Cesiones en ambas partes

Manual para el Brexit: lo que tienes que saber de un acuerdo con un futuro difícil

La UE y Reino Unido han mostrado flexibilidad para llegar a un acuerdo difícil de lograr hace algunos meses, pero no es el final del camino. Todavía quedan muchas preguntas por despejar

Foto: El 'premier' británico, Boris Johnson, en la rueda de prensa tras el acuerdo en Bruselas. (Reuters)
El 'premier' británico, Boris Johnson, en la rueda de prensa tras el acuerdo en Bruselas. (Reuters)

Contrarreloj y con todos los pronósticos en contra a partir del sábado, la Unión Europea y el Reino Unido han logrado cerrar un acuerdo para revisar el tratado del Brexit. Bruselas ha celebrado el apretón de manos entre Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, y Boris Johnson, primer ministro británico. Una vez apagadas las cámaras, las caras vuelven a ser de preocupación y de circunstancia. Volvemos a la casilla de salida. Y ahora, ¿qué?

¿Quién ha ganado?

La clave del éxito de una negociación es que nadie gane y que nadie pierda en exceso. En diciembre de 2017, un grupo de diplomáticos aseguraba, medio en broma medio en serio, que había que dejar de apretar al Reino Unido: el partido acababa de empezar y la UE iba ganando por goleada, había que dar algo a Londres.

En el conjunto general de la negociación, la Unión Europea ha salido ganando: ha impuesto su agenda, sus prioridades (los derechos de los ciudadanos, el pago de la factura de liquidación financiera y el mantenimiento de la frontera irlandesa) y sus métodos de negociación.

Pero en este último tramo todos han tenido que ceder para poder alcanzar un acuerdo. En cierto modo, Johnson podrá celebrar una victoria: al final, ha conseguido que la UE reabra el ‘backstop’ que Bruselas y Dublín aseguraban que era innegociable, el acuerdo que dijeron que no se volvería a negociar de ninguna de las maneras. Por su lado, los europeos han logrado que Johnson ceda en cosas que siempre dijo que eran inaceptables: que Irlanda del Norte quede en un espacio regulatorio distinto que el resto de la UE o un compromiso con el mantenimiento de ciertos estándares tras el Brexit.

¿Qué ha pasado con Irlanda?

Hay que considerar que respecto a Irlanda del Norte se han hecho cesiones por ambos lados que han permitido el acuerdo. Empezando por el Reino Unido, y respecto a la propuesta que Londres realizó a principios de mes, lo cierto es que ha habido un volantazo de realidad: ha aceptado que es inaceptable que haya controles o cualquier tipo de chequeos en la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, algo que iría en contra de los Acuerdos del Viernes Santo y cuyas instalaciones serían objetivo de ataques violentos.

Para que eso fuera posible el equipo negociador británico, liderado por el diplomático David Frost, ha tenido que hacer entrar en razón a Johnson y sus acólitos: hacía falta que Irlanda del Norte quedara alineada con la unión aduanera y partes del mercado interior, estableciendo una frontera aduanera en el mar de Irlanda que permita que el resto del Reino Unido pueda cerrar libremente nuevos acuerdos comerciales. Es decir: justo el ‘backstop’ que la UE ofreció a la antecesora de Johnson, Theresa May, en febrero de 2018, pero que la primera ministra descartó por el rechazo de los euroescépticos más duros.

En realidad el acuerdo señala que Irlanda del Norte queda dentro del territorio del Reino Unido, pero eso solo ocurrirá en la imaginación de Londres, en la ley: en la práctica replicará todas las normas de la unión aduanera y gran parte del mercado interior, la regulación de competencia e IVA, todo lo necesario para mantener la frontera abierta. Se intenta guardar una cierta apariencia que puede ayudar electoralmente a Johnson, pero la realidad indica que el Ulster seguirá atado a la UE.

Los diplomáticos y técnicos europeos certifican con cuidado que el acuerdo que ha alcanzado Bruselas no genera un agujero en el mercado interior. Fuentes europeas admiten que un cierto nivel de contrabando y fraude será imposible de evitar, pero creen que el sistema que se ha acordado será, a priori, suficiente para proteger el comercio interior de la Unión Europea.

Pero Dublín ha hecho también sacrificios importantes que han hecho que se le vea como responsable de un giro inesperado por parte de la UE. El resto de socios siguen lo que dice Irlanda en este tema, y no dudan ni cuestionan su cambio de postura, pero lo cierto es que los Veintisiete han pasado de afirmar que sin ‘backstop’ no hay acuerdo, que dicho plan no podía tener fecha de salida y que, por supuesto, no podía tener fecha límite a permitir que se hable de la “sustitución” del ‘backstop’, que se haya puesto una fecha límite y que haya de forma una cláusula de salida unilateral.

Leo Varadkar, primer ministro irlandés, defiende que esto es mejor que el ‘backstop’ porque es, de facto, una nueva relación con Irlanda del Norte, por lo que ya no hace falta una “red de seguridad”. Es cierto, y de hecho Dublín cree que hay más posibilidades de que este mecanismo se quede de forma permanente que las que había con el antiguo plan de emergencia.

¿Por qué, si hay una cláusula de salida? Dicha cláusula es el denominado “consentimiento”, un mecanismo que da legitimidad democrática al sistema y que da a la Asamblea de Irlanda del Norte el poder de abandonar esta situación, con dos años de transición desde un supuesto voto positivo para buscar soluciones que eviten crear un agujero en el mercado interior o una frontera dura que viole los Acuerdos del Viernes Santo. Pero la mayoría no será sencilla de lograr: no sería suficiente con los votos de los unionistas del DUP, contrarios a este plan, sino que también se requerirá de la implicación de partidos que son favorables a estrechar los lazos con la República, al sur de la frontera invisible.

El primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, en Bruselas. (Reuters)
El primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, en Bruselas. (Reuters)

Esta votación se produciría cada cuatro años a partir de su puesta en marcha al final del periodo transitorio, y fuentes diplomáticas confían en que nunca se llegue a la activación de una salida: creen que los partidos contrarios a este plan se darán cuenta rápidamente de lo ventajoso que es este arreglo para la economía norirlandesa, completamente dependiente de la republicana.

¿Y ahora qué?

Aunque hoy el optimismo ha sido la emoción dominante frente a las cámaras en Bruselas, cuando los focos se apagaban las caras se alargaban: las cosas no van a ser fáciles. ¿Qué ocurrirá en el mejor de los escenarios?

El acuerdo viajará ahora a Londres, donde Johnson tratará de defenderlo frente a la Cámara de los Comunes, donde en principio no tiene los votos suficientes para sacarlo adelante. Sin embargo el primer ministro se ha mostrado optimista al respecto. Imaginemos que tiene los votos: en cuanto el texto sea ratificado se pondrá en marcha el mecanismo europeo, con una reunión de los embajadores permanentes ante la UE, el COREPER.

De ese encuentro a nivel técnico viajaría hasta Estrasburgo, donde en principio la Eurocámara aprobaría el acuerdo sin más problemas a finales de la semana que viene. Algunos en Bruselas se muestran sorprendidos con la velocidad con la que asegura Londres que podría gestionarse el acuerdo: “En 2018 el Gobierno británico nos dijo que la ratificación de un acuerdo de Salida les llevaría seis meses. A inicios de 2019 nos dijeron que podrían hacerlo en seis semanas, pero ahora parece que con unos días sería más que suficiente”, aseguró este jueves por la mañana una fuente comunitaria.

En caso de que se aprobara el texto y todo fuera sobre ruedas, las fuentes europeas confían en que el Reino Unido estaría fuera de la Unión Europea el próximo 1 de noviembre. “Ahora está claro que el Reino Unido será un país tercero y rápidamente comenzaremos negociaciones para un acuerdo de libre comercio”, aseguró este jueves por la noche la canciller alemana Angela Merkel.

Manifestantes anti Brexit en Londres. (Reuters)
Manifestantes anti Brexit en Londres. (Reuters)

En caso de que hubiera cualquier problema inesperado, casi burocrático, que pudiera complicar la ratificación completa de cara al 1 de noviembre, siempre existe la posibilidad de una “prórroga técnica” de un mes, para completar el proceso administrativo.

Pero en efecto, el Reino Unido pondría ya sí, por fin, rumbo hacia el mundo exterior. Johnson cumpliría su promesa y quizás buscaría unas elecciones generales. Y después Londres tendría que buscar un acuerdo comercial con la UE. Al otro lado de la mesa estarán caras conocidas: todos los rumores apuntan a que Barnier seguirá ahí al frente de las conversaciones comerciales, y a su derecha estará una vieja cara conocida de Reino Unido, la alemana Sabine Weyand, antes número dos de las negociaciones del Brexit y la mujer que doblegó a May, y ahora directora general de Comercio de la Comisión Europea, un cambio de puesto que no es casualidad.

¿Qué pasa si el Parlamento lo rechaza?

Existe otra posibilidad, por la que más apuestan diplomáticos, funcionarios y negociadores: que el acuerdo enviado con alegría este jueves por Bruselas a Londres acabe siendo descuartizado por un Parlamento británico que ya ha derribado antes hasta tres veces el pacto que se alcanzó con la primer ministra Theresa May.

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