SU RENUNCIA SE HARÁ EFECTIVA EL 7 DE JUNIO

Reacciones a la dimisión de Theresa May: villana en Londres, mártir en Bruselas

La dimisión de May se recibe en Bruselas "sin alegría personal". Ha llegado a despertar entre sus colegas europeos solidaridad y ha sido calificada como "una mujer de coraje"

Foto: La primera ministra británica, Theresa May, en Bruselas.
La primera ministra británica, Theresa May, en Bruselas.

Theresa May no ha sido la primera ministra soñada por los británicos, pero lo ha dejado todo en el intento por sacar adelante el Brexit. Aunque sus críticos le han achacado innumerables sus errores, la primera ministra llegó a ser vista por Bruselas como el único clavo ardiendo en un ambiente tan tóxico y la única capaz de dar algo de estabilidad a las negociaciones de salida.

Este viernes la primera ministra ha anunciado que el 7 de junio dimitirá como líder 'torie' y abrirá el proceso para la sucesión. En Bruselas hacía semanas que se esperaba un desenlace inevitable, especialmente después de que el Partido Laborista diera por muertas las conversaciones con el Gobierno para tratar de alcanzar un acuerdo entre partidos para aprobar el texto.

Reacciones a la dimisión de Theresa May: villana en Londres, mártir en Bruselas

“El presidente Jean-Claude Juncker ha seguido el anuncio de May sin alegría personal”, ha explicado una portavoz de la Comisión Europea, que ha explicado que el luxemburgués ha apreciado el trabajo con la primera ministra, a la que califica como “una mujer de coraje”. El Ejecutivo comunitario también ha explicado que la UE “respetará” al próximo primer ministro sea quien sea, pero que la posición respecto al acuerdo del Brexit no cambia: el texto que se cerró en noviembre no se volverá a negociar.

May ha sacado de quicio a la Unión Europea, pero incluso así, la sensación en la capital comunitaria es que se le va a echar de menos, que quien venga detrás de ella probablemente llegue con nuevos y graves problemas bajo el brazo. Lo más probable es que le suceda un brexiter más duro, con la idea más asentada de que Londres deben abandonar la Unión Europea sin acuerdo.

El adiós de May será, también de forma muy probable, el adiós del equipo técnico que negoció el texto con sus homólogos en Bruselas, los que vieron que lo que se decía a nivel político en Londres era imposible de plasmar en un papel. El más destacado es Olly Robbins, el funcionario que forjó mano a mano con la alemana Sabine Weyand los entresijos del acuerdo.

Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea, ha visto pasar por su oficina hasta tres ministros del Brexit: David Davis primero, después Dominic Raab, y por último Stephen Barclay. Ahora acude también a la defunción política de la primera ministra. “Me gustaría expresar mi total respeto por Theresa May y por su determinación en trabajar hacia una salida ordenada del Reino Unido de la Unión Europea”, ha escrito el francés en redes sociales.

En numerosas ocasiones la primera ministra ha estado a punto de ser defenestrada por los suyos, y no en pocas le ha servido a May para salvar el cuello: jugar la carta de la tormenta política que se vivía en Londres le ha servido a la líder británica para obtener varias concesiones y “tiempo extra” por parte de la Unión Europea.

May tenía el trabajo más difícil del mundo. Esa era una frase que se repetía mucho en los pasillos de la Comisión Europea, pero también se hacía en círculos de diplomáticos y de miembros de Gobiernos.

Pero aunque May lograra ganarse la simpatía de sus colegas, hubo momentos en que incluso así la primera ministra se extralimitó, pisó líneas que no debía. El mejor ejemplo fue la cumbre informal de Salzburgo en septiembre de 2018, cuando llegó confiada en que los líderes darían algunas palmadas en la espalda a sus últimos planes, que, como todos los presentados por su Gobierno, eran pura fantasía imposible de cumplir. Pero la jefa de Gobierno necesitaba que, una vez más, los líderes le dieran aire para evitar un linchamiento en casa.

May tenía el trabajo más difícil del mundo. Esa era una frase que se repetía mucho en los pasillos de la Comisión Europea

Cometió el error de exigir demasiado, de exponerse acusando a Michel Barnier durante la cena que se celebró en la cumbre. Al día siguiente, a puerta cerrada y sin May, los líderes afilaron armas. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, aseguró que los planes de May “no funcionarán” y Emmanuel Macron, presidente galo, señaló que no era “aceptable”. La primera ministra salió humillada de aquella reunión y desde entonces costó volver a tender puentes.

Pero en general May logró ganarse la simpatía de sus colegas. Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos, y la persona más cercana a la primera ministra en la Unión Europea, ha despedido a su colega británica vía Twitter y ha mandado un mensaje para su sucesor en el cargo: el acuerdo del Brexit sigue sobre la mesa.

Leo Varadkar, primer ministro irlandés, también ha destacado la “tenacidad” de una primera ministra con la que nunca llegó a congeniar: ambos fueron los líderes que vieron cómo la alianza histórica a nivel europeo de Irlanda con el Reino Unido se rompía. Londres esperaba que Dublín le fuera a seguir en cualquier camino hacia fuera de la UE, o que al menos fuera a cubrirle, que fueran a ser aliados. Pero eso nunca ocurrió.

De quién es la culpa

La espada y la pared entre las que se situó Theresa May las situó ella misma. Eso es lo que hace que, aunque la primera ministra haya sido vista con cierta solidaridad por parte de los líderes europeos, a nadie escapa que es la segunda responsable del desastre del Brexit, solo por detrás de su antecesor en el cargo, David Cameron.

Fue en enero de 2017 cuando May anunció en el llamado “discurso de Lancaster House” que buscaría que el Reino Unido saliera de la unión aduanera y del mercado único, sabiendo perfectamente lo que significaba eso: cortar todos los lazos con la UE, y especialmente, crear un problema innecesario en la frontera de Irlanda.

Nadie entre el público británico sabía lo que era la unión aduanera ni el mercado único, no fue un asunto de la campaña. Pero May siguió las indicaciones del ala más dura de su partido, y así clavó la primera palada con la que acabó cavando su tumba política.

La primera ministra decidió después convocar elecciones sobrevalorando la capacidad de obtener una mayoría. La jugada salió muy mal y tuvo que acabar apoyándose sobre los unionistas norirlandeses de la DUP, un movimiento que ataba las manos al Gobierno sabiendo que Irlanda sería uno de los grandes asuntos de la negociación. Lejos de buscar un acuerdo con otros partidos, May decidió seguir adelante con una estrategia casi suicida, jugándoselo todo a que los euroescépticos votaran a favor de su plan por ser el único posible. Solo al final, con un texto ya cerrado y sin capacidad de modificaciones, la primera ministra se sentó con el líder de la oposición a negociar. Salió mal. Pero la culpa de las lágrimas con las que este viernes se ha despedido es suya.

¿Y el futuro?

Ahora un nuevo líder tomará las riendas del Gobierno. No lo va a tener fácil: los euroescépticos son mayoría en el Partido Conservador pero no en la Cámara de los Comunes, donde se favorece un Brexit suave y se oponen frontalmente a una salida sin acuerdo, el que seguramente será escenario preferente de un primer ministro eurófobo.

Por lo pronto la situación seguirá bloqueada algunos meses. La Comisión Europea ya ha anunciado que su posición respecto al acuerdo del Brexit es la misma que venían defendiendo: el acuerdo que se cerró en noviembre no se va a reabrir, y eso significa que, en principio, por mucho que llegue un nuevo primer ministro con otras prioridades, la Unión Europea no está dispuesta a volver a discutir los puntos referentes al divorcio.

La nueva fecha clave para el Brexit es el 31 de octubre de 2019, día en el que se acaba la actual prórroga. La situación está entrando en un callejón sin salida: el nuevo líder no podrá renegociar los términos del acuerdo, lo que le llevaría a intentar una salida sin acuerdo, a la que Westminster se niega en redondo. Podría pedir una prórroga a la UE, pero hay muchas voces contrarias a seguir prolongando la agonía sin un sentido concreto.

May será recordada con cariño en Bruselas. Al menos fue posible cerrar un acuerdo. Al final del camino la primera ministra llegó a entender que se había equivocado. Pero incluso con los buenos sentimientos que puede haber levantado una mujer a la que siempre se vio sola, aislada y rodeada de enemigos, todos saben en la capital comunitaria que ella es responsable de su propio destino.

Europa

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