ante el consejo europeo de esta semana

La UE teje sus condiciones a la prórroga inevitable e indeseada del Brexit

Tensión en Bruselas a la espera de que Londres pida una prórroga para el Brexit. La prioridad de la Unión Eurropea es ahora ahorrarse más incertidumbre

Foto: Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. (Reuters)
Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. (Reuters)

Maimónides escribió que “el riesgo de una decisión equivocada es preferible al terror de la indecisión”. La frase del médico andalusí, parte de su 'Guía de los Perplejos', es de 1190. Pero el 19 de marzo de 2019 los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete, el equipo negociador europeo del Brexit y todo el cuerpo diplomático presente en Bruselas podría firmarla.

Cuando los momentos clave se ciernen sobre Bruselas la capital comunitaria se envuelve en un ambiente espeso, en el que cada paso que se da parece trascendente pero en el que el momento decisivo siempre se va aplazando hasta un acto final y épico en el que se llega a una solución in extremis. Lo hemos visto antes en una ciudad acostumbrada a las crisis: la económica, la de refugiados, ahora la salida del Reino Unido. Y el Brexit ha vivido ya tantas semanas y días históricos que la Unión Europea se planta ante el ‘season finale’ de este thriller con las manos en los bolsillos y la sensación de que nunca se debería de haber llegado hasta aquí.

Muchos pensaban en Bruselas que se mantendría la tensión hasta el último momento, pero por “último momento” no se referían a estar a 10 días de la fecha en la que supuestamente el Reino Unido debe abandonar la Unión Europea sin saber qué acabará ocurriendo. Una fuente diplomática admitía que se esperaba un final de infarto, pero que esto está yendo más allá.

Ahora la cuestión ya no es el desenlace del Brexit, sino hasta cuándo se aplaza el final de este culebrón. Todo esto mirando al Consejo Europeo que se celebra este jueves y viernes. La pregunta en Bruselas es clara: ¿es esa la cumbre de la verdad? ¿Es esa cita en la que, como en otras ocasiones, la UE acaba salvando una bola de partido en el último momento?

No hay respuesta a la pregunta porque esta vez la pelota no está en el campo europeo. La UE no tiene la situación bajo control. No es una crisis interna que se pueda resolver con un golpe de mano en un momento decisivo o que se pueda patear hacia delante ‘ad eternum’.

Este martes se celebraba una reunión de ministros de Asuntos Europeos para hablar del Brexit, aunque la partida cambió significativamente este lunes, cuando John Bercow, el ‘speaker’ del Parlamento británico, señaló que no se aceptaría que el Gobierno presentara el mismo acuerdo otra vez.

La UE, aunque tenía poca fe en que tuviera éxito, esperaba que May lo siguiera intentando durante esta semana, e incluso se pensaba que seguiría tratando durante la semana que viene. Y por supuesto todos esos planes han saltado por los aires, al menos por el momento.

Sin embargo Marco Aguiriano, secretario de Estado español para Asuntos Europeos, ha restado importancia al nuevo choque, señalando que “fuentes solventes” desde el lado británico les han explicado que el Gobierno tiene métodos para volver a poner en marcha una tercera votación del acuerdo.

Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. (Reuters)
Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. (Reuters)

Cansancio y nerviosismo

De nuevo se posa sobre Bruselas esa neblina de los días clave en los que la UE atraviesa una crisis existencial. Solo que esta vez ni siquiera se ve dos palmos más allá. La incertidumbre es total. “Estamos muy cansados de esta negociación. Espero propuestas claras y precisas sobre por qué esa extensión es necesaria”, ha asegurado este martes Michael Roth, ministro alemán de Asuntos Europeos.

Aguiriano ha asegurado que la UE espera una carta por parte de May en la noche del martes o durante el miércoles en la que pedirá una extensión de las negociaciones. “Veamos qué pone en la carta”, señala una fuente diplomática.

La UE ha sido informada de por dónde irán los tiros de la misiva, pero por si acaso hay espacio a la duda Michel Barnier, negociador jefe europeo, ha señalado el camino: “Una prórroga extenderá la incertidumbre, y la incertidumbre tiene un coste. No podemos hacerlo sin una buena razón para ello”. “Los líderes de la UE necesitarán un plan concreto para tomar una decisión informada”, ha explicado Barnier durante una rueda de prensa celebrada tras la reunión.

El francés ha hecho referencia también ha algo de lo que vienen hablando las fuentes diplomáticas desde hace tiempo: una prórroga larga solo estaría justificada por lo que en las reuniones de embajadores se denomina “crisis política” y lo que Barnier ha calificado de “un nuevo evento o un nuevo proceso político”. Traducido: unas elecciones o un segundo referéndum podrían ser justificación suficiente para una transición larga.

Barnier ha hecho además tres preguntas que servirán a la UE para decidir si dice sí o no a la extensión. La primera: ¿Incrementa una prórroga las probabilidad de una ratificación del acuerdo del Brexit? La segunda: ¿Cuál sería el propósito y el resultado? Y la tercera: ¿Cómo se puede asegurar que, al final de la posible extensión, no volvamos a la misma situación en la que estamos hoy?

Las caras largas a la salida de la reunión han sido el reflejo más claro de cómo la UE afronta estos días. Algunas fuentes han hablado casi en tono fúnebre sobre lo que está por venir, sobre las decisiones difíciles a la que se enfrenta todo el mundo. Por un lado el Reino Unido se sigue hundiendo en una crisis política de magnitudes desconocidas, y por el otro la UE sabe que todo son arenas movedizas, que no hay donde apoyarse de forma segura. Si no hay novedades en el lado británico ven muy difícil que los líderes den un cheque en blanco, otro más.

Lo que sí esperan en Bruselas es que la misiva que debe llegar desde Londres aclare algo el trabajo para el Consejo Europeo de este jueves y viernes. Uno de los peores escenarios es que se llegara a la cumbre europea de jefes de Estado y de Gobierno sin que el Reino Unido hubiera pedido ninguna extensión de las negociaciones, de forma que los líderes no tuvieran realmente nada de lo que debatir ni sobre lo que decidir.

Jean-Claude Juncker junto a Theresa May en la cumbre de Salzburgo. (Reuters)
Jean-Claude Juncker junto a Theresa May en la cumbre de Salzburgo. (Reuters)

Un camino largo

El cansancio se instaló hace meses en Bruselas. Cuando Theresa May, primera ministra británica, volvió pidiendo novedades sobre el acuerdo del Brexit pocos creyeron que nada de lo que se le pudiera dar sirviera demasiado. Pero los vientos soplaban a favor: el tiempo se agotaba y los euroescépticos iban cogiéndolo miedo a la idea de una transición larga que pudiera acabar matando el Brexit.

La sensación durante el fin de semana de hace dos semanas era de que se lograría dar algo a los británicos con lo que pudieran estar contentos. Los equipos técnicos de ambos lados estaban trabajando a toda máquina. En cuanto se cerraran los últimos flecos, May viajaría a Bruselas. Pero pasó el sábado y la primera ministra no voló. Y el domingo tampoco. El lunes por la mañana era la fecha esperada. Pero tampoco apareció entonces por la capital comunitaria la primera ministra, que solo se reunió con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, esa noche en la ciudad de Estrasburgo.

El problema, y lo que dejó atónitos a muchos en Bruselas, fue cuando pocas horas después del acuerdo en Estrasburgo Geoffrey Cox, fiscal general del Reino Unido, disparó contra lo que tanto había costado conseguir: el documento interpretativo, el instrumento conjunto y la declaración británica unilateral no reducían el riesgo que del que él había alertado en noviembre.

Cox había sido una figura importante durante las últimas semanas. No es que él gustara en Bruselas, pero en la capital comunitaria el equipo negociador europeo y los diplomáticos entendían por qué era clave: era muy cercano a los euroescépticos y si él apoyaba legalmente el texto podría arrastrarlos hacia un voto positivo a favor del acuerdo. Por eso cuando aseguró que no había garantías suficientes en la UE se llevaron las manos a la cabeza: era may la que le había involucrado en las negociaciones dándole mucho poder, ¿cómo cerró un acuerdo con Bruselas sin tenerlo a él convencido?

Todo salió mal, otra vez. Y por eso la semana pasada, cuando el 12 de marzo el Parlamento rechazó por segunda vez el texto, en la capital comunitaria solo quedó levantar los hombros y prepararse para la petición de ampliación por parte del Reino Unido. Ahora la UE se prepara para tomar una decisión difícil. Todo el mundo da por hecho que no será sencillo aceptar ni rechazar ninguna prórroga. Y todo eso lo complica la situación fuera de control en el Reino Unido. Los análisis que se hacen hoy por los pasillos no servirán para mañana. "La situación es muy, muy fluida", señala una fuente. Solo queda esperar.

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