TRAS EL ANUNCIO DE LONDRES

Silencio en la UE: May necesita negociar lo innegociable para Bruselas

La UE ha rechazado en numerosas ocasiones la renegociación del ‘backstop’ irlandés, justo lo que ayer sugirió May, acabando así con la esperanza de un cambio de rumbo

Foto: La primera ministra británica, Theresa May, en la puerta del número 10 de Downing Street, Londres. (EFE)
La primera ministra británica, Theresa May, en la puerta del número 10 de Downing Street, Londres. (EFE)

La derrota del acuerdo del Brexit por más de 230 votos de diferencia la semana pasada hacía pensar a algunos en Bruselas que podía convertirse en un punto de inflexión que hiciera que, por fin, Theresa May diera los pasos necesarios para lograr que el Parlamento británico aprobara su acuerdo suavizando la salida del Reino Unido de la UE. Había una hoja de ruta bastante bien definida para la mayoría de capitales europeas: la primera ministra debía pedir una prórroga de las negociaciones y solicitar que el país permanezca en la unión aduanera, una opción que cuenta con un buen apoyo en la Cámara de los Comunes.

Pero cualquier ilusión de que May siguiera ese camino ha desaparecido. Lejos de seguir la ruta que establecía la lógica de la aritmética parlamentaria y lo que algunos esperaban en la UE, la primera ministra ha decidido insistir en el día de la marmota anunciando que intentará justo lo que Bruselas no está dispuesta a hacer: renegociar el ‘backstop’ irlandés.

El ‘backstop’, también llamado plan de emergencia o seguro para Irlanda, es una de las principales piedras en el camino del acuerdo. Es una cláusula del pacto entre Bruselas y Londres que establece que, si al terminar el periodo transitorio no hay un acuerdo comercial, el Reino Unido permanecerá en una unión aduanera e Irlanda del Norte quedará en una alineación regulatoria con el mercado único para evitar así una frontera dura con la República de Irlanda.

La 'premier' intentará justo lo que Bruselas no está dispuesta a hacer: renegociar el ‘backstop’ irlandés

Londres siempre se ha mostrado en contra de esa cláusula, muy criticada por los diputados conservadores euroescépticos, pero no le quedó más remedio que aceptarlo cuando vio que la UE no cedería: Dublín exigía que hubiera una garantía de que no habría una frontera con el norte de la isla, y Bruselas siguió al pie de la letra los deseos del Gobierno irlandés.

El Reino Unido ha intentado ya en numerosas ocasiones acabar con el ‘backstop’. Theresa May ha pedido que tenga una limitación temporal o que el Gobierno británico pueda eliminarlo de forma unilateral para evitar así el escenario temido por los euroescépticos: que el país quede atrapado en la unión aduanera de forma indefinida.

La primera ministra británica, Theresa May (c-i), y el primer ministro griego, Alexis Tsipras (d), a su llegada a la reunión de líderes de la UE, el 13 de diciembre de 2018. (EFE)
La primera ministra británica, Theresa May (c-i), y el primer ministro griego, Alexis Tsipras (d), a su llegada a la reunión de líderes de la UE, el 13 de diciembre de 2018. (EFE)

Pero también en muchas ocasiones la UE ha mostrado que no está dispuesta a renegociar el ‘backstop’. La última vez fue en el Consejo Europeo de diciembre, en el que May se llevó unas palmadas en la espalda de consolación y poco más: la UE no podía poner una fecha límite a un plan de emergencia porque entonces dejaría de serlo, y tampoco podía dar a Londres el poder de revocarlo unilateralmente porque entonces también dejaba de ser un seguro.

Para la Unión Europea el plan irlandés debe tener una única norma: Dublín marca lo que es aceptable y lo que no. Ninguna capital tiene tanto poder sobre la negociación como la irlandesa.

Simon Coveney, ministro de Exteriores irlandés y el peso pesado del Brexit en Dublín, se reunió ayer en Bruselas durante 45 minutos con Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. Y tras ella dejó claro que la posición de su Gobierno no se había movido un solo milímetro: “Si se escucha lo que otros líderes europeos han estado diciendo, lo que los presidentes de las instituciones europeas han estado diciendo y lo que el negociador jefe ha estado diciendo, todos dicen lo mismo. Que no podemos reabrir el acuerdo del Brexit para una renegociación”, aseguró Coveney.

“La posición europea es la posición irlandesa y viceversa”, señaló el irlandés. “Hemos pasado 18 meses en una difícil negociación que ha resultado en el acuerdo y creo que se ha sido muy claro en que ese acuerdo no está abierto a renegociación”, sentenció Coveney antes de reunirse con sus homólogos europeos.

Silencio

Por el momento la UE considera que lo anunciado por Theresa May ayer en el Parlamento no merece una reacción inmediata. “Si tenemos algo que decir será en la rueda de prensa de mañana”, aseguraba una fuente comunitaria señalando que Bruselas tiene poco que aportar en estos momentos.

Theresa May ha hecho justo lo que la UE no está dispuesta a hacer, y lo máximo que ha logrado obtener ha sido una reprimenda de Michael Roth, ministro de Asuntos Europeos alemán, que ha pedido que “cesen los juegos de poder en Londres” y “saber ahora” qué es lo que pretende el Reino Unido.

Hasta el momento la Unión Europea había mostrado algo de flexibilidad con May, señalando la posibilidad de prorrogar las negociaciones sin problema si esto facilita lograr un compromiso con el Parlamento británico. Pero todo tiene un límite y una condición: Bruselas está dispuesta a retocar la declaración política, un documento adjunto al acuerdo del Brexit sin valor jurídico que sienta las bases de las relaciones futuras una vez el Reino Unido abandone el bloque, pero no está preparada para tocar el tratado, el texto legal, y todavía menos el ‘backstop’, que forma parte del mismo.

Londres podía tener esperanzas de lograr cambios de un mayor calado, quizás incluso la reapertura del acuerdo, pero había una condición a cambio. La señaló Michel Barnier en una intervención ante el Parlamento Europeo la semana pasada. Si Londres “decide cambiar sus líneas rojas y hace la decisión de que sean más ambiciosas para ir más allá de un simple acuerdo comercial, la UE estará inmediatamente lista para acompañar ese desarrollo y dar una respuesta favorable”, aseguró Barnier.

Esas “líneas rojas” de las que hablaba el francés son las condiciones que el Reino Unido se autoimpuso para salir de la UE: abandonaría también el mercado único y la unión aduanera. Eso se traduce en una salida mucho más abrupta y una relación más distante con el bloque comunitario, que en numerosas ocasiones puso encima de la mesa lo que ofreció Barnier la semana pasada: si las líneas rojas evolucionaban, también evolucionaría la oferta europea.

Pero May ha hecho caso omiso a la mano tendida del negociador jefe de la Comisión Europea y el camino que ha tomado le llevará a pedir la renegociación a Bruselas, que seguramente proceda como lo ha hecho cada vez que la primera ministra ha intentado cambiar un punto que para la UE es fundamental: sobre el 'backstop' ya está todo dicho, y sin él no hay acuerdo del Brexit.

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