humillación para may

Westminster rechaza el acuerdo a dos semanas del Brexit: ¿y ahora qué?

Sus señorías volvieron a tumbar el convenio con el que se pretendía evitar divorcio caótico: 391 votos en contra frente a 242 a favor. ¿Qué ocurre ahora? ¿Hemos llegado al abismo?

Foto: Bancada conservadora en Westminster. (Reuters)
Bancada conservadora en Westminster. (Reuters)

Se había asumido un guión: suspense hasta el último momento y luego alguna modificación in extremis con un lenguaje lo suficientemente ambiguo para que Theresa May pudiera vender el triunfo en Londres, al tiempo que no se tocara ni una sola coma del Acuerdo de Retirada. Y la premier siguió las pautas a rajatabla. Pero un actor secundario inesperado saltó al escenario y lo cambió todo con una sola frase: “el riesgo legal” de que el Reino Unido quede atrapado en la normativa comunitaria para evitar frontera dura en Irlanda “no ha cambiado”.

La voz de barítono del Fiscal General del Estado, Geoffrey Cox, retumbó con fuerza en la Cámara de los Comunes durante la intervención que ofreció antes de la votación sobre el pacto del Brexit que tuvo lugar este martes.

Otra derrota histórica

El abogado del Gobierno -que también forma parte del Gabinete- era muy consciente de que su valoración sobre los supuestos cambios que May alcanzó el lunes a última hora en Estrasburgo con el responsable de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sería determinante. Conocía las consecuencias que sus palabras sobre el polémico backstop podrían acarrear para la premier. Pero, desde el principio, advirtió que le importaba más su reputación como letrado que como político. Y actuó en consecuencia.

Westminster rechaza el acuerdo a dos semanas del Brexit: ¿y ahora qué?

Sus señorías volvieron a tumbar el convenio con el que se pretendía evitar divorcio caótico: 391 votos en contra (entre ellos 75 'tories' rebeldes) frente a 242 a favor. El margen de 149 escaños mejora la derrota histórica de 230 que May sufrió el pasado mes de enero, cuando presentó el documento por primera vez en la Cámara Baja. Pero sigue siendo una gran humillación para una primera ministra con un único propósito: cumplir con la voluntad que los británicos expresaron en el plebiscito de 2016.

Sin Acuerdo de Retirada tampoco existe el periodo de transición que Londres y Bruselas habían pactado hasta el 31 de diciembre de 2020. Por lo tanto, ¿qué ocurre ahora? ¿Hemos llegado al abismo?

De momento, los diputados votarán este miércoles si quieren abandonar el bloque el próximo 29 de marzo sin ningún tipo de pacto. Y si esta opción tampoco sale adelante -como todo apunta- el jueves decidirán si solicitan una extensión de plazos a la UE.

Libertad de voto

Pese a todo lo que está en juego, May dará para ambos casos libertad de voto a sus filas. Es algo bastante inusual para un primer ministro, sobre todo en una votación de tal calibre. Pero en las difíciles circunstancias que atraviesa la líder tory era la única manera que tenía para evitar la temida rebelión. Si apostaba por “disciplina de partido” habría tenido que decir a los suyos lo que deben votar. Si se mostraba en contra de quitar de la mesa la opción de un divorcio sin pacto -como los Brexiteers demandan-, los miembros pro UE del Gabinete habrían dimitido. Y viceversa.

En el Reino Unido, en circunstancias normales, cualquier primer ministro que haya sido derrotado, no una sino hasta dos veces, sobre su principal política, habría presentado de inmediato su dimisión. Pero la frase que más se escucha estos días en Westminster es que “esto no son circunstancias normales”.

Por lo tanto, May se queda, por el momento. Hay mucha presión para que abandone su cargo. Sin embargo, tras sobrevivir la moción de confianza contra su liderazgo presentada por sus propias filas el pasado me de diciembre, según las reglas del Partido Conservador, queda inmune a desafíos internos por doce meses.

¿A la tercera va la vencida?

Y en este sentido, no se descarta que May haga un tercero intento, a la desesperada, de volver a presentar el acuerdo a sus señorías antes de que finalice este mes. Sus garantías de éxito o fracaso dependerán de la respuesta que ofrezca ahora Bruselas a una supuesta solicitud de extensión de plazos.

Para cualquier modificación en el calendario, los Veintisiete deben ponerse de acuerdo por unanimidad. Es muy probable que si Londres pide ampliación del artículo 50, se tome una decisión al respecto en el Consejo Europeo del 21 y 22 de marzo.

Al otro lado del Canal de la Mancha no hay exactamente especial entusiasmo para una extensión larga, ya que eso supondría que el Reino Unido debería participar en las próximas elecciones europeas. Pero la pregunta es que hasta qué punto puede solucionarse en tres meses lo que no se ha conseguido en dos años.

Para celebrar una segundo referéndum se requeriría un mínimo de entre seis y nueve meses. Pero ni May ni el líder de la oposición, Jeremy Corbyn, quieren un nuevo plebiscito. El laborista está presionado por sus bases. Pero realmente su objetivo principal es intentar forzar elecciones anticipadas, una opción que ya comenzaba a escucharse anoche en los corrillos y que se vio obligado a descartar incluso de manera oficial un portavoz de Downing Street.

El miedo de la unión aduanera

En el Reino Unido, muchos consideran que una extensión de plazos favorecería un Brexit blando donde, en última instancia, el país podría acabar quedándose de manera permanente en la unión aduanera, para solucionar la polémica frontera en Irlanda. Aunque figuras del entorno de Westminster aseguran a este diario que “el riesgo de un Brexit sin acuerdo es más alto de lo que muchas personas asumen”. En definitiva, se podría llegar a un divorcio caótico tras una extensión corta. Pero nadie tiene las claves. Ni Londres ni Bruselas. Ni May ni Juncker. La única certeza de esta trama es que el suspense durará hasta el final.

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