la popularidad del presidente está en el 31%

Termina el Gran Debate: Macron salva su imagen pero Le Pen le pisa los talones

La oposición considera que la apelación a la consulta nacional ha sido ante todo una gran operación de márketing del presidente, que ha logrado apaciguar los ánimos y recuperar apoyo

Foto: Emmanuel Macron durante la presentación del premio Simone Veil en el Palacio del Elíseo, el 8 de marzo de 2019. (Reuters)
Emmanuel Macron durante la presentación del premio Simone Veil en el Palacio del Elíseo, el 8 de marzo de 2019. (Reuters)

Tras dos meses de conferencias, consultas y reuniones, el Gran Debate Nacional (GDN) lanzado por Emmanuel Macron para apaciguar la crisis protagonizada por los chalecos amarillos, llega a su recta final. Más de 10.000 coloquios organizados a lo largo y ancho del territorio francés, 16.000 libros de reclamaciones depositados en los ayuntamientos y 1,5 millones de contribuciones ciudadanas presentadas a través de una plataforma digital creada especialmente para tal consulta, resumen la amplitud de una iniciativa política inédita. Un original cortafuegos que parece dar sus frutos, frenando la caída en picado de la popularidad del presidente galo y relegando al Reagrupamiento Nacional (RN), la formación de extrema derecha liderada por Marine Le Pen, a un segundo puesto de cara a las próximas elecciones europeas.

Invertir el proceso de degradación de la imagen de Emmanuel Macron parecía, hace tan solo unos meses, una verdadera quimera. El pasado mes de diciembre, su popularidad registraba una caída de dos puntos, tras haber perdido cuatro en noviembre, contando así con un irrisorio 23% de aceptación ciudadana. La movilización de los chalecos amarillos, portavoces de la cólera de las clases medias vis-à-vis de un poder que ignoraría sus necesidades y demandas, no solo pasó factura a la imagen del presidente galo, también alteró su agenda política. En respuesta a la presión de un movimiento social inédito e imprevisto, Macron optó por establecer un diálogo social destinado a construir “un nuevo contrato nacional, estructurar la acción del Gobierno y del Parlamento”.

En este contexto, el 15 de enero, Emmanuel Macron dio el pistoletazo de salida al Gran Debate Nacional, centrado en cuatro cuestiones claves: impuestos, organización del Estado, transición ecológica y democracia. Desde entonces, el presidente galo ha participado de manera activa en múltiples discusiones organizadas por alcaldes, asociaciones o ciudadanos en todo el país, prometiendo que el Ejecutivo dará respuestas “concretas” a las propuestas recopiladas en los últimos dos meses. Sin embargo, habrá que esperar hasta el próximo mes de abril para que Macron “precise (...) su visión y establezca los grandes ejes de respuesta (…) y la dirección a seguir por el Gobierno”, explicó Sébastien Lecornu, ministro delegado de Colectividades Territoriales y coanimador del Gran Debate, interrogado el 10 de marzo por el semanario Le Journal du dimanche.

A pesar de la ausencia de respuestas y medidas concretas, este ejercicio inédito ha conseguido reforzar la imagen del presidente francés. Según el último sondeo realizado por el instituto Elabe, la popularidad de Macron se sitúa este mes de marzo en un 31%. Una cifra que supone un ascenso de ocho puntos en los últimos tres meses, el jefe de Estado recupera su cuota de popularidad anterior a las protestas de los chalecos amarillos.

Macron “ha sabido aprovechar la oportunidad del gran debate para registrar una pequeña corrección de imagen en la opinión pública”, analiza Bernard Sananès, presidente del Instituto Elabe, consultado por Europe 1. El pasado mes de diciembre, solo uno de cada dos ciudadanos franceses decía confiar en Macron, una cifra “alarmante”. “El debate ha servido para apaciguar” la crispación social, subraya Sananès. Según el analista, esta estrategia de consulta popular ha calado especialmente entre los conservadores: “El sentimiento de apoyo es más fuerte entre los electores de derechas, uno de cada dos asegura hoy volver a confiar en Emmanuel Macron (…) Está claro que este electorado está un poco desorientado por su oposición a ciertos puntos de la política de Macron y, al mismo tiempo, tienen la sensación de que actualmente no existe una alternativa real".

Los partidos de la oposición predeterminados a sacar ventaja del descalabro de Emmanuel Macron y del rechazo popular de sus políticas, el Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen y la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, no han conseguido ganar la apuesta. “El equilibrio de fuerzas electorales continúa siendo favorable al presidente gracias a la descomposición de la derecha gubernamental y a la ausencia de recomposición de la izquierda del poder”, observa Yannick Prost, profesor de Relaciones Internacionales en Sciences Po, en una columna publicada en el diario La Tribune. Dado que se trata de formaciones políticas opuestas, “los presuntos beneficiarios de la secuencia de los chalecos amarillos no pueden aliarse (…) Si las elecciones europeas ofrecen una tendencia favorable a la línea del presidente, es por la falta de alternativas y no por la fuerza de su movimiento (LREM)”, puntualiza Prost.

La presidenta de la ultraderechista Reagrupación Nacional, Marine Le Pen, visita el Salón Internacional de Agricultura en el centro de exposiciones de París. (EFE)
La presidenta de la ultraderechista Reagrupación Nacional, Marine Le Pen, visita el Salón Internacional de Agricultura en el centro de exposiciones de París. (EFE)

Connivencia con la extrema derecha

Una ausencia de alternativas que no parecía tan evidente el pasado mes de diciembre, en pleno auge de los chalecos amarillos, cuando las encuestas concedían a la formación de extrema derecha, Reagrupamiento Nacional (RN), el liderazgo en la carrera de las elecciones europeas con un 24% de la intención de voto, relegando a un segundo puesto a la formación macronista con un 18%.

Desde entonces, la protesta protagonizada por los chalecos amarillos ha ido perdiendo fuerza, extinguiéndose a fuego lento sin apagarse por completo, una tendencia que, junto a la mediatización del debate nacional, ha favorecido al presidente francés. Según una encuesta realizada por Harris Interactive-Agence y publicada por Le Figaro, el 10 de marzo, si el escrutinio europeo tuviera lugar a día de hoy, la formación de Macron conseguiría el 22% de lo votos y el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen un 21%. Ante la ínfima diferencia que separa a sendos porcentajes y teniendo en cuenta el margen de error de todo sondeo, pocos se atreven a vaticinar cuál será la formación que se impondrá a la cabeza de las elecciones europeas.

Más allá de hipótesis y premoniciones, los sondeos confirman que los chalecos amarillos son más sensibles que la media a ciertos ideales abanderados por la extrema derecha. A los ojos de Marine Le Pen, esta revuelta popular sería el levantamiento de “la Francia de los olvidados”, una Francia de la cual ella misma sería portavoz. Sin embargo, esta sensibilidad no es sinónimo de afiliación a la formación, tampoco un voto asegurado: entre los “chalecos amarillos” un 36% afirma ser pro-Marine Le Pen, un 28% habría votado por su formación en los pasados comicios. Estas cifras, fruto de un sondeo realizado por Kantar Sofres-OnePoint y publicado por Le Monde, revelan el respaldo de numerosos chalecos amarillos a las políticas de Le Pen, pero están lejos de representar a la totalidad del movimiento.

El porcentaje de apoyo oscila en función de las temáticas abordadas: si bien el 50% de los chalecos amarillos considera que la Unión Europea es una amenaza para la identidad de Francia, los votantes de Le Pen apoyan esta crítica indiscutiblemente ligada al ADN de la formación ultra en un 70%; en cuanto al estandarte “hay demasiados inmigrantes en Francia”, el 50% de los chalecos amarillos afirma secundarlo, un porcentaje muy inferior al registrado entre los actuales votantes de la formación (89%). En particular, este sondeo revela que la barrera contra el ascenso de la extrema derecha en el panorama político francés, es especialmente endeble entre los participantes de esta inédita movilización ciudadana: al 39% le gustaría que Marine Le Pen fuese de nuevo candidata en las elecciones presidenciales de 2022 y un 30% considera que sería una buena presidenta.

La repercusión y aceptación de las propuestas sociales, políticas y económicas prometidas por Emmanuel Macron, que deberán ver la luz tras la clausura del gran debate, serán primordiales para confirmar si su presidencia ha conseguido reponerse de una crisis sin precedentes, o si se trata de un mero e irrisorio paréntesis. Mientras tanto, los partidos de la oposición consideran que el Gran Debate Nacional no ha sido más que una estrategia de comunicación y marketing de cara a las elecciones europeas. El partido conservador Los Republicanos (LR), la formación de extrema derecha Reagrupamiento Nacional y la plataforma creada por los chalecos amarillos para participar en las elecciones europeas han recurrido al Consejo Superior Audiovisual (CSA), al estimar que “el jefe de Estado se sirve de estas reuniones retransmitidas por las cadenas de información para contribuir a mejorar su popularidad y de facto sirve a los intereses de La República En Marcha de cara al futuro escrutinio europeo”, escriben en su misiva.

Sea como fuere, la apuesta de Emmanuel Macron por este inédito debate nacional ha conseguido, por ahora, sacar a flote su popularidad y apaciguar el malestar social. Pero la sombra de Marine Le Pen está lejos de disiparse, y los chalecos amarillos aún no han dado completamente su brazo a torcer.

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