con más margen del previsto en los sondeos

Kurz gana en Austria y debe elegir: ¿más ultraderecha o abrazar a Los Verdes?

El ÖVP de Sebastian Kurz habría obtenido un 37%, unos 5,5 puntos porcentuales más que en las elecciones de hace dos años

Foto: Sebastian Kurz. (Reuters)
Sebastian Kurz. (Reuters)

Sebastian Kurz, el joven halcón de la derecha austriaca, volverá a ser el canciller de su país tras las elecciones de este domingo, donde su formación, el Partido Popular (ÖVP), ha vuelto a imponerse con claridad en las urnas. Ahora queda por ver con quién quiere aliarse para conformar un Ejecutivo estable. Puede recurrir de nuevo al ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ), a pesar de que sus escándalos dinamitaron la coalición que ambos mantenían en la pasada legislatura y de su hundimiento en las urnas. O puede también mirar al centro, donde podría aliarse con Los Verdes, los otros grandes vencedores de la jornada. Sería un acuerdo inédito y sorprendente, sí. Pero en línea con el actual Zeitgeist europeo.

El ÖVP ha obtenido el 37,2% de los votos, tras ganar 5,6 puntos porcentuales con respecto a los comicios de 2017. Segundo es el Partido Socialdemócrata (SPÖ), que cosecha su peor resultado en unas elecciones parlamentarias, con un 21,8% de los sufragios, al ceder casi cinco puntos. El FPÖ, el gran perdedor de los comicios, es tercero, con un 16% y un derrumbe de casi diez puntos porcentuales. Los Verdes vuelven al parlamento, cuadruplican sus resultados y se quedan en un 14%, diez puntos por encima de las elecciones anteriores. Quintos son la formación liberal Neos, con un 7,6% de las papeletas.

Por escaños, los conservadores consiguieron 70 asientos, por 42 de los socialdemócratas, 30 de los ultraderechistas, 27 de los verdes y 14 de los liberales. En un parlamento de 183 diputados, tres mayorías serían posibles: el ÖPV de Kurz con el FPÖ, con el SPÖ o con Los Verdes.

La decisión no es sencilla para Kurz, el telegénico y ambicioso líder de los conservadores austriacos, que ya una vez superada su áurea de "niño prodigio" (tiene 33 años y ha ejercido ya cuatro como ministro de Exteriores y uno y medio como canciller) debe dejar atrás las turbulencias de los últimos meses y conformar un Ejecutivo sólido. Debería aspirar a confirmarse como referente del centro derecha en Austria y proyectar su influencia más allá de sus fronteras, aprovechando un inestable contexto europeo que ofrece oportunidades para las potencias medias con aspiraciones (y la tarea doméstica solventada).

El secretario general del ÖVP, Karl Nehammer, evitó avanzar el socio preferido de los conservadores. "Hoy es el día de Sebastian Kurz y del ÖVP. Luego es el turno el presidente, que debe nombrar a quien corresponde formar gobierno, y luego empezarán las conversaciones". A su juicio, lo importante será constatar con quién pueden "implementar mejor" su programa electoral. Los Verdes por su parte, se mostraron abiertos a entrar en contacto con los conservadores y el FPÖ, pese a reivindicar la necesidad de un "nuevo inicio", no cerró la puerta a volver al Ejecutivo. Ahora le toca a Kurz hacer el primer movimiento.

Cerca políticamente, pero potencialmente tóxico

A su derecha está el FPÖ. La aritmética no es un problema, porque ambos logran juntos una holgada mayoría. Y en lo programático tampoco habría grandes dificultades. Los dos mantienen una oferta similar para Austria, con una política muy restrictiva en migración y centrada en la seguridad. Para más allá de sus fronteras propugnan un euroescepticismo más o menos matizado. En el ÖVP liderado por Kurz nunca se ha planteado un cordón sanitario a la ultraderecha. Es más, durante la anterior campaña, la primera con Kurz al frente, la ultraderecha les acusó de copiarles gran parte del programa. Ése no es pues el problema. La clave está en los escándalos que rodean a la formación ultraderechista, que la vuelven impredecible y potencialmente tóxica.

Los votantes celebran la victoria de Kurz. (Reuters)
Los votantes celebran la victoria de Kurz. (Reuters)

El FPÖ está ahora mismo en modo supervivencia, tratando de mantener la cabeza fuera del agua tras la caída en desgracia de su hasta ahora líder (y vicecanciller en el anterior gobierno), Heinz-Christian Strache. Él era el protagonista de un vídeo con cámara oculta conocido como "el escándalo de Ibiza", porque se grabó en esta isla, filtrado el pasado mayo. En los siete minutos que se difundieron Strache se mostraba dispuesto a otorgar a dedo contratos estatales a un supuesto oligarca ruso a cambio de fondos para el partido. Tuvo que dimitir como vicecanciller del gobierno. Pero Kurz exigió también la cabeza del ministro de Interior, el controvertido ultraderechista Herbert Kickl, conocido por sus comentarios racistas y antisemitas. El FPÖ se negó, dio por rota la coalición y, ya desde la oposición, lanzó un voto de no confianza contra el canciller y lo tumbó. Kurz, el jefe de gobierno más joven de Austria, pasó también a la historia como el más breve (525 días) y el primero en caer por una moción de censura.

Strache, por su parte, quizá no haya tocado aún fondo. Él y su mujer —que se ha presentado a estas elecciones— están siendo actualmente investigados por un presunto delito de desfalco. Y en el filo de la navaja por la acusación de que ambos desviaban más 10.0000 euros al mes del partido para gastos personales. Esto, junto con los recientes arrestos de su exguardaespalda y su exsecretaria, han lastrado la campaña del FPÖ. El partido ha maniobrado para alejarse de la figura de su antiguo líder, pero con escaso éxito. Ni siquiera ha surtido efecto el cambio de líder y la llegada de Norbert Hofer, cultiva una imagen más moderada y correcta. Pero muchos votantes han huido del FPÖ, más por las acusaciones de delitos económicos (cuando el partido se dice "abogado del hombre de la calle") que por sus posiciones xenófobas.

Inédito giro al centro

Pero Kurz también podría mirar hacia su izquierda. Aunque pueda parecer sorprendente tras la derechización a la que sometió al ÖVP cuando se hizo con las riendas. La aritmética da para dos opciones. La primera sería una gran coalición con los socialdemócratas, una posibilidad remota porque Kurz llegó a lo más alto repudiándola abiertamente y acabando con una fórmula que llevaba diez años en el poder en Viena. La segunda opción sería la búsqueda de una alianza inédita aún a nivel nacional en Austria con Los Verdes.

Esta combinación sería compleja por sus diferencias programáticas. Podría generar además dudas sobre la coherencia ideológica de Kurz y sobre la autenticidad de su discurso. Pero también le daría la oportunidad de separarse del FPÖ, al que se mira con extremo recelo en Europa, y el que tantos problemas le dio en la pasada legislatura, plagada de declaraciones racistas y tropiezos. El "escándalo de Ibiza" fue solo la gota que colmó el vaso.

Hay que tener en cuenta que Kurz trató de forma sistemática durante la pasada legislatura de mantener a los ultraderechistas alejados de las cuestiones europeas, para tener las manos libres y evitarse problemas con Bruselas. Además esta campaña ha sido bien distinta. Si en 2017 el tema dominante era la inmigración y las consecuencias de la crisis de los refugiados —que acabó con la gran coalición—, los debates previos a este encuentro con las urnas se han centrado en la transparencia en política y la financiación de los partidos, pero también en la justicia social y el cambio climático, un asunto en el que se han destacado los ecologistas.

También va a pesar en la decisión final de Kurz la opinión pública. Los últimos sondeos coincidían en señalar que la alianza favorita para los votantes era la de los conservadores de Kurz con el FPÖ, que sumaba el 28 por ciento de los apoyos. El entendimiento del ÖVP con Los Verdes, por su parte, concitaba un respaldo del 4 por ciento. Entre los votantes conservadores, un 43 por ciento abogaba por repetir con la ultraderecha y solo un 20 por ciento quería probar suerte con los ecologistas.

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