ELECCIONES EUROPEAS 2019

La cara más amarga de la nueva Europa no se deja ver en el debate final

Los candidatos para presidir de la Comisión Europea han discutido de las prioridades de la UE pero no ha dejado ver las principales y más peligrosas grietas sobre el futuro de Europa

Foto: Candidatos a la presidencia de la Comisión Europea antes del debate. (Reuters)
Candidatos a la presidencia de la Comisión Europea antes del debate. (Reuters)

A casi diez días de que se inaugure formalmente una nueva era para Europa, los cabezas de lista de las principales familias políticas del continente han celebrado un debate este miércoles en el que la gran ausente ha sido precisamente las posturas más eurófobas que cambiarán la cara a la Eurocámara en los próximos comicios.

Ni rastro de gritos, interrupciones y faltas de respeto de los debates en España. Los candidatos, todos desconocidos para el gran público, han mantenido una discusión de altura y con educación sobre asuntos que han ido desde el comercio, pasando por el cambio climático y la juventud. Cada uno de ellos, eso sí, ha tratado de imprimir un mensaje ajustado a su público.

En pocos momentos se ha dejado ver la gran ruptura que promete mover los cimientos de Europa en los próximos años. Los candidatos se han lanzado algunos ataques, pero sin la visión más agresiva del euroescepticismo, que está por el momento limitado a dos pequeñas familias políticas de la actual legislativo europeo y que no han participado en el debate.

Escenario del debate en la Eurocámara. (Reuters)
Escenario del debate en la Eurocámara. (Reuters)

Las posturas de Matteo Salvini, líder de la xenófoba Lega, y de la francesa Marine Le Pen, no han estado presentes. Como tampoco la visión del autocrático primer ministro de Hungría Viktor Orbán -silenciado dentro del PPE que le ha suspendido por sus ataques al Estado de derecho- o las posturas radicales de los extremistas del AfD alemán, todos ellos pertenecientes a grupos pequeños que no han participado en el debate.

El alemán Manfred Weber, candidato del Partido Popular Europeo (PPE), ha lanzado un mensaje proeuropeo pero a la vez moderado; mientras el holandés Frans Timmermans, actual vicepresidente de la Comisión Europea y candidato de los socialdemócratas, ha apostado por una narrativa más pasionales y encendida, buscando el voto emocional.

La danesa Magrethe Vestager, comisaria de Competencia durante los últimos cinco años y candidatas de los Liberales, ha jugado la carta de la experiencia tras haber sido la cara visible de Bruselas contra los gigantes tecnológicos, a los que ha impuesto multas récord por políticas anticompetitivas.

La alemana Ska Keller, de Los Verdes, ha defendido un mensaje centrado en el medio ambiente y en la lucha contra la injusticia social. Un discurso dirigido el elector proeuropeo situado más a la izquierda de los socialdemócratas, pero sin llegar a las posturas del hispano-belga Nico Cué, histórico sindicalista y ahora candidato de la Izquierda Unitaria Europea, cuya retórica se centra en la idea de que la UE de hoy no es justa con la sociedad.

Jan Zahradil, político checo que ahora se presenta por la alianza de los Conservadores y que era la única voz que se acercaba a las posturas euroescépticas, ha defendido un mensaje eurocrítico, señalando la necesidad de que los Estados recuperen soberanía de Bruselas. Los Conservadores, con sus reproches a la UE, mantienen un discurso dentro de los márgenes del proyecto europeo. Centran su discurso en el libre comercio y la petición de que se devuelvan poderes a las capitales, pero evitan entrar en extremos demasiado incendiarios.

Migración y economía

Los principales rifirrafes se han vivido en los campos de migración y en los relacionados con la economía. “Cada vez que una persona muere en el Mediterráneo perdemos un poco de nuestra alma”, ha asegurado Timmermans, que durante todo el debate ha sido el más pasional.

Cué, que llegó a Bélgica sin papeles cuando su padre, sindicalista y minero en Asturias, huyó con su familia de España durante el franquismo, ha defendido su propia historia como ejemplo de que los inmigrante ilegales también merecen un futuro. Mientras, el conservador Zahradil ha pedido que la UE deje de tratar de regular en esta materia y deje que los Estados miembros manejen sus propias políticas migratorias. Algo que, de hecho, ya hacen.

Rescate de migrantes en el Estrecho de Gibraltar. (EFE)
Rescate de migrantes en el Estrecho de Gibraltar. (EFE)

El problema no señalado por Zahradil, y al que ha apuntado Vestager, es que hacen falta políticas europeas de coordinación, que no es sinónimo de obligación. La danesa ha pedido que se aplique la misma urgencia a salvar vidas en el Mediterráneo que a buscar planes a largo plazo para buscar soluciones estables para la migración, que no va a desaparecer. El convenio de Dublín, que regula las peticiones de asilo, está muerto desde hace mucho tiempo y los Estados miembros son incapaces de acordar un nuevo mecanismo que lo sustituya.

Weber y Timmermans han coincidido en la necesidad de prestar atención a África. El alemán ha optado por proponer un comisario europeo exclusivamente dedicado al continente vecino, mientras que el holandés ha apostado por un mensaje de compromiso: “El destino de Europa está ligado al futuro de África”.

En materia económica, los choques han vuelto por los mismos derroteros. El candidato checo ha pedido que la UE no marque a los Estados miembros qué tipo de políticas económicas deben defender, mientras que el resto se han centrado en qué tipo de medidas pueden establecerse para luchar contra la desigualdad y contra el paro juvenil europeo.

Todos, salvo el candidato de los Conservadores y del PPE, han estado de acuerdo en la necesidad de crear un suelo al impuesto de sociedades a nivel europeo para evitar una “carrera hacia el fondo”, es decir, que los Estados miembros compitan por los impuestos más bajos. “Creo en la competencia fiscal”, ha respondido Weber.

Vestager, cruzada de Bruselas contra los gigantes digitales también en materia impositiva, ha aprovechado para mostrar su dominio del tema: “Eres muy generoso cuando dices que algunos pagan el 5% - le ha dicho la comisaria al moderador - porque algunos pagan el 0,05%”. Ha señalado que países como Irlanda, Países Bajos, Bélgica o Malta están adaptándose porque “el cambio está llegando” y se ha acabado el tiempo de los impuestos demasiado bajos para las grandes firmas. Cuando los moderadores han tratado de sacar un titular a la danesa preguntándole si los consideraba paraísos fiscales, Vestager ha terciado. “Para mí un paraíso fiscal es un país en el que todo el mundo paga sus impuestos”.

Margrethe Vestager, comisaria de Competencia, durante el debate. (Reuters)
Margrethe Vestager, comisaria de Competencia, durante el debate. (Reuters)

¿Una nueva dirección?

Weber se ha mostrado más aislado dentro del bloque proeuropeo, reflejo de la dificultad que pasará el PPE para cerrar acuerdos tras las elecciones, mientras Timmermans ha buscado tender puentes hacia otros grupos. En uno de los principales momentos del debate el candidato socialista ha ofrecido a Los Verdes y a la Izquierda Unitaria una coalición alternativa y progresista que incluye a los liberales, llamando a lograr “una alianza desde (el primer ministro griego) Tsipras hasta (el presidente francés) Macron”.

Frans Timmermans, candidato de los socialistas europeos. (Reuters)
Frans Timmermans, candidato de los socialistas europeos. (Reuters)

Los líderes han pedido durante el minuto de oro del debate el voto para sus candidaturas, sabiendo que la próxima legislatura va a ser muy difícil para todos: el PPE sufrirá una sangría importante, mientras los Socialdemócratas lucharán por frenar su caída y las posturas más euroescépticas. Éstos, no presentes en el debate, entrarán con mucha más fuerza en la Eurocámara.

Los candidatos han coincidido en que la UE es corresponsable en el crecimiento de los populistas y han pedido hacer examen de conciencia para encontrar cuáles son los errores que se han cometido durante los últimos años. “Nadie aquí está contento con la situación actual, pero cada uno tenemos una receta distinta”, ha asegurado Zahradil, quien se ha esforzado en enviar un mensaje más moderado incluso dentro de la familia de los Conservadores, donde los más importantes son el Partido Ley y Justicia (PiS), que mantiene un pulso con Bruselas por su ataque a la independencia judicial.

¿Y llegarán a la línea de meta?

La gran duda que todos tienen en Bruselas es clave en todo este proceso: ¿de verdad alguno de estos candidatos llegará a ser presidente de la Comisión Europea? Es difícil de saber, pero lo cierto es que ahora mismo sus opciones son relativamente limitadas.

Eso es porque el sistema que se está utilizando, el del spitzenkandidaten o cabeza de lista, no es un mecanismo automático ni aceptado por el Consejo Europeo, que es, en última instancia, el que elige el nombre del candidato que propone al Parlamento Europeo, que tiene que ratificarlo o rechazarlo. Según este proceso, la Eurocámara se compromete a solo votar a favor de candidatos que participen en las elecciones europeas como cabeza de lista de una de las familias políticas.

Vestager al inicio del debate. (Reuters)
Vestager al inicio del debate. (Reuters)

En 2014 funcionó y Jean-Claude Juncker, candidato del PPE, acabó presidiendo la Comisión Europea. Pero el mundo de 2014 se parece muy poco al de 2019: ya no habrá una mayoría sencilla y eso dará espacio para que los Estados miembros puedan poner otros nombres encima de la mesa.

El gran pulso se producirá justo después de las elecciones europeas que se celebran del 23 al 26 de mayo. Michel Barnier, actual negociador jefe del Brexit, es uno de los favoritos que se barajan fuera del sistema del spitzenkandidaten y que más opciones tiene de acabar presidiendo la Comisión Europea, pero los líderes de la Eurocámara tratarán de evitarlo logrando un acuerdo antes de que las capitales puedan dar el primer golpe.

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