LAS PROPUESTAS CHOCAN CON LA REALIDAD

El polígrafo de Bruselas: las mentiras del Brexit en las primarias para suceder a May

Salir sin acuerdo sí o sí, renegociar el 'backstop' irlandés y reabrir el pacto son algunas de las promesas que se escuchan en la carrera para suceder a May. Pero todas chocan con la realidad

Foto: Boris Johnson, uno de los favoritos a sustituir a la primera ministra. (Reuters)
Boris Johnson, uno de los favoritos a sustituir a la primera ministra. (Reuters)

Por mucho que en la batalla por el liderazgo del Partido Conservador -que lleva implícitas las llaves de Downing Street- los candidatos estén hablando de impuestos, comedores escolares o aborto, el tema clave es el mismo: el Brexit. Aunque en el calendario de la formación esté marcado en rojo la semana del 22 de julio, que es cuando se conocerá el ganador, la fecha que todos tienen en mente es la del 31 de octubre, día que finaliza la segunda prórroga concedida por la Unión Europea.

En definitiva, como pasara durante el Ejecutivo de Theresa May, la salida del bloque seguirá siendo el gran reto para el próximo primer ministro británico -y Westminster en general- a expensas de seguir dejando en el olvido al resto de ministerios, que llevan prácticamente paralizados desde 2016.

Pero, ¿hasta qué punto cuadran las promesas que están haciendo los candidatos con lo que de verdad pueden obtener de Bruselas?

Johnson y Raab, un octubre difícil

Los candidatos más euroescépticos, como el gran favorito Boris Johnson, prometen sacar al Reino Unido de la UE para otoño, con o sin pacto. El excéntrico político ha llegado incluso a sugerir que no está dispuesto a pagar la factura acordada de 43.000 millones de euros hasta que Bruselas no mejore las condiciones de salida. Llegados a este punto se podría llegar hasta los tribunales. Aunque la propuesta tampoco es que pille ahora de sorpresa. El que fuera ministro de Exteriores es al fin y al cabo el favorito de Donald Trump y uno de los consejos en el norteamericano dio en su día a May fue precisamente denunciar al bloque.

En cualquier caso, Johnson no es el único representante del núcleo duro 'tory' euroescéptico. Dominic Raab, anterior ministro del Brexit, no sólo está también dispuesto a abandonar la UE sin pacto sino que ha planteado la posibilidad de suspender la agenda de Westminster hasta finales de octubre para que sus señorías no impidan al primer ministro salir de la UE con un portazo.

Boris Johnson en la presentación de su campaña para suceder a May. (Reuters)
Boris Johnson en la presentación de su campaña para suceder a May. (Reuters)

En Bruselas siguen la carrera por la sucesión de May con preocupación. Han explicado muchas veces asuntos que ahora vuelven a ponerse encima de la mesa como si fueran propuestas viables. El nivel de cansancio es importante y se espera al sucesor de la actual primera ministra con resignación.

La sensación generalizada en la capital comunitaria es que, en contra de lo que propone Johnson, Raab y otros candidatos 'brexiters', es muy complicado que el Reino Unido abandone la UE el 31 de octubre.

Funcionarios y diplomáticos creen que eso solo será posible en tres escenarios: el primero se produciría si el sucesor de May admite el acuerdo del Brexit tal y como está y logra que el Parlamento británico lo apruebe. Esto es muy improbable teniendo en cuenta la experiencia de la actual primera ministra; una segunda opción, propuesta por Raab, sería que el nuevo líder conservador pasara por encima de Westminster, ya que la cámara se dedica a bloquear la salida sin acuerdo. En Bruselas casi descartan esta segunda opción: pensar que un recién elegido primer ministro pudiera pisotear el Parlamento británico de forma tan flagrante no entra en los esquemas de lo posible.

El tercer escenario ocurriría si Francia mantiene una postura intransigente con una nueva prórroga, como por el momento está anunciando. Sin embargo, París ya prometió ser dura antes de que se garantizara la extensión hasta otoño, y pocos creen que vaya a ser capaz de empujar a Londres fuera de la UE en contra de su voluntad. En definitiva, casi nadie se imagina ya que el 31 de octubre el Reino Unido vaya a abandonar la UE.

Por otro lado, es muy improbable que la Unión Europea acabe cediendo a la posibilidad de que el Reino Unido no pagara la factura de liquidación financiera de 43.000 millones de euros. La cifra es una miniatura en el presupuesto europeo. No se trata de que ese dinero descuadre las cuentas comunitarias: es sobre compromiso político.

Fuentes comunitarias han explicado en numerosas ocasiones que si Londres abandonara sin pagar su factura la confianza entre ambos bloques se vería profundamente dañada de cara a la negociación de un acuerdo comercial entre la UE y el Reino Unido. Porque eso es lo que ni Raab ni el ex ministro de Exteriores dicen: en caso de un no acuerdo, tras los fuegos artificiales y titulares favorables en los tabloides británicos, el futuro líder del país deberá cerrar un acuerdo comercial con Bruselas. No será fácil, y lo será todavía menos si Londres no honra sus compromisos pasados.

Ni Raab ni Johnson tiene buena fama por Bruselas. Johnson fue corresponsal en los noventa e hizo el tipo de piezas para el 'Daily Telegraph' que ahora se usan como ejemplo de la desinformación que hizo posible el Brexit. Sus formas y actitudes son totalmente rechazadas en la capital comunitaria. Raab es conocido por su trabajo como ministro del Brexit durante las negociaciones, pero la imagen que dejó fue la de un 'amateur' que nunca llegó a entender la dimensión del Brexit.

Dominic Raab, uno de los favoritos para sustituir a May. (Reuters)
Dominic Raab, uno de los favoritos para sustituir a May. (Reuters)

Hunt y Gove: aprender del pasado

Por su parte, el influyente Michael Gove, actual ministro de Medio Ambiente, que también está muy bien situado, siempre había pertenecido al ala más euroescéptica, pero ahora deja la puerta abierta a una nueva ampliación de plazos para mejorar el actual Acuerdo de Retirada que May cerró el año pasado con los Veintisiete.

Su plan es plantarse en Bruselas y renegociar el llamado 'backstop', es decir, la medida de emergencia que se establecerá para evitar frontera dura entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte hasta que se encuentre una solución mejor.

En este sentido, el actual ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, ha llegado a decir que ha mantenido “conversaciones con líderes europeos”, entre ellos Angela Merkel, en las que le han manifestado que estarían dispuestos a abrir de nuevo las negociaciones para tratar la polémica cuestión del 'backstop'.

Hunt en su día hizo campaña por la permanencia, pero en los últimos años ha ido acercando posturas con los euroescépticos y ahora se considera uno de los candidatos con más posibilidades al contar con apoyos en los dos bandos. Los sondeos le sitúan en segunda posición, por detrás de Johnson y por delante de Gove.

El responsable de la diplomacia británica considera que es posible negociar un nuevo pacto para el 31 de octubre. Y no quiere hablar explícitamente de ampliación de plazos, pero al mismo tiempo se niega a decir que el Reino Unido saldrá seguro del bloque para otoño.

La Comisión Europea ha explicado en numerosas ocasiones que no está dispuesta a reabrir el acuerdo del Brexit que se cerró con May, y que en todo caso podrían realizarse modificaciones a la declaración política de relaciones futuras, un texto no vinculante que va adjunto al texto legal.

Sobre la posibilidad de eliminar el 'backstop' irlandés, como propone Gove, la literatura es larga y densa y siempre lleva al mismo punto: no. Dublín se niega, gran parte de su economía y de su política depende de que se respete los acuerdos del Viernes Santo que pusieron fin a la violencia en la isla y eso significa que no haya frontera con Irlanda del Norte.

Sobre las conversaciones de Hunt con Merkel, se trata de un error típico repetido por todos los 'brexiter': pensar que todo consiste en convencer a Berlín. Hay que recordar que el acuerdo debe recibir la luz verde de los veintisiete.

Protestas en contra de una frontera en la isla de Irlanda. (Reuters)
Protestas en contra de una frontera en la isla de Irlanda. (Reuters)

Bruselas asegura haber intentado aplicar la mayor flexibilidad posible al problema fronterizo irlandés, y no cree que se pueda estirar más la goma del derecho comunitario.

Los bandazos de ambos, a veces defendiendo posturas muy duras a favor del Brexit y otras tratando de jugar la carta de la moderación, hace que en Bruselas ninguno de los dos augure buenas sensaciones.

Stewart, en honor a la verdad

De entre todos los candidatos, Rory Stewart, ministro de Desarrollo Internacional, es el único que defiende el Acuerdo de Retirada pactado por May, el mismo que ha sido rechazado hasta en tres ocasiones por la Cámara de los Comunes.

Rory Stewart, uno de los candidatos a suceder a May. (Reuters)
Rory Stewart, uno de los candidatos a suceder a May. (Reuters)

Stewart es una de las caras menos concidas en la calle, pero insiste en que no hay ninguna evidencia de que Bruselas vaya ahora a querer realizar modificación alguna. “Quien a estas alturas defienda que puede conseguir un mejor acuerdo es que no se ha enterado aún de lo que va la película”, matiza. En la capital comunitaria Stewart sería el candidato ideal, el hombre que más confianza genera. Y de lejos el que menos posibilidades tiene.

Estas propuestas, muchas de ellas mentiras, otras solo rumores y otras inviables a lo largo de los años forman parte del juego político de la sucesión de May. Así se entiende en Bruselas. Pero eso no resta preocupación en el Berlaymont, donde se está seguro que si Johnson o Raab ganan las primarias, las opciones de un no acuerdo se dispararán. En caso de hacerlo Gove o Hunt, tocarán tiempos difíciles de volver a explicar los mismos conceptos que hace tres años y que forman este pequeño universo Brexit.

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