Canción triste de Nigel Farage: ser amigo de Trump empieza a ser un negocio dudoso
El líder de Reform UK pierde la mitad de su ventaja en las encuestas tras apoyar la guerra en Irán (y luego recular). Semana aciaga. ¿Ha tocado techo el populismo británico?
Nigel Farage, coqueteos con la bandera de otros. (EFE-EPA/SHAWN THEW)
Hubo un momento en el que parecía inevitable que Nigel Farage fuera el próximo primer ministro británico.
Ese momento ha pasado.
Farage dijo el año pasado que esperaba ganar las elecciones "rápidamente, mientras Donald Trump siga en el cargo". El político británico se jactaba de ser el hombre de Trump en Londres. Hablamos del mismo Farage que hoy minimiza su relación con el presidente estadounidense: "Resulta que conozco a Trump, pero eso es lo de menos". Ese Donald Trump del que usted me habla.
Si le gustan a ustedes los accidentes de tráfico a cámara lenta, apreciarán los cambios de postura de Farage desde que EEUU e Israel empezaron a bombardear Irán.
El líder de Reform UK -partido populista a la derecha de los conservadores- arrancó la guerra en máximo ardor bélico, calificando de "patética" la postura del primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, que se hizo el loco tras pedirle Trump sumarse a la guerra (el presidente estadounidense atizó luego a Starmer por su ambigüedad). Para Farage, por contra, Reino Unido debía hacer "todo lo posible" para tumbar al régimen iraní. El Farage más belicista de los primeros días de la guerra resumido en tres frases:
"Resulta que conozco a Donald Trump, pero eso es lo de menos"
"El primer ministro Starmer debe cambiar de opinión sobre el uso de nuestras bases militares y apoyar a los estadounidenses en esta lucha vital contra Irán".
"Deberíamos hacer todo lo posible para apoyar la operación; estamos en esta guerra, nos guste o no".
"¡Es hora de ser hombres de verdad! Hora de reconocer que la libertad importa más que un régimen teocrático brutal".
En los primeros días de la guerra, el 62% de los votantes de Reform UK estaba a favor de que EEUU usara las bases británicas, por un 50% de los conservadores y un 24% de los laboristas.
Pero la firmeza de los seguidores de Reform, los más afines a la guerra de Trump del arco parlamentario británico, empezó a titubear. Entre la primera y la segunda semana de los bombardeos en Irán, el apoyo "total" a la guerra entre los votantes de Farage bajó 8 puntos.
A los quince días de empezar la guerra, y con su partido en caída demoscópica, Farage hizo su primer donde dije digo, digo Diego. "No debemos involucrarnos en una guerra extranjera", aseguró, mostrando su oposición frontal a enviar "botas británicas sobre el terreno". Del sí a la guerra al no a la guerra en dos semanas.
Farage, el gran volantazo. (EFE)
El Farage más pacifista resumido en cuatro frases:
"Si ni siquiera podemos defender Chipre, no deberíamos involucrarnos en otra guerra extranjera".
"Hay opiniones divergentes sobre si debemos unirnos físicamente a los ataques... Yo opino que no".
"Somos un partido para la gente trabajadora, no para largas guerras en lugares lejanos".
"Es hora de ser realistas y poner a Gran Bretaña primero".
Nigel Farage, de apoyar con entusiasmo la guerra contra Irán, a posicionarse con las bases críticas de MAGA, que critican al Trump intervencionista por eclipsar al Trump soberanista.
No con mis bolsillos
He aquí un problema político, pero también demoscópico. Según YouGov, hace un año, Reform UK era el partido más votado en las encuestas, con 11 puntos de ventaja sobre los conservadores (29% contra 17%). Ventaja holgada mantenida antes de la guerra: 27% contra 18% de laboristas y conservadores, según un sondeo del pasado 9 de febrero. Pero fue tirar Trump la primera bomba en Irán, y nublarse el horizonte electoral de Farage, cuya ventaja sobre los conservadores se ha reducido a menos de cinco puntos, con Reform moviéndose entre el 24% y el 19% las últimas semanas.
El respaldo de los votantes de Reform a la guerra también habría menguado: un 28% apoya ahora que su país se ponga de perfil, contra un 24% que preferiría intervenir directamente (por un 15% de los votantes conservadores y un 3% de los laboristas). Alrededor de un cuarto de los votantes de Reform UK estaban en contra de la guerra desde el principio, cifra al alza según el conflicto iba llegando… a las gasolineras del Reino Unido.
En efecto, según YouGov, un tercio de los británicos cree que la guerra les "afecta personalmente". El motivo del 69% de ellos es la subida del precio de la gasolina, tema transversalmente relevante, y especialmente sensible entre las bases del populismo de derechas.
Por todo ello, cuando Farage dio su giro de 180 grados sobre la guerra, apostó por priorizar el "bolsillo de sus ciudadanos" antes que "una guerra lejana". El político había leído las encuestas. A la pregunta de si la guerra en Irán era buena o mala para la economía familiar, el 73% de los votantes de Reform decían que mala para sus bolsillos en diversos grados, mostrando que su mayor crítica a la guerra era por las consecuencias económicas (solo un 3% de los votantes de Farage cree que el conflicto sea bueno para su economía doméstica, cifra similar a la del resto de votantes británicos).
Además, un 36% de los votantes de Reform UK dice tener poco o nada claros los motivos que llevaron a la guerra. Solo un 20% asegura tener "absolutamente claras" las causas, aunque si uno preguntara a los empleados de la Casa Blanca, quizá la cifra no fuera mucho mayor.
Fuego amigo
Reform UK, en definitiva, está dividido sobre las aventuras bélicas de Trump, como ha reconocido el propio Farage, roces incluidos en la cúpula del partido. Dentro del ala más trumpista, destaca Richard Tice, número dos de Reform, que cuando Farage echó el freno bélico, pisó el acelerador: "Deberíamos apoyar a EEUU e Israel pidan lo que pidan".
El problema de Tice es que tampoco pasa por su mejor momento. El periódico Sunday Times, propiedad de Rupert Murdoch, le acusó este domingo (por segunda vez) de evasor fiscal. A través de su inmobiliaria, Tice habría eludido el pago de cientos de miles de libras, además de recurrir a paraísos fiscales. Reform UK lleva tiempo tratando de apagar este fuego.
La cercanía del partido a las grandes fortunas, pese a predicar un populismo del pueblo, es uno de los motivos de mayor desconfianza hacia Reform UK entre el público británico. A rebajar esta percepción, no ayudan proezas recientes como la de Nick Candy, tesorero y financiador del partido, que ha batido un récord mundial al vender su residencia londinense por 275 millones de libras. Interiorista, promotor inmobiliario y magnate, Candy es uno de los pioneros del boom de las casas de lujo en Londres.
Farage. (EP)
Para rematar el embrollo iraní, John Simpson, otro de los grandes donantes del partido, ha sido acusado de vínculos empresariales con un conglomerado iraní bajo sanciones de EEUU. El chiste se hace solo.
El fuego amigo es otro de los frentes desestabilizadores que trata de gestionar ahora Farage. Hace unos días, las encuestas comenzaron a preguntar por un partido de reciente creación, Restore Britain (Restaurar Gran Bretaña), de Rupert Lowe, ex parlamentario de Reform UK. La primera encuesta da un 4% en intención de voto a esta escisión del partido de Farage. No es fácil saber por qué tarifaron Farage y Lowe, una mezcla de política, celos y luchas de poder, sí parece más claro que Restore apuesta por desbordar a Reform por la derecha.
Ethan Croft aseguró en The New Statesman que el nuevo partido "insinúa que solo los blancos pueden ser considerados "nativos británicos" y pretende dificultar la vida en Gran Bretaña a las minorías religiosas, por ejemplo, prohibiendo la comida kosher y halal". Restore Britain existía hasta hace poco solo "como fenómeno en X, atacando constantemente a Nigel Farage y a Reform por no ser lo suficientemente derechistas", pero podría crecer y "perjudicar a Farage" de dos maneras. "La primera es que le afecte en las encuestas. La segunda, más preocupante, es que Farage haga lo que los líderes conservadores hicieron en respuesta a Farage los años anteriores: inclinarse aún más a la derecha en un intento por ganarse a los seguidores de Lowe… Por el momento, Farage presta poca atención a Lowe, pero, ¿cuánto tiempo podrá ignorar sus críticas" vistas las encuestas, se pregunta Croft.
El pendulazo
Resumiendo, tras unos meses en los que Farage no tenía que hacer nada para subir en las encuestas, ahora se le acumulan los problemas. Le queda el consuelo de que no es algo personal, sino político, pues todos los amigos europeos de Trump están tragando agua a la vez. Con Viktor Orbán barrido en las elecciones húngaras, cunde la sensación de que arrimarse a Trump en Europa quita ya más de lo que da.
Las últimas semanas hemos visto movimientos políticos inesperados, como los ultras de Alianza por Alemania (AfD) elogiando la posición española sobre Irán, o Giorgia Meloni negando el uso de bases italianas a EEUU y cancelando su acuerdo de Defensa con Israel (giro de la presidenta italiana tras sus titubeos iniciales sobre Irán). Trump, por cierto, se la devolvió a la presidenta italiana hace unos días: "Pensaba que Meloni tenía coraje, me equivoqué". Mientras, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen no ha tenido que hacer grandes contorsiones sobre Irán, pues ya se manifestó en contra de la intervención estadounidense en Venezuela apelando a la "soberanía" de los países . Con todo y con eso, Le Pen y Meloni vienen de sendos chascos electorales, con Meloni perdiendo el referéndum para disciplinar a los jueces y Le Pen incapaz de ganar grandes urbes en las municipales.
Se huele, en definitiva, el cambio de tendencia .En una entrevista reciente con el periódico italiano La Repubblica, Boris Johnson calificó los bombardeos sobre Irán de "desastre" y "error masivo". El antiguo primer ministro británico dijo no entender "cómo el Pentágono pensó que el plan podría funcionar". El "capitán del equipo" (Donald Trump) habría cometido un "terrible error". Poca broma con esto: Boris es especialista en saber cuándo cambiar de caballo.
David Frost, ex negociador británico para el Brexit, es una figura puente clave entre el Partido Conservador y Reform UK, al que ha hecho muchos guiños. Hasta ahora, Frost respaldaba entusiasta las decisiones de Trump y Netanyahu. El pasado enero, por ejemplo, dijo que "Reino Unido debe ser el Israel de EEUU". Pero Frost también ha girado el volante los últimos días. Según él, Trump "no merece apoyo" por haber sido "imprudente". "En algún punto hay que trazar una línea moral, y Trump la ha cruzado", escribió en el Daily Telegraph. Frost añadió algo que pasó más desapercibido, pero llevaba metralla viniendo de uno de los grandes mandarines de la salida británica de la UE. Atentos. Las acciones de Trump estarían llevando a muchos británicos a ver a la UE como "el único refugio seguro ante un aliado descarriado". Tal cual.
Solo el 18% de los que votaron Brexit creen que Trump ha gestionado bien la guerra con Irán. No hay mucho más que añadir.
Hubo un momento en el que parecía inevitable que Nigel Farage fuera el próximo primer ministro británico.