lanza su anunciado debate nacional

Macron recobra fuerza pero los chalecos también: el pulso sigue en Francia

Tras registrar su mayor subida de popularidad desde noviembre de 2017, Macron lanza su debate nacional para responder a las protestas de lo chalecos, que no han perdido fuerza contestataria

Foto: Personas pasan frente a un mural del artista francés Pascal Boyart sobre los chalecos amarillos que versiona la obra de Eugene Delecroix La libertad guiando al pueblo. (EFE)
Personas pasan frente a un mural del artista francés Pascal Boyart sobre los "chalecos amarillos" que versiona la obra de Eugene Delecroix "La libertad guiando al pueblo". (EFE)

"Intento transformar con vosotros la cólera en soluciones". Emmanuel Macron ha lanzado su anunciado debate nacional. El presidente francés planteó este domingo a los franceses una lista de cuestiones sobre las que reformar el país, una medida para responder a las demandas de los chalecos amarillos, que este fin de semana demostraron que no han perdido su fuerza contestataria y volvieron a sacar a las calles a decenas de miles de personas.

La carta abierta de Macron -quien la semana pasada registró una subida de popularidad de cinco puntos, la mayor desde noviembre de 2017, para situarse en el 28%, según "Paris Match"- invita a los ciudadanos a que haya "la mayor participación posible" en ese debate, que "no será ni una elección ni un referéndum". No obstante, el presidente se compromete a dar cuenta de los resultados de esta macroconsulta, que se vertebra en torno a cuatro ejes: fiscalidad, organización del Estado, transición ecológica, y democracia y ciudadanía.

¿Hay que hacer el voto obligatorio?, ¿qué propone para mejorar la inmigración en nuestra nación?, ¿qué proposiciones concretas haría para acelerar nuestra transición medioambiental?, o ¿qué impuestos hace falta bajar como prioridad? son algunas de las preguntas que realiza el jefe de Estado. El objetivo, tras otro fin de semana de protestas que en lugares como en París acabaron en refriegas con la policía, es dar a los ciudadanos más protagonismo en la gobernanza de Francia.

Tras las protestas celebradas durante las Navidades, la cita de los chalecos de este sábado se planteaba como un termómetro de su capacidad de mantener la presión sobre Macron. Aunque las cifras de manifestantes están lejos de las primeras convocatorias, que se remontan al 27 de noviembre, ha quedado claro que existe un núcleo duro que no está dispuesto a abandonar la lucha.

Un total de 84.000 personas participaron este sábado en las diferentes convocatorias por toda Francia, frente a las 50.000 reconocidas por las autoridades la semana pasada. Y lo que es peor para Macron: el apoyo popular al movimiento sigue siendo muy amplio, por encima del 60%, según las encuestas, aunque se ha deshinchado.

El excampeón de boxeo francés Chistophe Dettinger (C- vestido con gorro negro) patea a un miembro del Cuerpo de Gendarmería durante una manifestación de los 'chalecos amarillos' en París. (EFE)
El excampeón de boxeo francés Chistophe Dettinger (C- vestido con gorro negro) patea a un miembro del Cuerpo de Gendarmería durante una manifestación de los 'chalecos amarillos' en París. (EFE)

Le Pen se apunta a los chalecos amarillos

Mientras Macron trata de responder a las revueltas, Marine Le Pen recurre al descontento popular expresado por los chalecos para lanzar la campaña de su Agrupación Nacional (AN) a las elecciones europeas. Unos comicios que suponen para la líder ultraderechista una "réplica a las presidenciales", en las que su derrota en segunda vuelta parecía haberla dejado fuera de combate.

"Ya llegamos". Con ese lema, la AN presentó a su jefe de filas para las europeas, el joven Jordan Bardella, y quiso escenificar la actual pujanza de los movimientos nacionalistas, que aspiran a hacer frente a quienes tachan de "europeístas". "En el contexto de la sana revuelta de los 'chalecos amarillos', las elecciones serán la ocasión de resolver la crisis política nacida de la ceguera, la intransigencia, el desprecio de clase, la expoliación fiscal y la desconexión humana de un presidente inquietante", dijo Le Pen, jaleada por el auditorio.

El ascenso de los nacionalismos y los populismos ha dado nuevos bríos a una Le Pen que en 2017, tras la dura derrota en las presidenciales, era contestada incluso dentro de sus propias filas. Según todas las encuestas, el malestar expresado por los chalecos parece beneficiar electoralmente a la Agrupación Nacional por encima del resto de fuerzas políticas.

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