de los europeos occidentales y a parecerse más a los habitantes de Oriente Medio y el Magreb. De 48 genomas estudiados, sólo dos individuos muestran rasgos puros de Europa occidental. "La diversidad fue absolutamente abrumadora", afirmó Ron Pinhasi, uno de los investigadores del estudio de la Universidad de Viena.

¿Por qué existía esa mezcla genética en Roma? Por poder, dinero, afluencia de esclavos, relaciones sexuales y comerciales... Exactamente por la misma razón que probablemente Nueva York sea hoy una de las ciudades genéticamente más variadas del mundo.

Cuando llegó la invasión bárbara y quebró el imperio, la ciudad pasó de tener un millón de habitantes a cien mil y fue Constantinopla, nueva capital del mundo occidental, la que se convirtió en urbe receptora de inmigrantes. "Cuando los flujos de inmigrantes se fueron a otra parte, la grandeza de Roma comenzó a declinar", concluye el interesante artículo titulado 'Roma ciudad abierta' en el que el autor, Pietro Grieco, hace un viaje por la historia y genética italiana. "Durante muchos siglos la ciudad fue una ciudad abierta. Dio la bienvenida a los migrantes, libres o forzados, en grandes cantidades. Y esta contaminación, repetimos, coincidió con su éxito", incide el texto.

La migración, un fenómeno desde la antigüedad

El artículo de Science revela también algo que hoy está en boca de todos, especialmente en Italia: los flujos migratorios. "Prometí que haría todo lo posible para defender las fronteras y detener la invasión de nuestro país y lo estoy haciendo", declaraba el 7 de septiembre de 2018 el líder de la Lega, Matteo Salvini.

Y lo que enseña el reportaje es que la historia viene a confirmar de nuevo que todo lo vivido hoy no es más que un repetición de hechos ya pasados: "Es una constante del ser humano. Siempre se migró mucho en todos los momentos históricos. En Roma, mucha gente vino del sur y del este", explica Barbujani. "La gente puede imaginar que el nivel de inmigración de hoy en día es algo nuevo, pero los ADNs antiguos muestran que los seres humanos llevan mezclándose fuertemente durante mucho tiempo", afirma el genetista Jonathan Pritchard, de la Universidad de Stanford.

La excepción de Cerdeña

"Los italianos no existimos. Se trata sólo de una agregación geográfica. Tenemos diferentes identidades genéticas, vinculadas a diversos procesos históricos", explicaba Davide Pettener, antropólogo del departamento de ciencia biológica de la Universidad de Bolonia y creador de un banco de muestras de ADN para rastrear la historia genética de los italianos. Este estudio, generado con 3.000 muestras de sangre de italianos de todas las regiones, muestra que los transalpinos hoy tienen una fuerte carga genética de "alemanes, griegos, lombardos, normandos, suevos y árabes".

Sólo hay una región italiana que conserva un ADN casi intacto y sin mezclas: Cerdeña. "Los sardos se diferencian de todas las poblaciones italianas europeas. Si bien Sicilia ha sido un centro para todas las poblaciones mediterráneas, Cerdeña conserva las huellas más antiguas que no han sufrido invasiones y se ha diferenciado de todas las poblaciones europeas a la par de vascos y lapones", recoge Luigi Ripamonti en su artículo 'Los italianos no existen, somos un gran mix genético menos los sardos'.

La falsa raza aria de Benito Mussolini

Sin embargo, el fascismo italiano de Benito Mussolini usó el pasado y la genética como dos elementos esenciales de su ideología. Il Duce se autoproclamó heredero del emperador Augusto y trajo a Italia la 'romanitá', una especie de retorno a los valores de la Gran Roma que devolvería la grandeza al país. Por otro lado, Mussolini usó también el componente de raza y el rechazo a lo exterior como parte de su propaganda.

En el famoso manifiesto de la raza de 1938, en el que Mussolini sentaba las bases de su política racial, decía en el punto seis: "Existe ahora una pura raza italiana. Esta afirmación no se basa en la confusión del concepto biológico de raza con el concepto histórico-lingüístico de pueblo y de nación, sino en el purísimo parentesco de sangre que une a los italianos de hoy a las generaciones que pueblan Italia desde hace milenios. Esta antigua pureza de sangre es el mayor título de nobleza de la nación italiana". En el punto ocho, el manifiesto aseguraba que: "Deben considerarse peligrosas las teorías que sostienen el origen africano de algunos pueblos europeos y que incluyen en una común raza mediterránea a pueblos camitas y semitas, estableciendo relaciones y simpatías ideológicas absolutamente inaceptables".

Hoy la genética ha demostrado que ambas afirmaciones eran falsas. La Roma imperial que tanto le gustaba a Mussolini y a muchos de sus actuales seguidores tuvo una enorme mezcla y confluencia con los pueblos que niega en el punto ocho. "Nuestra ambición ahora es partir de la evidencia científica y cultural, dos aspectos que no deben nunca desligarse, para enfrentar nuestra propia actualidad como, por ejemplo, el problema racial. Somos un pueblo que ha logrado resultados importantes precisamente porque nos hemos mezclado", explicaba el antropólogo Giovanni Destro Bisol durante la presentación de otro amplio estudio sobre la genética del país realizado por diversas universidades italianas. Este trabajo concluía afirmando que "los italianos somos el pueblo con mayor diversidad genética de Europa".

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