POLÍTICAS INCLUSIVAS PARA INMIGRANTES

El alcalde que enderezó la ciudad más sucia, analfabeta e insegura de Bélgica

Malinas dista unos 25 km de Bruselas (sur) y de Amberes (norte). De estas dos ciudades, han salido más de 350 jóvenes a hacer la yihad; de Malinas, no ha ido nadie hacia Siria o Irak

Foto: Bart Somers, alcalde de Malinas (Bélgica). (Cortesía del Ayto. de Malinas)
Bart Somers, alcalde de Malinas (Bélgica). (Cortesía del Ayto. de Malinas)

Empecemos por el final de la entrevista: “¿No le gustaría ser alcalde de Madrid?”. Responde, sonriendo: “No, gracias, soy muy feliz aquí”.

Quien así contesta es Bart Somers (1964), alcalde de la ciudad belga de Malinas. Recibe a El Confidencial en su despacho del ayuntamiento, un edificio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su verbo es de largo aliento, apasionado y racional al mismo tiempo. Habla sin parar durante casi dos horas sobre los logros de su Gobierno desde 2001 en esa ciudad flamenca de 86.000 habitantes. Sus éxitos son aplaudidos nacional e internacionalmente.

Al paseante le será difícil encontrar una colilla o un trozo de papel en el pavimento de las calles de Malinas. Tendrá que buscar concienzudamente si quiere ver restos de basura mientras camina por una ciudad donde no se siente la mínima inseguridad. Un dato: el 54% de los bebés nacidos en 2018 tiene padres inmigrantes. A finales del siglo pasado, era la localidad más sucia de Bélgica, sus ciudadanos padecían los mayores índices de delincuencia y analfabetismo del país y era la ciudad-fortaleza del partido de extrema derecha flamenco Vlaams Belang. Hoy, representa la antítesis de todo eso. Por estas razones y por otras que narramos más abajo, apetece adoptar a Bart Somers como alcalde de cualquier ciudad española.

Los políticos progresistas convierten a los inmigrantes en víctimas, mientras que los conservadores los tildan de criminales

Especialmente le preguntamos sobre sus logros en políticas de inclusión de inmigrantes y en la total ausencia de malineses que hayan partido hacia campos de lucha yihadista como Siria o Irak o que hayan participado en atentados en Europa. Como información de contexto, para entender el enfoque de la entrevista, hay que decir que uno de cada cinco vecinos de Malinas tiene su origen en países de mayoría musulmana (principalmente Marruecos) y que hasta 138 nacionalidades diferentes conviven allí. Además, tres ciudades que distan escasos kilómetros de Malinas —Bruselas, Amberes y Vilvoorde— han exportado 350 jóvenes musulmanes para combatir en Siria e Irak en las filas del Daesh.

Ayuntamiento de Malinas. (Ad Meskens)
Ayuntamiento de Malinas. (Ad Meskens)

Bart Somers zurra a izquierda y a derecha para explicar el fracaso de ciertas políticas antiterroristas en Bélgica y Europa. Sostiene que los políticos progresistas convierten a los inmigrantes en víctimas, mientras que los conservadores los tildan de explotadores del sistema de bienestar y criminales. “Ambas visiones políticas del inmigrante son negativas y descargan a los individuos de toda responsabilidad frente a sus obligaciones. Los progresistas dirán: tú no eres responsable individualmente si fracasas porque es el sistema el que ha provocado tu fracaso, que es una visión muy paternalista del tema y no aporta ningún poder emancipatorio. Los conservadores le dirán: nosotros nunca aceptaremos tu éxito”, razona convencido este alcalde, que se ha convertido en la principal voz por escuchar en la Unión Europea para prevenir el yihadismo en nuestras sociedades. Sus informes son una referencia para los representantes de Bruselas. Somers lo resume así: "La derecha criminaliza a los inmigrantes y la izquierda los victimiza".

Tenemos que reclutar a los jóvenes para mejorar nuestra sociedad antes de que sean los extremistas quienes los capten

No en vano, en los anuarios de Europol sobre la situación del terrorismo en Europa, Bélgica siempre ocupa los primeros lugares de todas las tablas. Por ejemplo, en el último informe, Bélgica aparece como el segundo país que más yihadistas condenó en 2017 (71), solo superado por Francia (117). Pero Malinas es inmune a ese fenómeno de radicalización que afecta a gran parte del país gracias a la acción visionaria del liberal Somers. Sus éxitos en la lucha contra la radicalización y sus políticas inclusivas le valieron para ser elegido el mejor alcalde del mundo en 2016.

“Cuando alguien ha aceptado los postulados de la radicalización —ya sea por causas religiosas, nacionalistas o ideológicas—, es muy difícil desradicalizarlo. Por ese motivo, tengo la convicción de que la mejor forma de prevenir el terrorismo es intervenir en el estado inicial, cuando los jóvenes comienzan a coquetear con pensamientos extremistas”, explica Somers.

El lema que usa con orgullo Somers es el siguiente: “Tenemos que reclutar a los jóvenes para mejorar nuestra sociedad antes de que sean los extremistas quienes los capten. Esta es la fórmula que usamos para prevenir el riesgo de que ciertos ciudadanos abracen la violencia como un instrumento para hacer política”.

Bart Somers es un alcalde cercano.
Bart Somers es un alcalde cercano.

Según el razonamiento del alcalde de Malinas, la clave para evitar que se den procesos de radicalización consiste en concebir una sociedad inclusiva. “Desde 2001, trabajamos para que todo habitante se sienta un ciudadano malinés independientemente de su origen, su religión o su color de piel. Queremos que todos se identifiquen con el Estado y con la ciudad donde viven, porque si estás integrado en la ciudad donde vives, jamás la atacarás”, argumenta Bart Somers.

La pasión de su discurso no le impide estructurarlo de forma racional, hasta asegurar que su triunfo contra el yihadismo y la criminalidad se basa en tres pilares: hacer que todos los ciudadanos (incluidos los inmigrantes) profesen un máximo respeto por la ley, crear una sociedad inclusiva que evite la creación de guetos, y fomentar una movilidad social abierta con el fin de evitar que las clases bajas desesperen y se desconecten del resto del Estado.

Malinas no es una ciudad ‘flower power’

Cuando llegó a la alcaldía en 2001, Bart Somers se encontró con la ciudad más sucia de Bélgica, el municipio que mayores índices de analfabetismo tenía y con los traficantes de drogas campando a sus anchas por las calles.

“Yo tenía claro que llevar a cabo una política de ‘flower power-party’ no era la solución para mejorar la situación de mi ciudad, porque lo más importante era ser estricto en que todos sus habitantes respetaran el Estado de derecho”, sostiene Somers. “Cuando vives en un barrio donde muchos vecinos son traficantes de drogas y ladrones, donde el espacio público está sucio y vandalizado, entonces prima la involución y la desazón en todo, y resulta difícil que la mayoría de los habitantes aprecien la sociedad donde viven, lo que da pie a que algunos de sus miembros tengan oídos para escuchar un discurso extremista”, afirma el alcalde.

Entonces, el primer edil combinó la adopción de medidas de seguridad suaves y duras para combatir la criminalidad y el deterioro de ciertos barrios que se estaban convirtiendo en guetos. Colocó cámaras en todo el municipio y fortaleció la acción policial (“mejoré la inteligencia policial, sin violencia”, matiza) para que menguaran los delitos, pero también limpió de cabo a rabo la ciudad y restauró el dominio público de las zonas más vandalizadas y depauperadas.

Las acciones a favor de una sociedad inclusiva son una constante en Malinas.
Las acciones a favor de una sociedad inclusiva son una constante en Malinas.

“Si no transmites a los más marginados que estás trabajando por su bien y por su futuro, abres el melón de la polarización y el populismo crece. Unos dirán que los políticos no les hacen caso y los del otro lado dirán que la ciudad está llena de delincuentes y de drogas por culpa de los inmigrantes”, relata Somers sin solución de continuidad.

Sí a la diversidad sin guetos

“El segundo pilar de mi política es conseguir una sociedad inclusiva y potenciar los aspectos positivos de la diversidad sin crear un ciudad-archipiélago donde haya comunidades que se establezcan como islas separadas del resto”, desarrolla Somers.

En Malinas, se evita a toda costa la multiculturalidad que implica la creación de guetos y realidades separadas. El comunitarismo no está en la agenda política del alcalde, antes al contrario: “Mi solución consiste en ver la ciudad como una comunidad de ciudadanos, no como una ciudad de comunidades. Tú te puedes sentir marroquí, somalí, congolés, armenio, musulmán, cristiano, ateo… Vale, lo que tú quieras, pero primero eres ciudadano de esta ciudad con todas las libertades y obligaciones que eso conlleva”.

Se caricaturiza a la gente y se la deshumaniza cuando se encuadra a una persona en una única identidad

Una de las medidas que desarrolló Somers al comienzo de su mandato fue crear colegios y centros culturales mixtos para que la diversidad existente en la ciudad enriqueciera al conjunto de sus ciudadanos.

Explica con largueza de palabra que uno de los problemas graves de los políticos cuando tratan con comunidades diferenciadas es que escuchan a sus líderes y les siguen en una agenda que ellos piensan que es buena para su comunidad. Pero esto es absurdo, porque crea segregación en la ciudad y reduce a los ciudadanos a una sola identidad que siempre será excluyente con las otras. Somers piensa que enmarcar a los individuos en una sola identidad provoca que se caricaturice a la gente y se la deshumanice. “Las identidades de cada individuo son complejas y diversas. Si yo como político te trato a ti como un musulmán y ya está, entonces estoy cometiendo un error que acentuará la marginalización de tu persona en la sociedad. Y yo he luchado siempre contra eso, yo quiero que esa persona sea un ciudadano de Mechelen de pleno derecho”, argumenta el alcalde.

Como alcalde, yo quiero hablar a la gente como ciudadanos, no como miembros de una comunidad religiosa

Admite que al principio de su mandato cometió el error de dirigirse al principal imán de Malinas, al igual que (ingenuamente) hacen todos los políticos europeos de buena voluntad. Le pidió que hablara en la mezquita sobre la necesidad de que los jóvenes musulmanes, principalmente marroquíes, abandonaran la delincuencia y el tráfico de drogas. Lo hizo en el sermón del viernes “con un discurso bien hilado y muy poderoso basado en el Corán”, dice Somers. Lo convocó de nuevo otro día en el ayuntamiento para decirle que veía mucho potencial en las jóvenes marroquíes que acababan la primaria con buenas notas pero que luego no seguían estudiando la secundaria, y que eso era una pérdida de talento y de inversión en el futuro de la ciudad. El imán lo escuchó atentamente, pero el líder religioso jamás habló de esta cuestión a sus fieles en la plática de los viernes.

Vista del Ayuntamiento de Malinas desde la torre de la catedral.
Vista del Ayuntamiento de Malinas desde la torre de la catedral.

“Entendí que no había que hablar a la gente como sigue: 'Tú no eres un buen musulmán'; sino que hay que decirles que no son buenos ciudadanos. Yo respeto a los musulmanes, claro, pero los respeto igual que a los ateos, a los cristianos o cualquier otra persona con unas ideas religiosas determinadas. Pero cuando hablo como alcalde, yo quiero hablar a la gente como ciudadanos, no como miembros de una comunidad religiosa”, razona Somers ante el reportero.

Desde entonces, el alcalde no tiene relaciones especiales con el imán para gestionar asuntos de los ciudadanos. Su trato cordial con él es igual que el que mantiene con el obispo o con el líder religioso de los cristianos armenios. Nada más.

Ascenso social a través del esfuerzo

La tercera pata de la sociedad inclusiva, pacífica y ajena al extremismo yihadista que ha logrado Somers en Malinas es luchar por que la gente más pobre (léase inmigrantes) tenga acceso a una educación y a oportunidades de ascenso social a través del mercado laboral.

Cuenta que esta cuestión debería estar en la agenda de todos de los políticos. “Los progresistas dirán que es necesario ayudar a las capas más bajas de la sociedad mediante subsidios y los más conservadores dirán que el mercado laboral abierto regulará ese tobogán para que gente talentosa pueda ascender. Pero yo soy un liberal y lo que me digo al final de cada día es que si trabajas duro y bien, tendrás una vida mejor. Yo no puedo traicionar mi filosofía y, como alcalde, debo promocionar esa premisa entre todos los ciudadanos”, defiende con pasión Somers.

Señala que ese objetivo se va consiguiendo en su ciudad. La segunda y tercera generación de inmigrantes ya tienen sus empresas, hablan perfectamente neerlandés y están integrados como ciudadanos en la sociedad. “Que disfruten de una movilidad en el mercado laboral y no anden por la vida llenos de prejuicios hacia los demás, esa es la mayor barrera contra la radicalización”, concluye Bart Somers, un alcalde que abraza la política del ‘Welcome refugees’ con todas sus debidas consecuencias y responsabilidades.

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