Lula y Sánchez, dos presidentes con problemas parecidos y ambiciones idénticas
El presidente brasileño se reúne este viernes con el presidente del Gobierno español para mostrar su unión progresista y una alternativa a la agenda geopolítica del presidente de EEUU
El jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. (EFE/Quique García)
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lulada Silva, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, tienen muchas cosas en común. Ambos son de izquierda, lidian con el profundo rechazo de una parte significativa de los electores y han decidido plantarle cara al hombre más poderoso del mundo, Donald Trump. Además, ambos están en desacuerdo con algunos de sus vecinos en materia de política exterior y enfrentan dificultades para gobernar en el Congreso. También se ven amenazados por escándalos de corrupción que podrían empañar su imagen durante el proceso electoral.
Estos políticos han decidido estrechar lazos en una cumbre bilateral que, en palabras del Gobierno brasileño, "marca un nuevo hito en la alianza estratégica entre ambos países". El encuentro tiene un peso simbólico relevante y se enmarca en un evento de mayor envergadura en Barcelona, donde acudirán líderes internacionales progresistas como Claudia Sheinbaum y que se presenta como una alternativa a la agenda geopolítica del presidente estadounidense.
Entre el 17 y el 21 de abril, Lula visitará España, Alemania y Portugal. La gira ha arrancado en el Palacio de Pedralbes de la Ciudad Condal con una agenda oficial repleta de asuntos bilaterales, como la firma de acuerdos en áreas tan diversas como la igualdad de género, la lucha contra la violencia contra las mujeres, la economía social, la ciencia, la tecnología y la innovación, las micro y pequeñas empresas, los servicios aéreos y las telecomunicaciones. Este sábado 18 de abril, Lula participará en la IV Reunión de Alto Nivel del Foro Democracia para Siempre, una iniciativa lanzada en 2024 para fortalecer la coordinación internacional en defensa de la democracia.
Los jefes de Gobierno de Brasil y España han conseguido rentabilizar políticamente su decisión de oponerse a Trump y ahora intentan sacarle una ventaja electoral. Lula, por ejemplo, optó por defender la soberanía de Brasil cuando EE UU impuso aranceles del 50% sobre las exportaciones brasileñas, el año pasado. La estrategia de "nosotros contra ellos" le permitió recuperar algunos puntos en los sondeos. Una lenta y paciente labor diplomática hizo el resto y Trump acabó eliminando la mayoría de los aranceles, lo que fue interpretado como un 'gol' de Lula a la administración estadounidense.
Un enfoque parecido ha sido usado recientemente cuando Trump volvió a atacar Brasil, esta vez por el tema del PIX, un sistema gratuito de transferencia de dinero por el móvil creado en 2020 por el Banco Central de Brasil. Según EE UU, el PIX estaría perjudicando a Visa y Mastercard, haciéndoles perder sumas considerables en comisiones. Concretamente, entre 200 y 400 millones de dólares por cada aumento del 1% en la cuota de mercado que migra de las tarjetas a PIX.
No es para menos: en 2025, este sistema, que a diferencia de Bizum es 100% público, fue utilizado por casi 170 millones de brasileños y más de 20 millones de empresas. En 2024, procesó un total de 26,3 billones de reales (4,47 billones de euros), una cantidad equivalente a más del doble del PIB brasileño. La reacción de Lula a principios de abril fue contundente: "El PIX pertenece a Brasil y nadie nos va a obligar a cambiarlo por el servicio que presta a la sociedad brasileña".
La prensa brasileña destaca que España tiene más expectativa que Brasil sobre el encuentro y que también tendría mucho más que ganar. Es el octavo socio comercial más importante de Brasil, con un flujo comercial de 10.680 millones de euros en 2024 y un superávit brasileño de aproximadamente 4.204 millones de euros.
España también es uno de los principales inversores en Brasil, por un total de 42.382 millones de euros y más de 1,000 empresas que operan en sectores como energía, comunicaciones y servicios financieros. "Brasil es nuestra relación más sólida en América Latina", señaló el director general para Iberoamérica y el Caribe, Francisco Javier Gassó, durante un almuerzo con inversionistas brasileños. Empresas como el banco Santander, Iberdrola, Repsol, Telefónica, Aena y Prosegur llevan muchos años marcando presencia en el país tropical.
Lula confía en su 'as' contra Trump
Una de las incógnitas de esta cumbre es si esta reunión bilateral con Sánchez puede perjudicar Brasil en sus relaciones internacionales. Hace meses que Lula intenta concretar un encuentro con Trump en Washington. Llegó a ser marcado para marzo, pero la guerra en Irán obligó a posponer la cita. Lula, que es un conocido defensor del multilateralismo, no parece preocupado por la hostilidad de Trump hacia Sánchez, tras su negativa a dejarle usar las bases de la OTAN en España.
El mandatario brasileño sabe que su homólogo estadounidense está interesado en las tierras raras, de las que Brasil posee la segunda mayor reserva del mundo. Lula ha afirmado públicamente y en más de una ocasión que su país no se limitará a ser un mero exportador de estos elementos, esenciales para la industria bélica y tecnológica. "Cualquier empresa interesada en explorar estas reservas en territorio nacional tendrá que industrializarse en nuestro país",dijo el año pasado durante un encuentro empresarial en Mozambique.
El líder brasileño está confiado en este as en la manga y en que Trump aceptará reunirse con él en algún momento.
Mientras tanto, Lula mantiene una relación de tira y afloja con su homólogo estadounidense. Por un lado, en marzo se negó a recibir a ciudadanos extranjeros presos en EE UU, algo que hace regularmente El Salvador. El Gobierno de Brasil alegó que esta posibilidad no está contemplada en su ordenamiento jurídico.
En la misma semana, evocó el visado de Darren Beattie, asesor senior del Gobierno de Trump para políticas relacionadas con Brasil, que pretendía visitar en la cárcel al expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses por golpismo. El Ministerio brasileño de Exteriores señaló que "esto podría constituir una injerencia indebida en los asuntos internos del Estado brasileño". La decisión causó una cierta tensión entre los dos países.
Paralelamente, el 10 de abril Lula anunció un acuerdo con Washington para intensificar el intercambio de información en el combate al tráfico de armas y drogas por parte del crimen organizado. Esto ocurre en un momento decisivo, en el que Trump amenaza con calificar como organizaciones terroristas a las dos principales facciones narco de Brasil (PCC y Comando Vermelho). Si esto ocurre, el Ejecutivo brasileño teme que podría abrir el camino a hipotéticas intervenciones de EEUU en su territorio, como demuestran los antecedentes de Venezuela y Colombia.
Denominado Proyecto MIT (Mutual Interdiction Team), este programa establece un mecanismo de intercambio de información y alertas en tiempo real para interceptar cargamentos ilícitos y desarticular redes delictivas que operan a través de las fronteras. En los últimos 12 meses, las autoridades brasileñas interceptaron 35 cargamentos con 1.168 piezas de armamento, cerca de 550 kilos, provenientes principalmente de Florida.
La formalización de esta colaboración se produce a pocas semanas de la primera cumbre de la iniciativa Escudo de las Américas, un foro de seguridad regional impulsado desde Washington y enfocado en la lucha contra el crimen organizado, la inmigración ilegal y la influencia de actores externos al continente.
Proyecciones internacionales
La cumbre con España también ofrece visibilidad y proyección internacional a Brasil en un momento en que Lula ha perdido su ventaja en la carrera por la reelección en octubre. Además, su popularidad se ve empañada por el escándalo del Banco Master, una supuesta trama de fraude bancario masivo, considerada una de las mayores en la historia del país por su gestión fraudulenta, manipulación de balances, lavado de dinero y la emisión de títulos sin valor real.
Lula, que en 2010 fue elegido uno de los políticos más influyentes del mundo por la revista Time, sigue siendo un líder internacionalmente respetado, pero ya no encanta con su carisma. El mayor éxito de su tercer mandato en política exterior ha sido el fortalecimiento de los lazos con la Unión Europea. Se espera que el acuerdo entre este bloque y el Mercosur entre en vigor el 1 de mayo, tras una negociación de casi tres décadas.
Sin embargo, la influencia política regional de Brasil ha disminuido tras las victorias de Javier Milei en Argentina y de José Antonio Kast en Chile.
Los principales medios de comunicación de Brasil ya han empezado el boicot mediático contra Lula, algo que aconteció en todas las elecciones que ha ganado hasta la fecha. Algunos medios apoyan abiertamente a su rival, al que llaman Flávio a secas, ya que el apellido Bolsonaro suscita rechazo ocho años después del triunfo de la extrema derecha.
Faltan menos de seis meses para las elecciones y el líder del Partido de los Trabajadores, que para la fecha habrá cumplido 81 años, ha adoptado la estrategia de publicar vídeos de sus entrenamientos para presumir de una excelente forma física. El tiempo dirá si el acercamiento al político más rebelde de Europa le pasará factura en las urnas.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lulada Silva, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, tienen muchas cosas en común. Ambos son de izquierda, lidian con el profundo rechazo de una parte significativa de los electores y han decidido plantarle cara al hombre más poderoso del mundo, Donald Trump. Además, ambos están en desacuerdo con algunos de sus vecinos en materia de política exterior y enfrentan dificultades para gobernar en el Congreso. También se ven amenazados por escándalos de corrupción que podrían empañar su imagen durante el proceso electoral.