EL CAMINO PARA REFORMAR EL SISTEMA MIGRATORIO

Italia ensaya un "mecanismo automático" para el reparto de inmigrantes en la UE

Italia quiere cambios en la Unión Europea. Después de ‘despedir’ al ultraderechista Matteo Salvini, el principal agitador de las políticas antiinmigrantes, de las riñas con las

Foto: Migrantes en el puerto de Pozzallo, en Italia. (Reuters)
Migrantes en el puerto de Pozzallo, en Italia. (Reuters)

Italia quiere cambios en la Unión Europea. Después de ‘despedir’ al ultraderechista Matteo Salvini, el principal agitador de las políticas antiinmigrantes, de las riñas con las ONG y de los continuos choques con Bruselas, el nuevo Gobierno transalpino ha dedicado sus primeros días a exigir a sus aliados europeos mecanismos compartidos para gestionar las llegadas de migrantes por mar. Y, esta vez, la respuesta no ha sido decepcionante para Roma.

La última escena, en orden cronológico, ha sido el viaje relámpago de Emmanuel Macron este miércoles. El presidente francés acudió a la capital italiana y desde allí afirmó que no había que “subestimar la situación que Italia ha vivido desde 2015, así como los malentendidos y las injusticias sufridos por el país” respecto al tema migratorio. En este tono, en su encuentro con el primer ministro Giuseppe Conte, Macron se mostró favorable a la creación de un “mecanismo automático” de redistribución de los migrantes que llegan a Europa a través del Mediterráneo central.

Conte ya trasladó esta propuesta a la nueva presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula Von Der Leyen. Y, a su vez, esta oferta ya estaba incluida en parte del preacuerdo entre París y Alemania que el mismo Macron habría adelantado en una rueda de prensa en el Elíseo en julio del año pasado, en la que indicó que “catorce países europeos” ya habían ofrecido su disponibilidad para participar en la redistribución de migrantes.

Ir por etapas

El último objetivo de Italia, como ha subrayado con insistencia Conte, es modificar el reglamento de Dublín III, el acuerdo europeo que también critican a menudo el resto de los gobiernos del sur de Europa, como España y Grecia. Esta legislación prevé que los solicitantes de asilo presenten su petición en el primer país de la UE que pisan, algo que ‘de facto’ ha impedido por años que otros países europeos se hagan cargo de manera significativa de las llegadas de los migrantes que arriban cruzando el mar.

No obstante, reformar los protocolos de Dublín es una tarea ardua. Dicha legislación, de hecho, ha sido ratificada en tres ocasiones por los Estados miembros (su primera versión es del año 1990 y la última del año 2013) y las largas negociaciones entre los socios europeos para modificarlo no han producido ningún resultado. Un ejemplo fue la última propuesta hecha el año pasado por Bulgaria, cuando este país ejercía la presidencia de turno de la UE. Paradójicamente, fue tumbada por Italia por voluntad de la Liga de Salvini.

De ahí que el plan de Roma sea ahora “ir por etapas”. Quieren despolitizar el debate migratorio y desactivar por vías secundarias los efectos del reglamento de Dublín y de las políticas antiinmigración de Salvini, como explicaba esta semana una fuente del Partido Democrático (PD), el partido progresista que ahora gobierna en Italia junto con el Movimiento 5 Estrellas (M5S). “El plan es moverse en tres frentes. Solicitar un mecanismo automático de redistribución, pedir la reactivación de la misión europea Sophia contra el tráfico de personas en el Mediterráneo (lanzada en 2015 y paralizada desde la primavera pasada, por la división entre los países de la UE) y promover los llamados corredores humanitarios”, puntualizó.

“Los migrantes rescatados en el mar no pueden permanecer demasiado tiempo sin un puerto de destino. Eso es inaceptable”, destacó Andrea Marcucci, senador del PD. “Italia y Malta pueden ser puertos de desembarco de los migrantes, pero debe haber un mecanismo de cuotas que asegure que los rescatados sean asignados inmediatamente también a otros países de la UE”, ha continuado Marcucci.

Con esto como horizonte, Italia ya ha empezado a poner en marcha sus iniciativas, pero sin el ruido mediático que caracterizaba al anterior Ejecutivo de la Liga y el M5S. Ya el 12 de septiembre, Roma permitió la llegada de un vuelo de evacuación de 98 solicitantes de asilo subsaharianos que se encontraban en Libia y fueron trasladados a distintas localidades del país. Dos días más tarde, autorizó el desembarco en Lampedusa de 82 migrantes rescatados en dos operaciones de la nave humanitaria Ocean Viking, operada por las ONG SOS Méditerranée y Médicos Sin fronteras (MSF).

Esta última decisión, llevada a cabo más rápido que en anteriores ocasiones y gracias a que Alemania, Francia, Luxemburgo y Portugal facilitaron su disponibilidad a acoger 52 de los 82 inmigrantes rescatados. Sin polémicas. Algo que llevó a MSF a calificar los hechos de “clara muestra de valores humanitarios” y “un paso positivo hacia una respuesta más humana” ante el drama migratorio en el Mediterráneo central.

¿Compromiso real?

Dicho esto, a falta de conocer el acuerdo migratorio definitivo que los países europeos tienen previsto debatir en la cumbre de Malta del próximo lunes, y sin que nada de esto aún haya quedado plasmado en documentos oficiales, algunos observadores creen que no habrá un “drástico viraje” del Gobierno italiano de forma inmediata: “Todo cambio será lento y prudente pues este Gobierno es frágil y está integrado por un partido, el M5S, que en los últimos meses apoyó las políticas antiinmigratorias de Salvini”, dice a El Confidencial Matteo Villa, experto en migración del italiano Instituto para los Estudios de la Política Internacional (ISPI).

“Además, en Europa, será una negociación muy difícil, en un momento político difícil para el continente. Sin embargo, si Francia o Alemania se echan de nuevo para atrás y dejan a Italia sin ayuda, eso fomentará aún más las retóricas de Salvini”, advierte Villa. “Clave será lo que decidirán en (la cumbre de) Malta. Habrá que entender, por ejemplo, si el acuerdo de redistribución solo será válido para los inmigrantes rescatados por las ONG, que en la actualidad son solo el 15% de los que llegan a Italia”, puntualiza.

El alcalde de Parlermo, Luca Orlando, coincide con este punto, considerando que de ser así "sería un verdadero desastre", puesto que la mayoría de los inmigrantes "están llegando solos, en pateras". Sin embargo, Orlando se muestra optimista ante un cambio en las políticas migratorias en el Mediterráneo: “El camino será muy largo, por supuesto. Italia debería empezar por firmar el Pacto Mundial sobre Migraciones (que el anterior Ejecutivo se rehusó a firmar). Pero creo que ya se están dando algunos pasos en la dirección correcta”, añade este alcalde, uno de los más críticos con Salvini.

Si Francia o Alemania se echan de nuevo para atrás y dejan a Italia sin ayuda, eso fomentará aún más las retóricas de Salvini

Annalisa Camilli, periodista especializada en fenómenos migratorios y autora de un libro sobre la criminalización de las ONG en los últimos años, valora el cambio de gobierno de forma positiva respecto a las políticas migratorias: “A corto plazo, además, sospecho que el plan es evacuar a todos los migrantes de Libia y, a la vez, continuar con las controvertidas políticas de externalización de las peticiones de asilo en países terceros, como ya ocurre hoy con Níger”, advierte.

Además, Camilli también considera que Salvini no cambiará de estrategia y por eso el nuevo Gobierno italiano usará una buena dosis de equilibrismo para zanjar las polémicas dentro y fuera del país. “Un método que está funcionando es el de despolitizar el debate. Por eso, pienso que se ha acertado en elegir a una tecnócrata como nueva ministra de Interior (Luciana Lamorgese)”, culmina.

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