BORIS JOHNSON, NUEVO PRIMER MINISTRO

Bruselas, en alerta: el impredecible y caótico Boris Johnson aterra a la ciudad del orden

Los diplomáticos europeos esperan con cierto temor la llegada de un Boris Johnson que puede desequilibrar la balanza a favor de EEUU en asuntos clave como el pulso con Irán

Foto: Boris Johnson, nuevo primer ministro británico. (Reuters)
Boris Johnson, nuevo primer ministro británico. (Reuters)

No habrá luna de miel para Boris Johnson. Tras hacerse con las llaves de Downing Street el excéntrico político tendrá que hacer frente a su primera crisis internacional: la captura por parte de Irán de un petrolero británico somete las relaciones entre Londres y Teherán a niveles inexistentes de presión. El acuerdo del Brexit será el siguiente asunto que se encuentre sobre la mesa.

En Bruselas hace tiempo que se masca la tragedia. La posibilidad de que alguien cometa un error o calcule mal es alta. Y algunos incluso temen que pueda acabar de la peor manera posible con un conflicto militar. Desde hace meses la Unión Europea y especialmente Federica Mogherini, Alta Representante de la UE para Exteriores y Seguridad, dedican casi todos sus esfuerzos diplomáticos a mantener con vida el acuerdo nuclear con Irán, que se mantiene a duras penas con respiración asistida desde que Estados Unidos abandonase el tratado en 2018.

La UE tiene pocas herramientas a su alcance, y lo que desea es evitar que Irán y un Estados Unidos dispuesto a poner todo su arsenal para ahogarlo económicamente acaben arrastrando a todos a un conflicto militar. Para ello Bruselas apuesta por mantener vivo el acuerdo nuclear y hacer todo lo posible para que las empresas europeas sigan presentes en Teherán bordeando las sanciones estadounidenses.

Johnson tras ser elegido líder de los Conservadores. (Reuters)
Johnson tras ser elegido líder de los Conservadores. (Reuters)

Con Johnson durmiendo por primera vez en el Número 10 de Downing Street los equilibrios cambian. Y mientras el recién elegido primer ministro puede que logre conciliar el sueño mientras su barco zigzaguea en su primera crisis internacional, los diplomáticos del resto de Estados miembros en la UE empiezan a perder el sueño.

La llegada de Johnson, muy marcado por ser el favorito de Trump, puede ser un cambio de escenario. Desde el mismo momento en el que sea escogido comenzará un juego de prioridades: ¿priorizar la buena relación con sus vecinos europeos, y por lo tanto mantener la línea defendida durante todo este tiempo, o dar importancia a los lazos con la Casa Blanca para facilitar el supuesto futuro glorioso del Reino Unido tras el Brexit?

Los diplomáticos temen que la llegada de Johnson pueda ser un terremoto político que se traslade a los sectores más delicados del terreno de las relaciones exteriores. Que gire el timón hacia Estados Unidos y que incluso pueda precipitar la caída del acuerdo nuclear con Irán en un momento clave para la supervivencia del tratado.

La crisis con Teherán hacen que los posibles riesgos asociados a la llegada de Johnson a Downing Street se multipliquen. La UE contiene la respiración para evitar un conflicto que ni EEUU ni Irán quieren en este momento, pero que cualquier error de cálculo puede hacer estallar.

¿Bloquear el proceso?

Cuando el Reino Unido pidió la ampliación del periodo de negociación del Brexit, después de que Theresa May fuera incapaz de lograr que el Parlamento aprobara el acuerdo, la Unión Europea comenzó a preocuparse con un posible escenario: que Londres saboteara a la UE desde dentro, que aprovechara su posición para poner palos en las ruedas de Europa con el objetivo de que Bruselas soltara el cuello de Downing Street, diera algo de aire a las aspiraciones imposibles del ala euroescéptica del Partido Conservador.

Boris Johnson, nuevo primer ministro británico. (Reuters)
Boris Johnson, nuevo primer ministro británico. (Reuters)

Durante todos estos meses May ha cumplido con su palabra y los diplomáticos británicos no han interferido en los planes europeos, han tratado siempre de posicionarse a favor de las posturas europeas. La primera ministra no puso trabas a la designación de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea y sus eurodiputados votaron a favor de la alemana en el Parlamento Europeo.

Pero esa sensación de relativa seguridad con May desaparece con Johnson, al que los diplomáticos conocen bien por haber sido corresponsal en Bruselas durante años y después un ministro de Asuntos Exteriores estrambótico y poco fiable.

En las reuniones de ministros la inexperiencia se huele con más intensidad que el miedo. Es una sala en la que la mayoría tienen la piel gruesa y décadas de experiencia a sus espaldas. Johnson demostró a todos ellos su inconsistencia y falta de conocimiento e interés por los asuntos que abordaban.

Pero en las reuniones nunca hubo ningún problema reseñable con él. Llegaba a los encuentros en Bruselas alegre, explicaba a la prensa los temas que se iban a abordar en la reunión con gran entusiasmo y movimientos de manos, a pesar de que todos los corresponsales presentes, con el brazo extendido para grabar sus palabras, sabían que al ministro le importaban más bien poco.

Dentro de la habitación Johnson no bloqueó ni mostró posturas intransigentes. Seguía sencillamente siendo él: tratando de gustar a los demás, de complacerles, de mostrarse alegre y bromista, de hacerse ver como la persona enérgica y positiva que le gusta proyectar. Pero no es lo que se espera de un ministro de Exteriores.

Además, todo el mundo en la capital comunitaria conoce a Johnson por ser un euroescéptico radical, que asegura estar dispuesto a todo con tal de lograr el Brexit y que es, por encima de lo demás, un mentiroso compulsivo. Mintió en sus crónicas durante años y mintió en la campaña del referéndum de 2016. Eso le convierte en un socio muy poco fiable.

Johnson llegando como ministro de Exteriores al número 10 de Downing Street. (Reuters)
Johnson llegando como ministro de Exteriores al número 10 de Downing Street. (Reuters)

Lo único que ayudará a los diplomáticos europeos a conciliar algo más el sueño en el caluroso verano belga es el hecho de que Johnson no está solo. Es probable que mantenga a Jeremy Hunt como titular de Exteriores, y los diplomáticos y técnicos serán seguramente los mismos: gente con alta formación, que sabe la importancia de los momentos trascendentales que atraviesan hoy Europa y el mundo.

Pero ni los diplomáticos y funcionarios más hábiles -algunos de ellos abandonarán el Gobierno, como ya anunció en su momento el encargado de las negociaciones técnicas del Brexit, Olly Robbins- pueden ser suficientes para evitar el desastre. Johnson tiene una particular similitud con Trump: necesita que sus asesores le den el trabajo avanzado, con informes cortos y claros que en muchas ocasiones evitan que comprenda la profundidad de los problemas y que en el pasado le han hecho cometer errores serios con consecuencias graves para el Reino Unido y británicos.

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