La reapertura fantasma de Ormuz: Irán no suelta el control y EEUU mantiene el bloqueo
La nueva postura de Teherán apenas se diferencia de la que ya estaba en pie. Al mismo tiempo, Trump ha rechazado levantar el bloqueo a los barcos que parten de puertos iraníes
El general estadounidense Dan Caine con un mapa del bloqueo en el estrecho de Ormuz al fondo, en el Pentágono. (Reuters/Nathan Howard)
Irán anunció este viernes la reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico comercial durante el alto el fuego en curso con Estados Unidos e Israel. Música para los oídos de buena parte del planeta tras mes y medio en el que el paso ha quedado prácticamente paralizado debido a la guerra.
Y sin embargo, es un anuncio que llega con condiciones que invitan a preguntarse qué ha cambiado realmente en el estrecho este viernes. Porque, en esencia, la postura de Teherán apenas se diferencia de la que ya conocíamos: los buques pueden transitar, sí, pero siempre bajo rutas coordinadas y previa comunicación con las autoridades iraníes —de facto, la Guardia Revolucionaria—, exactamente el mismo esquema que ya se había planteado a principios de abril.
A falta de ver el efecto que tiene en el tráfico del estrecho, la fórmula actual no introduce una novedad sustancial en términos operativos. Lo que ha cambiado no son tanto las condiciones como el tono del mensaje y, sobre todo, cómo se interpreta por un mercado petrolero global que ansía la reapertura de la vía por la que circula cerca de una quinta parte del crudo mundial.
La retórica utilizada tanto por Estados Unidos como por Irán apunta a un posible acercamiento de las posiciones negociadoras tras el poco fructuoso encuentro de las delegaciones el pasado fin de semana en Pakistán, que se saldó sin avances concretos. Gestos públicos de distensión como el alto el fuego entre Israel y Líbano o el anuncio con bombo y platillo de la reapertura del estrecho de Ormuz —con todos los “peros” que sean necesarios— han hecho que cunda el optimismo.
Es una lectura que, sin embargo, choca con la realidad de unas negociaciones todavía lejos de cerrarse. Fuentes iraníes han señalado a Reuters que persisten diferencias significativas con Washington y que, por mucho que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, haya anunciado con bombo y platillo que el régimen iraní ha aceptado entregar su uranio enriquecido, no existe aún un acuerdo sobre cuestiones clave, como el programa nuclear o el levantamiento de sanciones.
Para muestra de lo frágil del statu quo, basta un ejemplo. En las últimas horas de la noche del viernes, numerosos buques que intentaban atravesar el estrecho de Ormuz tras el anuncio iraní optaron por dar media vuelta de forma abrupta y regresar al golfo Pérsico. Según datos de tráfico marítimo proporcionados por MarineTraffic, más de una docena de petroleros y metaneros —incluidos barcos con bandera o propiedad china, india y francesa— iniciaron la travesía, pero la mayoría acabó desistiendo.
E incluso la continuidad de esta "reapertura" ha quedado en entredicho por el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ibrahim al-Fiqar, quien subrayó ayer que estará “supeditada a la implementación de determinadas condiciones del alto el fuego”. En concreto, advirtió de que, si el bloqueo naval que EEUU mantiene sobre el tráfico procedente de puertos iraníes continúa, será considerado una violación del mismo y “el paso por el estrecho de Ormuz volverá a cerrarse”.
El bloqueo de EEUU comenzó a implementarse el pasado lunes con el objetivo manifiesto de impedir cualquier salida de crudo procedente de Irán. Pese a la confusión que marcó sus primeras horas, la medida ha tenido un efecto notable sobre el estrecho: cerca de una veintena de buques se han visto obligados a dar la vuelta y, según el Comando Central estadounidense, ninguno ha logrado evadir el dispositivo.
This is contingent upon the implementation of certain terms and conditions for a ceasefire in Lebanon, and if the naval blockade continues, it will be considered a violation of the ceasefire, and the passage through the Strait of Hormuz will be closed.
— العميد إبراهيم ذو الفقاري (@Ibrahim_alFiqar) April 17, 2026
Pese a la exigencia de Irán de que este bloqueo desaparezca, el presidente Donald Trump dejó claro ayer que se mantendrá en pie. “EL ESTRECHO DE ORMUZ ESTÁ COMPLETAMENTE ABIERTO Y LISTO PARA OPERAR CON TOTAL NORMALIDAD Y CON PASO COMPLETO, PERO EL BLOQUEO NAVAL SE MANTENDRÁ EN PLENO VIGOR Y EFECTO EN LO QUE RESPECTA A IRÁN, SOLAMENTE, HASTA QUE NUESTRA TRANSACCIÓN CON IRÁN ESTÉ COMPLETADA AL 100%”, publicó el mandatario en Truth Social.
¿Qué busca la Casa Blanca con esta operación? La idea, supuestamente, era dar a Teherán una dosis de su propia medicina cortando su principal fuente de ingresos. Pero aunque los ingresos petroleros iraníes caigan, resulta difícil ver cómo el bloqueo supondría una presión mayor a la que la República Islámica ya ha soportado durante estas semanas de guerra en la que ha sido bombardeada incesantemente por las fuerzas de Estados Unidos e Israel.
Eso no impide que Trump haya afirmado que el bloqueo “puede ser incluso más poderoso que los bombardeos”. Una probable exageración, pero que, sumada a su negativa este viernes a levantar el cerco sobre los puertos iraníes, apunta a un posible alcance mayor de la medida. Y es que al cortar la salida del crudo iraní, la presión se traslada directamente a su principal cliente y destino de exportación: China.
Misión: despertar al dragón
Antes del estallido del conflicto, Pekín absorbía prácticamente todo el petróleo iraní que lograba sortear las sanciones internacionales a través de una red de intermediarios, petroleros sancionados y mecanismos financieros opacos. En aquel entonces, Irán representaba alrededor del 10-11% de las importaciones totales de crudo de China, lo que lo convertía en uno de sus principales proveedores, solo por detrás de Rusia y Arabia Saudí.
Ese flujo ha sostenido una parte esencial de los ingresos iraníes y, al mismo tiempo, ha convertido a China en el actor con mayor capacidad de presión económica sobre Teherán. Por eso, al aplicar el bloqueo, Washington busca asfixiar la principal fuente de ingresos del régimen, pero probablemente también alterar los incentivos de su mayor socio comercial.
En un contexto en el que la mayoría de los países asiáticos han tenido que tomar medidas drásticas para asumir el impacto del encarecimiento energético, China ha quedado en gran medida al margen. La combinación de una red diversificada de proveedores y unas enormes reservas estratégicas —las mayores del mundo, con más de mil millones de barriles— le ha permitido amortiguar el impacto. Pero otra razón nada desdeñable de esta placidez es que ha mantenido un acceso continuado al crudo iraní durante buena parte del conflicto.
“Washington probablemente espera que Pekín convenza a Irán de suavizar sus exigencias en la mesa de negociación, como ya lo ha hecho anteriormente: en 2023, Pekín fue el intermediario de un acuerdo entre Arabia Saudí e Irán”, recuerda Javier Blas, analista de Bloomberg especializado en Energía. En aquel entonces, China utilizó su peso económico y su relación con ambas partes para facilitar un acuerdo que restableció relaciones diplomáticas entre Riad y Teherán tras años de ruptura, reabriendo embajadas y rebajando la tensión en el Golfo.
El problema en el cálculo de EEUU es que las circunstancias son muy distintas a las de entonces. En 2023, Pekín podía utilizar su papel como comprador clave de crudo iraní para ejercer influencia, pero el bloqueo amenaza con eliminar precisamente ese canal. Sin flujo de petróleo, China pierde buena parte de su capacidad de presión directa sobre Teherán.
Pero, sobre todo, China no tieneninguna prisa por resolver lo que considera como un masivo fallo estratégico de su principal rival geopolítico. Con Estados Unidos absorbido por su enésima guerra en Oriente Medio, desviando recursos militares y desgastando capital político, Pekín gana tiempo y margen de maniobra en sus propias prioridades, desde el Indo-Pacífico hasta su agenda tecnológica.
A eso se suma el hecho de que el Gobierno chino considera que está ganando la batalla narrativa en un momento de inflexión para el orden internacional. Mientras Washington impone un bloqueo en uno de los principales corredores energéticos del mundo, China puede presentarse como un actor más previsible, defensor de la estabilidad y del comercio global. En su reunión con Pedro Sánchez en Pekín, el presidente Xi Jinping llamó al mundo a oponerse a un retorno de la “ley de la selva”, en una referencia directa a la actuación estadounidense en Irán.
Y mientras en el estrecho de Ormuz siga sin reinar la plácida libertad de navegación de ayer, sino la ley de la selva de hoy, este argumento será cada vez más difícil de rebatir.
Irán anunció este viernes la reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico comercial durante el alto el fuego en curso con Estados Unidos e Israel. Música para los oídos de buena parte del planeta tras mes y medio en el que el paso ha quedado prácticamente paralizado debido a la guerra.