CLAROSCUROS DE LA 'VÍA PORTUGUESA'

Podemos busca argumentos en Lisboa para recelar de la 'solución a la portuguesa'

El fantasma de que los socialistas rentabilicen en solitario la 'geringonça' atravesó parte del debate en el Parlamento que resumió los cuatro años de experiencia de la 'vía portuguesa'

Foto: La coordinadora general del Bloco, Catarina Martins, el presidente de la France Insumise, Jean-Luc Mélenchon, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, tras firmar la declaración de Lisboa. (EFE)
La coordinadora general del Bloco, Catarina Martins, el presidente de la France Insumise, Jean-Luc Mélenchon, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, tras firmar la declaración de Lisboa. (EFE)

"En las mismas condiciones, volveríamos a firmar los acuerdos", concluía durante el debate del Estado de la Nación en el Parlamento portugués Catarina Martins, la líder de Bloco de Esquerda, formación aliada de Podemos y con quien firmó el pacto de Lisboa, junto a la France Insoumise. Martins se refería al pacto de la 'geringonça' que ahora pone como ejemplo a seguir Pedro Sánchez para sacar adelante su legislatura. La bautizada en España como 'vía portuguesa' supuso un pacto programático en el que las formaciones a la izquierda de los socialistas dieron su apoyo desde fuera, sin formar un Gobierno de coalición, al candidato del PS António Costa para convertirlo en primer ministro. Unidas Podemos rechaza esta vía porque entiende que no ofrecería estabilidad, porque los acuerdos se quedarían en "papel mojado" y porque ya se ensayó esta experiencia tras la moción de censura y "fracasó".

Algunos de estos argumentos los corrobora el Bloco —y también los comunistas del PCP—, pero a grandes rasgos y después de toda una legislatura, siguen priorizando el acuerdo programático al de coalición. La experiencia es positiva, como coincidieron en señalar desde socialistas a bloquistas y comunistas en el debate del Estado de la Nación celebrado a tres meses de las nuevas elecciones, pero además de riesgos (quien se pone las medallas y por tanto quien aprovecha electoralmente la 'geringonça') ha tenido claroscuros. El principal, en línea con los temores expresados por Podemos, que los socialistas ensayen una geometría variable, pactando cuestiones sociales con la izquierda y los asuntos económicos y en materia laboral con la derecha.

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Los frenos en los salarios y en las políticas de protección de los trabajadores fueron los principales reproches del líder del PCP, Jerónimo de Sousa. En la misma línea de los bloquistas, según quienes "el Gobierno falló en las áreas en las que los acuerdos fueron menos concretos", como las labores o la "inversión pública para recuperar los servicios públicos". Asimismo, criticó que la sumisión a los objetivos de déficit impuestos por Bruselas, sin apenas intentar una negociación: "En lugar de aprovechar el crecimiento económico para fortalecer el país, el Gobierno ha optado por ampliar el déficit de los servicios públicos para que Mário Centeno (Ministros de Finanzas luso y presidente del Eurogrupo) brille en las carreras deficitarias de Bruselas".

El fantasma de que tras esta legislatura el partido del Gobierno sea quien rentabilice en solitario la 'geringonça' y alcance la mayoría absoluta también atravesó parte del debate que resumió los cuatro años de experiencia de la 'vía portuguesa'. De momento, el Bloco se mantiene estancado en sus mismos porcentajes de apoyo, pero el PCP cayó tanto en las municipales como en las europeas. Los socialistas suben en intención de voto y algunos de sus dirigentes reclamaron mayoría para gobernar en solitario, "sin bloqueos". "¿Qué bloqueos molestan al PS? ¿Los que impidieron congelar las pensiones?", ironizaba Martins.

El guante blanco entre los partidos que firmaron el pacto de legislatura, más allá de los roces propios de un contexto de precampaña, y el consenso para repetir esta operación choca con el contexto en España. El apoyo desde fuera al Gobierno socialista ha permitido además una legislatura estable, sin bien trasladar la experiencia portuguesa a España es una quimera además de un reduccionismo absoluto, incluso dejando de lado el conflicto en Cataluña. Precisamente, fueron las formaciones independentistas catalanas, junto a PP y Ciudadanos, quienes hicieron fracasar la tramitación de los Presupuestos forzando nuevas elecciones.

Desde Unidas Podemos, además de poner como ejemplo el "fracaso" del apoyo desde fuera durante los casi nueve meses de legislatura de Sánchez como presidente, insisten en otra diferencia fundamental que tienen con sus aliados portugueses, que es que "nosotros sí queremos entrar en el Gobierno". Entienden que se trata de una reclamación legítima, como ya ocurre en varias comunidades autónomas. Esta no es la opinión, sin embargo, de Izquierda Unida. La formación liderada por Alberto Garzón no plantea la coalición como única alternativa, abriéndose a la 'vía portuguesa' para evitar una repetición electoral en caso de que los socialistas cierren la puerta al cogobierno.

"Creemos que el Grupo Parlamentario de Unidas Podemos debe también exigir un acuerdo en torno a las bases programáticas establecidas en el Acuerdo de los Presupuestos Generales del Estado de 2019, aun en el supuesto de que no existiera acuerdo para constituir un gobierno de coalición con el PSOE, con el fin de evitar una nueva repetición electoral", concluía la Comisión Colegiada de IU a través de un comunicado en plena resaca de la investidura. Desde el sector de Anticapitalistas han apostado desde un principio por un pacto de legislatura sin cogobernar con los socialistas.

El sector que ha relanzado el proceso para superar Podemos con otro proyecto político, y cuya máxima exponente es la coordinadora del partido en Andalucía, Teresa Rodríguez, siempre defendió seguir la 'vía portuguesa' para no subordinarse a los socialistas y este lunes volvía a incidir en esta opción una vez fracasadas las negociaciones. Con la convicción de que "entrar en un Gobierno liderado por el PSOE es atarse de pies y manos a un partido que ha demostrado que lo que realmente hace es descafeinar los deseos de cambio populares", los anticapitalistas apuestan como salida "negociar desde la izquierda un acuerdo programático de investidura". La izquierda, añaden, "necesita independencia política para trazar un camino propio con capacidad de condicionar la acción gubernamental e impulsar una alternativa propia de futuro".

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