tras la reunión entre juncker y may

Bruselas y Londres reactivan los encuentros para romper el bloqueo del Brexit

Los equipos negociadores europeo y británico vuelven a negociar cómo se puede modificar el documento no vinculante que establece las claves de la relación futura

Foto: May y Juncker se reúnen en Bruselas (EFE)
May y Juncker se reúnen en Bruselas (EFE)

Con las manos vacías y unos cuantos fuegos artificiales. Así vuelve Theresa May a Londres tras un día de reuniones en Bruselas. Le jefa conservadora no ha logrado obtener ninguna concesión importante por parte de la Unión Europea que ha rechazado tajantemente la reapertura del Acuerdo de Retirada. Eso sí, los equipos negociadores retomarán las conversaciones para buscar cambios casi cosméticos en el texto de la Declaración Política de Relaciones Futuras, un documento adjunto no vinculante.

La primera ministra británica ha llegado al Berlaymont, la sede de la Comisión Europea con cara de pocos amigos, después de que un comentario este miércoles de Donald Tusk, presidente del Consejo, desatara un fuerte enfado entre las bancadas euroescépticas al asegurar que los promotores del Brexit que no tenían un plan sobre cómo ejecutarlo tienen reservado “un lugar en el infierno”.

En lo que ha parecido un acto casi teatral dirigido precisamente a su público euroescéptico, May ha cambiado su cara algo más relajada con la que se ha encontrado con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, por un rostro mucho más serio para las fotografías de la prensa en la capital comunitaria estrechando la mano del jefe del Ejecutivo comunitario.

El encuentro con Juncker ha finalizado con un comunicado conjunto, en el que el lado británico ha colado una frase también dirigida a los euroescépticos británicos: la discusión ha sido “robusta pero constructiva”, un adjetivo que ha logrado captar la atención de buena parte de los focos.

En las partes oscuras de ese encuentro la épica desaparece: May ha llegado exigiendo cambios legalmente vinculantes en el Acuerdo de Retirada, en concreto en lo referido al 'backstop', el plan de emergencia que tiene como finalidad evitar una frontera dura en Irlanda y que es el centro de muchas de las críticas de los euroescépticos que rechazan el acuerdo. Y la primera ministra británica lo ha exigido porque así lo establecía la enmienda Brady aprobada por el Parlamento, pero sabiendo perfectamente cuál iba a ser la respuesta.

Desde hace semanas Bruselas lleva avisando que el texto no está abierto a renegociación, que está cerrado y que el backstop no puede ser ni sustituido ni modificado. Este miércoles Tusk volvía a subrayar que la UE no está haciendo ninguna nueva oferta al Reino Unido. Y Juncker ha vuelto a decirle a May que no hay nada que hablar sobre ello.

“Lo que he establecido es nuestra clara posición de que debemos garantizar cambios legalmente vinculantes al Acuerdo de Retirada para abordar las inquietudes que tiene el Parlamento sobre el backstop” ha explicado May ante los medios. “Esos cambios en el backstop, junto a otros trabajos que estamos haciendo en los derechos de los trabajadores y otros asuntos, nos darán una mayoría estable en el Parlamento”, ha señalado la primera ministra.

Esa “mayoría estable” es de la que se lleva hablando en Bruselas los últimos días. No solo vale con que el acuerdo se apruebe por los pelos, es necesaria una mayoría que garantice que también se puede completar sin especiales problemas el proceso legislativo posterior.

Sin embargo Bruselas no compra esta teoría y durante este jueves lo ha vuelto a señalar: es necesaria una mayoría estable pero no puede ser a costa del backstop. Por lo pronto May, que también ha visitado el Parlamento Europeo, le ha garantizado a Guy Verhofstadt, el eurodiputado que coordina la posición de la Eurocámara en el Brexit, que no pretende eliminar la salvaguarda para Irlanda.

Así, durante el encuentro, Juncker ha señalado a May que no hay opción de renegociar el Acuerdo (del que forma parte el backstop), y que lo único que puede ser modificado es la Declaración Política de Relaciones Futuras, un texto no vinculante adjunto al tratado de salida en el que se establecen las líneas maestras de la futura relación comercial.

May y Juncker antes de su encuentro este jueves (REUTERS)
May y Juncker antes de su encuentro este jueves (REUTERS)

Desde hace tiempo fuentes comunitarias vienen señalando que el único documento en el que se podría hacer algún cambio sería en esta Declaración Política, aunque hasta el día de hoy siempre habían señalado que para ello el Reino Unido debía cambiar sus líneas rojas, que son marcharse de la unión aduanera y del mercado único.

El comunicado conjunto acordado por Juncker y May señala que ambos líderes se volverán a reunir a finales de febrero, y que hasta entonces los equipos negociadores retornarán a la mesa para buscar cambios en la Declaración Política. “No va a ser fácil, pero fundamentalmente el presidente Juncker y yo hemos acordado que las conversaciones comenzarán para encontrar un camino, una manera de superar esta situación y abordar las preocupaciones que tiene el Parlamento”, ha señalado May ante los medios.

¿Y de qué tratarían esos cambios?

Este texto no forma parte del Acuerdo de Retirada y no tiene validez legal, es una declaración de intenciones para el futuro. Tampoco tiene un impacto directo sobre el backstop irlandés tan criticado por los euroescépticos.

May sabe que esto no es lo que buscan sus rebeldes, pero la UE no puede ir más lejos. Y aunque la Declaración Política no tenga una relación directa con la salvaguarda irlandesa, sí que existe de forma indirecta: el backstop solo se pondrá en marcha si cuando finalice el periodo transitorio no hay todavía un acuerdo comercial en marcha entre el Reino Unido y la UE lo suficientemente ambicioso como para evitar una frontera dura entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda.

Por eso a lo que se ha comprometido Bruselas es a “agregar redacción” a la Declaración para recoger en el texto una mayor “ambición y velocidad” a la hora de alcanzar un futuro acuerdo comercial, un compromiso que espera que sirva para calmar los temores de los euroescépticos, intentando reforzar la idea de que no hará falta utilizar el backstop.

La sensación en Bruselas es más o menos similar a la que había antes de que la jefa del Gobierno británico pusiera un pie este jueves en la capital comunitaria: el plan de May es tremendamente arriesgado y consiste en jugárselo todo a una carta, la de la presión, la de la responsabilidad en el último minuto. Y a la vez la primera ministra intenta descubrir si la UE podría llegar a dar pasos atrás en el backstop ante el miedo inminente de un no acuerdo, aunque por el momento no hay señales que lo indiquen. Lo que sí hay es molestia en los pasillos del Berlaymont con que la fase final de estas negociaciones se parezca más a una partida de mus que a las conversaciones más importantes de la historia de la Unión.

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