reino unido está pagando por sus pecados

¿Cuánto tiempo y para qué? El serpenteante camino hacia la prórroga del Brexit

Para Europa el Reino Unido está pagando por sus pecados, pero no siente culpa porque no se ha votado para castigar a los británicos sino para hacer efectivo lo que ellos votaron en 2016

Foto: Los presidentes Jean-Claude Juncker, de la Comisión, y Donald Tusk, del Consejo, charlan con Michel Barnier tras una rueda de prensa. (Reuters)
Los presidentes Jean-Claude Juncker, de la Comisión, y Donald Tusk, del Consejo, charlan con Michel Barnier tras una rueda de prensa. (Reuters)

“Prolongar la negociación, ¿para qué? Ya ha terminado”, aseguraba este miércoles Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea, ante el Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo. Bruselas está viviendo unas últimas horas convulsas después de que Westminster votara por segunda vez para rechazar el acuerdo del Brexit alcanzado entre Londres y la UE desde hace ya más de 100 días.

La situación de los Veintisiete es complicada. Llevan dos años de negociación en los que el Reino Unido ha perdido de forma sistematica el tiempo, y en los que Theresa May, primera ministra británica, no ha hecho sus deberes. No le culparán de ello en público, pero muchas fuentes comunitarias señalan que este problema parte de que la líder conservadora decidió iniciar las negociaciones sin un diálogo nacional sobre qué Brexit quería el país, y que el rechazo del Parlamento británico es el resultado de la falta de voluntad de May, que en ningún momento ha hecho partícipe a Westminster del proceso, mientras la Comisión Europea ha consultado cada paso con los Estados miembros y la Eurocámara.

En cierto modo, desde un punto de vista europeo, el Reino Unido está pagando por sus pecados. Un precio alto, de forma indudable, pero la UE siente que no tiene nada que ver de forma directa en ello, porque no se ha votado para castigarles, sino para hacer efectivo lo votado en junio de 2016. En Bruselas hay también cierta exasperación con el hecho de que el Parlamento británico no dé ninguna indicación clara de hacia dónde ir. No hay mayoría para nada.

En la noche de este jueves Westminster ha votado a favor de una extensión del artículo 50, que es la cláusula de los Tratados europeo que da fundamento a estas negociaciones. Este texto, muy breve, da dos años de negociación antes de la desconexión, pero también abre la puerta a posibles extensiones, sin entrar en más detalles: ni en duración, ni en si se puede prorrogar una prórroga.

Por lo tanto, ahora el Gobierno británico debe pedir esa extensión. No será un trabajo sencillo. Downing Street deberá determinar de cuánto quiere la extensión, y deberá justificar muy bien en qué va a usar el tiempo que gane con ella. Esto deberá hacerlo rápido, porque el Brexit está programado para el próximo 29 de marzo, y sin una petición de prórroga el Reino Unido abandonaría la UE por defecto en dicha fecha.

La primera ministra habla en la Cámara de los Comunes. (Reuters)
La primera ministra habla en la Cámara de los Comunes. (Reuters)

Una vez Londres tenga una idea más o menos clara de lo que quiere deberá comunicarlo a la UE. Fuentes europeas explican que no hay un procedimiento claro para ello, pero que seguramente consista en un intercambio de cartas.

Sin fechas todavía sobre la mesa lo normal es que el Reino Unido diera forma a su petición en las próximas horas, de forma que los embajadores permanentes ante la UE puedan estudiarla durante los primeros días de la próxima semana.

La culpa es de los otros

El siguiente punto en el calendario será el Consejo Europeo del 21 y 22 de marzo, cuando los líderes de la Unión Europea se reunirán en el que, en principio, debería ser el último encuentro en el que esté presente el Reino Unido. La discusión no será fácil, pero los jefes de Estado y de Gobierno mantendrán una reflexión sobre la ampliación de las conversaciones.

Desde Bruselas alertan con que no se dé por hecho que la UE vaya a aceptar cualquier petición de prórroga. Durante las últimas horas la Comisión Europea ha insistido en que debe haber una justificación detrás. Los líderes discutirán tanto cuánto tiempo se le puede ofrecer al Reino Unido como si convencen las razones dadas por Londres.

“El Consejo no va a dar tiempo al Reino Unido para que se renegocie el acuerdo”, advertía una fuente europea esta semana, que alertaba de que las capitales no están dispuestas a ofrecer más tiempo a Londres para volver a los mismos puntos tratados en los últimos meses. En la capital comunitaria desearían que el Gobierno británico llegara con una receta diferente, aunque no hay muchas esperanzas puestas en ello.

En otras palabras: en la UE, al menos por ahora, nadie se vuelve loco por prorrogar las negociaciones. Bruselas no tiene ningún tipo de problema de conciencia si el Reino Unido abandona la UE sin acuerdo el próximo 29 de marzo, o al menos eso dicen. Y no lo tienen porque, aseguran, Londres tiene las herramientas suficientes en su mano: puede aprobar el acuerdo que hay sobre la mesa, puede pedir una transición con criterio, o incluso puede revocar el artículo 50, lo que cancelaría el Brexit y su salida de la UE, una operación política costosísima para cualquier Gobierno británico.

Sede del Consejo Europeo. (Reuters)
Sede del Consejo Europeo. (Reuters)

El ambiente se ha vuelto más oscuro en los últimos días. Hace un par de semanas la actitud era más positiva hacia una extensión del artículo 50 aunque no se tuviera muy clara su finalidad, pero especialmente tras la votación de este martes cada vez más diplomáticos y capitales se muestran más reacias a prolongar las negociaciones, o al menos quieren parecerlo.

Por lo pronto las reuniones de embajadores, que se celebran continuamente en Bruselas, dejan claro que no hay unanimidad en este momento sobre la prórroga. Ni sobre si se debe dar o no, ni sobre su longitud, ni sobre sus condiciones. Y para aprobar cualquier ampliación se requiere de unanimidad.

Lo que ya se sabe es que si el Reino Unido se queda más allá del 26 de mayo tendría que participar en las elecciones europeas, como señaló Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, en su carta del pasado lunes a Donald Tusk, presidente del Consejo.

Si el ambiente está crispado en relación con una transición, sea del tipo que sea, la situación empeora cuando se habla de una transición larga, esa que vería al Reino Unido quedándose muchos más meses. Fuentes europeas señalan que la condición para ello sería que se desatara una crisis política enorme en el país, como por ejemplo unas elecciones generales o un referéndum, lo que no dejaría más opción que ceder a una prórroga larga.

Europa

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