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La inmigración mete en la cama de la 'realpolitik' a la UE y las dictaduras árabes

La UE se ve obligada a acercarse a las dictaduras de la Liga Árabe en la búsqueda de una gestión migratoria para el futuro. Supone el viraje definitivo hacia el pragmatismo exterior

Foto: Donald Tusk charla con Al-Sisi, presidente de Egipto. (Reuters)
Donald Tusk charla con Al-Sisi, presidente de Egipto. (Reuters)

"Si solo hablara con demócratas impecables mis semanas de trabajo terminarían el martes”. Así contestaba Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, cuando le preguntaban si no se sentía incómodo sentándose en la mesa de la cumbre celebrada este fin de semana entre la UE y la Liga Árabe en Egipto, un encuentro en el que algunos de los líderes europeos compartieron habitación con la plana mayor de las dictaduras árabes.

Para Bruselas no es un placer sino una necesidad tratar con personajes como Abdelfatah al-Sisi, el presidente autocrático de Egipto que terminó de sepultar cualquier esperanza de que pudiera quedar vivo algo positivo de las primaveras árabes que Europa apoyó.

Es el efecto del martillo de la 'realpolitik' que golpea la cabeza de la UE desde que en 2016 tuviera que cerrar, tapándose la nariz, un acuerdo migratorio con Recep Tayyip Erdogan, el líder autoritario de Turquía. A nadie en Bruselas le gustaba Erdogan ni tener que atender a sus peticiones, pero tampoco querían tener que volver a hacer frente a una crisis como la que acababa de vivir Europa, con la llegada de un millón de refugiados al continente en 2015.

La cumbre celebrada este fin de semana en el complejo turístico egipcio de Sharm el Seij ha sido la consagración incómoda de esa nueva necesidad europea. La victoria del pragmatismo en la política exterior. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, lo intentó expresar de otra forma: “Con los vecinos hay dos formas de coexistencia: cooperación o conflicto. Nosotros escogemos la cooperación”.

Diferencia entre los bloques

Y para muchos eso significa que la UE se meta en la cama con las dictaduras árabes y de una forma u otra autorice y apoye su establecimiento. Al-Sisi ha hospedado esta cumbre mientras el Parlamento egipcio estudia aumentar sus ya extensos poderes como presidente del país. Para Al-Sisi no hay mejor carta de presentación que la aceptación por parte de sus socios europeos.

Al-Sisi tiene en marcha una política antiterrorista que ha acabado con la vida de 600 personas este año, quiso poner un mayor acento en la seguridad

No es la inmigración lo único que está haciendo que Europa se acerque a los autócratas árabes, aunque sí el punto de gravedad de esta nueva etapa. Estados Unidos cada vez juega un papel más secundario como agente estabilizador de la región, el auténtico polvorín mundial, y a la UE, muy cercana económica y geográficamente a la zona, lo último que le interesa es que alguien encienda una cerilla ahí dentro.

Y así se arman los dos principales ejes de la relación: migración y seguridad, con especial énfasis en el terrorismo. Al-Sisi, cuyo Gobierno tiene en marcha una política antiterrorista que ha acabado con la vida de 600 personas en el último año, quiso poner un mayor acento en la seguridad, y eso ha permitido ver ciertas diferencias entre el bloque europeo y la Liga Árabe.

Donald Tusk y Al-Sisi durante la rueda de prensa posterior a la cumbre. (Reuters)
Donald Tusk y Al-Sisi durante la rueda de prensa posterior a la cumbre. (Reuters)

Es el giro de la política exterior europea hacia unas posturas más pragmáticas aunque complejas: la UE debe encontrar un delicado equilibrio entre sus nuevas prioridades, que le hace tratar con regímenes autoritarios, y su defensa de los derechos humanos y las libertades civiles, que conforman el corazón del proyecto europeo.

Replanteamiento de prioridades

Para la UE esta difícil decisión es nueva. En el pasado podían anteponer los valores a las medidas pragmáticas, pero la ola nacional-populista que sacude Europa y la necesidad de los Gobiernos de ofrecer a sus ciudadanos medidas contra la inmigración y el fortalecimiento de la seguridad de las fronteras exteriores han llevado a un cambio total de escenario. El trauma que la política europea vive a raíz de la última crisis migratoria ha hecho que la UE se replantee el orden de la lista de prioridades.

El trauma que la política europea vive a raíz de la última crisis migratoria ha hecho que la UE se replantee el orden de la lista de prioridades

Si el acuerdo con Turquía marcó el camino hacia el futuro en algunos ámbitos, la relación en los últimos meses con Al-Sisi ha sido también definitoria. Tusk ha mantenido dos reuniones con el presidente egipcio, en Nueva York y en Cairo, subrayando la importancia de una nueva alianza que se confirma con la celebración de la cumbre.

Eso sí, los europeos han tomado precauciones. Nadie quería que Mohamed bin Salman, príncipe de Arabia Saudí, tuviera un rol destacado en la reunión después de ser acusado de orquestar el asesinato del periodista Jamal Kashoggi. Asimismo también han existido importantes diferencias durante toda la cumbre, especialmente en lo que se refiere a los conflictos de Yemen, Siria y el conflicto entre Israel y Palestina. La UE no permitió tampoco que la cumbre se convirtiera en una plataforma de ataque a Irán, como pretendían buena parte de los miembros de la Liga Árabe.

Sin embargo, y aunque la UE se ha visto en cierto modo empujada a esta relación con sus vecinos, eso no evitó choques en la sala de prensa, donde Tusk aseguró que nunca se rendiría en la lucha por la libertad al ser preguntado por la situación de los derechos humanos en Egipto. Al-Sisi respondió que el polaco no le daría “clases sobre humanidad”, algo que los periodistas locales aplaudieron, provocando que Tusk felicitara al presidente egipcio por el “entusiasmo” de los medios, algo “imposible” en Europa, en clara reproche por los límites a la libertad de prensa en el país africano.

El modelo español

España tiene su particular modelo para la migración, y desde hace tiempo Madrid viene intentando hacer escuchar su voz en el asunto migratorio: su gestión conjunta con Marruecos funciona tanto que el Gobierno español, que bajo ningún concepto quiere que esa asociación se rompa, quiere que la UE invierta más dinero en el país norteafricano a cambio de su ayuda en la gestión migratoria.

Y si hace falta, como hizo el Ejecutivo recientemente a través de Consuelo Rumí, secretaria de Estado de Migraciones, se niega que en Marruecos haya alguna vulneración de los derechos humanos.

Asimismo en la reunión de este fin de semana no se ha subrayado la situación de los derechos fundamentales en algunos de los 22 países de la Liga Árabe presentes en la cumbre. Lo más que se ha logrado ha sido mencionar que los conflictos deben resolverse por la vía política y cumpliendo con el derecho internacional.

No es que la UE no sea consciente de la situación. Pero Mark Rutte, primer ministro holandés, explicó recientemente por qué se tiene que coger de la mano a los líderes autocráticos árabes sin meterles el dedo en el ojo: “A veces tienes que bailar con quien sea que esté en la pista de baile”.

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