Bruselas quiere acabar con esta regla

La semana en Venezuela que volvió a poner en aprietos la unanimidad de la UE

La UE es un club en el que 28 gobiernos distintos con sensibilidades, intereses e ideologías diferentes se sientan en una misma mesa a intentar ponerse de acuerdo

Foto: Los líderes europeos durante una cumbre en Bruselas. (Reuters)
Los líderes europeos durante una cumbre en Bruselas. (Reuters)

La UE es un club en el que 28 gobiernos distintos con sensibilidades, intereses e ideologías diferentes se sientan en una misma mesa a intentar ponerse de acuerdo. No siempre es fácil, algunas veces es imposible. Es un entramado tremendamente complejo que a la vez es único en el mundo. Pero esta semana esos procedimientos complejos y lentos han estado en el foco de atención.

El miércoles por la tarde Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional venezolana, se proclamó presidente interino de Venezuela. Su movimiento llegaba solo horas después de que todos los ministros de Exteriores de la UE se reunieran en Bruselas y discutieran, precisamente, sobre Venezuela.

La UE debía decidir entre seguir apostando por el diálogo o dar por muerta la vía diplomática

La cuestión que había encima de la mesa era si la UE debía seguir apostando por el diálogo y por una mesa de contacto en la que se sentara a dialogar a la oposición y al régimen de Nicolás Maduro, una propuesta apoyada por España, Portugal, Grecia y algunos países más, o si la UE debía dar por agotada la vía diplomática e intentar ir más allá con las sanciones, una postura defendida por Estados miembros como Alemania.

Toda la discusión en la agenda se borró con la decisión de Guaidó. Federica Mogherini, alta representante de la UE para Exteriores, tuvo que ponerse entonces a trabajar en una declaración: ¿cómo pensaba reaccionar el bloque comunitario?

Mientras en Bruselas se llamaba a las 28 capitales la mayoría de países latinoamericanos, Canadá y Estados Unidos ya habían reconocido a Guaidó como el legítimo presidente de Venezuela. La presión sobre Europa era grande, pero en la capital comunitaria todo sigue su ritmo.

Finalmente se acordó un texto ambiguo, en el que se pedían elecciones pero en el que no se reconocía a Guaidó. Patada hacia delante hasta el viernes: por la mañana se reúne el Comité de Política y Seguridad (COPS). España pide el reconocimiento del líder opositor, pero algunos países se oponen. Surge un compromiso sobre una idea: dar ocho días a Maduro para convocar elecciones y si no lo hace reconocer a Guaidó.

Los países que estaban reticentes se acaban uniendo a la propuesta de un ultimátum de algo más de una semana, originalmente francesa. Pero Italia lo bloquea todo: no quiere que en el comunicado se especifique el número de días que se le da a Maduro.

La semana en Venezuela que volvió a poner en aprietos la unanimidad de la UE

Y así se descafeinó la amenaza de la UE: sin un plazo concreto para su ultimátum, más allá de la necesidad de convocar elecciones "en los próximos días", y sin mencionar directamente a Guaidó [aquí el comunicado en PDF]. Aunque el texto se endureció significativamente desde el miércoles hasta la versión de este sábado finalmente el bloque no ha tomado una postura mucho más tajante por el bloqueo italiano.

La crisis ha llevado ya a España, Alemania, Reino Unido, Francia, Países Bajos y Portugal a desmarcarse del comunicado final ofreciendo una versión más dura: ocho días al régimen venezolano para anunciar elecciones libres. Estas capitales saben que eso no pasará, así que ya preparan el siguiente choque: lograr que la UE se ponga de acuerdo en reconocer a Guaidó una vez ya se ha hecho público el ultimátum.

Pedro Sánchez tras la rueda de prensa sobre Venezuela, en Madrid. (Reuters)
Pedro Sánchez tras la rueda de prensa sobre Venezuela, en Madrid. (Reuters)

Con la unanimidad hemos topado

Así, mientras el resto de socios europeos reconocían al líder opositor, la UE estaba en un tira y afloja, en el diseño de un comunicado en el que todos se pudieran sentir cómodos. Y en el último momento intentando contentar a un solo país que ponía pegas con la posición que compartían los demás.

La razón es la unanimidad. En política exterior la UE requiere unanimidad, de forma que todos los países puedan bloquear medidas o declaraciones que puedan ir en contra de sus intereses. La Unión es un club de Estados, y en asuntos especialmente sensibles los Tratados protegen los intereses de estos mediante la necesidad de la unanimidad. Aunque como veremos, siempre hay una excepción, un hueco en el muro normativo de la UE.

El problema es que en un mundo cada vez más inestable e interconectado la UE se encuentra cada vez más ante la imperiosa necesidad de actuar rápido chocando con la inamovible unanimidad. Y sin lugar a dudas la crisis venezolana refuerza los argumentos de los que desde hace meses están proponiendo acabar con esta regla.

La propuesta comenzó a coger fuerzas en septiembre, cuando recién iniciado el curso Alemania apostó públicamente por ir acabando con la unanimidad. En septiembre Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, pedía que se terminará también con esta norma.

El Tratado de Lisboa da a la Unión Europea flexibilidad para hacer que las decisiones de política exterior se tomen por mayoría cualificada en vez de por unanimidad. En la comunicación que en septiembre Bruselas envió a las capitales se les pedía "aprovechar las posibilidades que brindan los Tratados vigentes para incrementar el uso de la votación por mayoría cualificada, manteniendo al mismo tiempo una cultura de construcción de consenso dentro de la UE".

Jean-Claude Juncker durante una intervención en Estrasburgo. (Reuters)
Jean-Claude Juncker durante una intervención en Estrasburgo. (Reuters)

El objetivo para la Comisión Europea es que los líderes tomen la decisión de acabar con la unanimidad el próximo 9 de mayo en la cumbre extraordinaria que se celebrará en Sibiu (Rumanía). Sin embargo, la crisis de los últimos días exacerbará tanto la opinión de los que creen que debe eliminarse esta norma como de sus defensores.

Aunque en los Tratados se da espacio para acabar con la unanimidad también se establece una cláusula que permite a los Estados miembros bloquear una decisión que podría ser tomada por mayoría "por motivos vitales y explícitos de política nacional".

La crisis de Venezuela no es la única que ha dejado al aire los problemas de este sistema: la UE se ha visto en muchas veces limitada en sus críticas a China por la oposición griega. Un largo historial de bloqueos y frustraciones añade estos días un nuevo capítulo, aunque está por ver si será la gota que colme el vaso de la unanimidad.

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