LA VOZ DE UNA GENERACIÓN

La vuelta del joven Joshua Wong, la pesadilla de China en la 'revoltosa' Hong Kong

El activista ha urgido a los líderes a poner sus dos ojos en Hong Kong: "Les conviene: somos el centro de la actividad financiera en Asia”, ha dicho en una entrevista con El Confidencial

Foto: Joshua Wong durante una manifestación. (Reuters)
Joshua Wong durante una manifestación. (Reuters)

Joshua Wong es “la voz de una generación”, según la revista Time; “el líder juvenil de las protestas más prominente de Hong Kong”, para CNN; y uno de los personajes más importantes del mundo designados por Fortune. Su carrera de activista empezó con tan solo 15 años, cuando se enfrentó con el Gobierno para evitar la implantación de una asignatura en los colegios que "pretendía adoctrinar a los estudiantes para alabar el comunismo chino". Lo consiguió.

Sin embargo, la notoriedad internacional la alcanzó a sus 18 años durante las concentraciones masivas del 2014 en Hong Kong, conocidas como la ‘revolución de los paraguas’. En sus discursos expresaba su rechazo a una ley que limitaba la posibilidad de elección de candidatos en las urnas a un grupo de personas preseleccionadas por un comité afín al Partido Comunista de China.

Su activismo ocasionó su detención por “desacato a la autoridad” dos veces y su entrada en prisión. Ahora, a sus 22 años, está libre y en las últimas semanas se ha convertido en un símbolo de la lucha por el cumplimiento de las “libertades” que le otorga a Hong Kong su convivencia con China bajo el modelo “un país, dos sistemas”.

Con el grito “¡Desechen esa maldita ley!" millones de hongkoneses lo acompañaron a marchar para tumbar el proyecto de ley de extradición del Ejecutivo. La isla de casi ocho millones de personas puso entre las cuerdas al Gobierno chino y propició que el Ejecutivo hongkonés anunciara la suspensión del proyecto el 15 de junio, pero esto no hizo más que intensificar las protestas.

Un grupo de personas irrumpió en la sede del Órgano Legislativo unos días después dejando vitrinas rotas, insultos como “funcionarios perros” y mensajes de “Devuelvan Hong Kong” en las paredes. Ante el panorama, Lam condenó la "extrema violencia" y el "total desprecio por el Estado de derecho" de los manifestantes y anunció que "llevará ante la justicia a quienes hayan cometido actos ilegales", en una rueda de prensa. El Confidencial entrevistó a Joshua Wong por teléfono para conocer cuáles son las nuevas demandas de la población hongkonesa y cómo puede resolverse la situación en los próximos días.

Joshua Wong explica su oposición al proyecto de ley de extradición ante los medios. (Reuters)
Joshua Wong explica su oposición al proyecto de ley de extradición ante los medios. (Reuters)

PREGUNTA. La polémica ley de extradición fue suspendida, ¿por qué siguen las manifestaciones?

RESPUESTA. Carrie Lam anunció la suspensión del proyecto, pero esto no implica su eliminación. La propuesta seguirá sobre la mesa del Órgano Legislativo hasta julio del próximo año, cuando supuestamente será desechada de forma permanente. Todo el mundo en Hong Kong se pregunta por qué las autoridades quieren esperar 12 meses en vez de acabar con esta de inmediato. Nada garantiza que los diputados no puedan reactivarla en cualquier momento. Los hongkoneses no confiamos ni en el Gobierno de Hong Kong ni en el de China. La suspensión de la iniciativa no es suficiente.

P. El Ejecutivo condenó la “extrema violencia” de los actos tras la irrupción de unos ciudadanos a la sede del Consejo Legislativo. ¿Los manifestantes emplearon tal violencia?

R. Depende de cómo definas violencia. La verdad es que ningún policía o funcionario del órgano fue agredido o resultó herido durante la presencia de los civiles en el edificio. Entonces, si con violencia te refieres a agresiones físicas no nos merecemos esas críticas. Todo lo contrario porque los agentes de seguridad sí recurrieron a la fuerza para dispersarnos mediante gases lacrimógenos a todos, incluso a los que estábamos en las calles tranquilos. Yo no entré al lugar y salí perjudicado.

P. China y Hong Kong coexisten gracias al acuerdo de “un país dos sistemas”, ¿de cuánta autonomía goza la isla?

R. ¿Autonomía? La autonomía de Hong Kong es una promesa falsa. Lo estipulado en el acuerdo entre Reino Unido y China para el traspaso de nuestra soberanía no se está cumpliendo. Lo que tenemos ahora, como mucho, es un país y un sistema y medio. La gente está furiosa por esto y muy preocupada por las injerencias constantes de Beijing en la política local. Todo apunta a que el mandatario Xi Jinping terminará por arrinconarnos hasta convertirnos en un país, un sistema.

P. ¿Cuáles son las cambios necesarios para cumplir con lo pactado?

R. No tenemos la libertad de elegir a nuestros gobernantes, y esta es la raíz de la democracia. Nosotros queremos ejercer el sufragio universal establecido en el traspaso de 1997. Llevamos dos décadas esperando a que ejecuten lo acordado, y no lo han hecho. El Gobierno central ha condicionado nuestra elección y solo podemos votar por un grupo de personas preseleccionadas por ellos. Por esto, seguiremos exigiendo nuestros derechos en las calles.

Queremos tener capacidad de autodeterminación para elegir nuestro futuro después del 2047, que se dará la unión definitiva entre China y Hong Kong. Si no actuar antes perderemos toda autonomía y estaremos sujetos a las leyes de la administración de Xi Jinping. Queremos mantener una serie de libertades que en China continental no existen. Por eso abogamos en nuestro partido político Demosisto. No somos revolucionarios, solo queremos vivir en democracia.

P. Donald Trump expresó el deseo de hablar con Xi Jinping de la situación en la ex colonia británica durante el G20. ¿Cuán importante crees que es la intervención de la comunidad internacional?

R. Es necesario que todos los líderes pongan sus dos ojos en Hong Kong y se conviertan en aliados de nuestra lucha por la democracia. En parte porque a ellos les conviene: asegurar la autonomía del país es crucial para mantener viva la economía. Somos el centro de la actividad financiera en Asia.

P. Estas protestas recuerdan a la “revolución de los paraguas” del 2014. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

R. Las personas. Los hongkoneses están más apasionados y determinados a exigir sus derechos que nunca. Nadie se arrepiente de manifestarse en las calles a pesar de la represión desplegada por los cuerpos de seguridad del Estado. Más de 2 millones de ciudadanos se han concentrado en las calles, y eso es un milagro que tenemos que aprovechar. Estamos unidos. Estoy seguro de que las protestas seguirán. No creo que podamos ignorar las 52 detenciones arbitrarias que ha llevado a cabo la Policía en el último mes.

P. Algunas encuestas dicen que solo el 15% de los ciudadanos se siente chino. ¿Es cierto?, ¿a qué se debe?

R. Personas como yo nos consideramos de raza china pero no ciudadanos chinos. Son cosas muy distintas. Nuestro pasado como colonia británica nos ha expuesto a otras situaciones. El Estado chino no nos deja tomar decisiones y nos criminaliza cuando lo intentamos. De hecho, a mí me han detenido dos veces por mi activismo y me pusieron en una lista negra del país.

P. ¿Cuáles son las implicaciones?

R. Me tienen observado vaya donde vaya. Viajé a Tailandia y me detuvieron en la aduana 12 horas para después decirme que me iban a devolver a Hong Kong y lo mismo ocurrió en Malasia. Además, en uno de mis viajes a Taiwán un hombre vigiló mi actividad muy de cerca. Lo veía en todos lados y pude constatar que me tomó fotos. Mis allegados también han sido acosados. Tuve una conversación por Skype con el directivo de una ONG en Singapur y lo detuvieron unos días después. Cada vez que le he pedido una explicación a uno de estos funcionarios la respuesta es la misma: “Son órdenes del Gobierno chino”.

P. Tu primera manifestación fue a los 15 años, ¿por qué continúas?

No es fácil, pero nací y crecí en Hong Kong y amo a mi nación. Todos queremos ser dueños y tomar las decisiones de nuestras casas. Estuve encarcelado dos veces en menos de un año por alzar mi voz, y nada me garantiza que no me vuelvan a detener, pero no voy a parar. No me voy a rendir hasta obtener la democracia que Hong Kong se merece.

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