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La delegación iraní muestra las primeras grietas en las negociaciones con EEUU en Islamabad
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Posición de fuerza y cómo ejercerla

La delegación iraní muestra las primeras grietas en las negociaciones con EEUU en Islamabad

Irán siente que parte de una posición de fuerza en las negociaciones. Pero cómo ejercerla, y en qué puntos, ha empezado a generar algunas tensiones entre los miembros que la dirigen

Foto: Pakistán se prepara para acoger las negociaciones entre EEUU e Irán. (Reuters)
Pakistán se prepara para acoger las negociaciones entre EEUU e Irán. (Reuters)
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Tras más de un mes de bombardeos masivos que han esquilmado los arsenales de Estados Unidos e Israel, casi 8.000 muertos en la región, la ruptura (quizá para siempre) del 'sueño' de los países del Golfo y el empujón a medio mundo hacia la escasez energética (entre otras cosas), el balance inicial de la Operación Furia Épica es claro este sábado en Islamabad: el reloj ha retrocedido a hace seis semanas.

Mientras ambas delegaciones negociadoras se reúnen bajo los auspicios de Pakistán, se encuentran con la misma lista de desacuerdos que no lograron resolver en las negociaciones de febrero, previas al estallido de la guerra, con el pequeño hándicap añadido de la gestión de Ormuz. Si Donald Trump esperaba que los ataques (o la amenaza de llevar Irán "a la Edad de Piedra") llevaran a Teherán a arrepentirse de no haber aceptado entonces un acuerdo, todo indica que el resultado ha sido el opuesto. Irán, su gobierno y su estamento militar han sufrido miles de bajas, pero sus condiciones para la paz son ahora incluso más exigentes. Y se ven con mucha más fuerza para conseguirlo.

Esa sensación de fuerza iraní —pese a las quejas de Trump de que "Irán no comprende que no tiene cartas"— viene incluso en quienes han elegido como parte del equipo en la mesa de Islamabad. Dime con quién negocias y te diré qué buscas; una regla que ya pudimos comprobar en las negociaciones entre EEUU y Rusia, y las de Rusia y Ucrania. En aquellas, Trump por ejemplo apartó a su propio enviado para Ucrania, Keith Kellogg, en una cesión a Moscú, y eligió en su lugar gente con poca experiencia y ningún conocimiento de la cuestión ruso-ucraniana, en preferencia por hombres de negocios como Steve Witkoff.

Rusia, por su lado, eligió grandes veteranos (uno de ellos, con largo historial en el propio Estados Unidos) y, en la señal más clara de que Vladímir Putin ya sabía entonces que Trump no iba a quedarse en menudencias políticas o históricas sobre Ucrania, al director del Fondo de Inversión Directa de Rusia, cuyo papel fue casi exclusivamente el de dorar al estadounidense la píldora de los negocios económicos conjuntos.

Foto: iran-trump-eeuu-israel-confusion Opinión

Este prisma analítico nos ayuda también a leer a la delegación estadounidense este sábado en Islamabad: el equipo está encabezado por el vicepresidente, J.D. Vance (una de las voces más críticas de la administración Trump a la guerra con Irán, tanto, que se mantuvo (o lo mantuvieron) aislado de la misma durante las primeras semanas) en lugar del enviado para Oriente Medio, Steve Witkoff. Y también la iraní, cuya composición exacta se mantuvo en secreto hasta última hora del viernes y, según insiders de la prensa iraní, sujeta a cambios de última hora y movimientos de sillas por el poder entre bambalinas.

La delegación está dirigida por Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, un excomandante de la Guardia Revolucionaria convertido en político cuya figura ganó peso tras la Guerra de los Doce Días el año pasado. Esto relega a un segundo plano al anterior jefe negociador, el ministro de Exteriores Abbas Araghchi, lo que evidenciaría la falta de confianza entre él y Witkoff. Les acompañan además Ali Akbar Ahmadian, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y también, en una clarísima señal de que Irán no limitará la negociación al terreno militar, sino que intenta extraer todo el rédito económico posible (desde peajes en Ormuz al levantamiento de sanciones), Abdolnasser Hemmati, gobernador del Banco Central.

La elección de Ghalibaf como líder de la delegación ha estado plagada de problemas. El día después del anuncio del alto el fuego, las calles de Teherán registraron algunas protestas de partidarios del régimen oponiéndose a las conversaciones en los actuales términos. En un vídeo, que circuló en las muy controladas redes sociales iraníes, se puede oír la voz de uno de los manifestantes gritándole a Ghalibaf: "Tenemos informes confirmados de que vas a Pakistán. Todo lo que tienes es gracias al jefe y a Mojtaba. Maldito seas si pisoteas [en Islamabad] la sangre de Aga" [el difunto Ali Jamenei].

Dado que la Guardia Revolucionaria controla las calles y las redes sociales, es evidente que el hecho de que estas escenas se produjeran y llegaran hasta los medios de comunicación implica que estaban permitidas o incluso alentadas, en una clara vía de presión a Ghalibaf por parte del cuerpo armado. "Entre bastidores, Vahidi y Ejei siguen oponiéndose firmemente e intentan reducir los poderes de Ghalibaf y Araghchi, además de que están tratando de llevar las negociaciones al fracaso", evaluaba Pouria Zeraati, periodista iraní opositor en el exilio.

El periodista hace referencia a Vahid Shahcheraghi, más conocido como Ahmad Vahidi, actual comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, y Gholam-Hossein Mohseni-Eje'i, octavo jefe del Poder Judicial de Irán (y clave en la represión de las protestas del pasado enero). El medio opositor Iran Internacional reporta también que el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria exigió la inclusión en el equipo de su propio aliado, Mohammad Bagher Zolghadr, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, a quien Ghalibaf y Araghchi habían intentado apartar por considerar que no tenía suficiente experiencia en "negociaciones estratégicas".

Ahogar a Trump en tecnicismos

Este último detalle es importante para comprender a Irán, apuntan los analistas. En total, la delegación iraní la componen 71 personas, con 23 que son solo expertos técnicos en asuntos judiciales, económicos y nucleares.

"La Administración estadounidense parece estar apostando por un modelo 'al estilo Gaza': acuerdos limitados, por fases, centrados en puntos concretos y claramente definidos. Es poco probable que esto se parezca al acuerdo nuclear original, que abarcaba cientos de páginas y requería negociaciones prolongadas y muy detalladas. La actual Administración no parece tener la paciencia, los recursos humanos ni el apetito político necesarios para un proceso de negociación largo y continuo. El problema es que Irán no ofrece soluciones simples, sino complejas. Cuanto más intente Washington simplificar el marco, más lagunas corre el riesgo de dejar en el acuerdo, lagunas que Teherán podría explotar posteriormente", sostiene Danny Citrinowicz, investigador del Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Tel Aviv.

En la misma línea argumenta Ali Vaez, director del programa para Irán del think tank Crisis Group: "Las cuestiones en juego son, en sí mismas, muy complejas y técnicamente exigentes, y requieren una gran habilidad diplomática y paciencia para resolverse. La Administración Trump ha demostrado en el pasado que no tiene la paciencia ni la disciplina, y que ni siquiera envía expertos a estas negociaciones para poder sacarlas adelante"... Algo que sí va a hacer Irán.

Finalmente, Ghalibaf y su visión de las negociaciones habrían logrado imponerse a la de la Guardia Revolucionaria, vía una orden del mismísimo y oculto ayatolá Mojtaba Jamenei... publicada por el Parlamento que dirige Ghalibaf.

Eso no quiere decir, ni por asomo, que Ghalibaf vaya a ser conciliador. Su posición es fortísima, casi superior a antes del inicio de la guerra. Aunque han sufrido numerosas pérdidas, Irán sale de este mes de conflicto confiado de que es capaz de asimilar los golpes sin morir, y que EEUU no sabe cómo ganar la guerra. Además, ha ganado la confianza en su capacidad para condicionar la economía mundial a través del estrecho de Ormuz. Fue Estados Unidos quien presionó a Pakistán para que —por favor— mediase en un alto el fuego, y hasta China tuvo que convencer a Irán para que lo aceptara.

Pero, como coloca en palabras el medio moderado iraní Khabar Online, ninguna figura está a salvo de los ataques de una facción del país decidida a prolongar la guerra.

Foto: alto-fuego-iran-eeuu-suez-1hms

Es en este escenario en el que se reúnen este sábado las delegaciones en Islamabad. Hay algunos puntos donde se vislumbran posibles vías de compromiso. EEUU podría tolerar cierto nivel de enriquecimiento nuclear iraní y la reducción de sus reservas de uranio —básicamente el acuerdo que ya estaba sobre la mesa en febrero—, mientras que Irán podría conformarse con un alivio de sanciones limitado o condicionado. Washington podría mantener sus bases en Oriente Medio, mientras Teherán podría presentar ante su público interno que ha convertido esas instalaciones en un riesgo para los países que las albergan.

Sobre el estrecho de Ormuz, sobre el que Irán no parece dispuesto a renunciar a la influencia que ha ganado, Trump tendrá que discernir entre si puede (o quiere) revertir ese control o si finalmente se ve obligado a aceptarlo. También es especialmente peliagudo el programa de misiles iraní o su apoyo a las milicias aliadas en la región, temas que ahora están más enquistados que en febrero. Si Teherán ya no estaba dispuesto a recortar su capacidad militar en tiempos de relativa calma, hacerlo después de una guerra resulta directamente inviable.

Pero... ¿por qué creer a EEUU?

Eso suponiendo que los iraníes se fiaran lo suficiente del equipo negociador, algo que no parece muy plausible, con la experiencia que Teherán ha ido extrayendo de negociaciones anteriores con EEUU. Tras el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025, las negociaciones sobre el programa nuclear iraní saltaron por los aires cuando Israel lanzó su ofensiva militar sobre el país, y tras diez días, EEUU se sumó a la campaña.

En febrero de 2026, las negociaciones estaban "avanzando" cuando Israel y EEUU mataron al ayatolá. "Para los responsables políticos iraníes, han quedado en evidencia dos dinámicas paralelas: Trump ha utilizado la diplomacia como un instrumento para engañarlos, pero se ha mostrado reacio a entrar en la guerra hasta tener la certeza de que la intervención implicaría riesgos mínimos", resume el medio Amwaj, en una pormenorizada reconstrucción de cómo falló la última ronda de negociaciones Irán-EEUU.

En el artículo, incluyen una profética frase que el ministro de Exteriores iraní, Araghchi, habría espetado al equipo negociador estadounidense, compuesto entonces por el yernísimo Jared Kushner y Witkoff. "Pueden lanzar un ataque, y nosotros ejerceremos nuestro legítimo derecho a la defensa. Nadie saldrá ganando en ese escenario y, después, tendrán que regresar a esta misma mesa de negociación… y ni siquiera es seguro que entonces alguien quiera seguir negociando con ustedes".

Tras más de un mes de bombardeos masivos que han esquilmado los arsenales de Estados Unidos e Israel, casi 8.000 muertos en la región, la ruptura (quizá para siempre) del 'sueño' de los países del Golfo y el empujón a medio mundo hacia la escasez energética (entre otras cosas), el balance inicial de la Operación Furia Épica es claro este sábado en Islamabad: el reloj ha retrocedido a hace seis semanas.

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