LOS FAVORITOS A LOS PRINCIPALES PUESTOS

Esprint final para decidir quién liderará la UE: baile de nombres, siglas y banderas

Con los resultados de las elecciones europeas en la mano, toca poner en marcha todo el proceso para nombrar a unos nuevos líderes para la Unión Europea. Esta es la hoja de ruta

Foto: Bandera europea durante una manifestación en Estrasburgo. (Reuters)
Bandera europea durante una manifestación en Estrasburgo. (Reuters)

El día llegó. La sorpresa de Liberales y Verdes -que obtuvieron 107 y 70 escaños, respectivamente, y que han dado la puntilla al bipartidismo europeo- deja paso al baile de sillas que comienza a partir de este momento. Y ahora está en juego el reparto de poder en la Unión Europea. La cuestión es, ¿cómo y quién?

Todo va sobre nombres

La lucha se concentra decidir quiénes serán los nuevos líderes de la Unión Europea. Los puestos más influyentes son las presidencias de la Comisión Europea, del Consejo Europeo y del Banco Central Europeo. La urgencia se focaliza en la elección del sucesor a Jean-Claude Juncker para encabezar el Ejecutivo comunitario, sin duda el cargo más importante.

El Parlamento Europeo considera que es la Eurocámara quien debe decidir el nombre de la persona que ocupe la presidencia del brazo ejecutivo de la Unión. Por su parte, el Consejo Europeo, donde se sientan los presidentes y jefes de Estado de los distintos países, cree que el papel del hemiciclo debe limitarse a ratificar o rechazar el nombre propuesto por la capitales, pero no quieren verse obligados a aceptar un nombre impuesto desde el Parlamento.

La primera batalla será por la atención mediática. Quién sea capaz de poner el primer nombre encima de la mesa jugará con ventaja. La conferencia de presidentes de la Eurocámara se reúne el martes 28 de mayo, aunque nadie espera que salga un nombre de esa reunión a diferencia de 2014, cuando el respaldo a Juncker se logró de forma rápida y fue clave para su elección.

Ese mismo martes en la noche se reunirán los jefes de Estado y de Gobierno en Bruselas para una cena de trabajo en la comenzarán a abordar el paquete de nombramientos. Habrá trabajo previo a esa cita, como la cena que este lunes mantienen Emmanuel Macron, presidente francés, con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el objetivo de ir acercando posiciones entre las familias socialista y liberales.

En el Consejo Europeo del 20 y 21 de junio se pretende tener ya un acuerdo sobre qué nombre proponer al Parlamento Europeo para su ratificación. Lo normal sería que se buscara una persona que se sepa que puede tener la aprobación de la Eurocámara, para evitar un rechazo por parte del Parlamento Europeo y que todo se retrase.

Cena de trabajo del Consejo Europeo. (Reuters)
Cena de trabajo del Consejo Europeo. (Reuters)

¿Y quién será el elegido?

Si los líderes escogen a unos de los cabeza de listas será más fácil obtener la luz verde del hemiciclo. Sin embargo, algunos de los favoritos no han participado de ese sistema, como el francés Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea para el Brexit, o la danesa Margrethe Vestager, comisaria de Competencia.

De entre los que sí han participado en las elecciones como cabeza de listas o ‘spitzenkandidaten’, Manfred Weber, que lidera al Partido Popular Europeo (PPE) debería ser, supuestamente, uno de los favoritos con más opciones. Sin embargo el resto de grupos no tienen apetito por elegirle y pocos Estados miembros le respaldan. Por el momento la canciller alemana, Angela Merkel, mantiene su apoyo a Weber. Pero esto podría ser una estrategia de Berlín, que realmente no tiene como objetivo ocupar la Comisión Europea y prefiere poner sus ojos en el Banco Central Europeo (BCE).

Frans Timmermans, actual vicepresidente de la Comisión Europea y candidato socialista, podría contar con bastante aprobación dentro de la cámara si sabe buscar el apoyo de los liberales, los verdes y algunos populares del ala más progresista. Sus opciones, aunque limitadas, siguen encima de la mesa.

Barnier gana enteros, especialmente después de que en la últimas semanas Macron, con quien no tenía una relación especialmente estrecha, haya mostrado cierta simpatía por su compatriota. Al ser del PPE, esto facilitaría el apoyo de populares, que a estas horas insisten en su total respaldo a Weber. Si recibiera la bendición del presidente francés, quien busca un nombre consensuado con los socialistas, podría ser el hombre indicado.

Vestager es también una de las favoritas. Aunque su decisión de vetar una megafusión entre Siemens y Alstom le ha hecho ganarse poderosos enemigos en Berlín y París, la danesa sigue siendo una de las mejores opciones. Cuenta con mucha popularidad en la Eurocámara, sería la primera mujer en el cargo y pertenece a la familia liberal. Además, Los Verdes podrían llegar a apoyarla en la medida en la que, de forma algo indirecta, ha participado en el sistema del ‘spitzenkandidaten’, requisito indispensable para los ecologistas.

Margrethe Vestager, comisaria de Competencia. (EFE)
Margrethe Vestager, comisaria de Competencia. (EFE)

Otra de las favoritas de Macron es la francesa Christine Lagarde, actual directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional (FMI) y miembro de la familia popular europea. Al igual que Barnier, cuenta con el apoyo de poderosas voces dentro de la Comisión Europea, como Martin Selmayr, secretario general de la institución.

Equilibrio de poder

Además de elegir una persona para presidir el Ejecutivo comunitario, los jefes de Estado y de Gobierno también deben adjudicar los puestos clave de la presidencia del Consejo Europeo y la del Banco Central Europeo. Estos repartos se producen en una negociación en la que se tiene en cuenta nacionalidad, tamaño del país y familia política, buscando un equilibrio entre los tres elementos.

Los candidatos al BCE y al Consejo dependerán de la elección de presidente de la Comisión Europea. En Frankfurt -sede del BCE- varios nombres suenan con fuerza. Especialmente el de Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, quien pese a ser denostado por los países del sur por sus posiciones económicas ortodoxas, vería allanado su camino si el presidente del Ejecutivo comunitario es un francés o un liberal. Si el resto de capitales se niegan a aceptar a Weidmann hay otros candidatos ortodoxos no alemanes que pueden ser más digeribles para la mayoría, como el exgobernador del banco central finlandés Erki Likanen o su compatriota y actual gobernador de la entidad, Olli Rehn.

Si la Comisión acaba en manos de Weber o un popular -que no sea Barnier- esto daría opciones a que el BCE estuviera controlado por el gobernador del Banco de Francia François Villeroy de Galhau o por su paisano Bennoit Coeuré, actualmente en el consejo ejecutivo del europeo.

Espinoso Consejo Europeo

Uno de los puestos más complicados de ocupar será el de la presidencia del Consejo Europeo. Como con el BCE, dependerá de cómo se repartan los puestos. Si finalmente Francia apuesta por la presidencia de la Comisión Europea situando a un liberal al frente y Alemania se lanza a por el BCE con un conservador, lo normal sería que un socialista ocupara la presidencia del Consejo Europeo.

Es un puesto muy especial, ya que debe ocuparlo alguien que haya sido líder de un país y que, de hecho, esté en activo. Eso reduciría mucho las opciones. Se especuló con la posibilidad de que si Pedro Sánchez no lograba una victoria muy abultada fuera él el que ocupara el puesto, un rumor ya totalmente disipado. No hay muchos otros socialistas con fuerza, pero uno de los más importantes es António Costa, primer ministro de Portugal.

Los primeros ministros liberales de Países Bajos, Luxemburgo y Bélgica. (Reuters)
Los primeros ministros liberales de Países Bajos, Luxemburgo y Bélgica. (Reuters)

Se ha hablado mucho de la posibilidad de que el Consejo Europeo esté dominado por otro liberal, lo que pone en las quinielas a los primeros ministros Mark Rutte, de Países Bajos, y Charles Michel, de Bélgica. Este último ha ganado enteros tras unas difíciles elecciones nacionales en el país que harán que la política nacional esté bloqueada de nuevo durante muchos meses.

También se ha especulado con la posibilidad de que fuera Angela Merkel, ya cansada de la política nacional y muy castigada por el tiempo en el poder. Pero la canciller lo ha negado rotundamente. Si este movimiento se llevara a cabo significaría que Berlín tendría que abandonar sus ambiciones respecto al BCE.

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