LAS MIL Y UNA VÍCTIMAS DEL BREXIT

¿Tú también, camarada? El Pablo Iglesias británico hunde al laborismo

Corbyn ha fracasado. El veterano político -enemigo de la austeridad y admirador de Hugo Chávez - trató de reconducir al laborismo huyendo del centro izquierda. Pero no contaba con el tren del Brexit

Foto: Jeremy Corbyn. (Reuters)
Jeremy Corbyn. (Reuters)

Jeremy Corbyn ha fracasado. El veterano político -enemigo de la austeridad, admirador de Hugo Chávez, defensor de la nacionalización del gas y electricidad y activista propalestino- tomó las riendas del laborismo en 2015 con el claro propósito de salir de la vía del centroizquierda. Pero no contaba con el tren del Brexit. Y ahora la cuestión europea ha hecho descarrilar a una formación que, lejos de aprovechar la guerra civil del partido gobernante, ha acabado igual que el rival conservador: sumida en el fango.

La ambigüedad del líder ha desangrado a sus filas por ambos extremos: los europeístas le han abandonado por los Liberal Demócratas y los euroescépticos por el Partido del Brexit del populista Nigel Farage.

Tras el batacazo en las elecciones locales celebradas a principios de mayo, los comicios europeos han supuesto ahora un revés del que será difícil recuperarse. Y no es que tengan especialmente tiempo para la remontada porque con las primarias en el Partido Conservador y la crisis institucional de Westminster cobra cada día más peso la opción de unas generales anticipadas.

Es cierto que los resultados de las europeas no pueden extrapolarse a un hipotético escenario en la Cámara de los Comunes. El poco representativo sistema electoral para el Parlamento de Londres favorece a los partidos mayoritarios.

En cualquier caso, el panorama ha sido desolador. Los Laboristas han conseguido tan sólo el 14,6% de los votos reduciendo a la mitad sus eurodiputados. Se han quedado tan solo con 10. La formación ha obtenido sus peores resultados desde 1910, quedando a nivel nacional en tercer lugar, por detrás del Partido del Brexit y los Liberal Demócratas. La caída les ha llevado incluso a perder en Islington, distrito por el que Corbyn es diputado en Westminster.

En Escocia, en la que hasta hace poco fuera uno de sus grandes bastiones, han quedado relegados a la quinta posición. Y en Gales, por primera vez en la historia, han sido superados por el Plaid Cymru. En definitiva, una auténtica humillación.

Fugas por todos lados

Alastair Campbell -el influyente director de comunicación de la era de Tony Blair- nunca ha generado especial simpatía entre los corbynistas. Pero, al fin y al cabo, sigue siendo un símbolo en el partido. Y el hecho de que haya dicho públicamente que, por primera vez en su vida, ha votado a los Liberal Demócratas, refleja hasta que punto el laborismo atraviesa una de sus peores crisis de su historia reciente.

En los últimos tres años, el foco ha estado tan centrado en la batalla interna de las filas de Theresa May, que no se ha prestado la atención que merecía a la oposición, donde la cuestión europea también se ha convertido en un verdadero fantasma. No se trata de una guerra civil entre sus parlamentarios, sino de un complicado triángulo amoroso entre bases, filas y liderazgo.

Corbyn fue elegido en 2015 gracias al apoyo masivo de los simpatizantes. El número de afiliados se triplicó hasta los 600.000, siendo la mayoría de ellos jóvenes. Pero tenía en contra al 80% de los diputados. Tras una rebelión interna, las bases -y los sindicatos, con enorme poder en la formación- le volvieron a dar un año después la batuta.

La cuestión es que ahora, tanto bases como filas o sindicatos se han unido en un frente común para apostar claramente por la permanencia en el bloque y un segundo referéndum. Y, sin embargo, Corbyn hace oídos sordos escudándose en un una ambigüedad que está destruyendo al partido.

Defendía su postura a nivel interno recalcando que no se podían perder votantes. Pero la excusa ya no le vale. Según The British Election Study, dos tercios de los votantes laboristas apostaron por la permanencia en el referéndum de 2016. Pero ahora, según una encuesta de YouGov, el 88% aboga por quedarse en el bloque. En las elecciones europeas, el 45% de los votantes les han abandonado por formaciones que claramente tenían un mensaje pro UE y a favor de una segunda consulta.

Dos tercios de los votantes laboristas apostaron por la permanencia en 2016. Pero ahora hasta el 88% aboga por quedarse en el bloque

Las encuestas internas que maneja la formación muestran cómo incluso en los distritos euroescépticos del norte de Inglaterra, representados por la oposición en la Cámara de los Comunes, los votantes laboristas apuestan por la permanencia.

En el Congreso Anual que el partido celebró el pasado otoño, las bases ya votaron por apoyar un nuevo plebiscito si no se conseguían elecciones generales. Pero cuando Corbyn fracasó en enero con la moción de confianza al Gobierno, apostó por un referéndum sólo como medida para evitar un Brexit sin pacto o un “acuerdo tory” que pusiera en peligro los derechos de los trabajadores.

El preciado segundo referéndum

Tras el batacazo en las europeas, ahora aboga por celebrar una consulta “sobre cualquier acuerdo” que se vote en Westminster. Pero sigue sin ser suficiente. Las filas y simpatizantes quieren que la defienda “en cualquier circunstancia” y deje muy claro que los laboristas harían campaña por la permanencia.

Incluso sus grandes aliados, como Diane Abbott -portavoz de Interior en la oposición-, y el marxista John McDonnell -su mano derecha y portavoz de Economía-, le han puesto contra las cuerdas. Éste último ha advertido que el Reino Unido se enfrenta seriamente a la posibilidad de un Brexit sin acuerdo y la única manera de detenerlo es con un nuevo referéndum. “Francamente no creo que los conservadores vayan ahora a permitir unas elecciones generales con los malos resultados que ellos también han cosechado”, matiza.

¿Por qué entonces Corbyn se sigue resistiendo? El influyente columnista del 'The Spectator', Nick Cohen, asegura que “lo que se olvida con demasiada facilidad, es que el líder laborista y su séquito provienen de un fragmento extraño de la izquierda poscomunista que se opuso al proyecto europeo tan a fondo como lo han hecho (Nigel) Farage y (Boris) Johnson”. “La única diferencia -matiza- es que (Corbyn) cree que el Reino Unido puede aislarse de Europa y construir el socialismo estatal en un país, mientras que la extrema derecha prefiere el capitalismo de pequeño estado. 'Mutatis mutandis', coinciden en lo fundamental”.

Sean las razones que sean, lo cierto es que la cuestión europea nunca había sido un dilema para los laboristas. Pero llegó el Brexit y a la hora de poner las cartas sobre la mesa, su líder no acaba de ver ni el órdago ni tan siquiera el envite. Y la paciencia del electorado tiene un límite.

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