La economía alemana estaba estancada, hasta que llegó la Defensa para rescatarla (y eso inquieta en Europa)
Varias empresas automovilísticas se han unido al sector de la Defensa para combatir la crisis económica, en un claro ejemplo del liderazgo alemán en este sector
Hace poco más de un año que en Alemania se celebraba un funeral simbólico. En Wolfsburgo, donde se encuentra la sede y museo de Volkswagen, la Autostadt, cientos de personas salían a las calles para protestar contra una ola de despidos que se avecinaba y el posible cierre de varias plantas de producción. La crisis de la compañía fue la máxima expresión de la profunda crisis de la industria automovilística y de la economía alemana. Ahora, están resucitando gracias a uno de los sectores más olvidados en el engranaje económico alemán: la Defensa.
En medio de la carrera por el rearme en Europa y la incertidumbre en torno a las garantías de seguridad de Estados Unidos, Alemania se está posicionando como la columna vertebral de la industria de Defensa de Europa. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha convertido este objetivo en una prioridad y se ha comprometido a convertir la Bundeswehr en "el mayor ejército convencional de Europa".
Las empresas automovilísticas están viviendo este cambio de mentalidad desde dentro y han decidido formar parte. La propia Volkswagen ha anunciado que está en conversaciones con empresas israelíes con el objetivo de comenzar a producir componentes para el sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro para 2027. A pesar de que un cambio de sector sería un proceso largo y costoso para las grandes compañías, varios informes apuntan a que el gigante automovilístico está dando más pasos en esta dirección y que podría reconvertir su fábrica de Osnabrück para producir vehículos para los sistemas de defensa antimisiles del fabricante de armas israelí Rafael.
Shaeffler, también del sector automovilístico, se está adentrando en la fabricación de equipamiento militar, como drones. Y otras como Deutz han transformado toda la compañía. El director ejecutivo de la compañía, Sebastian C. Schulte, fue el que cogió de la mano a todo el equipo para guiarlos hacia lo que consideraba el futuro más seguro para la empresa, enfocada antes en motores de combustión interna. Cuando la invasión rusa en Ucrania empezó a impactar en la economía alemana, Schulte empezó a trazar los paralelismos entre las dos industrias, y a pensar cómo unos fabricantes de coches podrían acabar pasándose al sector militar.
“Nuestra principal ventaja competitiva reside en la estabilidad de nuestras cadenas de suministro: lo que funciona para los motores y los equipos de minería funcionará para la industria de la Defensa”, dijo en una entrevista con The Wall Street Journal.
Schulte aclaró que mientras que las empresas tradicionales del sector suelen tener ciclos de desarrollo muy largos y tardan años en ampliar la producción, los fabricantes con experiencia en el mercado automovilístico son capaces de aumentar su producción rápidamente. La empresa adquirió startups dentro del mismo sector e invirtió en un negocio completamente nuevo en el que no tenía experiencia previa. El año pasado, Deutz registró un crecimiento del 15% en sus ingresos.
Los expertos en el sector han abrazado el cambio. Stefan Bratzel, director del Centro de Gestión Automotriz (CAM), un think tank especializado en la automoción y movilidad en Alemania, explicaba el año pasado a El Confidencial que el sector automovilístico alemán estaba inmerso en una “policrisis” por factores como la rápida transformación tecnológica de las compañías. En ese momento, la apuesta más obvia era fomentar las inversiones para conseguir acortar la distancia con países como China.
Muchas compañías han tomado este camino, pero otras han decidido buscar un nuevo enfoque basado no en reactivar la vieja economía, sino en reemplazarla por una nueva. “La industria y sus proveedores están explorando las oportunidades en este sector y están bien posicionados para beneficiarse de la creciente demanda de Defensa en Europa”, sostiene Bratzel en unas nuevas declaraciones enviadas a El Confidencial.
“Tienen experiencia tecnológica, en desarrollo de software y de sensores, aunque entrar en ese mercado requiere una inversión significativa y nuevos conocimientos normativos. Un reajuste estratégico es posible, pero no está garantizado”, advierte Bratzel.
El chaleco salvavidas para la economía
Pero si hay una empresa que representa ese cambio de paradigma de la Defensa en Alemania es Rheinmetall. El gigante continúa con un crecimiento imparable con su fabricación de artillería, tanques o municiones, y se ha convertido ya en una de las empresas europeas más importantes del sector.
Según POLITICO, de los 178 proyectos licitados recientemente, 160 se han adjudicado a contratistas alemanes, con un valor combinado de 182.000 millones de euros. Solo Rheinmetall (o sus filiales) se han hecho casi con la mitad de ellos, apuntan las mismas fuentes.
Este año, Rheinmetall consiguió superar incluso a Estados Unidos en la fabricación de municiones. Según informaron medios alemanes, la compañía ha cuadruplicado su producción anual de munición de calibre medio y la de proyectiles de artillería a 1,1 millones, frente a los 70.000 anteriores, según declaró el director ejecutivo, Armin Papperger.
Estos datos son música para los oídos del Gobierno alemán, que ha convertido su rearme en el chaleco salvavidas de una maquinaria industrial que está en uno de sus momentos más críticos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. “El gasto en Defensa podría ser una de las pocas sorpresas positivas en materia de crecimiento este año en Alemania”, afirma Carsten Brzeski, economista del banco de inversión ING.
Friedrich Merz lo ha convertido en uno de sus grandes estandartes políticos. El año pasado, convenció a los parlamentarios para que flexibilizaran el freno constitucional a la deuda, que normalmente limita el endeudamiento público anual al 0,35% del producto interior bruto. Este freno ya no se aplica a la mayor parte del gasto en Defensa.
Berlín aprobó la semana pasada sus presupuestos e incrementó su partida a este sector en un 27,9%, respecto al año anterior. Pasará de los 82.700 millones de euros de este año a 105.800 millones en 2027 y hasta los 179.900 millones de euros en 2030. “Los acontecimientos del último año, y no solo los de los últimos meses en Irán, demuestran lo importantes que son las inversiones en nuestra capacidad de Defensa. Queremos poder defendernos para no tener que defendernos. Ya conocen esta frase mía, y el presupuesto también se rige por ella”, dijo el canciller alemán.
Estas declaraciones, y el auge alemán por la Defensa, hubieran parecido irreales hace un tiempo. Para algunas personas tanto dentro como fuera del país puede ser difícil olvidar esa imagen de los soldados alemanes haciendo prácticas militares con un paño de escoba pintado de negro en lugar de ametralladoras reales. El Batallón de Granaderos Panzer 371 del ejército alemán, enviado a Noruega para unos ejercicios de la OTAN en 2014, se convirtió en ese momento en la imagen de la dejadez alemana en lo que respecta al ámbito militar.
"Alemania está marcando el camino"
La sociedad alemana, acostumbrada a la irrelevancia militar y a una Bundeswehr denigrada, ha apoyado el gran plan de Defensa de su Gobierno. “La sociedad alemana ha cambiado bastante. Si me hubieran preguntado hace cinco años, habría dicho que esto no iba a durar y que este documento de estrategia militar simplemente desaparecería. Pero algo ha cambiado drásticamente en los últimos cinco años”, sostiene Matthias Strohn, profesor honorario de Estudios de Guerra Moderna en la Universidad de Buckingham en un análisis publicado en The Independent.
Una parte de la población todavía rechaza que Alemania asuma un papel militar de liderazgo en Europa, aunque una mayoría apoya los planes para duplicar el gasto en Defensa. A pesar de las reticencias, el país ha dejado atrás, en gran parte, su pasado traumático tras la Segunda Guerra Mundial.
Después de una retahíla de gobiernos que consideraban que el peso de la historia debería frenar cualquier liderazgo militar, la administración de Merz se opone frontalmente a este concepto. “La señal debe ser que Alemania está marcando el camino, como referente entre las naciones europeas”, dijo recientemente Boris Pistorius, ministro de Defensa alemán.
En el resto de Europa, este cambio de paradigma no ha pasado desapercibido. “Alemania no solo es capaz de invertir más en este sector, sino que lo está haciendo, incluso antes de lo previsto. Existe tanto la aspiración de Merz como la expectativa de Europa de que Alemania lidere. Dos países no se sienten cómodos con esta situación: Francia y Polonia”, sostuvo Claudia Major, directora de la oficina de Berlín del German Marshall Fund a Financial Times.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha pedido en varias ocasiones que Europa se defienda a sí misma, pero cuando Alemania ha empezado a gastar más dinero que sus socios, han surgido las inquietudes.
Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, ha explicado que le sorprendió que tantos altos funcionarios en París "hablaran espontáneamente sobre su preocupación por el sostenido gasto alemán en Defensa". "Lo consideraron un desafío de seguridad a la par con otros, como el de Ucrania", dijo a The New York Times.
El cambio de paradigma alemán se enmarca en un momento político en el que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) está aumentando su influencia y ya se ha posicionado como la segunda fuerza en el país. “Eso es aterrador para países como Francia y Polonia, que tienen un fuerte recuerdo popular de los horrores militares alemanes, y ambos países cuentan con poderosos partidos de extrema derecha”, añadió Leonard.
La preocupación no se basa en que Alemania vuelva a invadir a sus vecinos, pero un país más grande y rico que sus aliados europeos devuelve ese recuerdo de dominación que parece, a pesar de todo, arraigado en la mentalidad del bloque.
Los planes de rearme alemán han roto con dos grandes conceptos en Europa
En el caso de Francia, el aumento del gasto militar alemán se considera además un factor que desequilibra la antigua relación que se mantiene sobre la base industrial de Defensa en Europa, alertaban varios analistas al medio estadounidense. “La solución no es decirles a los alemanes que gasten menos después de haberles dicho durante años que gasten más. La solución es una deuda europea común en materia de Defensa”, señaló Nathalie Tocci, directora del Instituto de Asuntos Internacionales en Roma.
“La gran pregunta es si Alemania se está rearmando para Europa o para Alemania, y actualmente todo apunta a lo segundo”, añadía Max Bergmann, director del programa de Europa, Rusia y Eurasia del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Esto preocupará a los aliados, continuó, “no solo por el resurgimiento de la extrema derecha y el temor al poder alemán, sino porque no está claro que Europa pueda confiar en una Alemania cautelosa y egocéntrica para que salga en su Defensa”.
Con sus nuevos planes militares, Friedrich Merz ha roto con dos conceptos. El primero es el equilibrio europeo basado en que París mantenía el liderazgo financiero, mientras que Alemania estaba posicionada como el líder económico, exportador e industrial.
El segundo, la famosa cita de Hastings Ismay, el primer secretario general de la OTAN, sobre el propósito de la alianza: “Mantener a los rusos fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes controlados”.
Hace poco más de un año que en Alemania se celebraba un funeral simbólico. En Wolfsburgo, donde se encuentra la sede y museo de Volkswagen, la Autostadt, cientos de personas salían a las calles para protestar contra una ola de despidos que se avecinaba y el posible cierre de varias plantas de producción. La crisis de la compañía fue la máxima expresión de la profunda crisis de la industria automovilística y de la economía alemana. Ahora, están resucitando gracias a uno de los sectores más olvidados en el engranaje económico alemán: la Defensa.