ALGUNOS EN BRUSELAS CREEN QUE SE EXTRALIMITA

Donald Tusk, más allá de las fronteras de su rol en el Brexit

Al polaco le gusta sacar los pies del tiesto, no solo con frases o fotografías a veces polémicas y muchas veces cargadas de humor, sino también tratando de marcar la agenda

Foto: Donald Tusk, presidente del Consejo. (EFE)
Donald Tusk, presidente del Consejo. (EFE)

Es imposible entender el Brexit sin la figura de Donald Tusk (1957), presidente del Consejo Europeo. Desde su rol el polaco ha sido uno de los grandes artífices de la inusitada unidad que ha representado a la UE durante la negociación de salida del Reino Unido y que ha sido clave para que Bruselas pudiera ganar el pulso de las conversaciones. Pero el polaco también saca los pies del tiesto, y durante los últimos tiempos lo está haciendo.

El polaco tiene un rol muy aburrido dentro de la Unión Europea, el de hacer de árbitro entre los intereses de todas las capitales como presidente del Consejo Europeo. No es un trabajo fácil, pero es aburrido. Y Tusk busca las formas de hacerlo menos monotemático: por eso le gusta, de vez en cuando, dar una campanada, sacar los pies del tiesto. A veces es en forma de frase incendiaria, otras veces con una foto en Instagram. Y a veces extralimitándose en sus funciones.

El ex primer ministro ha tenido al menos dos salidas de carretera en las últimas semanas, en ambas ocasiones relacionadas con Consejos Europeos centrados en Brexit. Su papel es escuchar a todas las capitales y buscar el acuerdo entre todos, una primera propuesta neutral que sirva de base para un compromiso. Pero en los dos últimos encuentros el polaco ha puesto encima de la mesa ideas no consensuadas con nadie, solo a nivel interno, que claramente favorecían su visión personal de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Y eso no ha gustado a algunas personas.

Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. (Reuters)
Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. (Reuters)

Esta semana, tras una discusión con su gabinete y sin consultarlo con ningún Estado miembro, el polaco propuso a las capitales una prórroga de un año. Antes de que ningún gobierno hubiera recibido la propuesta oficial los medios de comunicación ya sabían los detalles.

Los diplomáticos coinciden: Tusk se extralimita, va muy lejos en muchas ocasiones. Y muchas veces no asume su rol de árbitro: “En vez de actuar como moderador tomando partido, marcando camino”, señala una fuente diplomática. Creen que cuando el presidente del Consejo Europeo pone una propuesta de este tipo sobre la mesa, sin consultarlo con nadie, ya está, en cierto modo, llevando la discusión hacia el terreno que le interesa.

A nadie se le escapa en Bruselas que Donald Tusk es uno de los políticos más implicados con la idea de que el Reino Unido finalmente se quede en la Unión Europea. Por activa y por pasiva el polaco ha estado señalando ese camino como su salida preferida. Siempre ha insistido en que la puerta está abierta para que Londres finalmente se quede en la UE.

Después Tusk siempre ha favorecido una prórroga larga. Pero ni la insistencia del polaco por esta idea ha evitado que haya dejado la propuesta de extensión en un año: la realidad golpea mucho más duro, y Tusk sabe que una prórroga más larga acabaría amotinando al Reino Unido dentro de la Unión Europea, creando dinámicas tóxicas y provocando daños sustanciales a la UE.

En cualquier caso las salidas de carril de Tusk no quedan intactas. Antes del Consejo Europeo del 21 y 22 de marzo el polaco ya puso sobre la mesa de los líderes un borrador de conclusiones que parecía cerrado para lidiar con el Brexit. Y los líderes destriparon el documento y acabaron aprobando uno diferente.

Algunos diplomáticos creen que eso es lo que volverá a ocurrir ahora, que el Consejo se equivoca si presupone que los líderes van a aceptar la propuesta de Tusk sin darle diez veces la vuelta.

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, junto a Tusk. (Reuters)
Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, junto a Tusk. (Reuters)

Todo está por ver, porque, al menos hasta momento, todas las fuentes diplomáticas insisten en que se deberá tener una discusión política sobre el asunto y que por lo tanto eso está en manos de los líderes. Ya fue así en el último Consejo Europeo, muy imprevisible e inestable.

Pero a la vez muchas voces coinciden que, cuando Tusk pone encima de la mesa un primer planteamiento muy sesgado en una dirección (una prórroga larga), aquellos países que quieren apostar pos una extensión corta se ven obligados a remar en la dirección contraria. Eso favorece, claro está, a aquellas capitales que están en la misma línea que el presidente del Consejo. Básicamente, el árbitro toma parte por uno de los dos equipos y hace una portería mucho más grande que la otra.

En su carta de invitación a los líderes Tusk vuelve a alinearse, y señala que cree que la mejor solución es una transición de hasta un año, aunque también recoge algunas condiciones que los Estados miembros han expresado en las últimas horas. La carta la ha tuiteado bajo un título inequívoco: “Hay veces en las que necesitas dar tiempo”.

No es la primera vez que Tusk saca los pies del tiesto. Y uno de sus foros preferidos para hacerlo es precisamente la carta de invitación a las cumbres. En una de ellas, por ejemplo, tomó una postura muy dura en materia de inmigración que extrañó a muchos diplomáticos.

Tusk llegó a provocar un choque con la Comisión Europea al asegurar que las políticas de Bruselas “no son efectivas” y “crean divisiones”, lo que hizo que el encargado en materia migratoria del Ejecutivo comunitario calificara las palabras del polaco como “inaceptables”.

Pero el presidente del Consejo está acostumbrado a intentar montar algo de ruido, a alejarse de la visión de líder europeo sin carisma o sin ideas. A veces monta ruido con sus tweets. En otras ocasiones con sus declaraciones, como cuando se preguntó cómo sería el sitio en el infierno reservado a los arquitectos del Brexit. Y en otras ocasiones en Instagram, como cuando subió una fotografía con Theresa May, primera ministra británica, y con un título que muchos en el Reino Unido tomaron como una humillación.

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