"solo me apoyarán con cambios vinculantes"

May en Belfast a la desesperada: viaje al agujero del Brexit

May inicia en Belfast un viaje de dos días en los que se reunirá con empresarios y líderes de Irlanda del Norte. El jueves viajará a Bruselas. No se prevén grandes avances

Foto: La primera ministra Theresa May durante su discurso ante empresarios en Belfast. (Reuters)
La primera ministra Theresa May durante su discurso ante empresarios en Belfast. (Reuters)

Theresa May ha reiterado su compromiso para que no exista una frontera dura en Irlanda, una vez el Reino Unido salga del bloque. En este sentido, ha insistido en que aún puede obtener el apoyo de la mayoría de la Cámara de los Comunes para ratificar un Acuerdo de Retirada que evite un divorcio caótico el próximo 29 de marzo.

El mensaje es más que conocido, pero el enclave elegido para ofrecer el discurso es tremendamente significativo en el proceso del Brexit. Se trata de Belfast, donde la 'premier' ha iniciado este martes un viaje de dos días en los que se reunirá con empresarios y líderes de las distintas formaciones políticas norirlandesas, entre ellos, Arlene Foster, del DUP, de cuyo apoyo depende su Gobierno en minoría.

La frontera entre el norte y sur de Irlanda siempre supuso el principal escollo en las negociaciones del Brexit. Y no sólo porque será la única terrestre entre el Reino Unido y la UE una vez tenga lugar la ruptura, sino también por las grandes implicaciones que los 500 kilómetros que dividen la isla juegan en el proceso de paz en el Ulster.

El pacto de salida que May cerró con Bruselas propone una salvaguarda para que, si no hay acuerdo comercial entre Londres y la UE al final del periodo de transición, todo el Reino Unido quede, temporalmente, dentro de unión aduanera, e Irlanda del Norte permanezca además alineada con el mercado común, solo para bienes.

Pero el documento -legalmente vinculante- fue rechazado el mes pasado por una abrumadora mayoría en Westminster. Los euroescépticos temen que este cortafuegos deje al país atado “sine díe” a la normativa comunitaria en contra de su voluntad, mientras que el DUP considera que se pone en riesgo la integridad territorial del país.

Solo puedo obtener el respaldo del Parlamento si se realizan cambios legalmente vinculantes en la salvaguarda”, ha señalado la líder 'tory', que en cualquier caso, no ha pedido eliminarla por completo tal y como quiere el núcleo duro de los euroescépticos de sus propias filas. Durante su discurso, la 'premier' se ha comprometido a respetar el Acuerdo del Viernes Santo de 1998 y, en este sentido, ha explicado que las personas que cruzan actualmente cada día la frontera varias veces “lo podrán seguir haciendo”. Ha prometido que seguirá existiendo “cooperación” entre el norte y sur de la isla y que los derechos de los católicos nacionalistas en la provincia británica seguirán respetándose como hasta ahora.

Por otra parte, ha garantizado la “integridad de Irlanda del Norte como parte del Reino Unido”, uno de los mayores demandas de la líder unionista norirlandesa Arlene Foster, para la que el 'backstop' es una medida “tóxica”.

Tras su paso por Belfast, May viajará el jueves a Bruselas para intentar renegociar el polémico "backstop". Aunque no se prevén grandes avances. El lunes, el comité parlamentario del Brexit -en su mayoría compuesto por diputados proUE- ya cruzó el Canal de la Mancha para entrevistarse, entre otros, con Martin Selmayr, el funcionario público más importante de la UE, ex jefe de personal de Jean Claude-Juncker.

La reunión reflejó a la perfección el estancamiento actual. Según los parlamentarios presentes, Selmayr sugirió que el Acuerdo de Retirada podría modificarse para proporcionar una garantía legalmente vinculante sobre la naturaleza “temporal” de la salvaguarda.

Sin embargo, cada vez que le preguntaban directamente si la UE estaba abierta a modificaciones, Selmayr contestaba con otra cuestión: ¿garantizaría esto el respaldo del pacto en Westminster? Era entonces cuando los representantes del comité británico callaban. En definitiva, diálogo de sordos. Bruselas no puede permitirse el lujo mover ficha si la otra parte no le ofrece garantías. Los Veintisiete podrían adjuntar algún tipo de documento al Acuerdo de Retirada. En definitiva, copiar el contenido de las cartas que Juncker y Donald Tusk se intercambiaron con May en enero, pero esta vez, con implicaciones legales.

Manifestantes a favor del Brexit protestan frente a un autobús en el que pueden leerse consignas contrarias a la salida del país de la Unión Europea. (EFE)
Manifestantes a favor del Brexit protestan frente a un autobús en el que pueden leerse consignas contrarias a la salida del país de la Unión Europea. (EFE)

En cualquier caso, por mucho que la UE se comprometa a que nadie quiere activar la salvaguarda y que sólo está destinada a ser una medida temporal, eso está aún muy lejos de las demandas que pide ahora May para que tenga un límite de tiempo o una cláusula de salida unilateral. Es más, está a cientos de kilómetros de las demandas de la línea dura de los "brexiteers" que quieren deshacerse completamente del "backstop".

Con todo, el factor tiempo es muy importante. Es más que posible que May aún no haya llegado a un entendimiento con la UE para el 13 de febrero, cuando se ha comprometido a comparecer en la Cámara de los Comunes. La presión ante un divorcio caótico comienza a hacer mella entre sus señorías. Todo podría cambiar si finalmente se solicita una ampliación de plazos. Aunque May sigue con su estrategia de jugar contra reloj.

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