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Más tregua a cambio de nada: por qué Trump ha pestañeado ante el abismo iraní
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¿Dos no pelean si uno no quiere?

Más tregua a cambio de nada: por qué Trump ha pestañeado ante el abismo iraní

La ampliación de la tregua, un movimiento que parece indicar que la Administración Trump no está lista para reanudar la guerra, corre también el riesgo de socavar su capacidad de presión

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump (Reuters/Nathan Howard)
El presidente de EEUU, Donald Trump (Reuters/Nathan Howard)
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La tarde de este martes, el reloj corría agotando las últimas horas de la tregua de dos semanas entre Estados Unidos, Israel e Irán. Las delegaciones de ambos países hacían preparativos de última hora para intentar reabrir las opciones de negociación en Pakistán: EEUU parecía mostrarse de lo más dispuesto, con todo listo para el viaje del vicepresidente JD Vance a Islamabad, pero sin terminar de dar el paso. En Irán, la confusa autoridad superviviente arrastraba los pies, mandando señales contradictorias sobre si finalmente aparecerían en la mesa de negociación.

Las redes sociales iraníes lo resumían con un chiste que peligrosamente iba camino de convertirse en realidad: la posibilidad de un terrorífico 'plantón' a Vance. Ni siquiera la amenaza de Donald Trump de negarse a extender la tregua, y reanudar así los bombardeos sobre Teherán, hizo a los iraníes acelerar su decisión.

Y pasó lo que tenía que pasar. Se canceló el viaje de Vance y, a pocas horas de que expirara su propio ultimátum, Donald Trump anunció una ampliación del alto el fuego con Irán de manera indefinida. En un mensaje en su red social Truth Social, Trump aseguró que había aceptado, a petición de los mediadores pakistaníes, "detener su ataque" contra Irán "hasta que sus líderes y representantes puedan presentar una propuesta unificada". Sostiene su decisión en que el gobierno de Irán "está seriamente fracturado".

Mientras tanto, el ya de por sí confuso bloqueo naval en el estrecho de Ormuz continuará sin cambios.

El viraje de última hora de Trump contra sus propias palabras no debe sorprender ya a nadie. El presidente de EEUU es de sobra conocido por su táctica de lanzar grandes amenazas existenciales —la misma mañana del martes, asegurando que está "deseando bombardear" puentes y centrales eléctricas iraníes— y, en el último momento anunciar que el escenario más temido no se materializará. Pero lo que le ha funcionado con otros conflictos, donde sus adversarios abrazan alegremente la bajada de tensión, en Irán no tiene el mismo éxito.

La ampliación de la tregua, un movimiento que parece indicar que la Administración Trump no está lista para reanudar la guerra, corre también el riesgo de socavar su capacidad de presión sobre Irán, minando su propia estrategia de plazos y la credibilidad de sus amenazas militares.

Como ya demostró con la guerra en Gaza y su mediación con Rusia y Ucrania, a los grandes ultimátums Trump añade acuerdos limitados, por fases y centrados en puntos concretos y definidos para dar por finalizado el conflicto. Irán, mientras tanto, sigue la estrategia opuesta: propuestas complejas y detalles enrevesados que puedan dejar lagunas que explotar más tarde. "Trump es impulsivo y temperamental; los líderes iraníes son tercos y tenaces. [Trump] Exige resultados inmediatos; el liderazgo iraní apuesta por el largo plazo”, lo describía Robert Malley, quien negoció con los iraníes en el período previo al acuerdo nuclear de 2015, a The New York Times.

Tampoco ayuda que ambas tácticas negociadoras choquen en los modos. Mientras Trump anuncia en redes sociales a bombo y platillo presuntas concesiones iraníes, Irán prefiere la oscuridad de una sala cerrada. El último ejemplo, este fin de semana mismo, cuando Trump aseguró que "llegarían a un acuerdo en los próximos días" y que Teherán había aceptado todas las condiciones, incluyendo la eliminación del uranio enriquecido, en colaboración con Washington. A los iraníes no les gustó que el presidente de Estados Unidos negociara a través de las redes sociales y diera la impresión de que habían aprobado cuestiones que aún no habían acordado, y que no son populares entre su pueblo”, dijo una persona familiarizada con las negociaciones a la cadena CNN.

Mientras tanto, con esta tregua ambos ganan tiempo. La pregunta es, ¿para qué?

Foto: la-delegacion-irani-muestra-las-primeras-grietas-en-las-negociaciones-con-eeuu-en-islamabad

Desde Estados Unidos e Israel, medios como Axios reportan que Trump habría tomado la decisión, entre otras razones, para dar tiempo a una respuesta del líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, a una última propuesta estadounidense, y que diera "directrices claras" a los negociadores. Recordemos que las últimas informaciones disponibles dibujan a un ayatolá todavía gravemente herido pero recuperándose, escondido, y teniendo que comunicarse mediante mensajeros para no dar por descubierto su paradero.

Esta teoría única, sin embargo, parece más bien una justificación de la Administración Trump, en línea con la "seria fractura" entre el liderazgo civil (personificado en el presidente del Parlamento iraní y líder de las negociaciones, Mohammad Baqer Ghalibaf) y el estamento militar de la Guardia Revolucionaria (personificado en el general Ahmad Vahidi). Ghalibaf, pese a que mantiene una retórica muy dura con EEUU, sería partidario de continuar las conversaciones, mientras que los militares se oponen directamente a cualquier negociación mientras continúe el bloqueo naval en Ormuz.

Foto: quien-manda-ormuz-fracturas-regimen-iran

Sin embargo, desde Irán se reporta que "al contrario de lo que afirma Trump, existe un consenso en todos los altos niveles del país sobre los aspectos generales y los detalles de las negociaciones del alto el fuego", sostiene Ali Gholhaki, comentarista político cercano a los sectores conservadores iraníes. Según Gholhaki (y por tanto, la narrativa iraní), las razones principales por las que Teherán no acudió a Pakistán este miércoles serían "la insistencia de Trump en incluir el levantamiento del bloqueo [estadounidense] del estrecho de Ormuz dentro de las propias negociaciones en Pakistán", en lugar de "levantar el bloqueo antes del inicio de las negociaciones, como condición previa". Y, como viene siendo habitual, "las expectativas poco razonables en el capítulo de la industria nuclear de Irán".

En qué posición queda cada uno

Pero las fracturas son innegables, aunque sea incluso entre cómo leer esta nueva ampliación de la tregua y cómo actuar en consecuencia. Mahdi Mohammadi, asesor de seguridad iraní vinculado al estamento más conservador del régimen, adelantó que "la extensión del alto el fuego por parte de Trump es sin duda una maniobra para ganar tiempo para un ataque sorpresa". "Ha llegado el momento de que Irán tome la iniciativa", concluía.

¿Cómo? La Guardia Revolucionaria daba una pista, cuando todavía Trump no había ampliado la tregua y se esperaba que se abriera de nuevo la guerra total. El comandante de la Fuerza Aeroespacial del cuerpo, Seyed Majid Mousavi, advertía que los países árabes deberían "decir adiós" a la producción de petróleo en Oriente Medio si su territorio o sus instalaciones fueran (de nuevo) utilizados para atacar Irán.

De hecho, para Teherán el mero bloqueo estadounidense de Ormuz es considerado "similar a los bombardeos" (en palabras de Mohammadi). La extensión de un alto el fuego indefinido con un bloqueo naval se ha convertido en un escenario no especialmente favorable a Teherán, ya que revierte de facto la estrategia iraní de presión a los aliados regionales y a los mercados globales, y la vuelve contra el propio país (con limitaciones, ya que Irán está acostumbrado a sobrevivir a la presión económica). Trump, por su parte, se guarda la carta de decidir por su cuenta cuándo volver a actuar militarmente, mientras Israel sigue operando en una zona gris. Teherán queda en suspensión, en ese limbo de ni-guerra-ni-paz.

Teherán no parece haber tomado a Trump la palabra de ese alto el fuego indefinido, y con razón. El propio presidente afirmó que EEUU había utilizado estas dos semanas para "reabastecerse" con "muchísima munición"... Aunque también lo habría hecho Irán, también según Trump en la misma entrevista con la CNBC, donde insinuó que Pekín habría ayudado a Irán en sus esfuerzos de "un poco de reabastecimiento".

Irán tiene numerosos precedentes. Tras el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025, Teherán estaba inmerso en plenas negociaciones sobre el programa nuclear, que saltaron por los aires cuando Israel lanzó su ofensiva militar sobre el país, y tras diez días, EEUU se sumó a la campaña. Y en febrero de 2026, las negociaciones estaban "avanzando" cuando Israel y EEUU mataron al ayatolá. "Para los responsables políticos iraníes, han quedado en evidencia dos dinámicas paralelas: Trump ha utilizado la diplomacia como un instrumento para engañarlos, pero se ha mostrado reacio a entrar en la guerra hasta tener la certeza de que la intervención implicaría riesgos mínimos", resume el medio Amwaj. Un diagnóstico que se puede aplicar a lo que está sucediendo ahora.

La tarde de este martes, el reloj corría agotando las últimas horas de la tregua de dos semanas entre Estados Unidos, Israel e Irán. Las delegaciones de ambos países hacían preparativos de última hora para intentar reabrir las opciones de negociación en Pakistán: EEUU parecía mostrarse de lo más dispuesto, con todo listo para el viaje del vicepresidente JD Vance a Islamabad, pero sin terminar de dar el paso. En Irán, la confusa autoridad superviviente arrastraba los pies, mandando señales contradictorias sobre si finalmente aparecerían en la mesa de negociación.

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