"las elecciones europeas más hackeables"

'La UE legaliza la pedofilia' y otras tácticas para manipular las europeas desde fuera

Compra de candidatos, hackeos, campañas de desinformación... Hay muchos modos en los que un poder extranjero puede influir en las elecciones al Parlamento Europeo, y la UE está preocupada

Foto: Manifestación de los chalecos amarillos en Angers, Francia, el 19 de enero de 2019. (Reuters)
Manifestación de los chalecos amarillos en Angers, Francia, el 19 de enero de 2019. (Reuters)

“Las elecciones europeas más hackeables”. Así titula la publicación Politico Europe uno de sus artículos estrella de esta semana, y lo cierto es que a la UE le preocupa que la presunta injerencia rusa en los comicios estadounidenses en 2016 -mediante hackeos, difusión de información falsa o comprometedora y el hábil uso de memes y mensajes en las redes sociales- pueda repetirse en la cita que los europeos tienen con las urnas el próximo 29 de mayo. Y no solo por parte de Rusia: también de otros actores como China, Irán y países con grandes intereses en el continente, como Israel o Azerbaiyán.

El pasado 1 de enero, al ser preguntado sobre una posible repetición de la interferencia rusa en este proceso, el primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, respondía con franqueza: “Sin duda yo estaría preocupado por la interferencia externa en las elecciones europeas, puede venir de muchas fuentes, no me centraría particularmente en una fuente concreta”, dijo. “Sabemos que ha habido interferencia electoral en bastantes elecciones y movimientos de protesta y demás. Esto es algo que preocupa bastante a los líderes de la UE, lo discutimos en Bruselas la semana pasada”, añadió.

“Las elecciones europeas suelen ser elecciones de baja participación, la gente a menudo las usa como una oportunidad para registrar una protesta y son muy vulnerables a la interferencia y los actores externos”, indicó Varadkar en aquella ocasión. “Tengan en cuenta que el Parlamento Europeo es una institución muy poderosa. Si tuviéramos un parlamento lleno de nacionalistas, populistas y extremistas podría llevar mucho del trabajo que hacemos en Europa a un cese, así que es un tema serio que necesitamos abordar”, sentenció.

El caso del ex miembro de Vox Alejo Vidal-Quadras, cuya candidatura a las elecciones europeas fue financiada por una controvertida organización opositora iraní llamado Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, demuestra la facilidad con la que un grupo de presión o potencia extranjera puede, eventualmente, llegar a comprar a un eurodiputado. En los últimos años, de hecho, algunos viajes de varios miembros del Parlamento Europeo a lugares como China o Azerbaiyán han despertado preocupación. Y partidos como el Frente Nacional han recibido préstamos de bancos rusos, igual que otras formaciones de extrema derecha en lugares como Grecia o Hungría.

Azerbaiyán ha invertido grandes cantidades de dinero en tratar de influir en políticos europeos para condicionar sus decisiones respecto a este país, desde la famosa “diplomacia del caviar” -la entrega de costosísimos regalos y financiación de viajes de lujo- hasta la compra directa de voluntades, como demostró en septiembre de 2017 la investigación conjunta del diario británico The Guardian y la OCCRP sobre la llamada “Lavadora Azerí”. El italiano Luca Volontè, el antiguo líder del Partido Popular Europeo en la asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, está siendo juzgado por la presunta recepción de más de dos millones de euros a cambio de votar en contra de un informe crítico sobre la situación de derechos humanos en Azerbaiyán. Y dos oscuras ONGs, la Sociedad por la Promoción de las Relaciones Germano-Azeríes de Berlín y la Academia Europea de Observación Electoral de Bruselas, de financiación desconocida, están en el punto de mira por sus invitaciones a europarlamentarios para viajar a Azerbaiyán con todos los gastos pagados.

Pero lo que más preocupa a Bruselas es, ante todo, la capacidad de influir en la decisión de los votantes desde fuera. Las recientes eleciones en Brasil, en las que muchos de los ciudadanos que apoyaron al ultraderechista Jair Bolsonaro lo hicieron convencidos de algunos hechos tremebundos que después se demostraron falsos, han subrayado el poder que tienen los bulos a la hora de movilizar al electorado. En los últimos meses, medios e instituciones estadounidenses han investigado el modo en el que la célebre Agencia de Investigación de Internet (la 'granja de trolls' de San Petersburgo) difundió durante la campaña de 2016 memes políticos dirigidos a diferentes sectores de la población estadounidense -afroamericanos, cristianos evangélicos, patriotas- con el objetivo de desmovilizar a potenciales votantes de Hillary Clinton y galvanizar a los posibles partidarios de Trump. La mayoría de estos contenidos todavía siguen circulando por las redes sociales.

Algunos de los memes rusos dirigidos a la población afroamericana de EEUU y recogidos por los investigadores
Algunos de los memes rusos dirigidos a la población afroamericana de EEUU y recogidos por los investigadores

La UE reacciona

Por este motivo, la Unión Europea aumentó a principios de diciembre de 2 a 5 millones los fondos para programas dedicados a combatir la propaganda rusa en el continente. “Hay importantes evidencias que señalan a Rusia como la primera fuente de desinformación en Europa. La desinformación es parte de la doctrina militar rusa y de su estrategia de dividir y debilitar a Occidente”, indicó entonces el vicepresidente de la Comisión Europea, Andrus Ansip. “Rusia gasta 1.100 millones de euros al año en medios pro-Kremlin”, comentó.

En 2015, el Servicio de Acción Exterior de la UE estableció el llamado Grupo de Trabajo de Comunicaciones Estratégicas del Este (East StratCom Task Force), encargado de analizar las principales narrativas falsas difundidas por el ecosistema de medios del Kremlin y, en la medida de lo posible, desmentirlas. Esta institución publica una newsletter semanal en inglés, la Disinformation Review, en la que señala los casos más candentes.

En estos años, la ESTF ha identificado cientos de narrativas falsas dirigidas a presentar una imagen distorsionada de la Unión Europea y dividir a los europeos, apelando a sus instintos, desde una supuesta falta de libertad de expresión a la legalización de la pedofilia, la connivencia con el terrorismo yihadista o todo tipo de teorías de la conspiración sobre la inmigración y los grandes poderes mundiales en la sombra. Por suerte, poco a poco la ciudadanía parece estar empezando a cobrar conciencia del problema: en una reciente encuesta del Eurobarómetro, el 73% de los participantes dijeron estar preocupados o muy preocupados por la desinformación.

Eso no significa que muchas de estas campañas de desinformación no sigan siendo tremendamente eficaces. En estos momentos, uno de los principales beneficiarios de esa propaganda está siendo el movimiento de los chalecos amarillos, a quienes los medios vinculados al Kremlin presentan bajo una luz absolutamente positiva, sin críticas ni matices. A modo de ejemplo, una noticia sobre este colectivo emitida en el informativo de RT en español la semana pasada apareció bajo el epígrafe “La voz del pueblo”, supuestamente frente al elitismo y el globalismo del presidente Emmanuel Macron.

Esto es aún más evidente en la versión francesa de RT. “Los chalecos amarillos parecen apreciar un medio como RT, no solamente porque la cadena toma partido visiblemente por el movimiento -representantes de los chalecos son invitados regularmente al plató-, sino porque han comprendido que los contenidos de RT se difunden principalmente vía Facebook, que es también su canal de comunicación privilegiado”, asegura Maxime Audinet, investigador del Centro Rusia/CEI del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), en una entrevista con L'Express. “Hay en este punto una convergencia de intereses, tan oportunistas como políticos, entre los dos actores”, indica este experto, quien indica que en este sentido, las críticas que hizo Emmanuel Macron contra la cadena RT -a la que calificó como un medio de propaganda delante de Vladimir Putin durante su visita a Francia- se están volviendo ahora en su contra.

Y es un fenómeno muy difícil de combatir, para el que no existen instrumentos legales adecuados. “El discurso de odio es ilegal, pero las noticias falsas entran en otra categoría. Mentir no es ilegal y no podemos trazar fácilmente la línea entre las falsas noticias que pueden causar daño a la sociedad y las falsas noticias inocentes”, afirma Vera Jourova, Comisaria de Justicia de la UE, en una entrevista con la publicación Wired. Ante esa dificultad, la UE ha creado su propia definición de desinformación: “Información verificablemente falsa o errónea creada, presentada y diseminada para obtener beneficio económico o engañar intencionadamente al público, y que podría causar daño público”. “No vamos a introducir la censura y no estamos luchando contra la opinión. Solo peleamos contra los datos y los supuestos 'hechos' falsos”, indica Jourova.

Marine Le Pen con Vladímir Putin en Moscú, el 24 de marzo de 2017. (Reuters)
Marine Le Pen con Vladímir Putin en Moscú, el 24 de marzo de 2017. (Reuters)

La carta de la ultraderecha

“Si tienes una baja participación, es mucho más fácil enfocarse en grupos electorales específicos favoreciendo a la extrema derecha y movilizándola con gran efecto”, indica Jakub Janda, director ejecutivo del think tank European Values, con base en Praga, que tiene una sección dedicada a monitorizar la injerencia rusa. En ese sentido, el apoyo a los chalecos amarillos por parte de Rusia es perfectamente lógico: al magnificar el fracaso de Macron, el personaje con más probabilidad de obtener réditos en futuras citas electorales es Marine Le Pen. Y Moscú lleva años favoreciendo la creación de un bloque de partidos con un sesgo prorruso en el seno de la UE, que puedan inclinar las decisiones del bloque a su favor, por ejemplo a la hora de votar la imposición de nuevas sanciones.

A esto hay que añadir el riesgo de hackeos, que ya han afectado seriamente a la clase política europea en los últimos años. En 2014, la web de la comisión electoral de Polonia fue puesta fuera de juego durante los comicios, lo que obligó a contar a mano algunos votos. Dos años después, la Unión Democristiana de Angela Merkel sufrió varios intentos fallidos de hackeo, y el Ministerio de Exteriores de Italia fue penetrado electrónicamente. En mayo de 2017, días antes de las elecciones francesas, el equipo de campaña de Macron fue hackeado, y los responsables trataron de repetir la jugada de las elecciones estadounidenses el año anterior con los servidores del Comité Nacional del Partido Demócrata, difundiendo en internet las comunicaciones internas del candidato. Esta vez, por suerte, la lección había sido aprendida, y ningún medio grande reprodujo el contenido de la filtración, que apenas tuvo repercusión.

La situación llegó a tal punto que en las elecciones de 2017, Holanda decidió contar los votos a mano para evitar posibles hackeos. Los expertos en ciberseguridad consideran a Rusia responsable de la mayoría de esas acciones, pero hay otros actores muy activos, como Irán, China o Corea del Norte. En 2018, hackers chinos lograron hacerse con decenas de miles de comunicaciones diplomáticas reservadas de la UE tras penetrar las comunicaciones del Ministro de Exteriores chipriota.

Pero el panorama, en conjunto, es alarmante. “Algunos estados miembros de la UE sobrevivirán al conducir todas sus elecciones usando metodos 'offline': contando las papeletas manualmente y votando con lápiz y papel, en lugar de emitiendo votos de forma digital. Pero aún así podrían ser víctimas de una incursión de desinformación en las redes sociales. Otros que cuentan o recogen votos digitalmente tendrán que mejorar sus defensas para detener ataques de denegación de sistema y manipulaciones digitales de los recuentos”, escribe Wired.

“Dada la naturaleza dispersa y la duración comparativamente larga de las elecciones al Parlamento Europeo, presentan un objetivo tentador para actores maliciosos. Y todo el mundo necesita hacerse responsable de ello: un sistema es tan seguro como su eslabón más débil”, dice el Comisario Europeo de Seguridad Julian King a la publicación Politico. En el mismo artículo, Fabrice Pothier, alto asesor de la Comisión Transatlántica sobre Integridad de las Elecciones, se muestra pesimista: “La Comisión Europea no puede hacer mucho de cara a las próximas elecciones europeas. Es demasiado tarde”.

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