YVETTE COOPER

La mujer que consigue (por un solo voto) la ley que elimina el Brexit sin acuerdo

La laborista ha liderado un grupo de diputados que ha presentado un proyecto de ley para evitar, en cualquier circunstancia, el escenario de una ruptura abrupta sin pacto

Foto: Yvette Cooper durante su intervención en la conferencia anual del Partido Laborista, en Liverpool. (Reuters)
Yvette Cooper durante su intervención en la conferencia anual del Partido Laborista, en Liverpool. (Reuters)

Como toda telenovela, el Brexit -convertida ya en psicodrama- cuenta con actores secundarios que, a priori, pueden pasar desapercibidos para el telespectador pero luego tienen gran peso en la trama. Ya ocurrió con Dominic Grieve. En diciembre de 2017, el que fuera fiscal general del Estado, quizá siendo uno de los únicos que pudieron aventurar entonces la complejidad del proceso, presentó, sin apenas hacer ruido, una enmienda para que la Cámara de los Comunes tuviera que ratificar el Acuerdo de Retirada que en ese momento Theresa May estaba negociando con la UE. La votación fue muy ajustada: 309 a favor frente a 305. Pero aquello cambió para siempre el curso del proceso del divorcio.

Ahora el capítulo de la eterna saga se centra en Yvette Cooper. La laborista lidera un grupo de diputados de diferentes formaciones que ha presentado un proyecto de ley para evitar, en cualquier circunstancia, el escenario de una ruptura abrupta sin pacto el 12 de abril, cuando termina el plazo de la primera prórroga. Los parlamentarios quieren obligar al Gobierno a pedir una nueva extensión a Bruselas. Pese a que la 'premier' ya se ha comprometido a ello, no se fían de su palabra.

Hasta ahora, las propuestas de sus señorías se habían tramitado a través de enmiendas, cuyo resultado, al fin y al cabo, no es legalmente vinculante. Pero lo que Cooper busca es una ley, con todo su peso para el Ejecutivo. Y todo apunta a que la normativa podría estar aprobada para antes de la cumbre europea del próximo 10 de abril porque el miércoles ya se pasó, por la vía rápida, todos los trámites en la Cámara de los Comunes. Ahora toca el turno a los Lores, pero se da prácticamente por hecho su respaldo.

La laborista no especifica fecha de extensión para esta nueva solicitud a los Veintisiete. Deja que May proponga primero un límite sobre el que luego se puedan pronunciar los diputados. Aunque la Cámara Baja rechazó una enmienda que quería acortar la prórroga solo hasta el 22 de mayo, por lo que, siempre y cuando la UE diera su beneplácito, el Reino Unido podría quedarse durante un tiempo prolongado en el bloque.

Por un solo voto

No es habitual que una ley -sobre todo de tanta importancia- se apruebe con tanta celeridad. Pero hace tiempo que en Westminster, ahogada en una crisis institucional sin precedentes, la tónica viene siendo ver todos los días cosas que no son habituales.

En cualquier caso, el camino no ha sido fácil y una vez más ha quedado en evidencia la gran división que existe en la Cámara Baja. Para empezar, al tratarse de un proyecto de ley presentado por diputados y no por el Gobierno, sus señorías primero tuvieron que votar si daban luz verde al debate. Los números no pudieron estar más ajustados: 312 a favor frente a 311 en contra.

Posteriormente, la votación de la segunda lectura fueron 315 a favor frente a 310 en contra. Y al final de la noche, la tercera lectura que supuso el final de la tramitación en la Cámara Baja fue de 313 a favor frente a 312 en contra.

El hecho de Westminster pueda obligar, por ley, al Gobierno a eliminar la posibilidad de un Brexit sin acuerdo tiene importantes consecuencias para May. Hasta ahora, para contentar sobre todo al núcleo duro euroescéptico, mantenía que si sus señorías no lograban ratificar el Acuerdo de Retirada, la opción que, por defecto, se mantenía encima de la mesa, era la de sacar al país del bloque sin tratado: regirse únicamente con la UE por las reglas de la Organización Mundial del Comercio.

Y, sin embargo, si la normativa estuviese preparada para finales de esta semana o principios de la siguiente, como todo apunta, la autoridad de May se vería mermada. Aún más, porque el hecho de que haya vuelto a pedir a Bruselas otra prórroga corta y haya tendido la mano al líder de la oposición, Jeremy Corbyn, para desbloquear el caos ha enfurecido enormemente a un número importante de sus filas.

Dos miembros del Gabinete presentaron el miércoles su dimisión. Chris Heaton-Harris dejó su puesto como secretario de Estado para Brexit y Nigel Adams renunció como secretario de estado para Gales. A pesar de ser un cargo menor, la salida de este último causó gran revuelo por la carta incendiaria de despedida, donde acusaba a la premier “de maquinar un acuerdo con un marxista que nunca ha priorizado los intereses del Reino Unido ante la posibilidad de un Brexit abrupto”.

Dos carteles con la imagen de la primera ministra británica, Theresa May, y el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, en Londres. (Reuters)
Dos carteles con la imagen de la primera ministra británica, Theresa May, y el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, en Londres. (Reuters)

La primera reunión entre May y Corbyn tuvo lugar el miércoles. Según un portavoz de Downing Street, las conversación fueron “constructivas” y ambas partes “mostraron flexibilidad”. Pero, según el laborista, no se alcanzó “tanto cambio” como él esperaba. “Ha sido útil, pero no concluyente”, matizó. Los contactos seguirán este jueves. En cualquier caso, tampoco es que agraden tampoco a las filas laboristas. No se fían de May y temen que “mancharse las manos” con el polémico Acuerdo de Retirada que tanto han criticado pueda ahora pasarles factura en unas eventuales elecciones anticipadas.

Corbyn sigue insistiendo en que sus señorías deben tener la oportunidad de seguir discutiendo otras opciones distintas al pacto. Sin embargo, el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, bloqueó el miércoles una propuesta que preveía celebrar una nueva votación el próximo lunes sobre alternativas al convenio.

La votación de una enmienda con la que los diputados pretendían tomar una vez más el control de la agenda parlamentaria acabó en empate, con 310 votos a favor y 310 votos en contra, por lo que el conocido como Mr. Speaker tuvo que actuar y decidió dar la victoria a los parlamentarios que se oponían al plan. La última ocasión en la que el presidente de los Comunes ejerció esa prerrogativa fue en 1993, precisamente durante un debate sobre el Tratado de Maastricht.

En la última semana, el Parlamento ha celebrado dos votaciones sobre opciones alternativas al Brexit, en las que los diputados han descartado todas las propuestas. Aunque la opción de negociar una unión aduanera con la UE se quedó tan sólo a tres votos.

Europa

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios