representante de polonia y 'doble' de carmena

La embajadora que se hizo 'pop': "En todos lados hay fachas de mierda y rojos de mierda"

La simpatía que despierta Marzenna Adamczyk contrasta con la imagen de Polonia, un país en el que algunos creen ver el laboratorio identitario de lo que está por venir en Europa

Foto: Manuela Carmena y Marzenna Adamczyk.
Manuela Carmena y Marzenna Adamczyk.

De entrada, hay pocas cosas menos ‘pop’ que un embajador de Polonia. Pero Marzenna Adamczyk ha logrado encarnar el oxímoron. Ella dice que ha sido todo involuntario, aunque existen pruebas sólidas que apuntan lo contrario: su peinado, sus expresiones coloquiales (llama “emilios” a los correos electrónicos y dice que los ingleses son “tíos muy guays”) y su manera de posar en la escalera de la embajada, un edificio trasplantado desde la Georgia colonial hasta un costado de la M-30. El lugar es una copia, marca blanca, de la mansión de ‘Lo que el viento se llevó’, un capricho de la segunda mujer del dictador dominicano Leónidas Trujillo. “Era una señora sin muchas lecturas, al parecer. Ahí tenía la piscina. A alguien se le ocurrió taparla. Es una pena, porque en verano hace calorcito”, dice Adamczyk .

La embajadora se disculpa: no puede atendernos en la sala donde se suele recibir a las visitas porque allí han instalado estos días un libro de condolencias por el asesinato a puñaladas del alcalde de Gdansk, Pawel Adamowicz. El suceso se ha interpretado desde Bruselas como la última expresión de la espiral de odio nacionalista y radicalismo que sacude Polonia. Un ataque preocupante. La simpatía que despierta Adamczyk con su estilo desenfadado contrasta con la imagen de un país en el que algunos creen ver el laboratorio identitario de lo que está por venir en el resto de Europa.

P. ¿Cómo se convierte la embajadora de Polonia en un personaje ‘pop’?

R. No sabes lo que ha sido esto. Me paso el día rechazando entrevistas, pero también ofertas serias de colaboración remunerada en televisiones de esas normales. Normales entre comillas. Quieren lanzar un programa y me ofrecen participar como colaboradora, como tertuliana, para hablar de temas políticos, sociales, culturales. No hay manera de explicarles que ese no es mi perfil, que yo he llegado por casualidad al mundo de los medios.

Foto: Jorge Álvaro Manzano.
Foto: Jorge Álvaro Manzano.

P. ¿Y cómo ha sido?

R. Nuestra intención inicial era llegar a los jóvenes. Pero con las actuaciones de los embajadores, que son generalmente cosas ‘seriotas’ a más no poder, no llegas a los jóvenes, y menos a los de hoy en día.

P. ¿Entonces?

R. Pues todo empezó con una cosa más inocente, o eso pensábamos nosotras. Grabamos una película para Telemadrid. Se trataba de enseñar la ciudad a través de sus embajadores. Grabamos por todo Madrid, varios días. Me fueron persiguiendo por la calle.

(El programa al que se refiere (‘Madrid, la ciudad de los 100 países’) utilizó a Adamczyk como reclamo para la promoción. No hay nadie en todo el cuerpo diplomático capaz de competir con su extravagancia despreocupada y su magnetismo. Antes de instalarse en Madrid, fue embajadora en La Habana y cónsul en Barcelona. Alterna la diplomacia con la enseñanza y Felipe VI le dijo que habla español mejor que muchos españoles. Según la prensa polaca, fue recomendada por partidos de todas las ideologías por su conocimiento del país y su expediente.)

P. ¿Cómo lleva el salto accidental a la fama?

R. La gente se me empezó a acercar por la calle a decirme que qué guay. Perdí el anonimato de la noche a la mañana. Luego vinieron los de 'La Resistencia', el programa de David Broncano. Me resistí mucho a ir, sobre todo por el horario. Es a las siete de la tarde y para mí es complicado, porque tengo la agenda como una heredera rica, todo cogido. Al final fui al programa, pero no habría sospechado nunca el impacto que tiene. Sobre todo en YouTube.

"Con las actuaciones de los embajadores, que son generalmente cosas ‘seriotas’ a más no poder, no llegas a los jóvenes, y menos a los de hoy en día"

P. Usted salió antes de tiempo al plató. Es su primer gag de muchos: una embajadora rompiendo el protocolo.

R. (Risas) Es que una cosa que hacen en el programa es mofarse del invitado antes de que el invitado entre al escenario. Y el público tan pancho, contento, un poco como en contra del invitado. Así que yo salí cuando oí, estando en la puerta, que se estaba mofando Broncano, diciendo que qué embajadora ni qué Polonia, ni qué coño, ni qué niño muerto. Estaba rodeada de personas y todos por el pinganillo diciendo “coño, coño, que la embajadora está entrando”. Ahí me di cuenta de dónde me había metido.

P. ¿Se arrepiente de haber aceptado la entrevista?

R. Empezaron a llover ‘emilios’ de todas partes, diciendo que soy una 'crack', que fenomenal. Y luego salió la entrevista en YouTube. Al día siguiente salgo a la calle y se me acercaron muchísimos jóvenes para hacerse una foto conmigo. En general es una cosa muy positiva, pero a principios de diciembre vino mi marido desde Varsovia y me dijo que o me compro un pasamontañas o nos quedamos en casa. Incluso estando de vacaciones en Polonia, en Navidad, me siguió pasando. Estaba hablando por teléfono por la calle y un grupo de españoles se me acercó. A los pocos días, otro grupo vino a decirme que les había resuelto las vacaciones porque me vieron en el programa.

P. Y en el ministerio, en Varsovia, ¿no se han enfadado? No es un comportamiento habitual para un diplomático.

R. En Polonia he salido también por todos lados. En todos los programas, en los matinales... Parece que en el ministerio están orgullosos. Yo en su lugar no lo hubiese estado tanto. Porque fue un riesgo enorme. Gracias a que controlo el idioma pude salir airosa, pero para cualquier embajador de los que hablan a medias español, esto era arriesgadísimo. El ridículo podría haber sido espantoso.

P. Mucha gente la conoce por los 'memes' con Manuela Carmena. Es usted seguramente la diplomática más viral de la historia de España.

R. Hablé con Carmena del tema y ella encantada y feliz de la vida. Es una cosa divertidísima, que no hace daño para nada. Luego hubo esa fiesta navideña en Matadero, tuvimos nuestro 'stand' y ella puso un tuit muy agradable. Le estoy muy agradecida. A nadie le amarga un dulce. Sobre mi fama, le voy a decir una cosa que no puede publicar (la cuenta, sin parar de reírse).

Foto: Jorge Álvaro Manzano.
Foto: Jorge Álvaro Manzano.

P. Ha despertado mucha simpatía en España, pero en general su Gobierno, sobre todo en Bruselas, tiene muy mala imagen. Se les tacha de ultraconservadores, de ultranacionalistas...

R. Es que es un Gobierno conservador, ni mucho ni poco, pero conservador. De todos modos, estos términos empiezan a tener unos bordes muy difusos, porque hace 20 años la izquierda tenía un programa social propio. La derecha era liberal, partidaria de un mercado libre que lo iba a solucionar todo. Pero ahora la derecha tiene un programa social prácticamente de izquierdas. No hay mucha diferencia entre dos bloques respecto a oferta social. Por eso ha desaparecido la izquierda polaca. ¡Tenemos el primer parlamento polaco que no tiene ni un solo diputado de izquierdas! Yo no me lo hubiera imaginado nunca, ni hace 10 años. Es verdad que para Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia… el rechazo de la izquierda está íntimamente ligado a la dictadura comunista. Pero aun así necesitan renovarse y ofrecer algo socialmente atractivo. No solo en Polonia.

P. Vladimir Putin dice eso de que quien no extrañe la URSS no tiene corazón, pero quien la quiera de vuelta no tiene cerebro.

R. En los años setenta tardíos yo aún oía en España a la gente decir que qué bien se vivía con la dictadura. Esos valores nostálgicos son perfectamente normales si te quedas al margen del cambio. Las cosas no son tan sencillas y el modelo occidental no se puede imponer a la Europa Central y Oriental sin más. Hay que entender sobre todo una cosa: en Polonia, el 20% de la población es urbana. La mayor parte de los polacos viven en pueblos que no son aldeas ni tampoco ciudades. Siempre repito que no se puede entender nada sin tener en cuenta esto. Nosotros, desde la II Guerra Mundial, no tuvimos una economía normal, sino un sistema comunista impuesto, decidido por las potencias en Yalta. Seis años de ocupación nazi, luego la ocupación soviética y luego la dictadura comunista… Con una economía totalmente absurda, inviable. En el año 53, Polonia y España tenían el mismo PIB. Luego, un país empezó a crecer y el otro empezó a menguar. Fue una ruina económica, inflación al 600%…

P. La transición fue traumática también.

R. Hubo que implementar unas reformas tremendas, una terapia de choque que hoy habría sido absolutamente imposible. La gente quería un cambio, pero el primer Gobierno democrático no tuvo en cuenta que también hacen falta cambios de mentalidad. El ejemplo perfecto es lo que ocurrió con las granjas estatales.

P. ¿Nos recuerda qué ocurrió con las granjas estatales?

R. El Gobierno democrático decidió cerrarlas ofreciendo a sus trabajadores terreno e instrumentos de labranza a cambio. Pero la mayoría no lo aceptaron, no querían responsabilidades. Ese es el problema eterno de la dictadura: te sustituye a la hora de pensar. Y es una cosa hipermegacómoda: no te tienes que preocupar por el colegio de los niños, por las vacaciones, por la Seguridad Social. Aparentemente, no estamos tan dispuestos a aceptar tanta libertad como tenemos. El cierre de las granjas dejó sin rumbo a dos millones de personas, que no es moco de pavo. Era un ejército de dos millones de parados en regiones donde no hay trabajo.

P. El paro hoy es estructural, ¿no?

R. Sí, el promedio de todo el país es menos del 5%.

Foto: Jorge Álvaro Manzano.
Foto: Jorge Álvaro Manzano.

P. Tres veces menos que el de España después de un ciclo expansivo…

R. Pues no es algo que me agrade muchísimo, porque limita el desarrollo económico y hay escasez de mano de obra. Además, tenemos muchos extranjeros, muchos, de verdad. Tenemos unos tres millones de ucranianos, muchos refugiados de la zona de Donbás. No nos olvidemos que a 700 km de la frontera hay una guerra en curso. Un millón son legales y el resto, ilegales, pero eso no le importa a nadie en Bruselas, al parecer. Tambien tenemos alrededor de un millón de bielorrusos y grupos muy importantes de chechenos, georgianos... Y vietnamitas, que son inmortales, como universalmente se sabe. Tenemos muchísimos hindúes, nos hemos puesto de moda allí. Hay colas de 25.000 personas en los consulados polacos de la India para conseguir el permiso de trabajo. Los que reparten comida en empresas como Uber Eats son hindúes… Así que ese paro tan reducido es buenísimo, porque se pueden defender los derechos del trabajador, pero por otra parte frena el desarrollo económico.

P. El nacionalismo y la xenofobia son dos de las acusaciones que con más insistencia les lanzan desde Bruselas.

R. Bueno, aquí hay también una explicación histórica. Durante muchísimo tiempo, Polonia no ha existido como Estado. Viviendo en tu tierra no podías cantar, rezar o sentir en polaco. Los procesos de rusificación de la sociedad fueron tremendos. Uno de mis abuelos sirvió en el ejército austrohúngaro y el otro, en el ejército ruso… Y luego la dictadura, que te decía que antes que polaco eras comunista. El orgullo nacional se quedaba en un discreto cuarto plano. Ante eso, se impone la defensa de las raíces. Esto se da sobre todo en las zonas rurales, que son muy distintas. De esto no se han dado cuenta todavía en Bruselas. Si fuera solo un fenómeno polaco, pues bueno, somos la oveja negra y ya está. Pero no lo es. Para nada. La Unión Europea no ha sabido transmitir un mensaje muy sencillo: soy español o polaco porque soy europeo; y soy europeo porque soy español o polaco.

P. ¿Está ocurriendo en toda Europa?

Lo que está pasando es que no hay debate sin crispación. En todos lados hay ya fachas de mierda y rojos de mierda. No es una cosa de España o de Polonia. No conozco un país en el que no haya crispación. Incluidos lugares tan progresistas y tolerantes como Suecia o Noruega, hay brotes de neonazismo. O en Polonia, un país tan castigado por el nazismo… A mí esto me asusta sobremanera.

P. ¿Una vuelta a los años treinta, como se ha puesto de moda decir?

R. No se va a repetir lo que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, eso no creo. ¿Quiénes son los que acogen esta ideología? Son los frustrados, los olvidados, los marginados, aquellos a los que no les han llegado los cambios. Es la gente que malvive sin perspectivas y que no ha estudiado lo suficiente para saber de lo que está hablando. Es una ideología sencilla: te han dejado de lado y le pegas un par de hostias al que tiene lo que tú quieres porque eres más fuerte. Estos son los entresijos mentales de esta gente. De este a oeste y de norte a sur. Las sociedades europeas han cometido el gravísimo error de dejar de lado a grupos enteros de personas. Esto repercute sobre lo que la gente vota y sobre lo que la gente siente.

"No conozco un país en el que no haya crispación. Incluidos lugares tan progresistas y tolerantes como Suecia o Noruega, hay brotes de neonazismo"

P. En Polonia, ¿esta transformación está muy avanzada? En 2011 había en el Parlamento un transexual, un gay y dos diputados de raza negra. Ya no queda ninguno.

R. Bueno, hoy ese gay está de alcalde en una ciudad y es bastante popular. Tiene mucho éxito en las bodas.

P. Pero el matrimonio gay no es legal, ¿no?

R. No, no se puede, porque habría que cambiar la Constitución y nadie se atreve a hacer un cambio en la Constitución, que es bastante nueva, de 1997.

P. ¿Y los otros tres diputados de los que hablábamos?

R. Bueno, es que es el reflejo de los votos de la gente. Eran de partidos de izquierdas y no les ha votado nadie. La izquierda ha cometido un suicidio colectivo. Tuvieron un papel muy importante durante la democracia, en la adhesión de Polonia en la OTAN, en la adhesión a la UE. Pero tenían que elegir entre renovarse o morir. Y eligieron lo segundo. No han sabido hablar de los problemas reales de la gente.

P. En Gdansk se acaba de cambiar el nombre de una calle dedicada a los polacos que lucharon en la Guerra Civil española. Están ustedes con su propia memoria histórica.

R. En todos los países es un problema. Para unos, Napoleón fue un asesino y para otros, el portador de los grandes valores. Pero hay que entender que en Polonia está prohibido el comunismo, igual que el fascismo. No puedes llevar una camiseta diciendo que Vladimir Lenin es tu ídolo, o la hoz y el martillo… Sería como ir con una esvástica por Alemania. Así que… Yo personalmente soy partidaria de dejar estas cosas en manos de los historiadores y no de los políticos.

Foto: Jorge Álvaro Manzano.
Foto: Jorge Álvaro Manzano.

P. Sé que como cualquier diplomático no puede hacer comentarios sobre política española, pero ¿qué le parece la ola feminista que se vive en España?

R. Si la mujer española considera que hay cosas que tienen que cambiar, yo como mujer lo voy a apoyar siempre. Pero es que las mujeres polacas venimos de una situación diferente. Llevamos dentro el gen de un feminismo ‘sui generis’. ¿Por qué? Porque el hombre polaco siempre ha estado en guerra, en conspiración, en los montes, preparando una sublevación, dejándose matar en una batalla, volviendo mutilado…Ya en el XIX, cuando la mujer era un florero, se aceptaba socialmente que, a falta de hombres, la mujer sacase adelante a la familia, la granja, la fábrica... Ese tipo de liderazgo femenino fue algo absolutamente natural. En la Segunda Guerra Mundial perdimos seis millones de habitantes y lógicamente muchos de ellos fueron hombres. Varsovia quedó arrasada en un 85% y la reconstruyeron mujeres. Verlas como albañil es hipercorriente. Y luego con el comunismo… la mujer al tractor. Todas a la calle. Se conquistó una posición que ya no se cuestiona.

P. ¿Pero es una sociedad igualitaria?

R. Hemos tenido tres primeras ministras en democracia, aunque es verdad que hay pocas ministras en general. Sigue habiendo una brecha, sobre todo salarial. Y sin embargo es el país de la UE con más mujeres empresarias. A veces por necesidad, porque se tienen que hacer autónomas. En cualquier caso, este feminismo polaco un poco raro sigue presente. Yo siempre he partido de la premisa de que a la mujer hay que dejarla elegir. Es tan buena la elección de no tener hijos como la de quedarse en casa y criar a cinco o seis. Sin excesos. Como dijo el otro día Carmen Maura, no hay que exagerar con el feminismo porque el hombre acabará tan disminuido que ligar será un milagro.

P. He leído que hay 100.000 polacos en España. Pasan muy desapercibidos.

R. Sí, sí, pero es que se han integrado perfectamente. De eso estoy hipermegaorgullosa. Me entrevisté en el Ministerio de Trabajo con un funcionario que me dijo que entre la colonia polaca hay menos paro que en la media española.

P. Se suele decir que somos dos sociedades muy parecidas, incluso en la población, rondando los 40 millones.

R. Y sobre todo tenemos un sentido del humor bastante parecido. Los ingleses que conozco son unos tíos guays, pero es otra cosa. Nosotros somos más jocosos, más campechanos, más inocentes, más abiertos, sin muchas intelectualidades, más espontáneos... vamos al grano.

P. Conoce España desde hace 40 años. ¿Cómo ve la evolución?

R. Lo visité por primera vez a mediados de los setenta. Recuerdo sobre todo la permisividad de lo sexual y lo erótico. El destape. Recuerdo un número de 'Interviú' con una señora no muy vestida, me quedé a cuadros, me hizo reír muchísimo. En general, adoro a los españoles, tenéis vuestro pronto, que me gusta, porque las personas sosas son aburridas. Sobre todo sabéis disfrutar de la vida, sin estar ligado con el estatus económico o social. Y siempre he creído en la sociedad española porque es muy fuerte. Yo creo que de esta también vais a salir.

(Con la colaboración de Miguel Á. Gayo Macías desde Varsovia)

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