CRISIS DE IDENTIDAD

Así (de mal) suena la voz de la Unión Europea en en el mundo

El mundo se está convirtiendo en un escenario multipolar liderado por "hombres fuertes" como Trump o Putin, que desdeñan el multilateralismo de la Unión Europea y su 'soft power'

Foto: Donald Trump y Emmanuel Macron. (Reuters)
Donald Trump y Emmanuel Macron. (Reuters)

Si la diplomacia internacional fuese un complejo edificio, su pilar central sería la alianza entre Estados Unidos y la Unión Europea. Una amistad enraizada en la historia común y en la derrota de los totalitarismos, lubricada por 807.000 millones de dólares en comercio bilateral y resguardada bajo el paraguas militar de la OTAN. Una amistad que, sin embargo, muestra grietas cada vez más profundas.

“No hay duda de que Europa necesita reposicionarse en un mundo cambiado”, declaró la canciller alemana, Angela Merkel, en una entrevista. “Las viejas certidumbres del orden de posguerra ya no están vigentes”. Más de dos años después de que el nacional-populista Donald Trump ocupase la Casa Blanca, los líderes europeos siguen buscando una manera de preservar esta vieja relación.

“En este momento hay diferentes puntos de vista en Europa sobre hasta qué punto está dañada la relación con EEUU”, dice a El Confidencial Peter Sparding, analista de asuntos europeos del think tank German Marshall Fund. “El punto de vista alemán sigue siendo ‘esperar y ver’”, añade. “La respuesta francesa es algo más pronunciada. Se habla de ‘autonomía estratégica’. La relación estaría tan dañada que quizás los europeos deban de adoptar una postura independiente”.

La alianza transatlántica posee numerosas capas, cada una con sus propias grietas. Una de ellas es la capa comercial. La Administración Trump considera que la Unión Europea ha obtenido una posición ventajosa con aranceles y protecciones a sus industrias. Por eso, para equilibrar, según su criterio, la balanza, Washington subió las tarifas a la importación de acero y aluminio europeos, y condiciona un posible tratado comercial a que Bruselas abra su mercado agrícola. La Comisión Europea respondió en especie: aplicó sus propias tarifas y dejó claro que no se dejaría intimidar. Pero, ¿puede la UE de responder con la misma firmeza en otros frentes?

“Diría que el comercio es la única área donde la Unión Europea es un actor poderoso de pleno derecho”, explica Peter Sparding, y recuerda que Donald Trump recibió al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en el despacho oval. Pero “es verdad que, salvo en el aspecto económico, la relación no es equilibrada. Claramente Estados Unidos es un actor más poderoso y muchos de los países europeos dependen de EEUU en cuestiones de seguridad”.

Sparding parece confirmar el símil un millón de veces utilizado para describir el peso irregular de la Unión en el mundo. “La Unión Europea es un gigante económico, un enano político y un gusano militar”, como dijo Mark Eyskens, ministro de Exteriores de Bélgica durante la Primera Guerra del Golfo.

Un ejemplo de la impotencia política y militar de la Unión sería la actual crisis del pacto nuclear con Irán. Mientras Bruselas sigue apostando por dar oxígeno a los iraníes a cambio de que estos limiten sus ambiciones atómicas, como refleja el acuerdo firmado en 2015 bajo el liderazgo de la anterior administración estadounidense, Trump ha preferido salirse de un pacto que considera defectuoso. La Casa Blanca, desde entonces, ha reimpuesto las sanciones a Teherán y ha endurecido su retórica y sus gestos hasta acariciar la idea de una guerra.

Una de las quejas más habituales del presidente norteamericano, que reforzaría su tendencia al unilateralismo, es que la mayoría de los socios europeos no cumplen sus compromisos en el esfuerzo militar común. De los 29 miembros de la OTAN, solo siete invierten el 2% acordado del PIB en defensa. España, por ejemplo, no llega al 1%. Además de sumar casi el triple de presupuesto militar que todos los socios europeos combinados, Washington aporta el 22% del dinero de la Alianza.

La Unión Europea, igual que Japón, han tenido un respiro en el frente comercial gracias a China. La administración Trump ha retrasado seis meses la aplicación de aranceles a los automóviles europeos y nipones, ocupada como está en el enfrentamiento con Pekín. La llamada “guerra comercial” se ha intensificado en las últimas dos semanas, generando nerviosismo en los mercados.

El presidente chino, Xi Jingping, se habría desdicho de varios de las promesas negociadas durante meses, a lo que Trump respondió con un aumento de las tarifas del 10 al 25% en más de 6.000 productos chinos. Pekín replicó en especie, y los roces se han intesificado también en el campo de la tecnología. La Casa Blanca ha prohibido a las compañías americanas hacer negocios con la china Huawei, que lleva ventaja en el desarrollo de las futuras autopistas de la información: la red 5G. Estas tensiones han inspirado paralelismos con la Guerra Fría.

Entre los 28 miembros de la Unión también hay diferentes prioridades al respecto. Como apunta Sparding: “Sobre todo Polonia, o los estados bálticos, están ansiosos por mantener una buena relación con EEUU. O países como Alemania, que no tienen capacidad nuclear y son más dependientes de Washington. No es una relación de iguales. Solo en el área del comercio la UE tiene la capacidad de hablar por todos”.

El eje Putin - Trump

Esta tendencia unilateralista de la Administración Trump, reflejada en el impulso proteccionista, el cuestionamiento de los principios de la OTAN y la calificación de “enemigo” que dio a la Unión Europea, también ha encontrado resistencia en Washington.

“Nos hemos aislado”, declaró el senador demócrata y miembro del Comité de Servicios Armados del Senado, Jack Reed. “Simplemente hay un peligro en el sentido de que, si algo ocurre, no tendremos la habilidad de llamarlos para que vengan a asistirnos y a cooperar con nosotros”. Se refería a los aliados europeos.

El veterano diplomático y asesor de diferentes administraciones, Robert Blackwill, considera que Trump ha torpedeado la zona de flotación de la diplomacia transatlántica. “Por primera vez en la historia de nuestros sistemas de alianzas, nuestros aliados dudan de la fiabilidad de Estados Unidos a la hora de cumplir sus compromisos acordados”, declaró en un reciente encuentro en Nueva York.

La investigación especial de Robert Mueller sobre la presunta connivencia de la campaña de Donald Trump con Rusia, y la abierta simpatía del presidente americano hacia el ruso Vladímir Putin, también han preocupado a los aliados tradiciones de EEUU. Trump acabó siendo exonerado de esta sospecha, pero la oposición demócrata prosigue la investigación por otros derroteros.

La aparente sintonía entre Putin y Trump, sin embargo, no ha impedido que la Casa Blanca impusiera más sanciones a Rusia o mandase armas al Gobierno de Ucrania, que arrastra una guerra contra Moscú en sus provincias del este desde 2014. Esta paradoja ha traído de cabeza a muchos observadores, como el diplomático Blackwill. “Su política hacia Rusia se lleva un suspenso. Y no puedo explicarme este curioso encaprichamiento con Vladímir Putin. No puedo. Lo intento, pero no puedo”.

Desde que Donald Trump es presidente, aquellos ministros y asesores con mayor experiencia institucional y fama de moderados han ido siendo sustituidos por “halcones”. El actual secretario de Estado, Mike Pompeo, entró en política a través del movimiento ultraconservador Tea Party. El consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, fue uno de los ideólogos de la Guerra de Iraq y ahora es el mayor partidario de una política agresiva hacia Irán y hacia Venezuela.

El director asociado de Future Europe Initiative, del think tank Atlantic Council, Jörn Fleck, estima que estos roces no son insalvables. “La retórica actual no ayuda y las diferencias políticas también existen en otras cuestiones. Pero la relación transatlántica ha sobrevivido en el pasado a desacuerdos pequeños y grandes”, dice por correo electrónico. “La verdadera prueba en el medio y largo plazo es hasta qué punto ambas partes pueden encontrar proyectos e iniciativas comunes que puedan estimular la cooperación”.

Vuelta de los "hombres fuertes"

Quizás la grieta principal, de la que emergen el resto, sea la propia fibra ideológica del trumpismo: su solidaridad con movimientos afines en Europa que desafían abiertamente la vigencia de la UE. Ya antes de llegar a la presidencia, Donald Trump expresó su apoyo al Brexit y su simpatía por líderes autoritarios como el ruso Vladímir Putin, percibido en Bruselas como una amenaza. Su antiguo jefe de campaña y asesor, Steve Bannon, recorre hoy Europa tratando de unir a los diferentes partidos populistas.

Bannon está aparentemente desconectado del Gobierno estadounidense, pero Trump podría haber hecho algunos guiños a los populistas europeos. “Acabamos de ver al presidente Trump reunirse con el primer ministro húngaro Viktor Orbán en la Casa Blanca, un par de semanas antes de las elecciones europeas”, apunta Peter Sparding. “Y esto sin duda ha mandado una señal a los húngaros, pero también a las otras capitales europeas. También se ha visto en las relaciones de Trump con el Gobierno polaco, con el que hay algo de un solapamiento ideológico”.

El timón de Estados Unidos está en manos de Donald Trump, pero el resto del barco, los motores, el casco, una gran parte de la tripulación, siguen enraizados en las tradiciones y el orden mundial que emergieron de entre las ruinas de 1945. Los observadores, primero que nadie los líderes europeos, vigilan los roces y la correlación de fuerzas para ver dónde acabará desembocando todo esto. Una parte de la respuesta la darán las elecciones presidenciales de 2020.

Europa

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