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Voto en Westminster + referéndum: la fórmula para superar el 'impasse' del Brexit

La idea de dos laboristas, con el apoyo de varios conservadores pro UE, busca desbloquear la crisis institucional al presentar una propuesta que apela a todos los sectores

Foto: Banderas y carteles anti-Brexit durante una manifestación frente al Parlamento británico, el 7 de febrero de 2019. (Reuters)
Banderas y carteles anti-Brexit durante una manifestación frente al Parlamento británico, el 7 de febrero de 2019. (Reuters)

El punto muerto en el que se encuentra el Brexit en Westminster está agudizando el ingenio de sus señorías. A menos de dos meses para que el Reino Unido salga de la UE, no hay atisbo de que los parlamentarios acerquen posturas sobre la mejor manera de abandonar el club. Sin pacto, el proceso está destinado a terminar en un divorcio caótico. Aunque la crisis podría solventarse si los diputados aprueban el Acuerdo de Retirada que Theresa May ha cerrado con Bruselas. Eso sí, a cambio de que la premier se comprometa luego a someterlo a escrutinio de la ciudadanía con un nuevo referéndum. En esta ocasión, el orden de los factores sí altera el producto. Se trata de la primera vez que se plantea el plebiscito para después de la votación clave en la Cámara de los Comunes y no como alternativa a ésta.

La propuesta viene de la mano de los laboristas Peter Kyle y Phil Wilson, pero cuenta con el apoyo de influyentes conservadores pro UE, entre ellos, Sarah Wollaston, Dominic Grieve y Anna Soubry. Según The Observer, está siendo considerado también seriamente por “figuras de alto nivel del propio Ejecutivo” como una opción para desbloquear la peor crisis institucional de la historia del Reino Unido.

En caso de que los diputados dieran su visto bueno al Acuerdo de Retirada -escenario que a día de hoy no parece muy factible-, Westminster tendría que aprobar además diferentes normativas antes del 29 de marzo para legitimar la salida del bloque y transformar el actual marco comunitario en legislación británica. Y en este último paso es donde los laboristas proponen ahora una enmienda a la conocida como “Ley de salida” para que, antes de abandonar definitivamente el club, los ciudadanos puedan decidir si están de acuerdo con las condiciones de divorcio o prefieren quedarse como miembros de la UE.

Sus creadores aseguran que el plan cuenta con tres “ventajas” importante. “Primero, sería una manera de reconciliar al país, cualquiera que sea el resultado, porque se habría pronunciado tanto el Parlamento como los ciudadanos. Segundo, ofrecería un final definitivo al debate sobre Brexit. Tercero, rompería la parálisis en la que se encuentra Westminster”, matiza Kyle.

Theresa May habla a la prensa en la sede del Consejo Europeo en Bruselas, el 7 de febrero de 2019. (Reuters)
Theresa May habla a la prensa en la sede del Consejo Europeo en Bruselas, el 7 de febrero de 2019. (Reuters)

Atractivo para todos

El laborista asegura que el atractivo de su propuesta atrae tanto a diputados euroescépticos como pro UE. “Para los primeros, si el Acuerdo de Retirada es respaldado también por el electorado, el apoyo al Brexit quedaría completamente zanjado”, matiza. “Mientras que para los diputados europeístas se abre una nueva oportunidad de permanecer en el bloque”, añade.

En cualquier caso, May tendría que aceptar la propuesta y, hasta ahora, la premier ha demostrado ser una mujer que no se mueve demasiado de sus líneas rojas. Después de que el mes pasado cosechara la peor derrota de la historia del país al presentar por primera vez el Acuerdo de Retirada a sus señorías, la líder tory había prometido presentar una alternativa para el 14 de febrero.

Pero ahora todo apunta a que la nueva votación se retrasará para finales de mes o incluso principios de marzo, ya que May, según la BBC, pedirá más tiempo a sus señorías para poder negociar con Bruselas algún cambio en el 'backstop' irlandés, principal escollo por el que el pacto no fue ratificado en los Comunes. Se trata de la salvaguarda que se quiere implantar para que, en caso de que el Reino Unido y la UE no hayan cerrado un acuerdo comercial para finales de 2020, no exista frontera dura en Irlanda.

Tras el encuentro mantenido la semana pasada en Bruselas con los responsables de la Comisión y el Consejo Europeo, ambas partes han acordado volver a verse a finales de febrero. La UE no está dispuesta a reabrir negociaciones, pero podría redactar algún tipo de documento legalmente vinculante para asegurar a Westminster que el Reino Unido no va a quedarse atrapado 'sine die' a la normativa comunitaria.

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