ENTREVISTA CON BEN RHODES

"Si Trump es reelegido, Europa tendrá que independizarse de EEUU"

El exasesor de Obama durante diez años publica un nuevo libro y advierte de que las próximas elecciones estadounidenses serán cruciales para el orden mundial

Foto: El ex asesor adjunto de seguridad nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes. (EFE)
El ex asesor adjunto de seguridad nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes. (EFE)

Ben Rhodes fue durante 10 años asesor de Barack Obama, primero como redactor de discursos y después como consejero adjunto de Seguridad Nacional. En su nuevo libro, 'El mundo tal y como es', recién editado por Debate, describe sus experiencias en el ala oeste y sus numerosos viajes con el expresidente. Escrito como reivindicación de un legado que se está perdiendo en las manos de Trump, Rhodes insiste en muchas de las ideas comunes entre los demócratas, y cree en la juventud y en la diversidad como fuerza motora de este tiempo.

PREGUNTA. Afirma que todo aquello contra lo que había luchado durante años, “como el Tea Party, Sarah Palin o la irrelevancia de los hechos”, les golpeó por sorpresa con el triunfo de Donald Trump. Se ha hablado mucho de las causas de aquella derrota, pero ¿cree que la Administración a la que perteneció hizo algo mal que pudiera ayudar a la elección de Trump? ¿Qué parte de responsabilidad fue suya?

RESPUESTA. La elección de Trump nos causó una sensación extraña, en parte porque Obama al final de su mandato era bastante popular en EEUU y la economía iba bien. Creo que a la gente de fuera de mi país le cuesta entenderlo porque en realidad no hubo un cambio en la opinión pública: Trump obtuvo menos votos que el candidato republicano en 2012, y el problema fue que Clinton fue mucho menos votada que Obama. Trump se las ingenió para que mucha gente rechazase a Clinton. En cuanto a la responsabilidad de nuestra administración, creo que nunca logramos transferir la aceptación que tenía Obama a un partido demócrata que estaba perdiendo pie, incluso con Obama ganando las elecciones. Y tampoco supimos transferir esa popularidad a nuevos líderes demócratas: Obama y Clinton eran tan dominantes en el partido que impidieron que surgieran nuevos líderes. De modo que, aunque me cueste entenderlo porque admiro mucho a Hillary Clinton, perdimos porque no teníamos una buena candidata.

P. De cara a las próximas presidenciales, el escenario ha cambiado mucho. Existen un buen número de candidatos demócratas que llegan con nuevo empuje.

R. En el Congreso hay un montón de demócratas que son muy distintos a todos los que habíamos conocido hasta ahora, son más jóvenes y más progresistas. Eso es parte del legado de Obama. Me encanta que haya gente joven como Ocasio-Cortez que esté desafiando al establishment. Y en cuanto a la campaña presidencial, hay caras nuevas como Kamala Harris, que tienen la capacidad de movilizar el voto joven y diverso como hizo Obama. Hay candidatos emocionantes.

P. Habla con frecuencia en su libro de la interferencia rusa en las elecciones estadounidenses. Pero me resulta extraña esa afirmación, porque todos los contenidos con los que en teoría influyeron en los comicios circularon por empresas estadounidenses como Facebook. Y esas empresas tenían capacidad para impedir su difusión. Quizá, más que en los rusos, habría que fijarse en esas firmas.

R. Describo en el libro cómo, hacia el final de la campaña de 2016, hablo con Obama de lo mucho que estábamos haciendo para dar respuesta a Rusia en temas como la defensa de los ataques de hackers, y de la ciberseguridad en general, y de lo poco que hacíamos respecto de plataformas como Facebook. Me respondió que el gobierno estadounidense no tiene potestad para intervenir y evitar ciertos contenidos en Facebook, porque Internet es abierto y los rusos pueden crear las noticias que les dé la gana. Facebook les hace el trabajo y los comparte, de modo que el problema es que Facebook necesita cambiar sus propias políticas. China controla estos contenidos, pero no es una democracia, nosotros sí, y no teníamos el control de lo que se podía compartir en Facebook.

Los cambios en la regulación han causado que el 40% de los estadounidenses viva en una realidad alternativa

Hay que entender que estas plataformas no son medios de comunicación tradicionales. Por ejemplo, Rusia no podría publicar historias en un periódico tradicional pero sí puede escribir historias que se distribuyen por la empresa de Zuckerberg. Y aproximadamente el 50% de los estadounidenses se informa a través de Facebook: a veces leen una historia creíble de un periódico y a veces una historia rusa. Creo que Facebook se va a tener que adaptar y va a tener que funcionar como una empresa de medios. Deben decirle al usuario si lo que está leyendo proviene de una fuente creíble o no. Esto es un reto, exige un cambio de políticas y creo que el gobierno va a exigir más control y más regulación. Siempre desde una cierta apertura, porque no queremos convertirnos en otra China.

P. En EEUU hubo controles que trataban de asegurar una esfera pública menos dada a las tergiversaciones, como la Fairness Doctrine, pero se abolieron. Tampoco debería ser tan difícil poner límites a estas nuevas formas de transmisión de la información.

R. Sí, y se puede ir más lejos en esa afirmación. Trump hubiese sido imposible hace 30 años. Los cambios en los medios de comunicación, la llegada de Fox News, de Breitbart y otros medios de derechas, ha permitido que el 40% de los estadounidenses vivan en una realidad alternativa y solo consuman aquello que valida su visión. Trump puede mentir, pero la realidad no les llega. Son los cambios legislativos que introdujo Reagan, que terminó con la Fairness Doctrine, los que abrieron la puerta a la creación de medios de derechas, a las radios y televisiones que solo emiten las informaciones que los votantes de la derecha quieren oír. Así es como aparece Trump: muchos votantes republicanos, en el final de la presidencia de Obama, seguían creyendo que el presidente no había nacido en EEUU. Esto es solo posible cuando se vive en un mundo en el que solo se consume la información que respalda las tesis preconcebidas.

En el partido republicano domina una mentalidad hostil a cualquier obligación que deban asumir los EEUU

P. El cambio en la política exterior estadounidense tras la salida de Obama ha afectado especialmente a la Unión Europea, que ha pasado de ser un socio preferencial a un enemigo comercial para el nuevo presidente.

R. El mayor cambio en la política de la última década es la transformación del partido republicano, que pasa de elegir a alguien como McCain a nominar a Trump. El partido está dominado por una mentalidad que es hostil a cualquier restricción a los EEUU o a cualquier obligación que deban asumir los EEUU: si existe un acuerdo de control armamentístico o se firma una alianza, es entendido como una carga y no como algo que al final va a funcionar en beneficio de los intereses estadounidenses. La visión de Trump es muy aislacionista. Y puede decirse que hay algo más siniestro que eso: Trump tiene una preferencia natural a entenderse con hombres fuertes, con autócratas, porque así es como gobernaría él si pudiera. De modo que esa hostilidad hacia instituciones como la OTAN o la UE, su negación a establecer acuerdos de control armamentísitico y su preferencia personal por autócratas, como los populistas de derechas (fue extraordinario ver al Secretario de estado tender la mano a Viktor Orbán, con Obama nunca habríamos hecho algo así), ha hecho que sea poco popular en Europa. Ha habido presidentes estadounidenses que hicieron cosas que no gustaron en Europa, como la guerra de Irak, pero nunca habíamos tenido, desde la Segunda Guerra Mundial, un presidente de EEUU que fuera esencialmente hostil al orden internacional en su conjunto.

P. En su libro menciona negativamente a Benjamin Netanyahu, de quien Obama afirma que “tratar con Bibi es como tratar con los republicanos”. ¿Trump y Netanyahu vienen a ser lo mismo?

R. Con Israel hemos tenido diferencias significativas. Hablo en el libro de esta relación complicada y de la colisión tremenda que supuso el acuerdo con Irán. Parte de las dificultades que hubo con este acuerdo fueron provocadas por la incomodidad de los congresistas demócratas con que Obama tuviera una postura de enfrentamiento con Netanyahu en este tema. Creo que lo que no entendieron es que Netanyahu está muy a la derecha, mucho más que cualquier otro gobierno israelí, e incluso más a la derecha que el anterior Gobierno de Netanyahu. Este realineamiento político provocó que el primer ministro israelí, a finales del mandato de Obama, actuase como un republicano y viniera al Congreso a pronunciar un discurso contra las políticas de nuestro presidente, algo que no había ocurrido nunca. Ahora vemos esa fusión entre Netanyahu y Trump, y el Likud y el partido republicano se parecen muchísimo. Esto va a crear retos significativos en el partido demócrata acerca de cómo responder, e implicará que los demócratas se tengan que sentir más cómodos a la hora de criticar la política del gobierno israelí.

Hicimos tres guerras en las que derrocamos el régimen existente y en esos tres casos las cosas fueron después a peor

P. La acción estadounidense en Oriente Medio en los últimos años, que aborda en su libro, tiene un balance bastante negativo, si se observa únicamente en términos de eficacia. Se intervino en Irak y Libia, Siria es un frente abierto, y nada parece haber ido a mejor, todo lo contrario.

R. En el libro describo mi propia evolución al respecto. Me oponía a la guerra de Irak pero también me consideraba alguien que podía respaldar ciertas intervenciones militares con un objetivo humanitario. Eso era Libia al principio. Yo apoyé la intervención porque era una manera de evitar que Gaddafi cometiera una masacre contra su pueblo; después apoyé la intervención militar en Siria por las mismas razones. Pero finalmente tuve que enfrentarme a la realidad: habíamos ido a tres guerras, Afganistán, Irak y Libia, en las que habíamos derrocado el régimen existente y en esos tres casos las cosas fueron a peor. Es difícil encontrar un ejemplo en el que la reconstrucción de un país extranjero después de que hayamos depuesto a sus gobernantes haya funcionado. Podemos evitar ciertas cosas, como la invasión de Kuwait por Irak o las matanzas en los Balcanes, pero tenemos que reconocer que no necesariamente podemos eliminar gobiernos y luego construir algo nuevo en su lugar así como así. La política exterior estadounidense ha tardado demasiado en aprender estas lecciones. Incluso a Obama se le acusó de sobreaprender la lección sobre Irak… Y ¿por qué no íbamos a aprender la lección de que puedes tener 150. 000 efectivos en un país y aún así no arreglar la situación y seguir sin poder evitar que se maten entre ellos? Si hubiéramos intervenido en Siria y hubiésemos depuesto a Assad, tendríamos allí la misma guerra civil.

Si el proyecto de Bannon tiene éxito, la Unión Europea quedaría significamente debilitada

P. Estamos ante una recomposición del mapa geopolítico mundial. La guerra comercial entre EEUU y China ha estallado y augura mayores tensiones, Rusia amplía su capacidad de influencia y la Unión Europea está perdiendo presencia y poder. ¿Qué nos espera los próximos años?

R. Es normal que haya un giro en la política a nivel global, porque la capacidad de dominar de EEUU en cuestiones de política exterior, como ocurrió después de la Guerra fría, era claramente temporal. Obama quería responder a este cambio, que se inició con la guerra de Irak y se hizo más profundo con la crisis económica, a través de los tratados comerciales y de nuevas formas de acuerdo internacional. Trump se ha retirado de esos acuerdos y trata de enfrentarse a China. Si se reelige a Trump, vamos ver un gran realineamiento, Europa va a tener que independizarse de EEUU y volveremos a una política global en la que las grandes potencias competirán entre ellas; y esa forma de competición constante sin acuerdos internacionales casi siempre acaba en un conflicto.

Pero si no se reelige a Trump, EEUU regresará a políticas que nos acercarán a la UE, porque tenemos a una China emergente y a una Rusia que está defendiendo su terreno y ganando presencia, por lo que todavía es más importante que EEUU y la UE actúen en bloque y unidas. Lo que ocurra en las elecciones estadounidenses tendrá un impacto tremendo en el futuro de Europa, del mismo modo que la política europea tendrá un gran impacto si las tendencias nacionalistas y rupturistas prevalecen.

P. Ese es el plan de Bannon.

R. Si el proyecto de Bannon tiene éxito debilitaría de manera significativa a Europa. Si los diferentes países que la componen no actúan en conjunto, como un bloque comercial, EU va a ser mucho más débil y va ser más difícil que mantenga su posición frente a China y Rusia.

Europa

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