los siguientes pasos

Palo y zanahoria: así abordará la UE la crisis venezolana a partir de ahora

Si hasta ahora la cuestión de Venezuela ha generado un nivel importante de estrés en Bruselas, lo que sigue no será mucho más fácil. Más allá de la necesidad de elecciones, apenas hay consenso

Foto: Banderas europeas en la sede de las instituciones en Bruselas (EFE)
Banderas europeas en la sede de las instituciones en Bruselas (EFE)

El ultimátum a Nicolás Maduro que habían establecido países como España, Francia, Alemania o Reino Unido ha terminado este lunes y muchas otras capitales europeas se han lanzado a reconocer también a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Suecia, Países Bajos, Letonia, Lituania, Dinamarca y República Checa se han unido ya a Madrid, París, Berlín y Londres en su posicionamiento a favor del líder opositor.

Si esta crisis venezolana ha generado un nivel de estrés importante en la UE, incapaz de tomar una postura común por los bloqueos de Italia y Grecia y las dudas de ministros de Exteriores de países como Austria, lo que está por venir no será mucho más fácil. Mientras el grupo de países que ya ha reconocido a Guaidó negocia una declaración conjunta dando ya por perdida una declaración común de la UE, el bloque comunitario se prepara también para abordar los siguientes pasos. El objetivo final es que haya elecciones en el menor plazo posible; el problema aparece cuando hay que decidir cómo llegar hasta ahí.

Hasta el lunes 21 de enero, cuando se celebró la última reunión de ministros en Bruselas, dos días antes de que el líder opositor se autoproclamara presidente interino de Venezuela, la discusión en la Unión Europea se había centrado en cómo abordar el asunto ante la falta de progresos en el país latinoamericano: unos países, como Alemania y Reino Unido, defendían la línea dura consistente en imponer sanciones adicionales a las ya adoptadas hace un año, mientras otros Estados miembros como España, Portugal o Grecia apostaban por continuar con el diálogo, creando un Grupo de Contacto para sentar en la mesa al régimen y la oposición.

El Gobierno español patrocinaba esta iniciativa, pero las diferencias eran tan grandes que no terminaba de salir hacia adelante. Berlín y Londres argumentaban que el régimen de Maduro no quería sentarse a la mesa a negociar y que la oposición estaba demasiado fragmentada como para tener una voz única.

Josep Borrell, ministro español de Exteriores, llega a la reunión ministerial en Bucarest. (EFE)
Josep Borrell, ministro español de Exteriores, llega a la reunión ministerial en Bucarest. (EFE)

En la reunión del 21 de enero Alemania propuso comenzar a hablar de más sanciones. ¿Cómo se podía ir más allá? España siguió empujando por el Grupo de Contacto y la situación se quedó en terreno de nadie: ni se estaba cerca de apostar por la vía diplomática ni se contemplaban todavía más sanciones. Dos días después pasó lo que algunos venían avisando por los pasillos de Bruselas que podía ocurrir: Guaidó se proclamó presidente y a la UE le pilló con el pie cambiado a pesar de acabar de tener una reunión sobre el tema.

El pasado jueves se celebró un nuevo encuentro de ministros de Exteriores, esta vez en Bucarest (Rumanía). Y allí se destaponó el bloqueo que se había reflejado en la última reunión: se dio un empujón al Grupo de Contacto, apostando por la vía diplomática, cuya primera reunión se celebrará este 7 de febrero en Montevideo.

En la mesa se sentarán un representante de la UE, ocho Estados miembros (Alemania, España, Francia, Italia, Portugal, Países Bajos, Reino Unido y Suecia) y países latinoamericanos como Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Uruguay. En los grupos se ha buscado que no esté ningún país excesivamente partidista, como se ha considerado a Cuba, por el lado chavista, o Estados Unidos, por el lado opositor.

Además la UE, que por el momento tiene en marcha un programa de 50 millones de euros en ayuda humanitaria a Venezuela y países de la región, considera la posibilidad de aumentar esa suma durante las próximas semanas en caso de que sea necesario.

Mientras que esa es la zanahoria, la UE también tiene preparado el palo por el que apostaban Alemania y otros países en la primera reunión del 21 de enero: continuar estudiando la posibilidad de aplicar nuevas sanciones. En la reunión de Bucarest se apostó por desbloquear ambas vías, aunque esta última está mucho menos desarrollada que la diplomática.

Federica Mogherini, alta representante de la UE para Exteriores, señaló que los ministros discutieron “su disposición a considerar nuevas sanciones sobre una base legal sólida”. Si Maduro no mueve ficha pronto, los socios europeos, además de mantener la vía del diálogo abierta, comenzarán a andar el camino de más sanciones.

“Quiero enfatizar esto muy claramente, no son sanciones en término generales contra el país, no queremos afectar a la población, sino dirigirlas a personas que tienen una responsabilidad especial, ya sea en la obstrucción de los procesos democráticos o por el uso de la violencia contra manifestantes”, aseguró Mogherini el pasado jueves. “Ya hemos implementado sanciones que se renovaron recientemente por unanimidad. Y los ministros podrían considerar otros elementos de las sanciones en los próximos días si no vemos avances positivos”, señaló la jefa de la diplomacia europea.

Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea. (EFE)
Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea. (EFE)

Presión sobre Italia y Grecia

Está previsto que a lo largo de las próximas horas y días otras capitales se pronuncien a favor del líder opositor. Mientras tanto la presión aumenta ahora sobre Roma y Atenas, cuyos Gobiernos han sido los que no han mostrado por el momento ningún síntoma de querer reconocer a Guaidó, algo que permitiría una postura europea común, aunque Josep Borrell, ministro de Exteriores español, ha descartado ya la posibilidad de alcanzar dicho acuerdo.

La coalición gobernante en Italia está a esta hora también dividida. Mientras la sección de la Lega del ministro del Interior Matteo Salvini se inclina por reconocer a Guaidó, los sectores de los antiestablishment del Movimento 5 Stelle liderados por el ministro de Trabajo Luigi di Maio mantienen el bloqueo. Sergio Mattarella, presidente de la república, ha pedido hoy una “línea compartida” con los socios de la Unión Europea, asegurando que “no puede haber vacilación”.

En Roma la situación está alcanzando un punto muy incómodo para el Gobierno, porque además de la presión inusual de Mattarella, el parlamento del país está listo para preparar una votación de una moción en la que la cámara tome una postura sobre el reconocimiento de Guaidó. Y en este caso el Ejecutivo está rodeado: los diputados de Silvio Berlusconi y Matteo Renzi, junto a grupos más pequeños, están criticando duramente la postura del Gobierno.

Grecia tampoco ha cambiado de posición por el momento, aunque ha tenido un perfil más bajo que Italia durante la crisis, señalando que no quieren que el país latinoamericano se convierta “en una nueva Libia”, pero destacando también que es importante mantener una postura europea común.

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