INTENTA CALMAR A LOS CHALECOS AMARILLOS

Francia abre la caza (fiscal) al rico

La revuelta de los chalecos parece obligar al Gobierno a proponer aumentos de impuestos de todo tipo. Los globos sonda abarcan desde el impuesto sobre la fortuna al de sucesiones

Foto: Un manifestante ante una barricada en llamas durante las protestas de los chalecos en París. (Reuters)
Un manifestante ante una barricada en llamas durante las protestas de los chalecos en París. (Reuters)

Quemar un Porsche o un restaurante de lujo como expresión de descontento. Destrozar lo que no se puede disfrutar es un componente indisociable de la protesta de los chalecos amarillos. Para calmar la agitación, en el entorno de Emmanuel Macron se oyen voces para lanzar la caza - fiscal- a “los ricos”.

Una de las promesas electorales del hoy presidente francés era la de bajar los impuestos. Y cumplió su promesa, pero empezando con una medida que desde su aplicación le ha valido el mote de “presidente de los ricos”. La eliminación del impuesto a la fortuna y su transformación en impuesto a la riqueza inmobiliaria es una medida simbólica para él, pero también para los chalecos amarillos y la izquierda.

Macron se niega a reimponer un impuesto que ha hecho renegar de la nacionalidad fiscal tanto a jóvenes emprendedores como a veteranos industriales, artistas o deportistas franceses. Pero la medida no pretende solo hacer volver a los exiliados fiscales; también busca romper en el extranjero esa imagen que para muchos fuera del Hexágono sigue retratando a Francia como la última república soviética de Europa.

Los contribuyentes considerados “ricos” por Hacienda, un 10% del total, sufragan el 70% del total recaudado por el impuesto sobre salarios

Francia es ya el campeón del mundo de recaudación de impuestos con una tasa de recaudación obligatoria del 48% del PIB, cuando la media de los países de la OCDE es del 34%, y la de Reino Unido y EE. UU. del 30%. Solo en dos años, del 2015 al 2017, la suma ingresada por el fisco aumentó en 60.000 millones de euros, llegando por primera vez a los 1.000 millones de euros. Según el IFRAP, un think tank liberal, los impuestos directos aumentaron un 25% entre 2010 y 2017.

Entre las peticiones recogidas durante “el gran debate nacional” (casi dos millones de propuestas ciudadanas) destaca el retorno del impuesto sobre la fortuna (ISF, en su acrónimo francés). Para los chalecos amarillos es una petición recurrente que la radicalización del movimiento plasma simbólicamente, sábado a sábado, con la quema de vehículos de lujo cuyos propietarios despistados no han resguardado en el garaje, o con el ataque a comercios considerados territorio de ricos, como el restaurante Fouquet’s, donde Nicolas Sarkozy celebró su victoria electoral en 2007 con una lista de invitados que supuso la primera fotografía del período “bling-bling”, cuando la exposición hortera de la riqueza no era todavía pecado social.

¿Quién es rico para el fisco?

"¡Que paguen los ricos!" es uno de los lemas de moda en las protestas callejeras. Pero, antes que nada, habría que saber a quién se considera rico en Francia. Para el Gobierno de Macron, un hogar fiscal, una pareja que gane más de 4.623 euros al mes ya puede considerarse víctima susceptible de ver aumentada su contribución o, al menos, a no entrar en la categoría de ciudadanos a quienes se les ha perdonado a partir de este año el impuesto sobre bienes inmuebles. El criterio del servicio de impuestos aplica el máximo tramo (45%) a los contribuyentes que ganan más de 156.245 euros al año; un 41% a los que cobran entre 73.780 y 156.245; un 30% a los salarios entre 27.000 y 73.780, y un 14% a los comprendidos entre 9-000 y 27.000 euros.

Los contribuyentes considerados “ricos” por Hacienda, un 10% del total, sufragan el 70% del total recaudado por el impuesto sobre salarios y un 52% del total de tasas: sueldos, capital inmobiliario, impuestos locales, sucesiones…

Ese 45% de tramo máximo está también en juego. Laurent Berger, secretario general de la CFDT (Confederación Francesa Democrática del Trabajo), el sindicato más reformista y menos radical, propone que el índice se eleve al 60% para quien cobre más de 13.000 euros brutos mensuales.

La diferencia entre “ricos” y “grandes fortunas” no está muy clara tampoco entre los participantes en las protestas y en los debates con el presidente Macron. En el caso del impuesto ISF, el socialista Dominique Strauss-Kahn, consideraba que “solo servía para cabrear a los millonarios sin molestar a los multimillonarios". En Francia, la prueba definitiva para demostrar que se puede gestionar un país sin golpear impositivamente a los más acaudalados es subrayar que Suecia, país paradigma de la socialdemocracia, lo ha eliminado.

Una pintada reza 'Muerte a los ricos' cerca de un banco durante una protesta de los chalecos amarillos en París. (Reuters)
Una pintada reza 'Muerte a los ricos' cerca de un banco durante una protesta de los chalecos amarillos en París. (Reuters)

El “impuesto a la muerte”

El impuesto de sucesiones es otro de los símbolos, de los tótems que muchos en la izquierda consideran indispensable para la redistribución de riquezas. La “Francia de los herederos” forma parte del segmento que debe ser castigado fiscalmente en el imaginario de muchos franceses, pero, en este caso, no son mayoría, a pesar de la ofensiva de algunos grupos de chalecos amarillos y algunos miembros de la propia mayoría presidencial.

El también llamado “impuesto sobre la muerte” data de 1791. Es pues una de las primeras medidas económicas de la Revolución, pero cuando se habla de aumentar la transmisión de patrimonio, la mayoría de los franceses se pone en alerta. El ministro del Interior, Christophe Castaner tuvo la ocurrencia de proponer “una reflexión sin tabús” y sufrió un revolcón de su propio jefe, Emmanuel Macron: “Acabamos de pedir un esfuerzo (fiscal) a los pensionistas. Ahora, ya vale de molestarles”.

Ocho de cada diez franceses rechazan un aumento de los derechos sucesorios. Con un 0,61 del PIB, Francia está también a la cabeza en este apartado en el ránking mundial, cuando la media de la UE está en 0,15. La imposición media es de un 5% sobre la cantidad transmitida y la tasa marginal de 45% se aplica a partir de 1.8 millones de euros. Así y todo, los abuelos franceses se deshacen de líquido pagando facturas a los hijos o nietos para escapar al fisco antes de que les cierren las cuentas bancarias por defunción. Y si las cantidades pueden parecer no muy elevadas, el problema se manifiesta cuando el valor del patrimonio inmobiliario se dispara. En zonas que se han puesto de moda, como la Isla de Ré, las viviendas de pescadores han disparado su valor y muchos herederos se ven incapaces de pagar los impuestos sobre lo que antes eran humildes moradas. En otros casos, los herederos prefieren renunciar a herencias para evitar entrar en un segmento que les obligue a tributar.

Cuatro de cada diez franceses no heredan absolutamente nada. Pero insistir en el valor inequitativo del impuesto no convence. Y menos cuando se subraya que en Suecia tampoco existe este tributo y en ese país la deuda pública en relación con el PIB consigue bajar.

Nichos fiscales y fraude

La revuelta de los chalecos amarillos y su radicalización violenta parece obligar a muchos diputados del partido gobernante, “La República En Marcha”, a proponer aumentos de impuestos de todo tipo. No se sabe muy bien si se trata de un furor repentino de generosidad redistributiva o si refleja simplemente el miedo a ver su sede local destruida o incluso su domicilio particular atacado. En cualquier caso, los globos sonda abarcan desde el impuesto sobre la fortuna, al de sucesiones, pasando por la bajada del IVA a los productos de primera necesidad.

"Desde hace 40 años de déficit ininterrumpido, en Francia es el gasto el que determina la política"

Pocas iniciativas se lanzan, sin embargo, para reducir los 47 nichos fiscales que restan a las arcas públicas alrededor de 100.000 millones de euros. Mucho menos se insiste en el combate para reducir el fraude fiscal, estimado entre 60.000 y 100.000 millones.

Macron se vio obligado ya en enero a desembolsar más de 10.000 millones para calmar la ira amarilla en las rotondas. Uno de sus objetivos prioritarios antes de asumir el cargo era la reducción de los déficits y el rigor presupuestario. Francia, con un 56% del PIB en gasto social y una deuda que roza el 100% está lejos de poder cumplir con sus deseos. ¿Bajar impuestos como prometió? Parece complicado.

Olivier Babeau, profesor de Economía, escribe en el semanario 'Valeurs Actuels' que “desde hace 40 años de déficit ininterrumpido, en Francia es el gasto el que determina la política y no la política la que determina el gasto”. El impuesto es desde esa época el único remedio utilizado por todos los gobiernos para mantener un modelo que los más liberales estiman “extravagante”.

Pero no son solo los liberales los que critican el sistema fiscal francés. Thomas Piketty, la estrella nacional e internacional de los economistas franceses de izquierda, considera que la fiscalidad francesa es menos progresiva que la de Estados Unidos, aunque la desigualdad, eso sí, es menor en Francia.

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