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Hay un hombre que tiene el peor trabajo en Chipre: el líder atrapado entre Erdogan y la UE
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¿Es que acaso es posible la unificación?

Hay un hombre que tiene el peor trabajo en Chipre: el líder atrapado entre Erdogan y la UE

Los turcochipriotas han lanzado al poder a un defensor de la solución federal al ‘problema de Chipre’. Ahora tiene un trabajo prácticamente imposible

Foto: Un casco azul de la misión de la ONU en Chipre mantiene la compostura tras la bandera de Naciones Unidas, desplegada en Nicosia. (Reuters/Yiannis Kourtoglou)
Un casco azul de la misión de la ONU en Chipre mantiene la compostura tras la bandera de Naciones Unidas, desplegada en Nicosia. (Reuters/Yiannis Kourtoglou)

"El momento es ahora, mientras esté Tufan Erhürman. Si en estos cinco años no conseguimos resolverlo, creo que será muy complicado hacerlo", Chrysanthos Zannettos, miembro del partido comunista chipriota (AKEL), mientras conduce su coche saliendo de Famagusta, una ciudad de la que es vicealcalde, a pesar de que ni vive ni nunca ha vivido en la ciudad. Habla del recientemente elegido líder de la República Turca del Norte de Chipre, una entidad solamente reconocida por Turquía, que para Nicosia no existe. La localidad por la que conduce fue capturada por el ejército turco en 1974 cuando invadió la isla como respuesta a un golpe de Estado en Nicosia orquestado con Atenas, y los grecochipriotas del lugar no volvieron a visitarla hasta la apertura de la frontera en 2004, aunque durante todo este tiempo los refugiados de la ciudad han seguido votando en sus propias municipales ‘fantasma’.

Dentro de Famagusta, el barrio de Varosha quedó directamente cerrado por el ejército turco en agosto de 1974, quedando paralizado en ese momento. La vegetación está conquistando la que durante un tiempo fue el punto caliente del turismo en Chipre, con edificios detenidos en el tiempo, que ahora se caen a pedazos. En 2020, las autoridades turcochipriotas abrieron la verja y permitieron que se visitaran algunas calles de la antigua Varosha, con sus altos hoteles destartalados, sus cafeterías y restaurantes fantasmas. El drama se ha convertido en un parque temático, con bicicletas, patinetes, helados y selfies.

En un entorno de risas y alegría, Ioulia, que abandonó su casa con 20 años y nunca ha vuelto, señala la que fue su vivienda, una casa baja junto al esqueleto de unas de las cafeterías más famosas de Varosha. "La primera vez que volví (en 2020) estuve un mes muy mal", explica. Aquí, la casa de su tío, allí, la vieja fábrica de su padre. Lo explica con dolor mientras unos metros más allá se ha levantado un chiringuito en la playa de aguas cristalinas. Los turistas disfrutan de música veraniega y de sol con vistas a la playa curva de Varosha, a la que se asoman los edificios abandonados.

"Todavía guardo la llave", añade la grecochipriota, que habla un buen español. Antes de cruzar la valla y entrar en Varosha, ella y Chrysanthos hablan con los guardias turcochipriotas. La conversación es amable. Ioulia se apoya sobre el pecho de uno de ellos, que le echa el brazo por encima y sonríe. La familia del guardia era de Limassol, al sur, y fueron también expulsados. La imagen contrasta con la que describen otros grecochipriotas y turcochipriotas: odio, memoria y un perdón imposible. Sin abandonar el tono amable, la conversación termina como casi siempre terminan este tipo de charlas entre chipriotas que todavía se hablan: con expresión de voluntad de vivir juntos, pero sin estar de acuerdo sobre por qué no lo hacen. "Dice que los grecochipriotas siempre decimos que no", señala Chrysanthos, explicando la conversación poco después. Y él sabe que, aunque simplificado, llevan algo de razón.

placeholder Una sede del Banco de Chipre abandonado muestra los signos del saqueo que las calles del barrio de Varosha, en Famagusta. (EFE/Sergio Vaccaro)
Una sede del Banco de Chipre abandonado muestra los signos del saqueo que las calles del barrio de Varosha, en Famagusta. (EFE/Sergio Vaccaro)

Las negociaciones entre grecochipriotas y turcochipriotas han tenido dos sonoros fracasos. Primero, cuando el plan Annan que establecía una república federal bizonal y con dos comunidades, fue apoyado de manera masiva por los turcochipriotas y rechazado frontalmente por los grecochipriotas, solamente unos días antes del ingreso del país en la Unión Europea. Después, en Crans-Montana, cuando las conversaciones saltaron por los aires en 2017 a pesar del progreso significativo que se había hecho. Los puntos sensibles fueron los mismos en 2004 y en 2017: las garantías de seguridad, la presencia de Turquía en el norte de la isla, y la igualdad política entre ambas comunidades y en qué se traduce exactamente esa igualdad. En el segundo caso, el ala dura dentro del equipo grecochipriota tuvo un papel fundamental en el choque que llevó al colapso de las negociaciones. Y dentro de ese grupo se encontraba un tal Nikos Christodoulides, que poco después se vería catapultado a la presidencia de la república, en la que se encuentra actualmente.

El momento

Hace medio año los votantes de la República Turca del Norte de Chipre, un Estado que solamente reconoce Turquía desde que lo estableció en 1983, escogieron por una abrumadora mayoría a Tufan Erhürman como presidente. Obtuvo casi el 63% de los votos frente al presidente saliente, Ersin Tatar. Fue un resultado celebrado porque Erhürman, un turcochipriota que ha trabajado en las negociaciones con Nicosia en el pasado, rompía así la dinámica de enfrentamiento que había adoptado Tatar, que abandonó la idea de trabajar por una solución federal, apostando por una vía de dos Estados que el Gobierno chipriota rechaza por completo.

Erhürman tiene un trabajo casi imposible. Por un lado, sabe que no es bien visto por Ankara, que prefería a una figura como Tatar, absolutamente alineado y de la línea dura contra el diálogo. A la vez que el territorio que lidera depende por completo de Turquía, lo que le obliga a entenderse con el Gobierno turco. Y aunque desde fuera los términos puedan sonar parecidos, los turcochipriotas tienen claro una cosa: no son turcos. Por el otro, muchas fuentes consultadas ponen en duda el nivel de compromiso de Christodoulides por la experiencia de las negociaciones en Crans-Montana. De hecho, el intento del presidente chipriota por hacer que el país entre dentro de la zona Schengen de libre circulación es visto como un intento de poner la zancadilla a las conversaciones. Dar ese paso obligaría a sustituir los pasos laxos y fáciles de cruzar que se abrieron en 2004 por fronteras duras externas de la zona Schengen.

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El líder turcochipriota busca responder a lo que se considera un clamor del norte por acercarse hacia una solución, pero sabiendo que tiene pocas opciones. Quienes lo conocen señalan que es una persona realista, rápida, con olfato político e inteligente. Por eso Chrysanthos cree que el momento es ahora. Su partido, que está en la oposición a Christodoulides y ha defendido la solución federal históricamente, apuesta a que un cambio en la presidencia de la república cuando termine su actual mandato pueda abrir una pequeña ventana de oportunidad que haga coincidir a dos convencidos federalistas a los dos lados de la llamada línea verde.

Pero las perspectivas no son buenas. Los turcochipriotas tienen mucho que ganar en las negociaciones, y los grecochipriotas mucho que perder. Los incentivos que hay sobre la mesa no son los mejores para poner fin al llamado "problema chipriota". La ironía de la situación actual es que mientras que el país está dividido, el sur está en una situación estable, de prosperidad y seguridad política. Mientras la demografía va modificando poco a poco el norte, en el sur los refugiados que todavía guardan una memoria de su hogar en el norte, que tienen amigos turcochipriotas con los que siguen hablando y que consideran que la unión de Chipre merece correr riesgos, están, literalmente, muriéndose.

ELAM, un partido neonazi, con vinculaciones con el ilegalizado Amanecer Dorado en Grecia y que cuenta con una potente ala joven, obtuvo en las últimas elecciones un 6,8% de los votos. En los comicios legislativos previstos para finales de mayo, las encuestas apuntan a que se moverá entre el 15% y el 17% de los votos, potenciado en gran medida por el votante joven, que jugó también un papel central en el rechazo en el referéndum de 2004.

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Hubert Faustmann, profesor de la Universidad de Nicosia y director de la oficina del Friedrich-Ebert-Stiftung en Chipre, se muestra pesimista respecto a una posible solución, explicando que los años acumulados separados y la demografía no ayudan. Faustmann subraya que los grecochipriotas separan políticamente a los turcochipriotas de aquellos que son inmigrantes o segunda o tercera generación de colonos traídos desde Anatolia.

"El norte se vuelve más turco cada día, y si hay algo en lo que los grecochipriotas se ponen de acuerdo es en que Turquía es el mal, es peligrosa y les asusta", señala en una entrevista en la sede de la universidad, a pocos metros de la línea divisoria entre el norte y el sur. El profesor señala que a medida que la zona turca se va volviendo cada vez más turca desde el sur se ve un mayor riesgo de que haya un "caballo de Troya" turco en una Chipre unificada. Por eso, explica, cree que con el paso del tiempo "la reunificación es menos probable".

Para Erhürman la partida es enormemente compleja. No solamente los grecochipriotas juegan duro. A medida que se va generando el ambiente para unas nuevas negociaciones, el norte también tiene planteamientos exigentes. Uno de ellos es poner un calendario de negociaciones e intentar crear un marco en el que el fracaso de esas conversaciones se traduzca en que la entidad del norte salga del absoluto limbo legal en el que se encuentra. Incluso los favorables a una solución federal empiezan a no ver la luz al final del túnel y buscan alternativas.

Una isla compleja

Chrysanthos conduce por el centro de Famagusta, la ciudad de la que es vicealcalde. Al menos en ese mundo paralelo del sur. La historia de esta isla es tan compleja que en Famagusta alguien que vea la vieja iglesia gótica reconvertida en mezquita hace ya más de medio siglo, con su minarete acompañando a la portada à la Reims, puede llegar a pensar que los locales vivieron ese paso como algo chocante. Pero la iglesia latina era tan invasora como la mezquita. Dos turistas que se beben una enorme cerveza junto a un sicomoro plantado en el 1299 y bajo el elegante minarete otomano mientras el muecín llama a la oración. Abandona la ciudad para ir hacia la capital rodeando las viejas murallas venecianas.

Conduciendo de vuelta hacia Nicosia por la vieja carretera de Famagusta, Chrysanthos señala hacia la izquierda. En el margen del asfalto, dos bustos. En ese mismo punto, en 1965, se encontró el vehículo en el que los comunistas Dervis Ali Kavazoglou, turcochipriota, y Costas Misiaoulis, grecochipriota, viajaban hacia una reunión a favor de la amistad. Aparecieron acribillados, después de ser emboscados por milicianos turcochipriotas del TMT, que junto a los grecochipriotas de EOKA protagonizaron la violencia intracomunitaria de los años cincuenta, tanto durante el intento de independizarse del Reino Unido, del que la isla era una colonia, como tras la independencia, durante los sesenta y principios de los setenta. Esa violencia acabaría desembocando en la división de la isla. Los cadáveres de Kavazoglou y Misiaoulis aparecieron abrazados. En Chipre parece haber siempre un dolor especial reservado para los que buscan superar la división.

"El momento es ahora, mientras esté Tufan Erhürman. Si en estos cinco años no conseguimos resolverlo, creo que será muy complicado hacerlo", Chrysanthos Zannettos, miembro del partido comunista chipriota (AKEL), mientras conduce su coche saliendo de Famagusta, una ciudad de la que es vicealcalde, a pesar de que ni vive ni nunca ha vivido en la ciudad. Habla del recientemente elegido líder de la República Turca del Norte de Chipre, una entidad solamente reconocida por Turquía, que para Nicosia no existe. La localidad por la que conduce fue capturada por el ejército turco en 1974 cuando invadió la isla como respuesta a un golpe de Estado en Nicosia orquestado con Atenas, y los grecochipriotas del lugar no volvieron a visitarla hasta la apertura de la frontera en 2004, aunque durante todo este tiempo los refugiados de la ciudad han seguido votando en sus propias municipales ‘fantasma’.

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