Guaidó se proclama presidente de venezuela

¿Por qué la Unión Europea se piensa tanto su reacción ante Venezuela?

A la UE no le gusta Nicolás Maduro, pero tampoco se lanza directamente a reconocer al opositor. ¿Por qué? Una mezcla de diferentes visiones y un procedimiento lento

Foto: Federica Mogherini, alta representante de la UE para Exteriores. (EFE)
Federica Mogherini, alta representante de la UE para Exteriores. (EFE)

Este miércoles, Juan Guaidó, jefe del legislativo, se autoproclamó “presidente encargado” de Venezuela en una jornada envuelta en protestas. Automáticamente, los países americanos contrarios al régimen de Nicolás Maduro, como Argentina o Estados Unidos, se han lanzado a reconocer a Guaidó como el presidente legítimo. Pero desde la UE solo ha llegado un tenso silencio hasta más allá de las 11 de la noche.

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Tras horas de negociación, Federica Mogherini, alta representante de la UE para Exteriores, ha hecho público un comunicado ambiguo, en el que evita posicionarse de uno u otro lado: en él señala que la UE apoya un "proceso político que lleve a unas elecciones libres y creíbles" y "apoya a la Asamblea Nacional como la institución democráticamente elegida cuyos poderes deben ser respetados". "Los derechos civiles, libertad y seguridad de todos los miembros de la Asamblea, incluido su presidente, Juan Guaidó, tienen que ser respetados".

Por último, señala que "la Unión Europea y sus estados miembros están listos para apoyar la restauración de la democracia y el Estado de derecho en Venezuela a través de un proceso político creíble y pacífico en línea con la Constitución venezolana".

¿Por qué ha llegado tan tarde la reacción en la UE? Por dos razones. La primera, porque la UE tiene una política exterior común, lo que significa que mientras el presidente argentino o estadounidense solo tiene que comunicar la decisión, en el bloque comunitario Federica Mogherini tiene que llamar a 28 capitales distintas para ver cuál es la postura común, y normalmente cada país defiende posturas diferentes, lo que complica y ralentiza esta tarea.

Opositores se manifiestan en contra del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. (EFE)
Opositores se manifiestan en contra del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. (EFE)

Josep Borrell, ministro español de Asuntos Exteriores, ha escrito rápidamente en Twitter las razones de que la UE no se haya expresado ya a favor o en contra de Guaidó: “Debemos preservar la unidad de la acción de la Unión Europea ante la crisis institucional de Venezuela. Estamos trabajando para tomar una decisión juntos con la rapidez necesaria”.

La decisión de la UE se ha hecho esperar porque no es fácil coordinar la posición de todos los estados miembros, divididos entre los que siguen apostando por el diálogo, como España o Francia, y los que quieren ir más allá, como Alemania o el Reino Unido. La ambiguedad del comunicado final refleja la precaución con que la UE trata este asunto y las diferencias que existen entre los distintos estados miembros.

La segunda razón por la que tarda es porque la postura defendida por la UE ha consistido siempre en intentar mantenerse al margen del problema central, sin interferir directamente en los asuntos internos del país. Al menos, eso es lo que venía realizando hasta ahora.

El líder de la oposición venezolana Juan Guaidó se autoproclama presidente

La posición europea es muy comprometida. Sus socios más estrechos en la región han reconocido a Guaidó, como son Colombia y Argentina. El opositor ha sido también ya reconocido por la Organización de Estados Americanos (OEA).

Pero a la vez la UE quiere mantener el delicado equilibrio que hasta ahora había defendido con el objetivo de que la solución para Venezuela fuera un diálogo que acabara llevando hasta unas elecciones generales libres.

Los únicos en reaccionar abiertamente desde la UE a favor de Guaidó son Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, y Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo. "Espero que toda Europa se una en apoyo a las fuerzas democráticas de Venezuela. A diferencia de Maduro, la Asamblea Nacional, incluido Juan Guaidó, tiene un mandato democrático de los ciudadanos venezolanos", ha escrito en Twitter el polaco en un movimiento extraño, posicionándose desde la cuenta oficial como presidente del Consejo Europeo en un momento en que las 28 capitales negocian una postura común.

Tajani, por su parte, ha asegurado que sigue "con mucha atención los acontecimientos en Venezuela". "Contrariamente a Maduro, Guaidó sí tiene legitimidad democrática. Se deben respetar las manifestaciones y la libertad de expresión de un pueblo que está harto de pasar hambre y sufrir los abusos de Maduro", ha señalado el italiano. Ni él ni Tusk representan la política exterior de la Unión.

¿Cuál es la actitud de la UE hacia Venezuela?

A la Unión Europea no le gusta Nicolás Maduro, pero a muchas capitales tampoco les importa en exceso, salvo a un puñado de países. España es el que promovió hace un año las sanciones contra el régimen venezolano, pero la gran mayoría del resto de capitales presta poca atención a todo lo que ocurre en América Latina, una región que preocupa fundamentalmente a Madrid y Lisboa.

El resto de países están centrados en otras acciones exteriores, bien en sus antiguas colonias, bien en países vecinos al bloque comunitario, como son los del norte de África, clave para frenar la llegada de inmigración ilegal al continente europeo.

El ministro de Exteriores, Josep Borrell. (EFE)
El ministro de Exteriores, Josep Borrell. (EFE)

En cualquier caso, la UE tiene una prioridad en su acción exterior, no solo en Venezuela, también con otros países como Rusia: mantener la vía diplomática siempre abierta. Bruselas no quiere entrometerse en los asuntos internos del país caribeño y en la medida de lo posible siempre ha intentado mantenerse al margen, y de hecho la UE siempre ha descartado mediar.

De hecho, la propuesta con la que hasta ahora trabaja la UE, que cuenta con el apoyo de Francia, Italia, Portugal y España, consiste en fomentar la negociación entre oposición y Gobierno creando una mesa de diálogo en la que no entrarían aquellos países muy significados a favor de uno y otro lado, como son Estados Unidos y Cuba, sino incluyendo a estados de la región que representen todas las sensibilidades internas de Venezuela, más un pequeño grupo de países europeos entre los que se encontraría España. El problema es que la situación es muy volátil: la UE ve que Maduro no tiene ninguna intención de sentarse a la mesa y la oposición está tremendamente fracturada. Eso hace que algunas capitales crean que ese esfuerzo no tendría sentido.

“Si se dice que Europa se desentiende de la crisis venezolana, sería una decepción, porque allí hay un millón de europeos”, aseguró Borrell

La prioridad en Venezuela es evitar el conflicto, la guerra civil, de la que los ministros europeos hablan abiertamente. Pero algunos países se preguntaban si la UE podía ir más allá y esta semana se comenzaba a discutir qué más se podía hacer, si se podía llegar más lejos con las sanciones impuestas hace un año o si había que insistir en la posibilidad de la creación de esa mesa de diálogo. “Si se dice que Europa se desentiende de la crisis venezolana, sería una decepción, porque allí hay un millón de europeos”, aseguró Borrell.

La UE también quiere evitar alinearse abiertamente con quien vaya a perder este choque porque significará romper todos los puentes. Sabe que el rol del ejército será crucial, y que si al final Maduro sigue en pie, las consecuencias serán palpables, como ya ha hecho ver a Estados Unidos, cuyos diplomáticos tendrán 72 horas para abandonar el país.

Por lo pronto, los socios europeos han tratado de buscar en su declaración una difícil posición común, complicada especialmente porque la posición de los estados miembros ha divergido últimamente. Algunos países, entre los que está España, apostaban por seguir con la línea de diálogo, mientras otros, como Alemania, defendían ir más allá ante la falta de frutos de la estrategia marcada por la UE hasta el momento. Mientras tanto, otros países, como Polonia, apuestan por seguir la misma política que marque Estados Unidos para evitar dañar la alianza transatlántica, especialmente importante para Varsovia.

El resultado de esta difícil combinación es que la UE actúa de forma lenta y torpe en política exterior, teniendo que poner de acuerdo a muchas sensibilidades y diferentes intereses que a veces bloquean la efectividad del bloque comunitario en el ámbito internacional.

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