EEUU da por terminada la Operación Furia Épica (pero la guerra sigue ahí)
Marco Rubio ha anunciado el fin de la operación militar y Trump ha suspendido su escolta a los barcos bloqueados en Ormuz. Pero faltan más garantías para dar esta guerra por terminada
El presidente de EEUU, Donald Trump, en un evento en la Casa Blanca este 5 de mayo de 2026. (EFE/Annabelle Gordon)
Cuando despertó, la guerra seguía ahí. Donald Trump ha amenazado en muchas ocasiones durante las últimas semanas que si Irán no ponía fin a su programa nuclear y levantaba su bloqueo sobre el estrecho de Ormuz, reanudaría los ataques. Teherán no ha cumplido ninguna de esas condiciones pero, según Estados Unidos, la guerra ha acabado.
Así lo afirmó el secretario de Estado, Marco Rubio: "La Operación Furia Épica ha concluido. Logramos el objetivo de esa operación", aseguró en una conferencia de prensa.
El presidente estadounidense anunciaba después la suspensión del llamado"Project Freedom", la iniciativa estadounidense para escoltar a los buques atrapados en el estrecho de Ormuz, para poder ultimar un acuerdo con Irán. El bloqueo se mantendrá por ahora, pero Estados Unidos ha dado uno de los pasos más significativos para llegar a un acuerdo con Teherán y poner fin a la guerra.
En una publicación en redes sociales, Trump aclaró que la decisión se había tomado "a petición de Pakistán y otros países tras "el tremendo éxito militar que hemos tenido durante la campaña contra Irán y, además, el gran progreso logrado hacia un acuerdo completo y definitivo con representantes de Irán". Islamabad ha asegurado que se han reportado avances en las conversaciones, pero no ha dado detalles sobre el contenido de las negociaciones.
Los pasos que ha dado Estados Unidos evidencian la voluntad de dejar la guerra atrás. Sin embargo, hay pocos indicios de que esté realmente acabada.
Este lunes, las fuerzas de Teherán respondían al "Project Freedom" de Trump y pusieron el alto al fuego contra las cuerdas con varios ataques contra buques mercantes y embarcaciones estadounidenses que intentaban cruzar. Además, lanzó varios drones a Emiratos Árabes Unidos durante dos días consecutivos.
En unas declaraciones poco comunes en la narrativa de Washington, el presidente pareció quitar hierro a los ataques iraníes, y afirmó que no habían sido "muy intensos". Sobre el lanzamiento de drones en Emiratos, que provocaron un incendio en una terminal petrolera, aseguró que los misiles fueron derribados en su mayor parte. "No causó daños muy grandes", dijo.
Donald Trump ha estado debatiéndose entre dos impulsos: o retomar las hostilidades y acabar con el alto al fuego, o evitar una escalada. Según afirmaban varios funcionarios de la administraciónTrump a The Wall Street Journal, el magnate parecía decantarse ahora por evitar una nueva oleada de bombardeos sobre Irán y prefiere una solución negociada.
En unas declaraciones en la Casa Blanca después de las tensiones de este lunes, Trump dio a entender que quería mantener el status quo. "Lo llamo una miniguerra. Un pequeño desvío, y está funcionando de maravilla", dijo en referencia a los recientes ataques iraníes en el estrecho. Con el barril de Brent rozando los 120 dólares —el doble que a comienzos de año—, una ruptura total del tablero no aparece como una opción potable para el mandatario.
Horas después, dijo abiertamente que no tenía intención de reanudar las hostilidades, e instó el martes a Irán a "hacer lo correcto" y llegar a un acuerdo, afirmando, incluso cuando el alto el fuego en Oriente Medio pendía de un hilo, que no quería matar a más iraníes. "Deberían hacer lo correcto, porque no queremos entrar y matar gente. De verdad que no", dijo a los periodistas en el Despacho Oval cuando le preguntaron sobre Irán. "No quiero hacerlo, es demasiado difícil", dijo.
Sus últimas declaraciones evidenciaron la voluntad de poner un punto y final a la guerra que aseguró que no duraría más de cuatro semanas y que ya ha entrado en su tercer mes. "Creo que Trump está definitivamente cansado de la guerra con Irán. Está cansado del impacto en los mercados del petróleo y en la economía de EEUU, que están directamente relacionados con su propia popularidad y con las posibilidades del Partido Republicano en las próximas elecciones de mitad de mandato. También está cansado de la intransigencia iraní y de su negativa a aceptar lo que él considera la realidad de su derrota", explica John Callahan, profesor asociado de Relaciones Internacionales del New England College, a El Confidencial.
Los altos funcionarios de la administración han seguido la nueva estela política de Trump con respecto a la guerra, y algunos han querido poner el foco en que Estados Unidos sigue teniendo la mano en el gatillo. "Ningún adversario debería confundir nuestra actual moderación con una falta de determinación", añadió el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto.
Las palabras de Caine sugerían el temor de que Irán pueda tener una sensación de poder y animarse a tomar acciones más agresivas. Ya lo hicieron este lunes, con lo que podría considerarse la primera violación del alto al fuego desde que entró en vigor el pasado 8 de abril.
Teherán ha demostrado que está dispuesto a retomar la guerra y que puede incluso marcar el ritmo de esa hipotética escalada. A pesar de los riesgos, los nuevos líderes del país que reemplazaron al ayatolá Ali Jamenei después de su muerte en un ataque el primer día de las hostilidades militares parecen preparados para correr este riesgo.
Ahora, la pelota está en el lado iraní, que debe decidir hasta qué punto puede cruzar la línea sin que Donald Trump cambie de opinión y decida desatar otra vez la ofensiva. O si vuelve a sentarse en la mesa de negociaciones y coge la rama de olivo que parece haber tendido Donald Trump. "Sabemos muy bien que la continuación de la situación actual es insoportable para Estados Unidos, y ni siquiera hemos empezado todavía", advertía Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, a principios de esta semana.
Una nueva espiral de decisiones (y ningún acuerdo)
Las esperanzas para el fin de la guerra vuelven a estar puestas en una mesa de negociaciones que ha sido complicada desde el principio. El cese temporal de las hostilidades abrió una oportunidad para la diplomacia que pareció que podría dar frutos. Los iraníes y estadounidenses se sentaron en la mesa de negociaciones auspiciadas por Pakistán, pero se fueron con las manos vacías. El pasado viernes, Teherán presentó un nuevo plan que está siendo analizado por Washington. No se han dado más detalles sobre el estado de las negociaciones que ahora Trump quiere reactivar y en lasque Pakistán ha confirmado varios avances.
Este fin de semana, el presidente estadounidense se mostraba confiado y publicaba una imagen hecha con inteligencia artificial y una frase: "Tengo todas las cartas", se lee en el mensaje que acompaña a la foto. En su mano, seis comodines del famoso juego de cartas UNO.
Era el inicio de un nuevo ciclo que se repite desde el inicio del conflicto: Donald Trump plantea una acción —ya sea el asesinato de Ali Jamenei, las campañas de bombardeos o las amenazas contra el sector energético— con la expectativa de forzar un giro rápido en Teherán. A su alrededor, asesores y mandos militares que buscan contentar al presidente avalan que la presión funcionará y la operación se ejecuta, pero el efecto no es el deseado. Cuando llega la hora de negociar, Irán mantiene o incluso endurece su postura. Trump no entiende por qué la presión no está funcionando, se frustra y busca una nueva medida. Vuelta a empezar.
Esta fue la misma lógica que guió el bloqueo estadounidense en el estrecho. Pero pese a su impacto sobre la economía iraní, el equipo negociador de la Casa Blanca no ha logrado forzar ningún acuerdo.
La última medida ha sido un resultado intermedio entre volver a las hostilidades y quedarse de brazos cruzados."Project Freedom" buscaba mover ficha evitando un confrontamiento directo. La iniciativa, que empezó este lunes, se basaba en escoltar los barcos mercantes de países que no están implicados en el conflicto y que están atrapados en el estrecho de Ormuz por el bloqueo de Teherán. No se ha mantenido más de dos días.
Donald Trump lo ha descrito como una acción humanitaria y centrada en defender la libertad de navegación en aguas internacionales. Pero la reacción de Irán, una vez más, no fue la esperada. Al responder con ataques contra buques estadounidenses y embarcaciones comerciales, Teherán forzó una intervención directa del mando militar de Estados Unidos en el estrecho y amenazó con hacer saltar el alto al fuego por los aires.
Las fuerzas iraníes lanzaron un ataque contra Emiratos Árabes Unidos, que causó estragos en el centro petrolero de Fujairah, donde tres personas resultaron heridas. Además, lanzó otros cuatro misiles sobre el país, de los cuales tres fueron interceptados y otro cayó al mar. Este martes, las autoridades denunciaron un nuevo ataque de Irán.
En otra de las noticias de la fatídica jornada, Teherán habría llevado a cabo otra ofensiva, sin heridos, contra una embarcación con bandera deCorea del Sur. "La seguridad del estrecho de Ormuz está en nuestras manos y el paso seguro de los buques debe coordinarse con las Fuerzas Armadas de Irán. Advertimos que cualquier fuerza armada extranjera, especialmente el agresivo ejército estadounidense, será atacada si pretende acercarse e ingresar al estrecho de Ormuz", subrayó Teherán.
El ministro de Exteriores, Ismail Baghaei, aseguró que la estrategia de Trumpno será eficaz. "Los dirigentes estadounidenses deben entender que el lenguaje de la amenaza y la fuerza no funciona contra el pueblo iraní, y que repetir los errores del pasado solo los hundirá más en su propio pantano, tanto en la región como en la comunidad internacional", dijo.
Varios analistas y funcionarios han afirmado en los tres meses de guerra que la estrategia de Trump no parece adecuada. La convicción de que una de sus tácticas provocará la capitulación de Irán y la suspensión de su programa nuclear parece ser un fallo de interpretación del presidente, que no ha entendido la psicología ni la capacidad de adaptación de la República Islámica. Además, el Gobierno de Teherán está convencido de que tiene la sartén por el mango y de que puede aguantar la presión económica durante más tiempo que Trump puede afrontar el aumento de los precios de la energía.
La postura de Irán es ahora más dura que antes de la guerra pero, por primera vez, la postura de Trump parece haber cambiado. "En esencia, es un juego de espera. ¿Podrá el régimen iraní mantenerse, sosteniendo su retórica y los esfuerzos militares que pueda, hasta que la presión de sus aliados y de la población estadounidense (que está entrando en la temporada de vacaciones) se vuelva insoportable?", concluye Callaghan a este periódico.
Cuando despertó, la guerra seguía ahí. Donald Trump ha amenazado en muchas ocasiones durante las últimas semanas que si Irán no ponía fin a su programa nuclear y levantaba su bloqueo sobre el estrecho de Ormuz, reanudaría los ataques. Teherán no ha cumplido ninguna de esas condiciones pero, según Estados Unidos, la guerra ha acabado.