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En el nombre del padre: una teoría sobre el prejuicio de Netanyahu contra España
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Nadie se esperaba a la Inquisición española

En el nombre del padre: una teoría sobre el prejuicio de Netanyahu contra España

El politólogo Ignacio Molina señala que, más allá del actual choque con el Gobierno de Pedro Sánchez, Netanyahu y su familia siempre han contado con una visión negativa de España

Foto: El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. (Reuters/Amir Cohen)
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. (Reuters/Amir Cohen)

En el reciente choque diplomático entre el Gobierno de Benjamin Netanyahu y el de Pedro Sánchez, hay un elemento en el lenguaje utilizado por el líder israelí que puede resultar más revelador de lo que parece a simple vista. Mientras la mayoría de voces del su Ejecutivo —incluido el Ministerio de Exteriores— han tendido a dirigir sus críticas al “Gobierno de Pedro Sánchez” o a su liderazgo, el primer ministro ha optado por un encuadre distinto: cargar directamente contra “España” como sujeto político.

España ha difamado a nuestros héroes, los soldados de las IDF, los soldados del ejército más moral del mundo”, aseveró Netanyahu la semana pasada al anunciar la exclusión de España del mecanismo de coordinación humanitaria para Gaza (CMCC, por sus siglas en inglés). “Hoy he dado instrucciones para que se retire a los representantes de España del centro de coordinación en Kiryat Gat, después de que España haya optado repetidamente por oponerse a Israel”, agregó en ese mismo discurso.

La mención de España al completo no es una regla fija en el lenguaje del primer ministro israelí, que ha criticado de forma singular al Gobierno de Pedro Sánchez en múltiples ocasiones, pero sí un matiz que en esta crisis diplomática aparece con más nitidez que en episodios anteriores. Y para Ignacio Molina, director del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UAM e investigador senior del Real Instituto Elcano, puede tratarse de un indicio entre muchos otros de una forma particular de entender España por parte de la familia Netanyahu.

En un hilo publicado por Molina en la red social X y ampliamente compartido, el politólogo desarrolla esa idea a partir de varios episodios que, leídos en conjunto, apuntan en la misma dirección. El punto de partida es la figura del padre del primer ministro israelí, Benzion Netanyahu, y, sobre todo, la interpretación que hizo de la Inquisición española.

El padre del primer ministro fue un influyente historiador sionista que, de hecho, recibió un doctorado honoris causa por la Universidad de Valladolid en 2001, en una ceremonia a la que asistió su propio hijo. Su tesis central sostiene que la persecución de los judíos conversos en la España del siglo XV no respondía principalmente a motivos religiosos —es decir, a la sospecha de que siguieran practicando el judaísmo en secreto—, sino a un antisemitismo de carácter estructural, profundamente arraigado en la sociedad.

“Su obra sostiene que los judíos que se quedaron en España se hicieron devotos cristianos, pero fueron igualmente perseguidos por impureza de sangre. La tesis es muy polémica entre los hispanistas y también en Israel, donde se idealiza a quienes preservaron la fe en secreto”, apunta Molina en su hilo.

En entrevista con El Confidencial, el profesor e investigador señala que la idea de fondo de esta tesis es “que el judío nunca está completamente a salvo fuera de un Estado propio, ni siquiera si se integra o se convierte”. “Y en ese marco, España es señalada como el ejemplo primordial de un lugar donde, incluso cuando los judíos creían estar seguros, dejaron de estarlo”, agrega.

La tesis contó con cierto reconocimiento institucional, aunque con el tiempo fue objeto de un intenso debate académico y, finalmente, quedó como una interpretación minoritaria dentro del campo, cuestionada por su énfasis en el componente racial. “Pensar que la Inquisición se hace por puro odio racial, que no hay una conexión entre la política y la religión, que todo fue el populacho español queriendo quemar judíos… es una versión muy exagerada”, plantea Molina.

“En la tesis de Benzion no hay multicausalidad, sino una sola explicación. Hay muchas críticas de historiadores a la selección sesgada de fuentes documentales que hace Benzion cuando los archivos no confirman un antisemitismo español, esencial, inmóvil e inveterado. Excluye múltiples detalles que no coinciden con su hipótesis porque no le interesan los matices, sino la creación de una visión global, maximalista, necesariamente prejuiciada”, añade el politólogo.

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Pero si bien la obra de Benzion acabó relegada en el ámbito académico, tuvo una notoria influencia en el actual primer ministro de Israel, quien ha destacado en múltiples ocasiones el papel de su padre en su formación intelectual.

Entre los ejemplos que ilustran la continuidad en el pensamiento de Netanyahu padre e hijo, destaca especialmente uno ocurrido en 2015, tras los atentados yihadistas contra la revista Charlie Hebdo y un supermercado kosher en París. En una reunión a puerta cerrada con líderes de la comunidad judía francesa, el primer ministro israelí recurrió a la España del siglo XV para lanzar una advertencia directa: que, aunque creyeran que estaban seguros, no lo estaban. También entonces —vino a decir— muchos pensaban que su posición era estable, que estaban integrados y que no corrían peligro. Y, sin embargo, acabaron siendo perseguidos, torturados y expulsados.

Netanyahu vinculó esa lectura del pasado con la conclusión política inmediata de que la permanencia en Europa podía implicar un riesgo estructural para los miembros de la comunidad judía. Por eso, durante ese mismo viaje, llamó públicamente a los judíos franceses a emigrar a Israel de forma masiva.

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“¿Qué político en el siglo XXI cuenta con esa fijación, con ese sesgo mental del siglo XV?”, señala Molina. “Para Benzion y Benjamin Netanyahu, la España de esta época va antes que la Alemania de 1933. Consideran que ambas sociedades aniquilaron a los judíos, que estaban perfectamente integrados, por razones estrictamente raciales; con el agravante de que el periodo nazi está oficialmente condenado por los alemanes, mientras España no puede hacer lo mismo con el momento en que el mismo país nació y celebra sus hazañas”, agrega.

Sobre el uso de “España” en vez de “gobierno español” por parte de Netanyahu, Molina indica que resulta interesante que su padre también usara en su obra de modo muy rotundo y global el término España en vez de península ibérica o el nombre de los reinos que la componían. Esto, a pesar de que hablaba de un momento histórico donde no existía España en el sentido moderno y que su mirada se centra, sobre todo, en la corona de Castilla. “Hay una pretensión expresa de que el lector del padre (o el destinatario político del hijo) juzgue al conjunto de la comunidad política española y no solo a la élite del Estado-organización”, apunta.

Ese marco no se agota en la relación entre padre e hijo. Molina apunta a que también parece proyectarse sobre la siguiente generación. El investigador cita un episodio de 2019, cuando Yair Netanyahu, hijo del primer ministro, publicó en X (entonces Twitter) el siguiente mensaje: “Queridos árabes y musulmanes. ¿Queréis liberar tierras árabes e islámicas ocupadas? Aquí tenéis un buen comienzo”. La publicación estaba acompañada de un mapa en el que aparecían en cuadrados resaltados Ceuta, Melilla, el peñón de Vélez de la Gomera, el peñón de Alhucemas, la isla de Alborán y las islas Chafarinas.

Molina concluye que, aunque el estallido definitivo se haya producido contra el gobierno de Pedro Sánchez por su posicionamiento respecto al conflicto en Gaza y la guerra contra Irán, Netanyahu y su familia siempre han contado con un prejuicio antiespañol. Sin embargo, afirma, “ni España se puede reducir a un pueblo que odió ayer a los judíos, ni Israel se reduce a un pueblo que odia a los palestinos y a quienes denuncian los abusos que hoy comete”.

“Hay otro Israel, ahora minoritario, que busca la paz con los palestinos y ahí España (combinando el doble ascendente que tiene sobre el mundo árabe y sobre los sefardíes) podría jugar en el futuro un papel relevante. Es una desgracia que se vuelen los puentes; desde luego, desde la parte del actual gobierno ultra de Israel, pero el actual gobierno español debería de tener cautela y no hacer imposible la rectificación de la relación bilateral”, sentencia.

En el reciente choque diplomático entre el Gobierno de Benjamin Netanyahu y el de Pedro Sánchez, hay un elemento en el lenguaje utilizado por el líder israelí que puede resultar más revelador de lo que parece a simple vista. Mientras la mayoría de voces del su Ejecutivo —incluido el Ministerio de Exteriores— han tendido a dirigir sus críticas al “Gobierno de Pedro Sánchez” o a su liderazgo, el primer ministro ha optado por un encuadre distinto: cargar directamente contra “España” como sujeto político.

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