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Irán y EEUU se enzarzan en un pulso en Ormuz que amenaza con reactivar la guerra
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Irán y EEUU se enzarzan en un pulso en Ormuz que amenaza con reactivar la guerra

No está claro cómo de efectivo será el sitio militar del estrecho o hasta qué punto están dispuestas las partes a llevar a cabo sus amenazas

Foto: Una mujer iraní camina frente a un cartel que dice "el estrecho de Ormuz seguirá cerrado". (Reuters/Abedin Taherkenareh)
Una mujer iraní camina frente a un cartel que dice "el estrecho de Ormuz seguirá cerrado". (Reuters/Abedin Taherkenareh)
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Tras el colapso de las negociaciones de paz este fin de semana entre Estados Unidos e Irán, los dos países coquetean ahora con una nueva escalada bélica, al trasladar el foco de la guerra de nuevo al estrecho de Ormuz. El presidente Donald Trump ordenó el bloqueo de la estratégica vía marítima para tratar de doblegar económicamente a Teherán. Pero los ayatolás no están dispuestos a ceder y su respuesta fue amenazar a los buques militares que se aproximen al paso, por el que transita un 20% del suministro petrolero global. El crudo volvía a superar el lunes la cota de los 100 dólares por barril y los mercados cerraban en rojo ante este pulso económico. Saben que cualquier paso en falso podría reactivar las hostilidades.

Desde las 16:00 horas del lunes, la marina de guerra estadounidense está encargada de cercar Ormuz para impedir a buques de cualquier nación entrar o salir de puertos y zonas costeras iraníes (permitiendo el tránsito desde y hacia otros puertos de la región). "Cualquier barco iraní que se acerque a nuestro bloqueo será eliminado inmediatamente", avisó el mandatario norteamericano. "Es el mismo sistema de eliminación que empleamos contra los narcotraficantes en barcos en alta mar. Rápido y brutal", agregó, en clara referencia a la campaña de destrucción de supuestas narcoembarcaciones en el Caribe que precedieron a la operación en Venezuela.

Irán también lanzó sus propias advertencias. "Si la seguridad de los puertos de Irán en aguas del golfo Pérsico y el mar de Arabia es amenazada, ningún puerto en el golfo Pérsico y el mar de Arabia estará seguro", avisó el comando central del ejército iraní en un comunicado, en el que calificó el bloqueo naval de Ormuz como un acto "ilegal y ejemplo de piratería".

No está claro cómo de efectivo será el sitio militar del estrecho o hasta qué punto están dispuestas las partes a llevar a cabo sus amenazas. Durante el fin de semana, hasta 14 buques estaban atravesando el estrecho por día, según páginas especializadas en tráfico marítimo. La cifra seguía lejos de los 100 diarios antes de que EEUU e Israel atacaran Irán el 28 de febrero, pero suficientes para que los mercados se relajaran tras 40 días de estrés energético.

Existe, además, cierta confusión sobre qué barcos son los amenazados por EEUU: el anuncio inicial de Trump hablaba de un cierre "completo" a todo el tráfico marítimo que entrara o saliera del estrecho. Sin embargo, según precisó más tarde, la medida se limita a los buques con destino o salida de puertos iraníes. La carga procedente de otros estados del Golfo podría así seguir transitando, siempre y cuando esté dispuesta a asumir el riesgo de toparse con minas o de ser atacada por lanchas rápidas o drones iraníes. No queda claro tampoco cómo identificará Estados Unidos qué embarcaciones han pagado un peaje a Irán (y, por tanto, sujetas a su propio bloqueo).

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En las semanas que se prolonga ya la guerra e incluso pese a las ofertas de paso seguro (previo pago de la tasa a la Guardia Revolucionaria), la mayoría de los buques que han salido del estrecho de Ormuz transportaban mercancías iraníes. Según un análisis de datos de Kpler, consultora global de seguimiento marítimo, alrededor de dos tercios de petroleros y buques de carga que cruzaron el estrecho habían atracado previamente en un puerto iraní.

Esto coincide con testimonios de buques portacontenedores que lograron cruzar en las semanas iniciales del bloqueo: la mayoría de los buques que recibieron la luz verde eran aquellos que de su flota fantasma, con exportaciones de petróleo iraní, o que transportan mercancías destinadas a Irán, como importaciones de grano de Rusia y Sudamérica, o bienes de consumo doméstico, coches, ropa y productos farmacéuticos.

Hoy un plan maestro, mañana el contrario

El descarrilamiento de las conversaciones en Pakistán y el subsecuente cruce de ultimátums dispararon un 8% el crudo ligero WTI a 104 dpb. Sin embargo, la inquietud de los inversores pareció atenuarse un tanto cuando el presidente Trump aseguró la tarde del lunes que Irán "seguía queriendo alcanzar un acuerdo". Es decir, la clásica estrategia trumpista de declaraciones para intentar domeñar los vaivenes del mercado. Así, al cierre el crudo Brent, referencia mundial, bajó hasta los 99,36 dólares desde los 102 que había alcanzado anteriormente en la jornada.

A última hora del lunes, se conocía también que Irán había ofrecido al equipo negociador estadounidense una suspensión en su enriquecimiento de uranio de cinco años. El plazo fue rechazado por la administración Trump, que insistió en una suspensión de 20 años, pero dio a los mercados un resquicio de esperanza sobre las negociaciones.

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Sin embargo, muchos analistas temen que, de prolongarse la interrupción del flujo de hidrocarburos, se pueda generar una espiral inflacionista o incluso arrastrar a muchos países a la recesión.

Esta nueva estrategia de presión contra el régimen iraní ha sido recibida con escepticismo por los analistas. La idea es que Irán comience también a sentir los efectos económicos de la guerra privando al régimen de su principal (y casi única) fuente de divisas. De cumplirse el anuncio de Donald Trump, el bloqueo retiraría del mercado global las exportaciones iraníes de crudo, que ascendieron a 1,84 millones de barriles diarios en marzo y a 1,71 millones en lo que va de abril. Un volumen discreto, pero relevante en un mercado global enormemente tensionado por el cierre de facto del estrecho.

De hecho, la propia Casa Blanca había propiciado ese flujo a lo largo de la guerra, relajando la presión sobre las exportaciones iraníes —incluidas cargas ya en tránsito— con el objetivo de evitar un shock adicional de oferta petrolera. El giro hacia un bloqueo naval rompe esa estrategia en un aparente intento de infligir el máximo daño económico a Teherán, sin importar el precio.

Pero la lógica de la Casa Blanca de esta semana choca contra la lógica de la Casa Blanca de la semana pasada, que accedió a sentarse con los clérigos chiítas precisamente por el impacto financiero del conflicto en la economía global; incluyendo cercanos aliados de Washington (Japón y Corea del Sur) y potenciales adversarios (China).

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En la práctica, esta estrategia es aún más compleja y acarrea numerosos riesgos. El primero es material. Sitiar la salida de Ormuz requeriría desplegar en la zona un ingente destacamento aeronaval, con varios portaaviones, destructores y buques auxiliares. Probablemente también necesitaría apoyo naval de sus aliados del Golfo, ya que la OTAN no quiere involucrarse en este conflicto. Estos activos estarían más cerca del litoral iraní, por lo que serían hostigados con un significativo arsenal de cohetes de corto alcance, drones y lanchas rápidas.

Eso sin mirar un poco más allá, a las posibles represalias iraníes —o de milicias aliadas, como los hutíes— contra rutas alternativas de exportación petrolera en el Golfo podrían agravar todavía más la situación. Uno de los objetivos más vulnerables es el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, que atraviesa de costa a costa la Península Arábiga para esquivar el estrecho de Ormuz y cuenta con una capacidad máxima de 7 millones de barriles diarios. La infraestructura ya fue alcanzada por un dron la semana pasada y tuvo que ser reparada, un precedente poco halagador para lo que puede estar por venir.

"Teherán verá sin duda con buenos ojos que miles de soldados americanos se acerquen a sus costas. Las contramedidas de los grupos de combate navales y las aeronaves estadounidenses pueden probarse de manera dura si esta operación se lleva a una profundidad operativa de calado. En algún caso, por primera vez en combate", explicó Francisco J. Girao, experto en defensa de la consultora Atrevia.

¿Quién asfixia a quién?

En última instancia, los analistas dudan de que la asfixia económica surta efecto rápido en una férrea dictadura teocrática que lleva años lidiando con sanciones internacionales de todo tipo y que no permite ninguna muestra de disenso. Mientras, los estadounidenses también empiezan a sentir los efectos de una guerra que pocos entienden y menos apoyan, con una subida de los precios de la gasolina de más del 20% interanual.

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Si además de reducir la oferta de crudo del Golfo e Irak, eliminas el suministro iraní, el mercado se estrechará todavía más. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) informó este lunes de que su producción se redujo en marzo casi 8 millones de barriles diarios (mbd), un 27,5% menos que antes de la guerra.

Mientras, Pakistán busca por todos los medios lograr una segunda ronda de negociaciones entre las partes y asegurar una prórroga del alto el fuego, que vence el 22 de abril.

Tras el colapso de las negociaciones de paz este fin de semana entre Estados Unidos e Irán, los dos países coquetean ahora con una nueva escalada bélica, al trasladar el foco de la guerra de nuevo al estrecho de Ormuz. El presidente Donald Trump ordenó el bloqueo de la estratégica vía marítima para tratar de doblegar económicamente a Teherán. Pero los ayatolás no están dispuestos a ceder y su respuesta fue amenazar a los buques militares que se aproximen al paso, por el que transita un 20% del suministro petrolero global. El crudo volvía a superar el lunes la cota de los 100 dólares por barril y los mercados cerraban en rojo ante este pulso económico. Saben que cualquier paso en falso podría reactivar las hostilidades.

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