Trump rompe en riguroso directo con su última aliada en Europa: "Me equivoqué"
La ruptura supone una bomba en las relaciones con Estados Unidos. Y la bomba, esta vez, viene del entorno ideológico conservador del que aparentemente beben Fratelli d'Italia y el trumpismo
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. (Reuters/Archivo/Yoan Valat)
Las relaciones entre Italia y Estados Unidos pasan por un inesperado momento crítico. Los duros ataques de Trump al Papa, la actuación de Israel en Palestina y Líbano y la guerra de Irán han roto lo que parecía un idilio inagotable. "Giorgia Meloni no quiere ayudarnos en la guerra, estoy en shock", ha dicho el presidente Donald Trump al periódico Corriere della Serapara luego añadir: "Ella ya no es la misma persona, e Italia no será el mismo país; la inmigración está matando a Italia y a toda Europa (…) Pensé que tenía valor. Me equivoqué".
Meloni, por su parte, decidió levantar la voz: "Las palabras de Trump son inaceptables", dijo sobre las críticas del neoyorquino al Sumo Pontífice ("La inaceptable es ella", respondió Trump). Pero el golpe de gracia ha venido horas después: "En vista de la situación actual, el gobierno ha decidido suspender la renovación automática del acuerdo de defensa con Israel", ha declarado la premier. La ruptura supone una bomba no sólo en las relaciones con Israel, sino en las relaciones con Estados Unidos. Y la bomba, esta vez, viene del entorno ideológico conservador del que aparentemente beben Fratelli d’Italia (FdI) y el trumpismo. ¿Por qué ha estallado todo?
Causa y efecto. La política tiene reglas básicas. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha mostrado en su carrera una enorme capacidad para leer bien los mapas electorales. Supo en la pandemia colocarse como único partido opositor de un Gobierno de concertación, el de Mario Draghi, que tenía una aprobación por encima del 60%. Entendió que había un enfado, una necesidad de cambio, y la sociedad italiana iba a votar por lo único que aún no le había defraudado en cuanto acabara la emergencia. Y al ser los únicos en no entrar en el Gobierno, eran los únicos que cumplían ese requisito. FdI pasó en doce meses de tener un 5% de los votos a un 30%.
Ahora parece que Meloni ha leído, como lo ha hecho casi toda la extrema derecha europea, que Donald Trump empieza a ser un virus electoral. El último en sufrirlo ha sido el húngaro Viktor Orbán.
Los ultraconservadores europeos se mueven en valores básicos: familia, inmigración y patria. Trump los representa en parte, pero la deriva de los últimos meses ha acabado con un líder que no se deja un charco sin pisar, incluso el mismo los genera, y el fango salpica a todos los que están en su entorno. Y hasta los que parecían sus más fieles aliados, como la política italiana de extrema derecha, están marcando distancia para no hundirse en el enloquecido ¿Titanic? de Trump.
Las primeras señales para abrir brecha llegaron antes de la detonación actual. Meloni ve cómo las calles de Italia se llenan de gente que está contra los ataques de Israel en Palestina. Todas las encuestas hablan de un rechazo de entre el 70 y el 85% a los ataques de Israel. Sólo un 10%, de media entre diversos sondeos, justifica lo que hace el Gobierno de Jerusalén. Incluso, entre los votantes conservadores, el apoyo, según un sondeo de YouGov del 26 de mayo de 2025, era de un 7% a los planes de Netanyahu. El porcentaje más bajo de los diversos países europeos incluidos en la consulta, entre los que está España.
Eso acabó el otoño pasado en múltiples manifestaciones multitudinarias en las calles italianas contra la postura del propio Gobierno de Meloni. Muchos recordaban que Italia era el tercer suministrador de armas a Israel. Meloni hasta entonces había tenido un gobierno de guante blanco, contra una oposición difuminada y sin liderazgo claro. La política exterior, en un tema en el que Roma busca desesperadamente no involucrarse, empezaba a erosionarle.
Entonces llegó el referéndum de cambio constitucional en Italia del pasado marzo. Meloni no cometió el error que cometiera Matteo Renzi de vincular su cargo al resultado, pero la victoriosa coalición conservadora se llevó un revolcón y perdió en las urnas. Italia suele votar en contra de cualquier cambio, pero en este caso empieza a haber síntomas de desgaste. Ella hace alguna limpieza en cargos menores del Gobierno, se pone seria con algún caso de corrupción, poca cosa para los estándares italianos previos, y entiende que hay necesidad de introducir cambios no dramáticos. Sabe además que su coalición con la Lega de Salvini, y Forza Italia de Tajani, caerá en cuanto entre agua en el barco.
FdI ya no es la revolución, es el "establishment". "No habrá reorganización del Gabinete y no dimitiremos; gobernaremos hasta el último día de nuestro mandato", ha asegurado Meloni en la Cámara de Diputados ante los primeros signos de debilidad.
Pero la debilidad existe, y Trump empieza a convertirse en un incómodo aliado. La química de la que siempre ha hablado Trump no parecía tan evidente en la política italiana, a la que le hablaba el rostro en sus encuentros, como señalan tantos memes. Pero el vencedor y poderoso Trump era una alargada sombra en la que guarecerse hasta que sus decisiones han afectado a los italianos directamente, y por ende al Gobierno electoralmente.
La guerra de Irán ha colocado el litro de diésel por encima de los 2,50 euros en Italia y el de gasolina ha llegado a los 2,30 euros. Trump exigió a Italia que enviara barcos y ayudara en el conflicto para abrir el estrecho de Ormuz.
Roma le recordó que EEUU no puede usar sus bases para realizar ataques sin autorización del Parlamento. Es decir, portazo a los aviones como hizo España, pero sin hacer tanto ruido. Semanas después, el Ministerio de Exteriores del Gobierno de Meloni ya eleva el tono y se atreve a criticar directamente las formas y el fondo: "Es crucial distinguir claramente entre las responsabilidades de un régimen y el destino de millones de ciudadanos comunes. La población civil de Irán no puede ni debe pagar el precio de los pecados de sus líderes". Esa frase llega días después de una de esas embestidas de Trump donde amenazó con borrar a Irán del mapa: "Todo el país podría ser arrasado en una sola noche, y esa noche podría ser mañana mismo", soltó el neoyorquino.
La gota que ha colmado el vaso ha sido la virulencia con la que el presidente estadounidense ha atacado al Sumo Pontífice: "Es un Papa débil ante el crimen y terrible en la política exterior (..) No quiero un Papa que critique al presidente de los Estados Unidos, porque estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido —POR UNA AVALANCHA DE VOTOS—: establecer cifras récord a la baja en delincuencia y crear el mejor mercado de valores de la historia", escribió Trump sobre León XIV con ese estilo propio en el que no desaprovecha sacudir una bofetada y alabarse asimismo.
Quizá con el Papa Francisco, considerado progresista entre el mundo conservador, la reacción hubiera sido distinta, pero en este caso hasta el más absoluto de sus fans, el líder de la Lega, Matteo Salvini, se ha atrevido a criticarle, señal clara de que Trump es un virus político: "Atacar a un símbolo de paz y guía espiritual de miles de millones de católicos no es ni útil ni inteligente", ha dicho el milanés.
En ese escenario se llega al duro y ya abierto choque entre los que eran dos claros aliados. Meloni cierra el grifo de la cooperación militar con Israel. Meloni se separa de Trump. Veremos hasta dónde llega el desencuentro y si se reconduce. El neoyorquino empieza a quedarse solo. Hasta entre los países del Golfo empieza a haber un hartazgo ante la ocurrencia de abrir el Estrecho cerrándolo él.
Pero Trump ha conseguido, al menos, el milagro del que presume en su penúltima ofensa a los católicos. El presidente estadounidense publicaba el lunes una imagen en la que él sale como si fuera Jesucristo sanando milagrosamente heridos.
Y efectivamente un milagro ha acabado consiguiendo: una cierta unidad de la política italiana que en este caso ha salido a defender, con muchos matices, a su primera ministra. "Que la condena de estas palabras sea unánime. Plena solidaridad; no aceptamos ataques contra nuestro país. Deseo afirmar que Italia es una nación libre y soberana, y que nuestra Constitución es clara: Italia renuncia a la guerra", ha declarado Elly Schelein, líder del mayor partido opositor, el Partido Democrático.
Las relaciones entre Italia y Estados Unidos pasan por un inesperado momento crítico. Los duros ataques de Trump al Papa, la actuación de Israel en Palestina y Líbano y la guerra de Irán han roto lo que parecía un idilio inagotable. "Giorgia Meloni no quiere ayudarnos en la guerra, estoy en shock", ha dicho el presidente Donald Trump al periódico Corriere della Serapara luego añadir: "Ella ya no es la misma persona, e Italia no será el mismo país; la inmigración está matando a Italia y a toda Europa (…) Pensé que tenía valor. Me equivoqué".