Ahora todos contra Trump... ¿dónde estaban los republicanos moderados hace 20 años?
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Ahora todos contra Trump... ¿dónde estaban los republicanos moderados hace 20 años?

El problema no es que los republicanos deberían haber condenado a Trump en 2015. Es que deberían haber criticado las tácticas que conllevaron su ascenso hace mucho tiempo

placeholder Foto: El candidato Donald Trump durante un mitin de campaña en Orlando, Florida, el 5 de marzo de 2016 (Reuters).
El candidato Donald Trump durante un mitin de campaña en Orlando, Florida, el 5 de marzo de 2016 (Reuters).

Una de las razones principales del aumento del extremismo en el mundo islámico ha sido la cobardía de los musulmanes moderados, quienes durante décadas optaron por no condenar las malas ideas y la retórica amenazante. Por temor a ser vistos como personas con una ideología débil, evitaron enfrentarse al 'cáncer' a plena vista. Ahora, ha quedado claro que una dinámica similar ha estado en juego en el mundo del conservadurismo.

Se debería felicitar a Mitt Romney por realizar un discurso en el cual llamó a Donald Trump un farsante y un fraude. Pero, ¿dónde se encontraba en el año 2012 cuando Trump estaba emprendiendo su campaña sucia, y totalmente falsa, en la cual ponía en duda la ciudadanía estadounidense de Obama?

Romney estuvo en el mismo equipo que Trump en Las Vegas, como E.J. Dionne Jr. nos recuerda en su libro 'Why the Right Went Wrong (Por qué la derecha salió mal)'. “Hay algunas cosas que uno simplemente no puedes imaginar que sucederán en tu vida”, dijo Romney con entusiasmo. “Contar con su respaldo es un placer. Estoy tan honrado y complacido". Romney avivó el fuego más tarde ese año al bromear con que “nunca nadie me pidió ver mi certificado de nacimiento”.

Hay una explicación mucho más simple. Los republicanos han alimentado al país con ideas sobre de la decadencia y la traición. Han alentado a las fuerzas del anti-intelectualismo y el populismo. Han coqueteado con la intolerancia y el racismo

Siempre ha habido radicales en ambos lados del espectro político. Sin embargo, lo que resulta diferente en el movimiento conservador es que, desde 1990, algunos de sus miembros más distinguidos de su corriente han aceptado la retórica y las tácticas de los extremistas. Un memorándum publicado esa década por el comité de apoyo político de Newt Gingrich, alentaba a los candidatos republicanos a utilizar una retórica salvaje contra sus opositores democráticos. Algunas de las palabras recomendadas fueron: “fracaso”, “patético”, “deshonra” e “incompetente”. En el último mes, Trump ha catalogado a Mitt Romney como un “candidato fallido”, a Jeb Bush como “patético”, al senador Lindsey Graham como “una deshonra” y al presidente Obama como “totalmente incompetente”. Tal vez leyó el memorándum.

Es gratificante observar como la revista política 'National Review' se moviliza contra Trump y critica su “populismo de flotación libre” así como su desprecio por los detalles de su política pública. No obstante, ¿dónde se encontraban los editores de la revista cuando Sarah Palin expuso totalmente estas mismas fuerzas hace ocho años? La respuesta es: la animaban con fuerza. El editor de 'National Review' elogió a Palin por su “manera franca y combativa al hablar”. Y él estaba más cohibido que el editor de la revista 'The Weekly Standard', William Kristol, quien definió a Palin como su “ídolo”.

Palin no sabía casi nada acerca de la política nacional e internacional, pero casi celebraba esa ignorancia jugando con el anti-intelectualismo y anti-elitismo de ciertas facciones de la base conservadora. En vez de señalar que el conocimiento y la experiencia en realidad son aspectos para admirar y adquirir, y no burlarse, los intelectuales conservadores rebosaban admiración. Robert Kagan, un escritor distinguido y columnista en 'The Washington Post', declaró: “No comparto esa visión de la elite de la política exterior de que solamente esta clase ungida sabe todo acerca del mundo. No creo que puedan juzgar mejor la experiencia de la política exterior de EEUU que aquellos que tienen la experiencia de Palin”.

placeholder Simpatizantes de la gobernadora Sarah Palin forman colas en un mitin organizado por el Tea Party en Indianola, Iowa (Reuters).
Simpatizantes de la gobernadora Sarah Palin forman colas en un mitin organizado por el Tea Party en Indianola, Iowa (Reuters).

Es valiente el gesto de docenas de líderes republicanos expertos en política exterior que han firmado una carta abierta en la cual condenan a Trump públicamente y se niegan a apoyar su candidatura. Sin embargo, en la última década, recuerdo alguna de las conversaciones que mantuve con varios de estos individuos en las que se negaban a aceptar que había un problema dentro del Partido Republicano, y atribuían dicha crítica a los prejuicios mediáticos.

Todavía vemos esta negación, con la reclamación tremendamente extraña que realizan algunos en los medios de comunicación de que el ascenso de Trump en realidad es culpa completamente de... Obama. La lógica es variada. Para algunos, se debe a que ha sido tan débil. La página editorial del 'Wall Street Journal' opina: “La perogrullada más antigua en la política es que los demagogos prosperan en la ausencia de liderazgo” (confieso que nunca he escuchado nada sobre esa “perogrullada” y me pregunto cómo explicaría eso el ascenso del padre Coughlin y de Huey Long durante el reino de Franklin Roosvelt, o de Joseph McCarthy bajo Dwight Eisenhower). Para otros, sin embargo, se debe a que Obama ha sido demasiado fuerte, al abusar al poder ejecutivo y elevarse a sí mismo al centro de la escena. Aparentemente, el tener a Oprah como compañera de escenario conlleva a un populismo autoritario.

Aquí hay una explicación mucho más simple para Donald Trump. Los republicanos han alimentado al país con ideas acerca de la decadencia y traición. Han alentado a las fuerzas del anti-intelectualismo, obstruccionismo y populismo. Han coqueteado con la intolerancia y el racismo. Trump solo optó por aceptar todo desvergonzadamente, diciendo claramente lo que llevaban insinuando durante años. Al hacerlo, ganó la lotería.

El problema no es que los líderes republicanos deberían haber comenzado a condenar a Trump el año pasado, sino que deberían haber condenado las ideas y tácticas que conllevaron su ascenso cuando comenzaron a florecer en el último siglo.

La dirección electrónica de Fareed Zakaria es comments@fareedzakaria.com.

© 2016, The Washington Post Writers Group

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