MEZCLA DE NOSTALGÍA Y ALEGRÍA EN ZAGREB

¿A dónde van los recuerdos de un 'ex'? En Croacia, al museo del desamor

En este museo caben historias de todo tipo: "Al principio estaba locamente enamorada de él, pero me acabó hartando. No sé que hacer con una réplica vibradora de su pene. Viena, Austria"

"Al principio estaba locamente enamorada de él, pero me acabó enfadando. No sé que hacer con una réplica vibradora de su pene. 02-09.2016-29.04.2017. Viena, Austria". Este cartel explicativo está colocado junto a una vitrina donde reposa un vibrador. Parece que la dueña, al final, encontró una utilidad para su ya inservible recuerdo: donarlo al museo de las relaciones rotas de Zagreb, Croacia.

De eso trata este lugar que resume bien el halo de mezcla de nostalgia y alegría que envuelve al país balcánico. El estado de la Unión Europea con mayor porcentaje de jóvenes entre 16 y 29 años atrapados en la casa de sus padres, un 93,1% según datos de Eurostat, ha creado una original sala de exposiciones al único tema tan universal como el amor, el desamor. La muestra recoge testimonios de todos los lugares del globo y de todo tipo de edades, motivados por la pena o el desprecio, o tras el recuerdo de la muerte o en el olvido de la vida. Dentro de esos muros se expone una original oda al adiós.

"Fueron 300 días muy largos. Él me dio su teléfono para que no le pudiera volver a llamar. 12 de julio de 2003-14 de abril de 2004. Zagreb, Croacia". Junto al cartel explicativo, en una vitrina, está el viejo Nokia que alguien prefirió entregar a una persona para que no hubiera opción de recibir más sus llamadas. Expeditivo. Rotundo. No pidió que no le llamara, ni pensó en cambiar el número. Simplemente le entregó el teléfono entero para asegurarse de no escuchar más su voz.

Otras historias son más rocambolescas: "En 1990, mi amigo -mi primer gran amor- tuvo un accidente de moto. Acabó con raspones severos y muchas costras grandes. El accidente me impactó muchísimo a pesar de que no había pasado nada serio. Desde entonces tuve miedo de perder al que más amaba. Por esa razón guardé una de sus costras después de que se cayó con la (no tan seria) intención de mandarlo clonar en el futuro si surgiera la necesidad. Yo estaba estudiando biología en ese entonces. Al final, mi miedo constante a perderlo llevó a que termináramos. Paradójicamente, mi miedo causó exactamente lo que más temía. He guardado esta costra hasta la fecha, durante 27 años. A pesar de que me volví bióloga, hace mucho que perdí el deseo de clonar a mi pareja. Mis miedos, sin embargo, son algo contra lo que aún lucho. 1990-1993. Mürzzuschlag, Austria". Junto al cartel se ve una costra de piel de una herida partida en dos. Seca, sangre y plaquetas, guardada como una reliquia de iglesia todos estos años para clonar una obsesión.

La costra para clonar a su novio, un vibrador hecho a medida y el móvil desechado para que no le llamara más
La costra para clonar a su novio, un vibrador hecho a medida y el móvil desechado para que no le llamara más

"El museo de las relaciones rotas creció de una exposición itinerante sobre el concepto de las relaciones rotas y sus ruinas", explica el propio museo. "Cualquiera que sea la motivación para donar estos objetos personales -mero exhibicionismo, alivio terapéutico o simple curiosidad- la gente abraza la idea de exhibir su legado patrimonial como una suerte de ritual, una solemne ceremonia", apuntan los organizadores.

Luego, entre otros relatos de desamor insistente, ironía, post-it a medio escribir, muñecos de vudú..., se llega a la sala donde lo que se rompe es la vida y se sufre la muerte. En la muerte no hay desamor, hay dolor, ruptura forzosa, y el recuerdo de algo que se marchó sin irse. "Lo conocí en mi primer salto en paracaídas. Yo estaba realmente asustada pero este hombre guapo, que era mi instructor del tándem, me salvó. Después me enseñó a saltar sola. Amábamos jugar en el cielo y nos amábamos mutuamente. Después él murió en un accidente de paracaídas. 3 años. Helsinki, Finlandia". Un paracaídas cuelga en la pared. Sin cuerpo dentro, vacío sobre un muro donde flota su historia.

Puerta con los mensajes de los amigos de un joven fallecido. (J.B.)
Puerta con los mensajes de los amigos de un joven fallecido. (J.B.)

También hay una puerta tatuada y arrancada para rememorar al hijo muerto. Ahí el corazón se rompe sin sutura posible, sin poder apelar a nada que no sea el orgullo de releer que algo de él sobrevive en la memoria de mucha gente. "Esta es la puerta de mi casa en la que los amigos de mi hijo fallecido han escrito como despedida para él mensajes hermosos, versos y palabras. 20 enero de 1992-13 de julio de 2014. Crikvenica, Croacia". En la madera hay frases, nombres y dibujos que recuerdan una vida. La puerta está cerrada, sin nada que no sea un muro de ladrillo detrás si se intenta abrir.

Y hay también un vestido de novia sin estrenar porque alguien no dudó de que su lucha, sus razones, merecían segar la vida de cualquiera. "Nos conocimos gracias a amigos en el 2014, decidimos casarnos el 24 de mayo de 2015 y nos comprometimos el 1 de agosto de 2015. Su mayor sueño era tener una boda de verano por lo que tuvimos que esperar un año. Habíamos escogido el 9 de julio de 2016 como fecha de nuestra boda y empezamos a prepararla. Una semana antes de que muriera, tuvimos nuestra sesión de fotos pre-boda. Él terminó su trabajo en el aeropuerto la tarde del 28 de junio de 2016 y estaba esperando el autobús para ir a casa cuando quedó atrapado en medio de un ataque terrorista. Mi vestido de novia es la mejor representación del día en que me lo quiero imaginar. 19.11.2014-28.06.2016. Estambul, Turquía".

Vestido de novia sin estrenar. (J.B.)
Vestido de novia sin estrenar. (J.B.)

Hay más ejemplos e historias por el edificio narrando duelos y quebrantos. Entre ellas pasan cientos de personas que leen y piensan, quizá por primera vez en su vida, que ellos podrían ser parte de un museo. ¿Quién no tiene una historia que colgar en esos muros?

Puede que sea así para el público convertido en mirón de las ruinas de los otros. En las salas hay una especial atención, un silencio casi constante pese a las decenas de visitantes, una forma de mirar y mirarse. Al final, en una especie de pizarra llena de mensajes, alguien decidió probar suerte: "Tengo 20 años y nunca he tenido una relación seria. ¿Es raro que quiera tener la primera al terminar el museo de las relaciones rotas?, Canadá, 10 de julio de 2013". No hay constancia de mensajes desde Canadá en la muestra. Quizá hubo final feliz en esta historia.

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